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viernes, 17 de julio de 2026

Con Camilo y sin fútbol

 


Hace unos días, mientras se desarrollaba el partido del Mundial entre España y Bélgica, países que hace quinientos años pertenecieron a un mismo imperio, conversé con Camilo Egaña en su programa Panorama. Conversé con Camilo luego de una entrevista que, gracias a un milagro, literal, me hizo el diario El País.

Fue una experiencia sorprendente. He escuchado el nombre de Camilo Egaña desde mis tiempos en Gugulandia la Cuba de los Castro, para quien no conozca lo que es Gugulandia, pero allá en aquel manicomio no veía televisión, ni aquí, ya libre, escucho radio. 

Pero Camilo siempre ha estado por ahí, de oídos. Presente siempre.

Bueno, pues conversé con él, y fue muy reconfortante.

Pronto tomaremos un café juntos. Qué bonita es la libertad, qué restauración de almas es el talento.

Gracias, Fabio; gracias, Camilo.

Todo por Cuba libre, todo.

miércoles, 24 de junio de 2026

Lo que dividió el comunismo lo unió la libertad

 


No soy de hablar mucho de mi familia, de mi extensa y hermosa familia. Como muchas familias cubanas, el totalitarismo se ensañó con una gran parte de la mía. Hoy hay miembros esparcidos en Cuba, Estados Unidos —desde Miami hasta Honolulu—, España, Israel, Haití, Panamá y México.

Hace sesenta y siete años todos vivían en una Cuba próspera y feliz, y los que quedaban en España planeaban mudarse a La Habana. El 1.º de enero de 1959 se acabó la diversión y la dirección de la mudanza cambió de rumbo.

Luego, el totalitarismo comunista que le implantaron a mis padres y tíos separó por décadas a los miembros de mi extensa y hermosa familia. Yo nací y crecí sin conocer a muchos. Sin saber mucho de ellos, solo pequeñas viñetas que la nostalgia y el dolor sacaban de mis mayores.

Crecí y crecí; crecí tanto que el cepo totalitario asfixiaba mi existencia cotidiana. Terco entonces —menos que ahora—, escapé del manicomio impuesto a mis padres y tíos y, arrancado de raíz, escapé sin rumbo fijo. Ser libre no importa dónde.

En 1995, terco como soy, encontré una rama de mi extensa y hermosa familia en la península de donde venimos. Treinta años después nos seguimos queriendo y cuidando.

Ayer, sesenta y seis años después, terco como soy, tuve la dicha de reunir a mis tías y tíos con sus primos perdidos. Primos con los que compartieron juegos en aquella Cuba próspera y feliz, desaparecida hoy, arrancada de raíz sin razón alguna.

Ayer fui testigo, silencioso en lo que pude, de ver a aquella Cuba próspera y feliz trasplantada ahora en suelo ajeno, pero apropiado por los años. Ayer vi a miembros de mi extensa y hermosa familia conversar como si no hubieran estado separados por sesenta y seis años de dolor.

El castrismo totalitario se ensañó con la familia cubana. Ayer comprobé que —como en muchas cosas más— su intento fracasó del todo.

Terco* como soy, veré a mi Cuba libre, próspera y feliz.


 * Terco y calvo, le zumba el mango.

sábado, 9 de mayo de 2026

La Habana hace 353 años

Grabado de Arnoldus Montanus (1671)

 

En 1674, La Habana llevaba solo siglo y medio de establecida a la orilla de la bahía de Carenas. Para entonces ya tenía tres fortalezas, varias iglesias y un hospital. Tenía un acueducto que llevaba agua de sobra para sus vecinos y visitantes —que eran muchos—, puesto que su puerto era punto de escala y agrupación de las flotas que venían e iban a España.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Ese año fue el último del largo y fructífero mandato del capitán general y gobernador Francisco Dávila Orejón y Gastón, un gran tipo cuya vida nos muestra cómo era vivir en aquel imperio. Había nacido en Amberes —que hoy es Bélgica, pero por entonces pertenecía a España—; como militar peleó en Flandes, en Francia y en Portugal. Fue gobernador de La Habana y capitán general de Cuba entre 1663 y 1673, y terminó su vida, a los cincuenta y cuatro años, en Caracas, como gobernador de Venezuela.

En sus diez años en Cuba dejó muchas buenas obras en La Habana, tanto materiales como intangibles. En su corta vida escribió dos importantes libros; en uno de ellos así se despidió de la ciudad que lo enamoró:

¡Oh, Habana! Puerto ilustre, erario seguro, reposo de los mayores tesoros que ha visto el universo, quien te pudiera dar a conocer: como te considero en tu propia sustancia, que aunque no eres ignota, yo te he tenido por buena suerte debajo de mi cargo, mediante el desvelo que me cuestas; no solo conozco lo que eres, pero también lo mucho que intrínsecamente vales, (…) como todas las demás cosas elementales, bien pueden hacerte padecer, pero no valer menos, pues siempre tu gravedad asegurará poder y riquezas al que te poseyere (…) ¡Oh, Habana, la menor de América! Ante tu formal grandeza, célebre será en la posteridad de los siglos; consérvete Dios con perpetuo vínculo debajo de la Corona de Castilla, a cuyos Reyes, liberal te concedió, en premio de su muy Católico celo. [1]

Estas emocionadas palabras las escribió un tipo que nació en lo que es hoy Bélgica y sirvió como español en Cuba, que entonces era España. Mejoró muchas cosas en La Habana; contribuyó a su belleza y prosperidad.

Estoy escribiendo mi tercer libro, que es una historia de esa misma ciudad que todavía me tiene enamorado, aunque la abandoné hace más de treinta años. Me duele mucho escribirlo, porque el libro trata de cómo cada año que pasaba, la urbe crecía, florecía y aumentaba su importancia en el mundo.

Duele escribir sobre su desarrollo conociendo su estado actual. Hace más de tres siglos y medio, un gobernador nacido del otro lado del Atlántico vino a La Habana, la mejoró y se enamoró de ella. Duele escribir sobre cosas que hoy están destruidas y que, cada día que pasa, se destruyen más y más.

Hace sesenta y siete años, el hijo de un inmigrante español llegó a La Habana y se dedicó a destruirla. Cuando murió, no se extinguió su plaga. La Junta Militar de Barrigones que desgobierna Cuba la sigue destruyendo, como siguen destruyendo esa isla que, hace sesenta y siete años, era próspera y feliz.

Por eso escribo sobre su historia, con la ilusión de un día reconstruirla. Por eso sigo aquí, haciendo lo que puedo para ayudar a extinguir, de una vez y para siempre, esa plaga maldita que nos cayó a los cubanos. Para que podamos retomar la ruta del progreso, la libertad, la prosperidad y la felicidad.

Hace 353 años, un español se fue de La Habana enamorado de ella. Nunca imaginó que casi 300 años después, el hijo de otro español se dedicaría, hasta su muerte, a demolerla.

Por eso, ¿entienden que a esa dictadura totalitaria, comunista y empobrecedora hay que desaparecerla cuanto antes? Cada día que estén allí es un día más de destrucción, un día perdido para empezar la reconstrucción.

 

Foto: Diario de Cuba

 

[1]  Dávila Orejón Gastón, Francisco. Excelencias del arte militar y varones ilustres. Madrid: Julián de Paredes, Impresor de Libros en la Plazuela del Ángel, 1683 (pp. 110-111).


sábado, 25 de octubre de 2025

Pablo, la mosca mojonera

 

Foto: Wikipedia

En España viví uno de los mejores años de mi vida: mi primer año en libertad. Fui feliz sintiéndome madrileño y sevillano. Libre.

 📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí  

Era 1995, el último año del largo gobierno de Felipe González, amiguete del Orador Orate. Meses después, en marzo de 1996, ganó las elecciones José María Aznar. Me encantó estar viviendo en un país con elecciones libres y alternancia de partidos.

Luego, durante años, he estado visitando España con relativa frecuencia. Tengo allá mucha familia y buenos amigos. Familia, amigos y la comida española: todo lo que me gusta de la vida.

Tanto me gusta España que hasta abrimos una sucursal de mi empresa. Veinte años después de haber por primera vez vivido en libertad, la abrimos en Madrid, con Bernardo, un tipazo que gozó tanto de la vida que se la gastó antes de tiempo. Y en son de trabajo, el carácter de las visitas cambió. Ya no iba solo con los primos y los amigos, sino también con clientes.

Y enseguida me percaté de que la España de 2015 no era la de 1995. Me gustaba más esta última, sobre todo en el tema político. Había emergido un partido de extrema izquierda llamado Podemos, y digo “emergido” porque yo escapé de un sistema totalitario y los que venimos de ese manicomio adquirimos un extraño sentido para percibir algo creado con el fin de joder la libertad y la democracia.

No solo las ideas y acciones de Podemos me repugnaban; su estética y la de sus líderes también. En especial del más conocido, Pablo Iglesias. Les repito: yo escapé de un sistema totalitario —“vengo del futuro”, como decía Reinaldo Arenas—. Algo me olía mal con esta gente, y no solo eran sus cuerpos o sus alientos.

Diez años después, lo que queda de Podemos es un historial de corrupción, lavado de dinero y complicidad criminal con regímenes malignos como Irán, Venezuela, Nicaragua y Cuba.

¿Dónde creen que Pablo Iglesias, ahora todo un empresario del mal, ha establecido su nueva oficina? No en Madrid —que allá ya lo conocen—. No en Miami, porque de aquí lo echaríamos a base de argumentos sin necesidad de patadas. Lo ha hecho en la Ciudad de México.

En el México que dejó Andrés Manuel López Obrador y ahora administra Claudia Sheinbaum. El México que no condenó el fraude de Maduro en Venezuela, que no felicitó a María Corina por su premio Nobel, el que contrata médicos cubanos esclavos y regala petróleo a la Junta Militar de Barrigones que desgobierna la isla de Cuba.

Pablo Iglesias, como las moscas, vuela feliz alrededor de la fetidez de los enemigos de la democracia. Volando feliz va a posarse sobre la mierda.

Allí ha instalado el Canal Red América, ya saben ustedes, para propagar desinformación. Tendrá que competir con Russia Today a ver quién dispara más mentiras.

Y les traigo hoy a este sucio sujeto porque hace dos días arremetió contra un integrante de CiberCuba, una plataforma de información de los cubanos libres. Le dijo textualmente: “Tú querrías que Cuba fuera una democracia como Haití, donde la violencia, el hambre, el analfabetismo, la ausencia absoluta de servicios sociales, de sanidad y de educación son la norma. La democracia y los derechos humanos os valen madres; sois mercenarios de Marco Rubio y Trump”.

 

Foto: X

A los comunistas les encanta llamar mercenarios a cualquiera que no comulgue con su ideología fallida y asesina. La tradición empezó con el Orador Orate llamando mercenarios a los cubanos libres de la Brigada de Asalto 2506. El mismo Orate que mandó cubanos, como mercenarios, a tres continentes. Y ahora los Barrigones mandan mercenarios a Rusia para asesinar ucranianos.

Dijo Iglesias que en Haití hay violencia, hambre, analfabetismo y que no hay servicios básicos. Y tiene razón, pero en Haití, maltrecha y jodida, hay una constitución democrática.

En Cuba hay todo lo mismo que en Haití, pero impuesto por una dictadura totalitaria. En 1959, Haití era un país pobre y con problemas; Cuba era próspera, con problemas comunes a cualquier país, pero próspera.

Hoy la situación material de Cuba se ha degradado a los niveles de Haití. Por eso Pablo Iglesias nos compara con los haitianos. No nos compara con Colombia o República Dominicana. Nos compara con Haití.

La Cuba que extinguió el Orate no competía con Haití; lo hacía con Italia, con España, con México o con Argentina. Era un país que crecía, que mejoraba. Hoy este imbécil, y no sin razón, nos compara con Haití.

Pero es que incluso Haití estuvo mucho mejor que Cuba hasta la llegada de la violencia con Jimmy “Barbecue”, el asesino. Incluso hace unos años mi prima Claudia se fue de Cuba a Haití a trabajar. Una universitaria: se fue a Puerto Príncipe a vender zapatos chinos. Vivía en Puerto Príncipe mejor que en La Habana.

Cuando en 1995 viví en España, el ambiente político me gustaba mucho; cuando regresé en 2015, Pablo Iglesias y sus sucios lo habían degradado bastante. En 2025 la situación de la política española es antiespañola.

Pablo Iglesias se ha mudado a México. Desde allí defiende a la dictadura de los Barrigones, cobijado por los taimados enemigos de la libertad y la democracia. Como una mosca, atraída por la fetidez del mal.

Qué suerte tengo: jodieron a España, país que está en mi corazón; ahora están jodiendo a México, país que está en mi alma. De lo de Cuba ni les digo.

Tal como se tuvo que ir de España, llegará el día en que la luz de la libertad limpie de Pablos nuestro futuro. Mientras tanto, solo nos queda resignarnos, pues hay muchos como Pablo.

Aunque resignarnos no significa que nos “valga madres”, como dice Pablo. Mejor, así resignados, nos cagamos en su reputa madre. Mercenario.

 

Foto: Cubanet