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sábado, 1 de noviembre de 2025

Qué brutos son los gringos

 

Foto: The New York Times
 

La catástrofe humanitaria que está experimentando la isla de Cuba es una gran oportunidad para que las personas decentes del mundo nos deshagamos de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna ese desdichado territorio, que ya casi no es país.

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Antes del arribo de Melissa, ya los Panzones tenían el territorio y a sus habitantes, que mal lo habitan, en condiciones paupérrimas. Lo mantenían, y más aún ahora, en la miseria. Un día sí y otro también les recuerdo que los cubanos viven con hambre, entre basuras, con mosquitos portadores de virus nocivos, sin agua potable, sin medicinas, sin hospitales, sin transporte público, sin combustible para cocinar los alimentos que no existen.

Crisis humanitaria, que hoy es catástrofe humanitaria.

Los Barrigones, con sus ridículos pero impecables trajes verde olivo, se la pasan hablando de planes, pidiendo “confianza” y “paciencia”, y muchas muchas donaciones a todo el mundo, que luego venden en sus tiendas.

Ah, y si se les dona dinero, de ese sí nunca se sabrá su destino; esté usted seguro de que no será usado para aliviar a los afectados.

Hoy hay muchos pueblos incomunicados por vía terrestre; es decir, no tienen carreteras que lleguen hasta ellos. Se las llevó la fuerza de las aguas de Melissa. No tendrán electricidad, ni agua potable, ni comida, ni reconstrucción de sus casas, pues ya centros de trabajo casi no quedan. No los atenderán en meses, o en años.

Están solos, abandonados, desamparados. Lo estarán por mucho tiempo.

Ayer les conté que, cuando el Orate asumió él mismo la dirección de las tareas de reconstrucción tras el ciclón Flora —peor que Melissa—, su ejército estaba abastecido por los soviéticos con camiones, bulldozers y helicópteros.

Los Barrigones no tienen nada de eso. Y tampoco vergüenza, y miren que el Orate tenía poca.

Si los gringos fueran inteligentes —y hablo como ciudadano de esta gran nación, en la que ya llevo más de la mitad de mi vida—, lo único que tendrían que hacer sería desviar dos barcos de la flotilla con la que tienen cagando diarreas a medio Miraflores en Caracas, y sobrevolar el oriente cubano lanzando pallets de agua y latas de comida. Y de medicinas, si se puede.

 

 

Foto: CBC
 

Como se hizo en Gaza y nadie protestó.

Recuerdo, en 1991, siendo todavía un “culicagao”, que decía que si los “americanos” sobrevolaran el Malecón habanero bombardeando —no con bombas, con hamburguesas y Coca-Cola—, el Orate se tendría que regresar a Birán, o a Galicia. Se caería por sí solo.

Si los gringos fueran inteligentes, invadirían, de manera humanitaria, la isla infectada de virus y, con las armas enfundadas, empezarían a repartir comida, agua y medicinas al primero que se encuentren. Ya lo han hecho antes en otros Estados fallidos.

Con agua, comida y medicinas terminarían con sesenta y seis años de destrucción y represión. Dejarían de tener una isla parasitaria a solo noventa millas de sus costas.

Eso si los gringos fueran inteligentes, y quizá lo son, pero no les interesa.

Ayer les dije del clavo y el martillo. Quizás los gringos nos ayuden; lo más probable es que no.

Cubano, el último clavo del ataúd de la Junta Militar de Barrigones que te tiene como estás lo tienes en tu mano. Y el martillo también.

 

Foto: La República
 

Quizás, así, los gringos se interesen, o se vuelvan inteligentes.

jueves, 23 de octubre de 2025

Se cae a pedazos

Foto: CiberCuba

Antier se cayó un poste de concreto en una céntrica esquina de Santiago de Cuba. Un poste con líneas eléctricas y de comunicación. Pasaron muchas horas para que aparecieran las autoridades, y no sé aún si ya lo repararon.

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Al fin y al cabo, por ese poste casi no se transmitía electricidad, pues los apagones son constantes. Y las comunicaciones de Etecsa, el monopolio estatal, además de caras, fallan continuamente. Gracias a Dios no hubo víctimas. Víctimas en el sentido más estricto de la palabra, pues todos los vecinos de la zona están sin luz y sin teléfono, víctimas del socialismo en su colapso.

El pobre poste también fue víctima del socialismo en su colapso, colapso literal. Evidentemente fue fabricado con concreto que no cumplía las especificaciones requeridas. Según los vecinos, el poste estuvo años anunciando que su concreto se estaba desmoronando. Pobre poste, se suicidó, cansado de tanta indolencia socialista.

Pasaron años: ni la empresa eléctrica ni Etecsa movieron un dedo para repararlo o reponerlo. Hasta que se derrumbó. Como se les está derrumbando todo lo que queda de ese país.

No solo se les derrumba, se les inunda. En un país sin combustibles, el poco que hay se les derrama, como en el accidente de una pipa con 31 000 litros de petróleo que se volcó en una carretera de Matanzas, cerca de donde se les quemó la terminal de supertanqueros hace unos años.

Es un desastre. Como les decía hace unos días, es Gugulandia: accidentes viales en un país sin vehículos. Quinientas dos muertes en los primeros ocho meses de 2025. Comprensible, pues casi la totalidad de esos vehículos son frankensteins armados chapuceramente, sin ninguna norma de seguridad, como las de los países civilizados.

Un trabajador de la famosa termoeléctrica Renté, famosa por fallar un día sí y otro también, murió de quemaduras mientras trabajaba con esas chatarras. Otro fue cocinado por una tubería de vapor en la misma Renté.

El dengue, el chikunguña, el oropouche y sepa Dios cuántos otros virus se deleitan matando a personas mayores y a niños en el país donde los Barrigones exportan médicos esclavos. Hace unos días murieron al menos siete niños en menos de veinticuatro horas.

Los hospitales, abarrotados de enfermos y vacíos de medicinas y de médicos. Las medicinas las mandan a Uganda a cambio de maíz y frijoles, mientras las tierras de la isla se llenan de marabú.

Y los médicos andan recolectando dólares por todo el mundo, dólares de los que solo reciben migajas, mientras sus paisanos agonizan en las sucias salas de los hospitales de la isla que vendían como “potencia médica”.

Luego salió el Barrigón número 2, Marrano o Marrero, no recuerdo, a decir que la crisis sanitaria puede ser controlada, pero que no tienen insecticidas ni combustible para fumigar. Ayer hablábamos de los 23 millones de dólares que les acaban de regalar los vietnamitas. Apuesto a que no los van a usar para fumigar.

Y es que el problema no se resuelve con fumigar. Incluso si fumigan y matan a una generación de mosquitos, tendrán otra a los tres días, nacida en los basureros que ahogan las calles. O criándose en los baches y las aguas albañales que convierten las calles en canales de Venecia, pero con agua podrida.

 

Foto: Periodico Cubano
 

Incluso si fumigan, los hospitales seguirán sin medicinas ni médicos. Con baños que parecen manantiales de excrementos. Sin agua corriente, sin servicio eléctrico, sin insumos. Sin esperanza.

En Alquízar desapareció un niño de cinco años y apareció muerto. Se cayó en un pozo. En Cárdenas, un joven ebrio o drogado asesinó a puñaladas a un empleado de una cafetería. Los feminicidios son cada tercer día. Violencia y muerte, que avanzan ante el retroceso de la civilización.

Y ellos, los Panzones, en reuniones, solucionándolo todo. Como Nerón tocando el arpa mientras Roma se quemaba. Los Barrigones dando muela cuando lo que queda del país colapsa sin remedio.

Tienen a lo que queda de Cuba como ese poste santiaguero: cayéndose a pedazos y a punto de colapsar.

Ellos hablan y hablan, como tontorrones, mientras los ancianos y los niños mueren por su indolencia e ineptitud.

 

Foto: Granma
 

¿Hasta cuándo seguirá el colapso? Hasta que el dolor de esos hijos que ven morir a sus padres y de esos padres que ven morir a sus hijos supere a su miedo.

Hasta ese día, o esa noche. Mientras, seguirán cayendo como ese poste. Vencidos por el socialismo barrigón.

Cayéndose a pedazos.