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viernes, 5 de junio de 2026

Morir de amor

 

Foto: Entertainment Weekly
 
 

Marjane Satrapi nació unos meses después que yo, en aquel lejano año de 1969. Nació en Irán, un país muchísimo menos jodido que el que me tocó a mí para venir al mundo. Cuando yo nací, la llamada “Revolución cubana” llevaba diez años destruyendo a Cuba. Cuando Marjane cumplió diez años, en 1979, una revolución se produjo en Irán.

Ambas revoluciones hermanadas en empobrecer, reprimir y oprimir. Una comunista y la otra islámica. Dos mierdas.

Los padres de Marjane se las arreglaron para sacarla del manicomio fundamentalista desde muy joven. Yo, desde muy joven, estuve tratando de escapar del manicomio comunista, sin ayuda de mis padres. Ella echó raíces en Europa; yo rodé más que una piedra de río revuelto hasta caer aquí en un pantano, donde eché raíces y retoños.

Marjane escribió libros, novelas gráficas, de cómics. Excelentes. También hizo cine, y muy bueno. El palo lo dio en el 2007 con Persépolis. Visualmente, una experiencia irrepetible; emocionalmente, desgarradora e inspiradora. No se la cuento, véanla. Les dio una patada en los huevos a los ayatolás y a su fundamentalismo asesino. Un canto a la vida, a la libertad, la felicidad y la voluntad frente al mal. Una patada a la oscuridad.

Fue el primero de muchos. Arte del que perdura, del bueno.

 

Foto: Cartoon Brew
 

Perduró también su amor por el amor de su vida. El año pasado falleció su esposo, Mattias Ripa, con tan solo cincuenta y tres años. Ayer Marjane Satrapi murió también, apenas iba a cumplir cincuenta y siete. Murió de tristeza, murió de amor. Morir de amor no solo pasa en las novelas, pasa en la vida.

Marjane Satrapi nació unos meses después que yo. Murió de amor a los cincuenta y siete años, o casi. Mi misma edad. Murió en París, donde echó raíces y floreció su amor. No sé dónde moriré, pero hoy sé que podría de morir de amor.

 


martes, 13 de enero de 2026

No subestimemos a la dictadura cubana

 

Foto: LIBRE Semanario

Las declaraciones del domingo por parte de Donald Trump nos han llenado de esperanza y optimismo a los cubanos libres. Pero no es la primera vez que el exilio cubano se siente así. Desde los héroes de la Brigada de Asalto 2506, todas las generaciones del exilio han vivido momentos similares, en algún punto de su historia.

La Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba lleva tiempo derrotada económicamente; ahora también lo está política y moralmente.

Pero no nos confiemos. Como un virus mutante, ha demostrado una asombrosa capacidad de supervivencia.

Como escribió hace unos días María Werlau:

La dictadura venezolana ha generado grandes sufrimientos humanos, un excesivo costo material y actividades criminales con enormes repercusiones a nivel nacional, hemisférico y mundial. Su principal mentor y habilitador ha sido la dictadura cubana. Desestimar la amenaza que representa, con sus "competencias distintivas", sería un grave error. Ha sobrevivido a repetidos vaticinios de su caída y se ha reinventado en más de una ocasión.

 

Foto: Facebook Dahone Suárez
 

Como les dije yo ayer: hasta no ver, no creer. Ojalá esta vez la esperanza y el optimismo sean los definitivos. Ojalá llegue, por fin, el tiempo de una Cuba libre y próspera.

Espero no desilusionarme como tantos que me precedieron en este destierro. Sigo optimista y esperanzado.

Ah, y no veo la hora de empezar la reconstrucción.

martes, 21 de octubre de 2025

Cerebro bien lavado

 

Foto: NBC News

El 22 de abril del año 2000, yo estaba en una habitación en un hotel en Paseo de la Castellana, en Madrid. Estaba con mi hermano y con mi padre. Habíamos ido a verlo, pues ninguno de los dos podíamos entrar a Cuba legalmente.

 📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí  

Mi hermano estaba más enterado que yo sobre los asuntos de Miami, y el exilio llevaba meses en acción, unido como hacía mucho que no lo estaba, en torno a la defensa de un niño de seis años atrapado entre el bien y el mal.

El niño en cuestión se llamaba, se llama, Elián González, y había sobrevivido de milagro a la travesía entre Cuba y la Florida en una precaria embarcación que finalmente naufragó, llevándose a su joven madre. Milagrosamente fue rescatado, atendido de emergencia y entregado a familiares cercanos residentes en Miami.

Hasta ahí todo normal, lo triste de los que se lanzan al mar en busca de libertad. Se enfrentan a la muerte con tal de escapar de aquel manicomio. Y eso que era 1999; en 2025 es mucho peor.

Pero, y aquí un gran pero: desde La Habana, el Orador Orate detectó una veta de oro a la vista. Vio en el asunto del niño la posibilidad de una más de sus “batallas” contra la “mafia de Miami”. El niño Elián, al cuidado de su familia, en libertad, le ofrecía una oportunidad única de combatir, de joder, tanto a Estados Unidos como al exilio cubano.

Y, si algo hay que reconocer, es que el individuo era sumamente astuto en estos temas de joder. La mayor parte de las veces que hizo lo mismo siempre logró ponerse en una situación de ganar-ganar.

Si Estados Unidos no devolvía el niño a su padre —quien se había quedado en Cuba y rápidamente fue reclutado por el Orate para sus fines— significaría que el imperialismo había secuestrado a un niño y dividido a una familia. Si se lo devolvían, él, el Orate, quedaba como el gran salvador, al mismo tiempo que le propinaba otra cachetada humillante al exilio.

Ganar-ganar. Y ganó.

Ese 22 de abril del año 2000, mi padre, mi hermano, yo y millones de personas del mundo entero vieron cómo una unidad especial de la Border Patrol entró violentamente a la modesta vivienda donde vivía Elián con su familia y se llevó al niño. Janet Reno, la fiscal general, y el presidente William Clinton le regalaron una victoria al Orate y una nueva desilusión al exilio.

La contienda legal duró poco. En La Habana, el Orate organizaba sus tradicionales marchas. “Liberen a Elián”, se leía en miles de pancartas y camisas. El barbudo cabrón disfrutaba el momento. Incluso prometió que, a su regreso, Elián no sería objeto de propaganda o de adoctrinamiento.

Ya usted se imaginará: sucedió todo lo contrario. El 28 de junio del año 2000, el niño llegó a La Habana. No pasó mucho tiempo para que el Orate lo convirtiera en una postal de su llamada “revolución”. Lo convirtió en un souvenir “antimperialista”.

 

 Foto: Cubadebate
 

No solo eso, al parecer también le aplicaron un efectivo lavado de cerebro. Les digo esto porque veo en las noticias que Elián, quien ahora es un ingeniero de treinta y pico de años, anda por México —país ahora aliado de los Barrigones— de vocero de esos Panzones.

No solo eso: anda diciendo lo que le inocularon en su lavado de cerebro. Entre otras sandeces, dijo que “si bien tenemos un pueblo talentoso, un pueblo que en su propio ADN da buenos deportistas, músicos y grandes artistas, antes del triunfo de la Revolución no pasaba igual”.

He aquí el resultado de la labor de manipulación de un régimen que lleva sesenta y seis años intentando borrar la historia anterior de Cuba. Intentando torcer aún más el tronco cultural e histórico de la nación cubana, al mismo tiempo que han destruido y siguen destruyendo la base material de aquel antiguamente próspero país.

Elián es muestra de lo que han logrado.

 

 Foto: Cubaheadlines
 

El 22 de abril del año 2000, Elián todavía era un niño inocente. Un niño que pudo haber sido libre. Veinticinco años después, representa a una fallida dictadura y desconoce la nación que sus amos destruyeron.