martes, 4 de agosto de 2026

Cuba es una más en la lista de espera

 

Todos los cubanos —tanto los cautivos como los libres— pensamos, queremos y deseamos que la catástrofe humanitaria que sufre hoy Cuba llame la atención del mundo y mueva voluntades para su resolución. Solución que no es otra que borrar para siempre a esa inepta Junta Militar de Barrigones que destruyó y asfixia a un país que era próspero.

Pero la realidad es otra. La catástrofe cubana es una más —y no la peor, para colmo— de las que colman este mundo actual y real. Veamos quiénes nos acompañan en esta macabra competencia por la atención mundial y por la solución a nuestra plaga.

Miren esto:

 

  • Sudán: 30,4 millones de personas con necesidad de ayuda humanitaria.

     

    Foto: Sight Magazine

     

  • Yemen: 19,5 millones de personas con necesidad de ayuda humanitaria. 

     

    Foto: CNN

     

  • Ucrania: 14,6 millones de personas con necesidad de ayuda humanitaria.

Foto: NYT


  • Gaza: No se sabe cuántas personas, pero sí saben llamar la atención del mundo.

      

    Foto: Fox News


  • Afganistán: 23 millones de personas con necesidad de ayuda humanitaria. 

     Foto: Washington Post

     

  • Somalia: Otra pila de millones que desde hace décadas —en parte a causa de las guerritas del Orador Orate— viven en una perenne crisis humanitaria.

      

 Foto: NYT

 

  • Haití: Otra desgracia desde que, hace más de dos siglos, los esclavos —justificadamente— se lanzaron a un cambio. Independencia que solo les trajo pobreza. Paradojas de la vida. 

     

    Foto: CNN)

 

A todo esto súmele los conflictos locales provocados por guerras civiles, bandas terroristas o del crimen organizado. Millones de desplazados, decenas de miles de muertos y de desaparecidos.

La lista sigue: México, Irak, Nigeria, Bangladesh, Irán, Tailandia, Tanzania, Uganda, Costa de Marfil, Camerún, Níger, Mali, Burkina Faso, Chad, Benín, Ruanda, Túnez, Togo, Libia, Rusia, Israel, Palestina, Myanmar, República Centroafricana, Pakistán y quién sabe dónde más.

Además, hay otros conflictos actuales que tienen su génesis o su desarrollo en esas guerritas de nuestro barbudo y locuaz Orate: Angola, Argelia, Marruecos, República Democrática del Congo, Colombia, Ecuador, Mozambique, Somalia y también algunos de los de la lista anterior.

Así que los cubanos tenemos que trabajar el doble para lograr llamar la atención y resolver la catástrofe humanitaria en la que están sumidos más de ocho millones de nuestros paisanos, de nuestros familiares.

Para nosotros esos son los más importantes del mundo y aquí estamos haciendo todo para liberarlos de esa dictadura de panzones ineptos. Pero para el mundo somos otros más en la lista de desgracias.

Sí hay una diferencia del resto: ninguno de esos millones de personas tiene también en contra a una dictadura que, a la vez que los aplasta con efectividad, es muy efectiva presentándose como víctima y culpando a otros de la catástrofe en la que ellos mismos han metido a los cubanos.

Para colmo, la esperanza que nos ofreció la dupla Trump-Rubio se ha estancado al mismo ritmo que la teocracia iraní les ha enredado lo que se pensó una operación rápida y efectiva. No es lo mismo neutralizar a una narcodictadura corrupta que a una teocracia fanática; con petróleo como los corruptos de Venezuela, pero con un fanatismo y una constancia evidentemente efectivas y peligrosas.

Nada, que somos uno más en la lista de desgracias. Lo que más duele es que, sin esa llamada "revolución", nunca hubiéramos estado en en ella; estaríamos en la de los países a los que habría que llamar la atención para ayudar a los de la lista de desgracias.

No tienen perdón. Justicia y castigo, nada más.



Foto: CNN 

lunes, 3 de agosto de 2026

En Cuba la comida abundaba y hasta sobraba

 

Foto: delcampe.net
 
 

Las generaciones de cubanos nacidos en la isla después de que Fidel Castro se la robara hace sesenta y siete años han crecido creyendo que su tierra natal siempre fue un territorio pobre y desabastecido. Lo han creído porque el totalitarismo comunista que nos impusieron desde octubre de 1960 convirtió a lo que fue un país próspero y autosuficiente en un territorio pobre y desabastecido.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

No solo eso: la narrativa oficial de ese totalitarismo comunista se empeñó —y lo logró bastante— en borrar el pasado de prosperidad y autosuficiencia que el propio sistema destruyó en pocos años. Los inicios de la conversión de Cuba en un país parásito e improductivo lo he contado en mi libro Se acabó la diversión.

Fue un proceso muy rápido. Tan solo tres años después de que Fidel Castro y su pandilla convirtieran un país en finca privada, tuvieron que implantar, en 1962, el racionamiento de alimentos y productos básicos. Al principio dijeron que sería una medida temporal, pero duró sesenta y cuatro años, hasta 2026, cuando ya fue eliminado.

Y no fue eliminado porque en 2026 abunden los alimentos, como abundaban antes de que los cubanos entregaran sus destinos a ese Orador Orate. No: la Junta Militar de Barrigones que heredó la finca miserable ha eliminado el racionamiento porque ya no tiene nada que racionar. Ya no tiene alimentos con qué alimentar a los mismos a los que impide producir alimentos. Un poco más y culparán a los cubanos de querer comer, tomar agua, bañarse y hasta respirar.

Son generaciones —me incluyo en ellas— que crecieron en un país que siempre tenía dificultades, que siempre tenía problemas para cumplir planes de producción. Que si el bloqueo, que si la falta de piezas de repuesto, que si la sequía, que si las lluvias, que si el moho azul o la roya de la caña. Siempre era algo.

Y les digo: no siempre fue así. Es más, nunca, hasta la llegada de esos bandidos barbudos, Cuba sufrió de escasez de alimentos. Nunca. Durante los casi cuatro siglos y medio antes de que ese vago pichón de gallego resentido se apoderara de un país próspero, pujante y funcional, nunca esa fértil isla sufrió de una escasez generalizada de alimentos.

Me dirán que sí, que cuando Valeriano Weyler encerró a miles de campesinos sí hubo hambre. Y tienen razón: miles de cubanos murieron de hambre por la nefasta —pero efectiva, aunque duela decirlo— política de reconcentrar campesinos en los pueblos de Cuba. Hambre por falta de suministros y porque las cosechas de los campos de Cuba eran quemadas consuetudinariamente por las fuerzas insurrectas, por los mambises.

Excepto esos dos o tres años, nunca en Cuba hubo escasez de alimentos. Nada parecido a lo que empezó en 1960 y tiene hoy a más de ocho millones de cautivos viviendo en condiciones primitivas. Y ya ven que soy historiador —o al menos creo que lo soy— y, escribiendo la historia de esa isla que llevo en mí, encuentro cosas que no solo me indignan ante la miseria actual, sino que me llenan de esperanza para ese futuro que ya vemos en el horizonte, y que no es utopía.

Les he contado historias parecidas a la que les voy a contar ahora, la de hoy es de mediados del siglo XVIII, hace más de doscientos cincuenta años. Les he contado descripciones similares a esta, pero que datan de los siglos XVI y XVII, hace una pila de años. Y desde hace una pila de años, durante toda su historia hasta la llegada del comunismo totalitario, en Cuba abundó la comida.

No me crean a mí; créanle a Nicolás Joseph de Ribera, un habanero que nació a finales de los 1600 y creció en una ciudad que crecía y se ennoblecía por entonces. En 1760, siendo profesor de la Universidad de San Jerónimo, escribió una Descripción de la Isla de Cuba para enviarla a España con algunas recomendaciones para el gobierno metropolitano.

Y lo que describe nuestro paisano Joseph es un país maravilloso. Miren un ejemplo:

Toda la isla está cubierta de florestas y bosques siempre verdes, que la hermosean mucho. Por partes abunda en sabanas que son dehesas pingües, que producen mucho pasto de ganados. Su inmensa arboleda es, o frutífera o de preciosas maderas. Su tierra es feracísima, lleva bien trigo, arroz, millo, maíz, garbanzos, chícharos, gandules, caballeros, congos, judías, con otras mil especies de frijoles y generalmente cuantos granos se conocen.

Abundan mucho la yuca, ñames, jengibre, batatas, jícamas, y otras raíces sabrosas e importantes. Son muchas las especies de sus frutas, saludables y grandes; cuales piñas, cimarronas y de Cuba, mameyes, zapotes, dominicos y colorados, plátanos machos, hembras, y guineos, papayas, aguacates, guanábanas, mamones, anones, nísperos, caimitos, jaguas, guayabas, cocos, corojos, granadas, naranjas y limones; también de muchas especies; y en abundancia extrema, cidras, limas, toronjas, melones, sandías, pepinos, y una infinidad de frutas pequeñas, como dátiles, uvas, ciruelas, jobos y otras. Las calabazas de todo género son abundantísimas y generalmente toda [la isla] está llena de frutas, semillas y otras producciones gustosas y de buen alimento. La caña dulce se da con gran abundancia en todas partes, el tabaco es común, el añil lo produce la tierra sin sembrarlo. Viene bien el café. El cacao con bastante prontitud y críanse las vacas y caballos de la raza de Andalucía con tan gran abundancia que en muchas partes los hay sin dueños, y en todas andan sin pastos. Los cerdos son infinitos, y de mejor gusto que en España.

También hay ovejas, pero pocas, porque siendo tan delicadas necesitan del cuidado y pasto que allá no se usan. Hay burras y mulas muy fuertes. También hay cabras, y, en fin, cualquiera especie de animales se produce allí con abundancia.

De aves domésticas hay pavos reales y comunes, patos, gallinas, pichones. De la caza y grandes, las que llaman gallinas de Guinea, muy sabrosas, los cocos y los guariados. Las cayamas, los flamencos, las guananas y las grullas, las palomas (de muchísimas especies), las perdices, los patos, de tres clases, las yaguasas y otras diferentes.

Y así continuó por largos y hermosos párrafos, describiendo una isla hermosa. Joseph termina su descripción diciendo que Cuba "no tiene animal ponzoñoso, ni fieras".

En esto no se equivocó: en su época, hace más de doscientos años, no había animales ponzoñosos ni fieras en esa isla hermosa. Las fieras ponzoñosas llegaron en enero de 1959 y destruyeron toda la prosperidad que, desde antes de los tiempos de Joseph y mucho después, bendijo siempre a Cuba hasta que llegaron Fidel Castro y sus bandidos a demolerla.

Nicolás Joseph de Ribera nos recuerda un país hoy demolido. Nos describe una abundancia tal que, confiéselo, entre los productos que menciona hay muchos que ni usted ni yo hemos conocido. El totalitarismo comunista ha demolido tanto que la Cuba de hoy es irreconocible en un espejo de hace más de doscientos años.

Espejo que, gracias a la historia, nos servirá para reconstruirla, refundarla y volverla a convertir en una isla próspera, autosuficiente, feliz y, sobre todo, libre. No sé usted, pero a mí me encantaría probar, por primera vez en mi vida, una jagua, o volver a comer un jobo producido en la fértil tierra de la que tuve que escapar para ser libre.

Comunismo es igual a miseria, es igual a fieras, es un animal ponzoñoso. Lo digo yo y lo dice la historia. Durante 450 años la comida abundaba y hasta sobraba en aquella Cuba. Todo eso fue desapareciendo durante los últimos sesenta y siete años.

Comunismo es igual a miseria.

 

Foto: Martí Noticias

domingo, 2 de agosto de 2026

Un domingo feliz

 



Todos los días agradezco, pero hoy agradezco más, mucho más.

No todos los días se tiene el mar, y hoy tengo el mar.

Hoy soy mar, y lo quiero ser siempre.

sábado, 1 de agosto de 2026

Encrucijada sin dilema

 

Foto: 14yMedio

Me preguntan mucho sobre qué opino acerca de una “transición” en Cuba. Contesto siempre que la solución a la catástrofe humanitaria que azota a los cubanos de la isla —que no es más que la eliminación total de la nefasta dictadura— no puede ser con una transición, sino con un machetazo.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

En enero de 1959, Fidel Castro y su pandilla no se hicieron con los destinos de Cuba a través de una transición, sino a través de un violento robo. Se robaron una república para convertirla en una finca familiar. Convirtieron a los antiguos ciudadanos en siervos cautivos bajo la bota de un mayoral lenguaraz.

A los que se mantuvieron firmes defendiendo su condición cívica los asesinaron, los encarcelaron o los exiliaron. Así lo han hecho durante sesenta y siete años, edad que puede ser perfecta para una mujer, pero que es una eternidad para una nación atacada hasta sus cimientos. Así lo siguen haciendo hasta el día de hoy.

Las transiciones políticas han sucedido en muchos países. Fíjense que digo “políticas”, pues no han sido transiciones económicas. Tanto en España como en Chile —dos de las transiciones emblemáticas— el cambio político se hizo sobre una base económica sólida. Hay muchos más ejemplos. Incluso las transiciones en los antiguos países socialistas no se hicieron en un escenario de catástrofe humanitaria y ruina generalizada como lo que sucede hoy en Cuba.

Pero si solo por esas realidades digo que el fin de la dictadura totalitaria —representada hoy por esa Junta Militar de Barrigones— no puede diluirse en una transición, su malignidad hace que su fin merezca ser a machetazos. Y no me refiero a un machete de acero cortando cabezas inútiles; eso no se ve bien hoy en esta sociedad blandengue. Me refiero a un corte de tajo con todo lo que representa ese régimen asesino y empobrecedor.

Un corte de tajo a los que convirtieron un país próspero, autosuficiente, funcional y feliz en un páramo miserable, parásito del mundo cómplice. Los que, aún hoy, con la catástrofe ante sus ojos y narices, siguen aferrados al fracaso de lo común para mantenerse en su mundo alternativo de fantasías verborreicas. Aferrados ahí siguen, ganando tiempo —son expertos en ganar tiempo— e implantando el tema de la transición en la narrativa de los de aquí.

Y repito: si solo ver la destrucción material, espiritual y humana que sesenta y siete años de dictadura han dejado como mortal legado no es razón suficiente para borrar la palabrita “transición” del proceso inminente para salvar nuestra isla, agreguémosle su carácter represivo, violento e inhumano.

Son decenas de miles de fusilados y encarcelados. Condenados por lo que es incondenable —palabra inventada pero precisa— en cualquier país civilizado. Han sido represivos, asesinos, desde el primer día. Decenas de miles de cubanos cuyas vidas fueron cercenadas —y lo siguen siendo— por la sevicia de una pandilla de delincuentes devenidos ahora no solo en delincuentes, sino también en ineptos.

La dictadura es experta en disfrazarse de víctima, y muchas veces lo logra. Lo logra con los que no quieren ver, con los que ven y no les importa, y con aquellos a los que no les interesa ver. Pero no con nosotros, con los libres, con los de bien. Hoy inducen el término “transición” mientras ganan tiempo haciéndose pasar por víctimas mientras siguen “implementando” medidas y decretos para ganar tiempo.

Y, mientras ganan tiempo, siguen reprimiendo, siguen manteniendo a miles de inocentes en sus pútridas cárceles. Inocentes, algunos hasta menores de edad, que tienen nombre y apellidos, que tienen madres, padres e hijos que sufren con ellos. Encarcelados por protestar ante la injusticia y el desastre en que esta banda de delincuentes ha metido al país que destruyeron.

La lista de nombres y apellidos es interminable. Duele que unos sean más visibles que otros, pero así funciona el mundo. Pero poner nombre y apellidos a la denuncia y a la condena de la injusticia le pone también rostro. Le pone rostro a la injusticia. Y esto, hoy, me encuentra con cuatro nombres, con cuatro hombres condenados por ser hombres decentes: decentes y valientes.

Cuatro condenados en enero de 2025 por protestar contra la barbarie a la que sus captores han llevado a Cuba. Condenados por protestar en el hermoso pueblo de Encrucijada: José Gabriel Barrenechea Chávez, Rafael Javier Camacho Herrera, Yandri Torres Quintana y Rofel Bárbara Espinosa Rodríguez. Condenados por protestar contra los apagones; no los apagones de 2026, sino los de noviembre de 2024, cuando esa misma dictadura todavía revendía a extranjeros el petróleo regalado por sus secuaces de Miraflores.

Son cuatro nombres, pero hay miles más. Hoy menciono a estos cuatro valientes porque no solo los condenaron injustamente, sino que hoy son ellos cuatro la demostración fehaciente de la malignidad de todo ese sistema de ignominia. Así como la dictadura se disfraza de víctima, se pavonea de institucional; incluso su “sistema judicial” tiene un Tribunal Supremo Popular. Tribunal que no es supremo y mucho menos popular.

Hace unos días, ese tribunal ficticio pero real ratificó las condenas de estos cuatro valientes. Lo hizo incluso en contra de sus propias maquiavélicas leyes. Ratificó las condenas de cuatro cubanos que solo hicieron lo mismo que la dictadura incita en cada país en los que tiene embajada: protestar en la calle. Lo incitan fuera, pero les aterra dentro.

Cuatro valientes condenados a más de un quinquenio de prisión por exigir vivir civilizadamente, algo prometido durante décadas por esa misma dictadura que ahora los encierra. No solo los encierra: los humilla. La madre de Barrenechea murió de cáncer mientras su hijo —hombre culto y decente— estaba en el presidio injusto. No le permitieron despedirse de su madre.

Son decenas de miles de cubanos con nombres y apellidos. Pero basta solo uno de ellos, hoy Barrenechea Chávez, para recordarnos la malignidad intrínseca en ese cáncer dictatorial que sigue hundiendo a Cuba y a los cubanos. Del otro lado, del lado de los dictadores, que no se nos olviden los nombres y apellidos de los injustos, incluyendo los de ese injusto tribunal. La justicia, la verdadera, la libre, llegará más pronto que tarde. Tiene que llegar.

Me seguirán preguntando sobre una posible transición; les seguiré contestando con un machetazo. No se negocia con asesinos. No se negocia con el mal. Machetazo de moral, de justicia y de ley. Ellos borraron nuestra Cuba perdida; nosotros la reviviremos de nuevo, limpia, sin la suciedad que cualquier roce con ellos implica.

Nada de transición ni negociación. Barrenechea, como decenas de miles más, como yo, no pudo ver nunca más a su madre. No la pudo ver por una dictadura obtusa y diabólica. Y con esa, repito, no se negocia ni un maní. Machetazo de libertad y civismo, de democracia y leyes.

 

Foto: TSP.gob.cu