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viernes, 8 de mayo de 2026

Narcovecinos taimados, se abre el frente en México

Foto: Breitbart
 

Como les he dicho repetidamente, desde 2018 el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) implementó una política de alianza y complicidad con los cárteles del crimen organizado que se dividen territorialmente ese bello —y extenso— país que es México. Se alió en especial con el llamado “de Sinaloa”, aunque los otros cárteles también se aprovecharon. Le llamó a esa política —o más bien a la falta de política para combatir el crimen— “abrazos, no balazos”.

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Abrazos para los criminales y balazos para sus víctimas, para los mexicanos. AMLO no hizo esto, creo yo, porque le guste la droga o algo así. Lo hizo por muchas razones: porque dejarlos trabajar en paz —pensaba él— bajaría los niveles de violencia en las calles; también porque aliarse con ellos significaba miles de millones de pesos en sobornos y “donativos”, tanto para su “movimiento” como para su bolsillo y el de sus hijos y cuates.

En esto de por qué lo hizo hay un plano también ideológico. Primero, AMLO es un malvado animal político que utilizó el dinero y la fuerza del narco para desmontar la democracia mexicana e instaurar la autocracia que es México hoy. Segundo, dejar trabajar a los cárteles significaba —significa— llenar a Estados Unidos de migrantes ilegales y matar a cien mil gringos a base de sobredosis de fentanilo. Resentimiento e ideología: un cóctel fatal.

Si de por sí la alianza con el crimen organizado y la destrucción de la democracia mexicana nos mostraba la calidad moral del individuo y de su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), su complicidad con todo lo antidemocrático del mundo lo termina de mostrar de cuerpo entero. AMLO abrió las puertas a la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba. Dejó entrar a sus espías y asesores políticos; aplicó la política de corromper a las fuerzas armadas asignándoles la construcción de obras públicas y administración de empresas —como Gaesa en la isla cárcel—; llenó a México de “médicos esclavos”; invitó a Díaz-Contados varias veces, incluso hasta para celebrar el día de la independencia —algo inédito—; regaló petróleo de los mexicanos a los dictadores cubanos que, en vez de usarlo para alumbrar a sus cautivos, lo revendían en el mercado fantasma del mundo.

Permitió que las embajadas de Cuba y Venezuela se convirtieran en centros de subversión contra la democracia y en corredores ilegales de iraníes, rusos y quién sabe quién más, que entraban y salían con pasaporte diplomático. Hasta un Boeing 747 Jumbo Jet iraní entraba y salía de México así sin más; lo que transportaba no lo sabemos, aún. Convirtió a México en una plataforma de espionaje ruso y cubano: RT se anuncia como si fuera CNN. No han tenido ni una palabra a favor de Ucrania en su resistencia contra la genocida invasión rusa, mucho menos para Israel en su lucha contra el terrorismo. Morena está en coalición con un partido que idolatra al loco Kim de Corea del Norte. AMLO inundó de autos chinos el mercado nacional, reduciendo la producción y ventas de una de las industrias líderes de México; y no solo autos: dejó entrar por sus corruptas aduanas miles de millones de pesos en productos sin pagar el debido impuesto. Lo mismo hizo con lo que allá llaman “huachicol” —combustible ilegal— que entraba al país sin pagar impuestos en un meganegocio dirigido por miembros de la Marina y Armada de México.

Él y su pupila, Claudia Sheinbaum, aislaron a México de todo lo correcto en el orden mundial. Apoyaron a Nicolás Maduro y sus atrocidades en Venezuela, su fraude electoral. AMLO se encabronó con España cuando no le contestaron su exigencia de perdón por algo que sucedió hace quinientos años, todo por un complejo de su entonces esposa. Claudia Sheinbaum sigue haciendo malabares para continuar abasteciendo a la dictadura cubana con combustible y “ayuda humanitaria”, que esa dictadura le vende a los que debía ayudar. No sigo, pues la lista es interminable y ya tienen idea de lo que quiero decir.

Todo esto que les cuento no lo he investigado yo, que no soy periodista. Todo esto —y el resto de la interminable lista de fechorías del viejito y su alumna— lo han expuesto muchos valientes periodistas mexicanos. Lo han hecho a pesar de la censura de la nueva autocracia mexicana, algunos con el costo de sus propias vidas, de sus empleos y hasta del destierro. Miren a Ciro Gómez Leyva, un pilar del periodismo local: lo intentaron asesinar y ahora transmite desde Madrid. Como él, otros muchos.

Todo esto ha sido denunciado repetidamente, pero como el poder judicial está ahora en manos de AMLO y su clan, todos andan impunes. Muy orondos mientras llevan a México hacia una crisis económica debido a la falta de inversiones ante la incertidumbre jurídica, la coacción a la libertad económica y la propiedad privada, y la rampante inseguridad pública. Todos impunes.

Impunes han estado una importante parte de los políticos de todos los niveles, desde AMLO hasta alcaldes y regidores, pasando por senadores, diputados y secretarios de Estado. Muchos llegaron a sus puestos con la ayuda financiera y logística del crimen organizado. Amor con amor se paga. El secretario de Gobernación de AMLO —y ahora senador— es el jefe del Cártel de Tabasco, una organización criminal cuyas actividades van desde corruptos megacontratos con el gobierno hasta un brazo militar llamado “La Barredora”. Barren a quien se les meta en medio. Y ahí sigue, impune.

Todos cubiertos con el manto protector por pertenecer al “movimiento”. Quienes se les oponen o los denuncian reciben auditorías fiscales, ataques de bots cibernéticos en campañas de desprestigio y, si se necesita, los amenazan para callarlos o, de nuevo, los barren. La presidenta Claudia Sheinbaum, como AMLO, no es una jefa de Estado; representa a una organización política dirigida por su jefe.

Todo les iba bien hasta la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Si en su primer mandato no le prestó atención a los desmanes de AMLO, en el segundo comprendió la magnitud del problema que significa tener un narcoestado con el que compartes casi dos mil millas de frontera y comercias 232 billones de dólares cada año. Tu principal socio comercial tiene a su país dividido territorialmente por organizaciones criminales cuyos tentáculos van desde el chico que vende droga en una esquina hasta la oficina del presidente. Tu vecino y principal socio comercial incentiva y permite que te inunden las calles de narcóticos mortales mientras se da la lengua con todos tus enemigos.

Con Joe Biden no sucedió nada. El pobre, yo creo que ni sabía que era presidente o, al final, ya se le había olvidado. Pero con Trump es otra cosa. Con Trump lo mejor que te puede pasar es que no se fije en ti. En este 2026 empezó con Maduro; en vez de liquidar de una vez el cascarón de dictadura cubano, cruzó medio planeta para meterle mano a la teocracia iraní.

Con los persas fanáticos se enredó y ahí nos tiene a los cubanos libres en ascuas, esperando que vuelva a voltear hacia esa isla que es la cabeza principal de la hiedra del mal en este hemisferio. No niego que de vez en cuando voltea su atención a Cuba y dice algo como Cuba is next. Lo dice con el mismo ánimo con el que yo cada semana digo que este domingo voy a ordenar mi garaje. “Desgano” es la palabra adecuada.

Desde antes de su regreso a la Oficina Oval, Trump ha estado presionando a México para que deje de dar “abrazos” y le entre a “balazos” a estas organizaciones criminales. Algo ha logrado: han aumentado las detenciones, los decomisos de lotes de drogas y la destrucción de narcolaboratorios. También le ha pedido a Sheinbaum que actúe en contra de los innumerables políticos —incluso dentro de su gabinete— que tienen relaciones, son cómplices o, incluso, son parte de estas organizaciones terroristas. Aquí no ha tenido éxito alguno; la señora y su grupo los siguen protegiendo.

Hace como una semana, durante un operativo en uno de los pocos estados mexicanos gobernados por la oposición —en el que se destruyó un laboratorio donde se fabricaban drogas sintéticas—, murieron dos agentes de la CIA. La presidenta, en vez de ofrecer condolencias, se encabronó. Y eso encabronó, al parecer, a Trump. No le falta razón. Y es así que, coincidentemente, al día siguiente la Oficina del Fiscal del Distrito Sur de Nueva York anunció la acusación formal del gobernador del estado mexicano de Sinaloa, de un senador del mismo lugar y de una serie de funcionarios públicos. Se acabó la diplomacia y empezó lo de verdad.

Sheinbaum, para variar, salió a pedir pruebas ante la solicitud norteamericana para extraditar a estos narcopolíticos cuya fama como tales les precede. Pide pruebas cuando, para juzgar a un funcionario del gobierno de Felipe Calderón —al que AMLO odia a muerte—, apoyaron los dichos acusatorios de hasta el limpiabotas del Zócalo. Si perteneces al “movimiento”, Claudia y AMLO te protegen. Y estos acusados ahora, al parecer, pertenecen. Ya el gobernador pidió licencia y desapareció; los demás no sé, pero será por el estilo. Están entre la espada y la pared: o te meten preso junto a Maduro y cantas, o te silencian en México para que no cantes en Nueva York.

Un día después de la noticia de esta batalla abierta y frontal, la señora Sheinbaum, coincidentemente, se fue a Palenque —hermoso lugar donde AMLO reside en un rancho que se hizo gracias a su mantra de “austeridad franciscana”—. Al parecer, a los franciscanos les gustan los pavos reales y las casas lujosas. Dice ella que no lo vio; digo yo que no le creo. Como cuando AMLO fue a visitar a la madre de Joaquín Guzmán Loera, el conocido y escapista “Chapo”, dijo que fue casualidad verla y saludarla. Tanta casualidad fue que visitó Badiraguato en seis ocasiones durante su mandato oficial. Hoy sigue mandando, aunque no oficialmente.

De este lado del muro, Trump y quienes lo asesoran no se chupan el dedo. La chupadera en la Casa Blanca terminó con Clinton. Viendo que los políticos del narcoestado cierran filas protegiendo a los suyos, ha dicho que “si México no hace el trabajo, lo haremos nosotros”. Recordemos que la dictadura del Cártel de los Soles —con Maduro— y la Guardia Revolucionaria Iraní —con los ayatolás— fueron catalogadas como organizaciones terroristas por Estados Unidos. Y vean lo que les pasó y les está pasando. Los cárteles del crimen organizado mexicanos están catalogados de igual manera, y estos políticos —y muchos más— son integrantes o cómplices de estas organizaciones terroristas.

Si unimos los eslabones entre Venezuela, Irán y México, veremos que no solo estuvieron trasegando personas y cargas desconocidas entre los tres países. Les vuelvo a recordar el caso del avión Jumbo confiscado en Buenos Aires. Los tres países, además de actuar en contra de Estados Unidos, tienen grandes reservas e industrias de hidrocarburos. Los tres países coinciden en estos detalles; a dos de ellos ya Trump le metió mano.

El sector más radical de Morena —achuchado sin duda por la dictadura cubana— quiere un rompimiento total con Estados Unidos, aunque eso signifique la ruina de México. Al cabo, ya lo hicieron en Cuba hace sesenta y siete años. Quieren crear un eje político-comercial con Rusia, China y Brasil. Desinformados e ideologizados como están, no tienen idea de en qué se meten. Tampoco Castro la tenía y mírennos a los cubanos.

Y hablando de Cuba y de los cubanos: Venezuela, Irán y México son enemigos de Estados Unidos, pero enemigos con petróleo. La dictadura cubana es enemiga de Estados Unidos, pero no tiene petróleo, ni industrias, ni agricultura, ni infraestructura básica, ni nada de nada. Cuba hoy no tiene nada que ofrecer; solo tiene cautivos expectantes, con las manos extendidas esperando la próxima “ayuda humanitaria”.

Y después nos preguntamos: ¿por qué Trump no le acaba de meter mano a Cuba?

 

Foto: YouTube

lunes, 4 de mayo de 2026

A ver si México no nos gana el turno

 

Foto: Azteca Noticias

El presidente Donald Trump se empantanó en lo de Irán. No es que la teocracia iraní le esté ganando —como dicen gran parte de los medios de comunicación—, no es eso. Su operación en contra de esa teocracia asesina fue un éxito: los principales ayatolás están muertos, el uranio con el que pretendían terminar sus cabezas nucleares está a quinientos metros bajo escombros y el equipamiento de sus fuerzas armadas está destruido.

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La operación Furia Épica está empantanada por una combinación de factores, muchos de los cuales, al parecer, no se tuvieron en cuenta o se previnieron antes de su inicio el 28 de febrero pasado. Al decapitar al régimen, se perdió la certeza de con quién se negocia la paz; todo indica que hoy conviven varias tendencias dentro del poder político iraní. Unos que quieren negociar y otros fanáticos que prefieren un holocausto antes de rendirse a los “infieles a Alá”.

Y estos últimos están dando la batalla y han podido movilizar a sus aliados regionales —como Hezbolá en el Líbano o los hutíes en Yemen— para que, como mosquitos, se mantengan jodiendo tanto a estadounidenses como a israelíes. Los de esta radical facción son los mismos que se mantienen reprimiendo, encarcelando y ejecutando sumariamente a cualquier opositor dentro de Irán.

Trump, mientras tanto, tuvo que declarar que la operación había terminado. Un "embaraje", decían en mi Cuba; una mentira, digo yo. Es que si se cumplen sesenta días de operaciones militares en el extranjero, el Poder Ejecutivo —es decir, Trump— tendría que acudir al Congreso a solicitar aprobación.

El embaraje del fin de la operación —que en realidad es un frágil cese al fuego— se da también porque las fuerzas armadas estadounidenses concentradas en la zona están exhaustas. Exhausto está el personal, agotado el arsenal de municiones y sobreexplotados los equipos, desde los portaaviones hasta los aviones cisterna. Al parecer, nadie en el Pentágono advirtió que esto podía pasar después de décadas de presupuestos militares limitados.

Esta operación en Irán ha demostrado que Estados Unidos es como esos boxeadores invencibles en el primer round, pero que, si no noquean al adversario en ese asalto, se cansan en el segundo. En este caso, se quedan sin municiones. El problema es que la próxima pelea será con un boxeador chino que ahora mismo está viendo cómo el actual campeón jadea después de dos meses de guerra asimétrica.

Entonces, toda esta introducción es para llegar a la conclusión de que la victoria moral y ejecutiva de extraer al sátrapa Maduro en enero pasado ha sido opacada por el atasco del triunfo sobre Irán. Desde el punto de vista de la cruda realidad, Estados Unidos está en muy buena posición frente a Irán: acabó con su poderío militar y, con el estrecho de Ormuz cerrado, su economía está estrangulada.

Pero desde el punto de vista político, y conociendo a Trump, el hombre necesita una contundente victoria en política exterior antes de las elecciones de medio término en noviembre. Algo, como lo de Maduro, que demuestre que con Estados Unidos no se juega; que con los Estados Unidos del presidente Trump no se compite.

Los cubanos de bien, después de meses de expectativas frustradas, pensábamos —creímos— que esa victoria contundente que necesita el presidente se la iba a dar la maltrecha Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba. El propio Trump lo ha dicho repetidamente. Ha dicho que Cuba is next; ha dicho: “Tendré el honor de tomar Cuba”... y así, cosas por el estilo. Luego se olvida del tema hasta que vuelve a tropezar con el asunto cubano.

Hace unos días, dijo que Estados Unidos iba a tomar Cuba casi de inmediato y amplió las sanciones contra la dictadura cubana. Para mí, el problema no es imponerles más sanciones; el verdadero problema es que las apliquen. Párense en la orilla del río de Miami y no pasará mucho rato para que vean otro barco, cargado hasta el tope, saliendo hacia Cuba. Qué raras sanciones.

Hace unos días dijo que tomaría Cuba casi de inmediato, ojalá. Pero también hace unos días su Departamento de Justicia acusó formalmente a un gobernador, a un senador y a un grupo de mandos policiacos del estado mexicano de Sinaloa de pertenecer y estar al servicio de un cártel del crimen organizado, considerada organización terrorista por el gobierno de Trump.

Desde hace años se sabe que el gobierno del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llegó al poder de la mano de los cárteles del narcotráfico, en específico del de Sinaloa. El propio AMLO visitó Badiraguato —la tierra del Chapo Guzmán y cuna del cártel— en seis ocasiones. Hasta les hizo una carretera para conectar esa zona con Chihuahua; así el fentanilo llegaría más rápido a la frontera con Estados Unidos.

Y ahí en Sinaloa, en las elecciones de 2021, ganó el candidato del partido de AMLO. Ganó Rubén Rocha Moya en unas elecciones en las que los candidatos y funcionarios de otros partidos fueron secuestrados o amenazados por las tropas del Cártel de Sinaloa. En esos días, además de drogas y seres humanos, trasegaron también con urnas.

Salió en las noticias, pero las autoridades no hicieron nada. Al contrario, cuando el gobernador fue acusado de todo esto —y de más cosas—, AMLO y la presidenta electa Claudia Sheinbaum se fueron a Sinaloa a "apapacharlo" —como se dice en México a dar cariño con el alma—, a defenderlo; al cabo, es un miembro del equipo, pertenece al narcogobierno.

Y ahora Estados Unidos, al parecer, se cansó de que su vecino y principal socio comercial siga acabando con el sistema democrático mexicano, siga inhibiendo las inversiones, siga apoyando a la dictadura cubana, no ofrezca condolencias cuando dos agentes de la CIA mueren combatiendo los narcolaboratorios y siga funcionando como una mafia coludida con los criminales.

Al parecer se cansó, porque todo esto ya lo sabía desde antes. Lo de Rocha Moya y su gente es solo la primera acusación formal. El Departamento de Justicia tiene cantando a cientos de narcos en sus cárceles: desde los hijos del Chapo hasta el Mayo Zambada, pasando por los cabecillas y sicarios de muchos cárteles mexicanos catalogados como organizaciones terroristas, repito.

Entonces, uno, que es medio pesimista en este tema de la libertad de Cuba y su relación con Trump, se pone a pensar que, si esa libertad nos la prometieron después de que se acabara el tema de Irán, y como lo de Irán está empantanado y ahora se nos pone en medio lo de los narcopolíticos de México, puede uno pensar que, si seguimos en esta racha, puede ser que hasta Trump le meta mano primero a España —o a cualquier otra cosa— antes que a Cuba, coño.

Foto: U.S. DoJ