lunes, 22 de junio de 2026

La dictadura cubana en su último engaño

 

Foto: CiberCuba
  

La semana pasada, cuando el despeinado “puesto a dedo” Díaz-Contados salió a balbucear sobre una presunta apertura económica, les anuncié que si sus palabras eran ciertas —casi nunca lo son— significaría que la dictadura empezaba a mover sus fichas para tener ventajas ante el inevitable cambio que se acerca.

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Les decía que podríamos estar ante un proceso similar a lo ocurrido durante la disolución de la Unión Soviética, cuando los jerarcas del régimen ocuparon posiciones de control en las anticuadas e ineficientes empresas estatales que pronto serían privatizadas. Por muy anticuadas e ineficientes que fueran, tenían un gran valor estratégico a la llegada del capitalismo. En el capitalismo hasta la basura tiene valor.

Lo mismo sucedió en otros países de aquel nefasto “campo socialista” en su transición al capitalismo. Lo mismo sucedió en Nicaragua a principios de los 1990 con la llamada “piñata sandinista”. Los nicas ladrones se posicionaron y miren cómo está Nicaragua, miren cómo está Bielorrusia o el caso de Putin, que es dueño de la mitad de Rusia. Corrupción comunista convertida en capitalismo de amigos.

Unos días después, en otra de esas reuniones donde la Junta Militar de Barrigones piensa —o nos quiere hacer creer— que pueden salir de la catástrofe humanitaria en la que su inepta gestión ha metido a los cubanos, decretaron 176 medidas para “abrir” la economía cubana; bueno, los harapos de economía que quedan.

Medidas que, según ellos, abren lo que queda de país a la inversión extranjera, a los emigrados cubanos —los exiliados no invertimos en un país dominado por ladrones y asesinos— y a quien sea. Quieren ahora inversiones cuando los mil millones de dólares —equivalentes hoy, en 2026, a 11 600 millones de dólares— de inversiones norteamericanas fueron confiscadas en 1960 por Fidel Castro, el Orador Orate. Otras tantas se las robó a los empresarios cubanos.

Anuncian medidas que ponen a las empresas estatales en manos de sus actuales gerentes y les permiten iniciar un proceso de autogestión, preludio de una previsible privatización. La mayoría de esas quebradas empresas están en condiciones deplorables, pero una parte no desdeñable significa una verdadera mina de oro para estos bandidos.

Muchas de esas empresas administran —es un decir— vastas extensiones de tierra. Tierra cubana, admirada durante siglos por su inusual fertilidad. Otras controlan bosques, o puertos pesqueros, almacenes o minas. Todas se podrían poner a producir riqueza bajo un manto legal adecuado. Ese marco legal hoy no aparece en esas 176 medidas ni en ninguna otra, pero para los gerentes ahí estará cuando se implante.

Y todo lo anterior es sin meternos en lo de Gaesa; me estaba refiriendo solo a las empresas estatales de ese Estado hoy colapsado, hoy fallido. Gaesa es un Estado en sí mismo. Llamémosle Cugaesa: la Cuba de la mafia, la de los hoteles, marinas, aviones, tiendas, puertos, etcétera. La dueña de lo que sí vale, de lo que sí han mantenido y ampliado con inversiones financiadas con dinero robado a los cautivos cubanos.

Solo en el tema de esos hoteles hoy vacíos. Hoy están vacíos, pero en una Cuba libre se llenarán de inmediato y generarán millones de dólares. Hoy están vacíos pero valen miles de millones de dólares. En una Cuba libre, esas tierras a las que me referí, hoy ociosas, empezarán a cosechar en menos de medio año. Y así el resto de los sectores que se reactivarán uno tras otro. Con estas 176 medidas —que bajo ellos fracasarán, no lo duden— ellos piensan estar ahí, posicionados, cuando llegue el inevitable cambio.

Esto no es una predicción mía, es un hecho comprobable. El otro día tuve la dicha de conversar con la periodista Marián de la Fuente. Subí un extracto de la entrevista a mi canal de YouTube. Además del gran número de vistas que tuvo, pude comprobar que mucha gente nos ve desde Cuba. Nos ven y, además, comentan los videos.

Uno de esos comentarios decía lo siguiente:

Ya se están repartiendo las propiedades en Cuba, el Cangrejo cerró el hotel de la manzana de Gómez (el Kempinski), sacó a los trabajadores y se hizo dueño de ese hotel, ahora está rentando los salones para fiestas y bodas de gente de la cúpula en dólares y lo está haciendo con los trabajadores de La Divina Pastora, que es otro negocio de él. El Cangrejo quiere poner en plantilla de trabajadores de ese hotel a los trabajadores de La Divina Pastora que son fieles (serviles) a él.

Lo dice alguien desde Cuba. Las 176 medidas que anuncian fracasarán. Nadie, excepto inversionistas inescrupulosos y lavadores de dinero, pondría su capital en un país sin leyes, miserable y desgobernado por una pandilla de ladrones profesionales. Ladrones que no dudan en meter a la cárcel o asesinar a esos mismos inversionistas cuando dejan de serles útiles. Ya ha pasado, repetidamente.

Otro comentario, también de alguien relacionado directamente con Cuba, define lo mismo:

Soy un cubano-americano inversionista con empresa en Florida y mipyme en Cuba. Las 176 medidas que anunciaron no tienen las 5 principales que se necesitan implementar para que pueda tener confianza para invertir en mi país. Tiene que haber un nuevo gobierno donde el PCC no esté en ese gobierno. Tiene que existir una ley para que ese nuevo gobierno pueda auditar GAESA y para que todos los activos y propiedades de GAESA pasen a formar parte del patrimonio nacional. Tiene que existir una nueva constitución que garantice el respeto a la propiedad privada. Tiene que existir un sistema jurídico independiente del poder ejecutivo para que haga cumplir la nueva constitución, es decir, la propiedad privada. Sin esas medidas, todas las demás no sirven para atraer el capital de los inversionistas fuera de Cuba.

La maniobra no les va a funcionar a los dictadores. No les va a funcionar entre nosotros, los cubanos libres y los cautivos de la isla, que los conocemos “de atrás", como se decía en mi Cuba perdida. Pero sí les está funcionando ante el mundo, como lo ha hecho muchas veces en el pasado. Quienes no conocen la realidad cubana —o no la quieren conocer— ya dicen que Cuba se está abriendo al mundo, que, pobrecitos, ellos son buenos, no son un peligro.

La dictadura, los Barrigones, ya les he dicho, son expertos en la manipulación de la narrativa. Incluso pusieron al Crustáceo de seis dedos a farfullar toda esa monserga de que Cuba está abierta, que no somos enemigos y de que vengan a invertir. Un Cangrejo cuyo único “mérito” —por decirlo de alguna manera— es ser heredero de un segundón asesino. Para los que me decían que tiene el coeficiente intelectual de un grillo, les digo que al menos habló como un humanoide, con un boniato metido en la boca, diciendo estupideces, pero hilvanó cien palabras al hilo.

Bruto pero no tonto. El mundo está lleno de brutos que no son tontos, y miren que han tenido éxito. No lo subestimemos. Ellos no buscan el bienestar de Cuba, no buscan su desarrollo, no buscan el bienestar de los cubanos. Nunca lo han hecho. Solo buscan ganar tiempo, sobrevivir.

 

Foto: Martí Noticias
 

La maniobra de las 176 medidas está teniendo éxito en la prensa internacional cómplice, en los partidos políticos cómplices y en los gobiernos cómplices. No tendrá éxito entre los cubanos libres y los cautivos, pero esa marea de narrativa cómplice llegará a Washington D. C. buscando diluir el ímpetu impregnado por Marco Rubio y nuestros congresistas allí. Intentando suavizar la solución a la catástrofe cubana. Venezolanizar la solución.

Que no lo logren depende de nosotros, los libres, denunciando en cada foro posible, frenando a los que —tentados por el canto de esos Barrigones, ahora convertidos en sirenas glotonas— sucumban y se acerquen a invertir en ese manicomio. Ya he visto a varios en esa sintonía.

Que no lo logren también depende, y mucho, de los cautivos de la isla. De los que llevan meses arrastrando su dignidad en medio de esa catástrofe humanitaria que ha sido el punto final de la novela de terror del castrismo. Los cautivos en la calle, quemando basura hoy en un barrio aislado, cada día se convierten en más cubanos enojados —por no decir encabronados, hartos— que no solo quemarán basura: quemarán patrullas y sedes del maligno Partido Comunista que los mantiene en su miseria y los reprime en su dolor.

Quemarán más, protestarán más y lo harán en más barrios hasta llegar a la catarsis final del fin de esta gangrena que azota a nuestra isla desde hace sesenta y siete años y medio.

No hay maniobra que intenten estos dictadores que saque a Cuba de esta catástrofe humanitaria. No la hay. Ellos son el problema, lo han sido desde enero de 1959. Se robaron un país, lo destruyeron, lo llenaron de fusilados y presos políticos y ahora lo quieren vender. Lo quieren vender incluso con más de mil de esos presos políticos muriendo hoy en sus cochinas cárceles.

Hagámoslo, arrebatémosles ese país robado. Robado cuando era próspero y feliz, hoy destruido y triste. Arrebatárselo como sea, inyectarle libertad y, sobre esa libertad, iniciar el duro pero satisfactorio camino a la reconstrucción, a la vuelta a la prosperidad, la libertad y la felicidad.

Libertad y prosperidad sin Cangrejos, sin “puestos a dedo” despeinados, sin ninguno, absolutamente ninguno, de los culpables de esa gangrena que pronto extirparemos. Tan cercano es este amanecer de libertad que ayer Ramiro Valdés, el más pillo de la pandilla, decidió morirse por sí mismo antes de pagar por todo el daño que hicieron él y su banda de ladrones asesinos.

Ni perestroika ni perestropika. Libertad pura y dura. Justicia y castigo.

 

Foto: Adorer.zmvm

domingo, 21 de junio de 2026

Felicidades, papá

 


Feliz día de los padres, papito mío. 

Aquí estoy, siguiendo tu ejemplo, tus pasos. Nunca alcanzaré tus alturas, pero nunca dejaré de intentarlo.

Te quiero. 

Te extraño.

Feliz día a todos los padres buenos.

viernes, 19 de junio de 2026

Diversión en la Fuente

 

Ayer fue un día agridulce. Casi nunca tengo un día agridulce, pero ayer fue un día de esos. Como todo en mi vida, dejé, guardé, lo agrio y disfruté, mucho, lo dulce.

No es que olvide las heridas de ese día agridulce, las guardé. No me alcanza el tiempo para lamerlas.

Pero sí disfruté la parte dulce. Ayer sentí que soy el convexo de un cóncavo, la mitad de una naranja muy dulce.


Ayer también tuve la suerte y el privilegio de conversar un rato con Marián de la Fuente. La conocí el miércoles y conversamos ayer. Que inteligencia, de ser por mí, solo la hubiera escuchado, oído, como más te guste. 

Gracias, siempre. 

Dicen que Martí dijo que nuestro vino es agrio, no lo sé. Lo habrá agrio, pero hay más dulce que agrio en esa Cuba bella que no nos deja dormir, pero que nos hace soñar.

Ayer fue un día más dulce que agrio. Mañana será solo dulce. Muy dulce.


Vance habla más claro que Trump, no mejor

 

Foto: Noticias Martí 
 
 

Hoy, viernes 19 de junio de 2026, llevamos un mes y medio de que Donald Trump firmara la Resolución 14404 declarando a Cuba —a la dictadura cubana que la oprime— como un peligro inusual y extraordinario para Estados Unidos. Les he dicho aquí que ese peligro no es ni inusual ni extraordinario.

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Nada es inusual y extraordinario si lleva sesenta y siete años dedicado a perjudicar y a atacar a Estados Unidos y a todo lo que se relacione con la libertad, la democracia y la prosperidad. Inusual y extraordinario es que el Gobierno de Estados Unidos lo descubra ahora, casi setenta años después.

Esa primera semana de mayo fue de esperanza para los cubanos libres, para los cautivos de la isla que también desean —y merecen— ser libres, y para todas las personas que aman la libertad, la prosperidad y la decencia. Fue una semana feliz para todos los que rechazamos el totalitarismo y el empobrecedor comunismo.

Han pasado las semanas y aquel cielo limpio y azul con que nos ilusionamos se ha ido llenando de nubarrones de mal agüero. En vez de una soñada extracción de las cabezas visibles de esa Junta Militar de Barrigones, o del cascajo que queda del segundón y asesino Raúl Castro, lo que hemos visto son visitas a Cuba del director de la CIA, del jefe del Comando Sur o de un candidato republicano que se fue a La Habana a tomar cerveza Cristal con Zángano Castro.

Bueno, no solo eso. En vez de esa extracción —o como dice una luz: drones, drones, drones—, lo que hemos visto son sanciones y algunas detenciones. Sanciones a varios de esos Barrigones: les quitan la visa, pero pueden seguir viajando a medio mundo con el dinero robado a los cubanos.

Han detenido a un piloto asesino, a la hermana cómplice de la cómplice que opera la mafia de Gaesa o a la hija de un militar —no le digo general, pues ese ejército que doblega a Cuba no es legal—. Tampoco es legal detener a alguien solo por ser hijo de un hijo de perra, sin pruebas de que la hija sea tan hija de perra como el padre.

Bueno, y debemos reconocer que dimos otro pasito hacia adelante. El Departamento de Justicia ha encausado a Raúl Castro por el asesinato, en febrero de 1996, de cuatro cubanos de bien. El Segundón es hoy fugitivo de la justicia norteamericana. Lo malo es que los US Marshals —los alguaciles— no vayan a por él. Como no han ido por Rubén Rocha Moya —gobernador de Sinaloa—, Enrique Inzunza —senador por Sinaloa— y varios funcionarios mexicanos más encausados por narcotráfico.

A Castro lo protege su dictadura; a los corruptos narcopolíticos mexicanos los cuidan Claudia Sheinbaum y su patrón. No se nos pase el detalle de que la dictadura que protege a Raúl Castro y el gobierno que hace lo mismo con sus secuaces son aliados, amigos. Dios los junta.

Y así, tanto los de aquí como los de la isla seguimos a la espera, cual Penélope, del desenlace inevitable que es la desaparición de la Junta Militar de Barrigones, de la dictadura cubana. Desaparición que soñamos que sea de raíz, que no quede nada; pero de la que estamos recibiendo indicios, muchos, de que pudiera ser parcial.

Muchos indicios de esto; recuerden que Estados Unidos no tiene por qué cuidar a los cautivos de esa isla empobrecida. Estados Unidos cuida sus intereses y a sus ciudadanos. El problema cubano, para la administración, es que no se convierta en un problema para Estados Unidos.

El último de estos indicios nos lo ofreció ayer el vicepresidente J.D. Vance. Ya sabemos que Marco anda viendo partidos de fútbol. Ayer Vance dijo:

Queremos que el pueblo de Cuba sea feliz y próspero. De hecho, estamos hablando con el gobierno cubano ahora mismo sobre cómo podrían cambiar su forma de actuar para cambiar esa situación.

Conversando con el gobierno cubano, que no es gobierno, que es desgobierno. Conversando con los que, esperábamos, iban a extraer. Dijo también que la situación económica de Cuba está “probablemente peor que la economía iraní”.

Probablemente, ¿ven a lo que me refiero? Conversan con los creadores de esa catástrofe humanitaria y comparan ese genocidio con la igualmente perversa —pero con menos hambre— teocracia iraní.

Luego les abrió una puerta de salida a la dictadura. Dijo: “Si toman decisiones inteligentes, vamos a tener una relación mucho mejor con esa isla”.

 

Foto: Debate.do

Dándole más cuerda al pez moribundo que es hoy esa Junta Militar. Moribundo, pero aún capaz de sobrevivir. En eso son expertos: ganando tiempo, maniobrando, manipulando la narrativa. Ellos tienen tiempo.

Ellos tienen todo el tiempo del mundo; llevan sesenta y siete años ganando tiempo. Trump no lo tiene: en la democracia, las elecciones cobran cuentas, la gasolina cara quita votos y los conflictos asustan mercados. Si no me creen, vean la capitulación ante la diabólica teocracia de los ayatolás.

Los dictadores cubanos tienen todo el tiempo del mundo. Los que no lo tienen son los cautivos de la isla. Los que no tienen agua, electricidad, comida o medicinas. Las madres con hijos tristes y con hambre. Los hijos con padres postrados y desamparados. Ellos no tienen tiempo.

Es más, cada día tienen menos tiempo. La decrépita dictadura no les ofrecerá ya nada más que retórica y represión. El callejón no tiene salida bajo su ineptitud asesina. La única salida está en manos de esos mismos que ya no tienen tiempo.

La salida, la única, es la demolición de ese muro totalitario para dar paso a la inicial intervención humanitaria, preludio de la reconstrucción ineludible y vital. Esa salida está en manos de esos mismos cautivos; creo que ya la mayoría lo sabe.

La salida, la solución total, está en la calle, que es de ellos aunque muchos todavía no lo interioricen. El miedo va cambiando de bando. Al fin.

Los que tienen tiempo están negociando. Los que mueren en apagón, con hambre, con enfermedades no atendidas, sin medicinas, no tienen con quién negociar. No negocias con tu asesino. Lo quitas de en medio, lo sacas de tu camino.

De esta manera, ya no tendremos que estar pendientes de qué dijeron Trump, Rubio o Vance. No tendremos que aguantar las monsergas inútiles de Díaz-Contados o del Marrano. De esta manera podríamos dedicar toda nuestra atención a regresar a Cuba —nuestra Cuba bella— a la civilización y, de ahí, iniciar su reconstrucción.

A pesar de todo, huelo esa brisa fresca llamada libertad.

 

Foto: RTVE