miércoles, 8 de julio de 2026

El castrismo mata de sed a quienes antes les sobraba agua

 

Foto: Noticias Martí
 
 

Leo que en varios barrios de La Habana la gente está saliendo a protestar, no solo por los apagones y el hambre, sino también por la falta del servicio de agua. Un país que hace sesenta y siete años era civilizado, tan civilizado era que esas mismas calles, ahora llenas de baches, sobre las que hoy protesta la gente con hambre, sin bañarse y con sed, fueron trazadas y construidas antes de la llegada de la barbarie destructora que resultó el castrismo.

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El acueducto por el que ahora no les llega agua también fue construido antes de que nuestros padres y abuelos le entregaran su destino a un Orate parlanchín llamado Fidel Castro. Cuando esto hicieron, ese acueducto conducía agua: agua fresca y abundante.

Durante los 507 años que han transcurrido desde su fundación, La Habana solo sufrió por falta de agua los primeros setenta años, hasta que en 1592 se inauguró la Zanja Real. Durante la mayor parte de ese tiempo, La Habana fue una pequeña villa con pocas casas, una iglesia rústica y una fortaleza pequeña e inservible.

En 1592, bajo la dirección de Bautista Antonelli, las aguas de la Zanja Real llegaron a lo que es hoy la Plaza de la Catedral como “el cuerpo de un buey”. Caudalosa y abundante. Agua de sobra que abasteció a la siempre creciente ciudad hasta 1834, en que se inauguró el acueducto de Fernando VII —de tuberías de hierro— y luego, en 1893, el muy moderno canal de Vento o acueducto de Albear, que todavía funciona porque no necesita de electricidad. Funciona, pero no da abasto para tanta demanda.

Sesenta y siete años después de que nuestros padres y abuelos le entregaran sus destinos —y, por ende, el nuestro— a un Orate y su pandilla de bandidos, hoy los habaneros no tienen servicio de agua. Bueno, tampoco tienen electricidad, servicio médico, transporte público o alimentación sana. El castrocomunismo los sacó de la civilización.

Hace justo 430 años no se había inventado la electricidad, pero La Habana, ya con categoría de ciudad, recibía agua de sobra para el consumo de su cada vez mayor número de habitantes y visitantes de su puerto. El 24 de junio de 1596, un habanero que pedía permiso para fundar un ingenio azucarero justificaba su petición en la abundancia del líquido:

En esta ciudad y puerto de ella no había agua dulce para beber y gastar los vecinos y gente de guarnición de las fortalezas y fábricas de ellas y de las flotas y armadas de Su Majestad, y se iba por ella al río de la Chorrera, dos leguas de esta ciudad, con grande costo y riesgo de todos y muchas veces no se podía traer habiendo temporal en la mar, hasta que habrá cuatro años que se trajo y corre en tanta abundancia que todos la toman cuando quieren, sin ninguna costa ni riesgo en muchas partes de la ciudad por donde viene a la mar (...). [Y continúa, especificando lo que ha significado el acueducto para el progreso de la ciudad], y si saben que en ella había muy poca vecindad por razón de la falta de la dicha agua y de los dichos cuatro años [desde 1592, cuando se terminó la Zanja] a esta fecha que aquella vino se ha aumentado de tal manera que hay doblada gente y vecinos de lo que solía y se han labrado y edificado otras tantas casas de las que había, y muchas de ellas de piedra y muy bien labradas y costosas...

Hace cuatro siglos no se había inventado la electricidad, había agua de sobra y los habitantes de Cuba fundaban ingenios azucareros. Hoy no tienen agua, les quitaron la electricidad, les destruyeron los centrales azucareros y les impiden siquiera pensar en hacerlo.

Hace cuatro siglos la población aumentaba y se edificaban casas “bien labradas y costosas”. Hoy la población huye, emigra a cualquier lugar del mundo mientras las casas y edificios —antes “bien labrados”— hoy se derrumban sobre sus sedientos inquilinos.

Y todavía hay gente que justifica al comunismo totalitario; que sigue cómplice o apoyando a esa Junta Militar de Barrigones que desgobierna y oprime a lo que queda de Cuba y de los cubanos.

Cuba no será libre, próspera y feliz mientras esa pandilla de asesinos e ineptos sigan en La Habana balbuceando inútiles soluciones mientras encierran a menores.

 


martes, 7 de julio de 2026

Un día trascendental, corazón y verdades, por la libertad individual y la de Cuba

 

Foto: CNN

Este cubano que aquí los recibe con el corazón abierto de amor por la libertad y la felicidad, no solo de Cuba, sino de todo el mundo, carga con 57 años de curiosidad y ansías de aprender y conocer, probar, cosas nuevas.

Hoy, 7 de julio de 2026, ha sido un día trascendental en esa exploración, en esa curiosidad, en esa magia que es vivir en libertad y ser feliz. Cargas con tus dolores y penas, pero como la mochila de ese dolor la llevas en la espalda, todo tu frente está disponible para vivir, para ser feliz.

Hoy, 7 de julio de 2026, he entrado a una nueva dimensión, a una que siento eterna, Dios existe y se te aparece cuando pensabas que estabas en el inicio del ocaso.

También hoy, por primera vez en 57 años, he visto a alguien hablando en la inservible, hasta hoy, Asamblea General de las Naciones Unidas, que ha puesto en su lugar a los lloricones representantes de la dictadura cubana en ese inútil foro.

Ha sido un día memorable, eterno. Gracias a Dios y a la vida. Les comparto las palabras de un ciudadano libre y claro, con sentido común, sentido del humor y un par de badajos que dan envidia.

En 1899 fueron Brooke y Hood. Coño, Waltz no está nada mal. Lo veo más claro y definido que muchas y muchos que aquí, de este lado, se andan repartiendo una república que aún no hemos refundado. Repartiendo una isla que aún no hemos liberado, ni los de allá ni los de acá.

Hoy el embajador Mike Waltz barrió el piso de ese salón lleno de palabras inútiles con Bruno Rodríguez Parrilla y el otro monigote que cubre su inútil silla en ese inútil, y cómplice del mal, salón.

Les comparto las palabras certeras del embajador de este país libre desde hace 250 años. 

Hoy fue un día trascendental, en mi corazón y en la ONU.




Embajador Mike Waltz  

Representante de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas  

Nueva York, Nueva York


Señor Presidente, gracias.

Señor Presidente, hoy se habla mucho de un embargo. Y, en efecto, hay uno. Está justo delante de todos nosotros. Es el embargo que el régimen cubano impone sin piedad a su propio pueblo década tras década tras década.

Mientras nos reunimos de nuevo —una vez más, hoy—, lamentablemente, Cuba vuelve a quedar sumida en la oscuridad. Otro apagón recorre la isla. Los apagones han afectado a la isla durante muchísimos años. Colegas, lamentablemente esto no es nada nuevo. Las familias vuelven a preguntarse si sus alimentos se echarán a perder, si los hospitales tendrán electricidad, si sus teléfonos tendrán suficiente carga para llamar a sus seres queridos.

Pero, de algún modo —convenientemente—, siempre parece haber suficiente electricidad para el régimen, para la dictadura cubana.

Ahora mismo, mientras hablamos, hay suficiente electricidad para los complejos de la familia Castro. Ellos sí tienen electricidad. Hay suficiente electricidad para las oficinas del régimen, incluida, al parecer, la necesaria para redactar las declaraciones de hoy culpando una vez más a Estados Unidos, año tras año, de la crisis que ellos mismos han creado.

Habrá —se los prometo— suficiente electricidad para el aparato de propaganda cubano, para recortar, publicar y traducir las mentiras que una vez más están difundiendo en este organismo por todo el mundo.

Estoy aquí hoy para instar al régimen cubano: cambien de rumbo, devuelvan la electricidad a su pueblo. Han escuchado el clamor de su propio pueblo. ¡Respóndanle! Respondan a ese clamor. El Che Guevara —uno de los héroes del régimen, también conocido como el carnicero de La Cabaña, quien, por cierto, reunió a personas homosexuales y las envió a campos de trabajo— solía decir que los revolucionarios cubanos estaban “guiados por el amor” hacia su pueblo. ¿Dónde está ese amor? Yo no lo veo.

Hace cinco años, este mes, hace cinco años, el 11 de julio de 2021, miles de cubanos llenaron las calles y exigieron libertad.

Puede seguir golpeando la mesa, amigo mío. Esto no es La Habana. Esto es los Estados Unidos de América. Esto es las Naciones Unidas. Y hablaremos, seremos escuchados y no seremos silenciados como su propio pueblo. Así que siga golpeando.

Señor presidente, esto es lo que el régimen y sus representantes, muy groseros e inapropiados, no quieren que ustedes escuchen: que hace cinco años este mes, cuando se acerca este aniversario, miles de sus ciudadanos llenaron las calles de Cuba y exigieron su libertad. Tenían hambre, estaban cansados, llevaban años soportando apagones y estaban hartos de un régimen que se sienta sobre miles de millones mientras su pueblo pasa hambre.

Durante 67 años, el régimen cubano se ha enriquecido a sí mismo y a sus élites gobernantes mientras abusaba de su pueblo, estrangulaba la empresa privada, criminalizaba la disidencia y se aferraba a una economía comunista fracasada.

Colegas, el comunismo nunca ha funcionado, no funciona y no funcionará.

Y cuando el pueblo cubano exigió algo mejor, algo diferente, tener una voz, el régimen pudo haber decidido escucharlo, pero no lo hizo. En cambio, eligió encarcelar a 800 de sus propios ciudadanos.

Y quiero tomarme un momento para leer algunos de sus nombres. Deben escuchar sus nombres. Deben ver sus rostros.

Luis Manuel Otero Alcántara. ¿Saben cuál fue su delito? Está en una prisión de máxima seguridad. Su delito, y esto según el régimen, es la “expresión artística”. Su delito es ser artista, señor presidente.

Fernando Almenares Rivera. ¿Su delito? Es músico y escribe canciones que al régimen no le gustan, llamando a la libertad.

Maykel Castillo Pérez. Otro músico en una prisión de máxima seguridad. ¿Qué hizo? También escribió canciones de rap que al régimen no le gustan.

Este joven, este joven extraordinario, Duannis Dabel León Taboada, es un joven poeta. Es poeta. Escribe poesía, colegas. Catorce años en una prisión de máxima seguridad.

Y estos dos hermanos, Jorge Martín, Nadir Martín Perdomo. La ONU —todos ustedes— han condenado su encarcelamiento y han pedido su liberación. Miren sus rostros mientras pronuncian sus discursos hoy. Recuérdenlos. Porque están en prisión por atreverse a luchar por la libertad.

Colegas, no están armados. No son violentos. Llevan flores, escriben poemas y componen música. Y por eso el régimen los golpea, los detiene e intenta quebrarlos.

Estos son los nombres que la delegación aquí golpeando la mesa no quiere que ustedes escuchen. No quieren que esta Asamblea los escuche. No les gusta la libertad de expresión. No les gusta la disidencia.

Y, en cambio, año tras año, se esconden detrás de este mito llamado “bloqueo”.

Pero hablemos de este supuesto bloqueo.

Les preguntaría, y miro a algunas de las delegaciones presentes, si existe un embargo, un bloqueo o el nombre que quieran darle, ¿cómo llegó ayuda humanitaria de Belice, Canadá, Chile, China, Colombia, la Unión Europea, México, España, Rusia, Uruguay y la propia ONU al país en apenas los últimos meses?

Muchos de ustedes han mencionado un enorme petrolero ruso con 750 000 barriles de petróleo que acaba de llegar a la isla. Nuestra legislación contiene una disposición humanitaria para la ayuda humanitaria.

No existe un anillo de buques de guerra de la Marina de los Estados Unidos alrededor de esta isla impidiendo el comercio o la entrada de ayuda humanitaria a Cuba. Es falso. Es mentira. Es una falsedad. Punto.

Si existe un embargo, ¿por qué Estados Unidos —yo nací en Florida, he visto los barcos salir de nuestros puertos— envía a Cuba productos básicos por un valor de medio billón de dólares al año? ¿Por qué Estados Unidos proporciona más de 100 millones de dólares en ayuda? He oído que otros países anuncian hoy ayudas repartidas durante una década, unos pocos millones de dólares. Cien millones de dólares solo este año en ayuda, además de trabajar con el Vaticano y la Iglesia Católica para entregar alimentos y medicinas a los necesitados. Ayuda que también proporcionamos —ayuda adicional— después del huracán más reciente.

Y les pregunto —vuelvo a la cuestión fundamental—: si no hay alimentos ni combustible para los hospitales, ¿cómo es que sí hay combustible para el avión privado de la familia Castro?

¿Cómo puede el presidente Díaz-Canel permitirse —pueden buscarlo en internet— una corbata Hermès? ¿Cómo puede permitirse un reloj Rolex y la pluma Montblanc con la que escribe?

¿Cómo puede la familia Castro permitirse sus 17 casas, su isla privada y sus ostentosos viajes a Madrid, Moscú y la Costa del Sol?

Gracias, señor presidente. Y solo diré, como comentario aparte, que la verdad duele. Y la verdad no es irrespetuosa. Lamento que no quieran escucharla, delegación de Cuba. Pero aquí viene la parte que, colegas, realmente no van a querer oír.

Existe una organización llamada GAESA. Es el conglomerado secreto de las fuerzas armadas cubanas que controla aproximadamente la mitad de la economía cubana. Tiene un fondo fiduciario de 18 000 millones de dólares. Espero que todos ustedes se pregunten, especialmente quienes contribuyen, ¿adónde va todo ese dinero? ¿Dónde está todo ese dinero, esos 18 000 millones de dólares bajo GAESA? Si no han oído hablar de ello, sepan que no entrega ni un centavo de esas ganancias al pueblo cubano.

También deberíamos estar hablando del comercio de esclavos de la Cuba moderna. Sí. El régimen cubano envía médicos y enfermeros por todo el mundo y por toda la región. Pero aquí está la parte que no les cuentan. Y por eso quieren golpear las mesas, para que ustedes no la escuchen: el régimen se queda con sus salarios; ellos no cobran. El régimen se queda con los salarios, los obliga a trabajar gratis y amenaza a sus familias si desobedecen.

Y hacen lo mismo con los mercenarios. Mis colegas europeos, escuchen esto, por favor. Miles de hombres cubanos están siendo obligados a combatir en Ucrania. ¿Y saben adónde van sus salarios? A los bolsillos de la familia Castro. Van al régimen. Así que cuestiono cómo pueden permanecer aquí defendiendo la posición que han adoptado sobre Ucrania y no condenar al régimen cubano por enviar allí mercenarios.

No es de extrañar, con todo lo que he expuesto hoy, que casi dos millones de cubanos hayan arriesgado sus vidas y hayan huido. ¿Y adónde huyeron? Con frecuencia van a los Estados Unidos. Ahora tenemos tres millones de cubano-estadounidenses que prosperan orgullosamente como emprendedores, empresarios, abogados, médicos y miembros de sus comunidades; incluso nuestro propio secretario de Estado, Marco Rubio, un cubano-estadounidense que ha ascendido dentro de nuestra sociedad hasta representar a los Estados Unidos en el escenario mundial.

En contraste, los cristianos cubanos han sido perseguidos, los disidentes son enviados a campos de trabajo, los afrocubanos son detenidos y cualquiera que alce la voz paga el precio más alto.

Así que debemos preguntarnos: ¿por qué Cuba sigue pidiendo este debate y viene a este micrófono?

La respuesta es sencilla: porque culpar a Estados Unidos es el único plan económico que le queda a La Habana.

Y cuando intenten blanquear sus crímenes, una vez más, por segunda vez en una sola sesión —a un costo de 28.000 dólares por hora—, no caigan en ello. No presten su voz a esta propaganda.

No existe un bloqueo estadounidense. El único embargo en Cuba es la guillotina que el régimen mantiene sobre la cabeza de su pueblo.

Y cuando el régimen cubano siga alimentando a su pueblo y al mundo con estas mentiras, haría bien en recordar las propias palabras de Fidel Castro. Él dijo: “Engañar al pueblo, crear falsas esperanzas, siempre trae las peores consecuencias”. Pues bien, esas consecuencias las ha sufrido el pueblo cubano año tras año tras año.

¿Y cuáles son esas consecuencias? Son años de apagones, una población que odia a su gobierno, estantes vacíos en las tiendas de alimentos, hospitales deteriorados y millones de cubanos que han huido de la isla que aman.

Les pregunto nuevamente: escuchamos al ministro de Relaciones Exteriores de Cuba describir a Estados Unidos como un país racista y opresor. ¿Por qué tanta gente intenta venir a este país? ¿Por qué tanta gente huye de su propio país?

El mundo no debe ayudar al régimen cubano a ocultar su incompetencia, su malicia, su corrupción y su codicia. Debemos ayudar al pueblo cubano a liberarse y a hacer realidad las libertades con las que el pueblo cubano ha soñado durante tanto tiempo.

Estoy con el pueblo cubano. El presidente Trump está con el pueblo cubano. El secretario Marco Rubio, un orgulloso cubano-estadounidense, está con el pueblo cubano. Instamos al régimen a liberar a estos presos políticos, a permitir una verdadera libertad económica y a otorgar al pueblo cubano los mismos derechos que este organismo afirma defender.

Estén con el pueblo cubano. No estén con el régimen que ha destruido ese país. No pueden hacer ambas cosas. Ha llegado el momento de elegir.

Gracias, señor presidente.


Al fin, 57 años en esta Tierra y hoy, en un solo día, cambiaron varios paradigmas medulares de mi vida.

Gracias Dios. Gracias al milagro de la vida.


Foto: CNN

lunes, 6 de julio de 2026

A cuatro días del once y se les apaga la isla

Foto: OnCubaNews
 

En este momento, Cuba está a oscuras. Bueno, los cautivos de la isla todavía tienen acceso a la luz del sol. El totalitarismo comunista no se lo ha podido arrebatar como el resto de las cosas que corresponden a una vida civilizada. Den por hecho que, de haber podido, también habrían arruinado el sol que los alumbra, racionado el aire que respiran o secado el mar que los aísla.

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Una isla rodeada de mar que no les provee pescado, llena de tierra fértil y abundante sol, que no produce. Se llama socialismo, y todo lo arruina, todo lo destruye. Se llama socialismo totalitario, que es aún peor, puesto que a todo lo anterior hay que agregarle maldad y represión.

Hoy, lunes 6 de julio de 2026, los cubanos están a oscuras; el manto negro de ese totalitarismo socialista, o comunista —que al final son lo mismo—, les ha privado de una supervivencia, ya no digo vida, civilizada. A esta hora, lo que la Junta Militar de Barrigones llama Sistema Electroenergético Nacional 😂🤣 está desconectado. Desconexión total, apagón generalizado.

Miguel Díaz-Contados, Bruno Rodríguez Parrilla, Manuel Marrano, el Cangrejo o el Búho saldrán a culpar a Donald Trump como causante de este apagón generalizado. Saben que eso les funciona para el exterior. Saben que les funciona para mendigar más ayudas, más complicidad y más defensores en la arena internacional.

Les funciona tan bien que ayer una periodista española, bastante lista, me preguntaba si el “bloqueo energético de Trump” no era el responsable de esta debacle. Ya se imaginan mi respuesta; para qué los voy a aburrir.

Trump como culpable del colapso cubano. Pero resulta que este apagón generalizado que tiene hoy a los cautivos de la isla, a mis paisanos, malviviendo en la Edad de Piedra, no es el primero. Es el octavo. El primero fue el 18 de octubre de 2024, hace casi dos años. El presidente de Estados Unidos —es un decir— por entonces, era Joe Biden y todavía Nicolás Maduro bailaba y bufoneaba en Caracas.

Él y Claudia Sheinbaum le regalaban combustible a la Junta Militar de Barrigones, buena parte del cual esos tripudos revendían en el mercado ilegal a cambio de dólares que no se invertían en mejorar Cuba, salvo para mantener la represión. Y, aun así, el 18 de octubre de ese año toda la isla se quedó a oscuras.

Volvió a suceder tres semanas después, el 8 de noviembre; luego el 4 de diciembre, y así sucesivamente. Cuando el 29 de enero de este año Donald Trump dictó la orden ejecutiva catalogando a Cuba como un peligro inusual para la seguridad nacional de Estados Unidos, ya habían ocurrido cinco de estos eventos.

Eso sin contar los apagones totales que ya son costumbre cuando algún huracán toca territorio cubano. La dictadura militar lo primero que hace es apagar la isla; así ahorra algo de dinero, del que tanto esfuerzo les cuesta gastar en mantener a los cautivos que tanto desprecian.

Hoy Cuba está a oscuras. Hace cinco años sufría de apagones también, pero no eran generalizados. El río de petróleo narcochavista y narcomorenista todavía corría. Aun así, hace cinco años, el 11 de julio de 2021, miles de cubanos salieron a la calle a exigir lo que les robaron desde el 1.º de enero de 1959: libertad.

Hoy, con esa Cuba a oscuras, el apagón es generalizado. Podrán reconectar algunos sectores, pero el sistema 😂🤣 volverá a colapsar eventualmente. La dictadura cubana es el fracaso; ellos son ese manto negro que mantiene a los cautivos en condiciones de primitivos. Hace cinco años, miserables, pero menos que hoy, miles de cubanos salieron a la calle para, con valentía, intentar rasgar ese manto negro que cubre su isla; para rasgarlo, desaparecerlo y que regrese a su tierra la luz: la eléctrica y la de la libertad.

Foto: CRS.org

Hoy es 6 de julio de 2026, es lunes, Cuba está a oscuras y lo seguirá estando mientras esos Barrigones sigan hablando estupideces en sus sillones blancos mientras sus cautivos cocinan con leña, como los nativos con los que se encontró Cristóbal Colón hace medio milenio. El sábado próximo será el día 11 de este mes de julio. Hace cinco años, en Cuba brilló la valentía y el honor, luego aplastado por la maldad y el salvajismo.

La fecha exacta no importa cuando el problema es el mismo. Y el problema ahí sigue; no solo sigue, es mucho, mucho peor. El problema tiene nombres y apellidos y viste de verde olivo. El problema es lo único que separa a esos cautivos de una vida digna, humana, libre y feliz.

Ya sabemos cuál es el problema, ya fallamos una vez, todos, los de allá y los de acá. Lección aprendida, pero el problema ahí sigue; no solo sigue, es aún peor. Y estamos en julio.

Foto: CiberCuba