Foto: Facebook Maritza Lugo
La
dictadura cubana es una de las pandillas más ineptas e ineficientes a la hora
de producir riqueza. Más bien es experta en generar pobreza y esfumar la
riqueza. Fidel Castro se pasó cuarenta años hablando y prometiendo un futuro
luminoso que nunca llegó.
📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video
aquí
Al
contrario, convirtió un país que el 1.º de enero de 1959 era próspero y
autosuficiente en una isla miserable, improductiva y pedigüeña. Un páramo
vitrina de los logros del socialismo totalitario.
Pero
así como son ineptos y empobrecedores, los dictadores cubanos, empezando por el
barbudo y hasta los tripudos que hoy encabezan la Junta Militar de Barrigones
que desgobierna lo que queda de Cuba, han sido y son unos expertos en manipular
la realidad y los hechos, en tergiversar las narrativas y, sobre todo, en ganar
tiempo.
No
tienen competencia en lo de marrulleros y pendencieros. Duele reconocerlo.
Lo
han demostrado cientos de veces a lo largo de estos sesenta y siete años.
Cuando hemos pensado que ya los teníamos contra las cuerdas, siempre han
encontrado una vía para zafarse. Duele reconocerlo.
Ahora
mismo, desde que el pasado 3 de enero de este año, las fuerzas especiales del
Ejército de Estados Unidos removieron como un furúnculo apestoso a Nicolás
Maduro y a su esposa, los Barrigones de La Habana se quedaron sin su
principal aliado y casi único sostén económico.
Más
aún, con Maduro en una celda en Nueva York, a la que llegó después de mearse
repetidamente durante el trayecto, el presidente Donald Trump puso su atención
sobre la cabeza más maligna de la hiedra totalitaria continental. Junto con
Marco Rubio, fijó sus ojos en La Habana.
Fueron
días felices para los que queremos ver una Cuba libre, próspera, pero sobre
todo feliz. Parecía que ahora sí la libertad venía llegando.
Si
bien Trump removió del Caribe al grupo de ataque encabezado por el portaviones
Gerald Ford hacia el Mediterráneo, con la misión de volar por los aires a los
teócratas asesinos de Irán, nos dejó por aquí al grupo del USS Iwo Jima, que en
la práctica fue el que extrajo al meón y a su esposa.
Las
oxidadas defensas antiaéreas de la dictadura destructora no merecen la
presencia de una gran fuerza militar en caso de que se dé la orden de ataque.
Basta ver a Díaz-Contados de un lado a otro visitando bases militares donde
unos chicos famélicos hacen pantomimas con unos cacharros antiguos y
deteriorados.
Los
días felices se han ido esfumando. La atención de Trump, como la de mi nieto,
duró poco. A veces regresa sobre el tema de Cuba, pero de inmediato se va para
otros rumbos. Y nosotros en el limbo.
Un
día dicen que Marco Rubio está conversando con el crustáceo oligofrénico; otros
días vemos que el embajador Mike Hammer y el “apuesto” canciller Rodríguez
Parrilla coinciden en el Vaticano.
Luego
sale Trump, cuando se vuelve a acordar del tema cubano, a anunciar una posible “toma
amistosa” de Cuba. ¿Toma amistosa?
¿Será
amistosa como la amistad que dice ahora tener con Delcy Rodríguez?
Si
usted une los puntos descubrirá que, aunque Trump diga que “el gobierno cubano
está hablando con nosotros. Están en grandes problemas, no tienen dinero, pero
están hablando con nosotros ahora”, los hechos indican que los marrulleros y
pendencieros de La Habana están haciendo lo que bien saben hacer: ganar tiempo.
Por
un lado, montan un espectáculo sobre una peligrosa invasión de exiliados a sus
patrióticas costas. Peligrosos terroristas que arribaron a la cayería inmediata
a Corralillo, en el centro de la isla. Uno de los peores lugares para
desembarcar si usted pretende iniciar una acción armada efectiva.
Foto: Diario las Américas
Diez,
dicen ellos, “terroristas”, llegaron a sus costas a bordo de una lancha de 23
pies, fabricada en 1981 y cargada con un arsenal que logísticamente es
imposible de cargar, junto a diez personas, en ese cascarón de embarcación.
“Terroristas”
bien entrenados: uno era camionero, el otro creo que artista y así por el
estilo, hasta un albañil. Acusan a una cubana valiente de ser la autora
intelectual. Buenas intenciones que terminan sirviendo a la dictadura. Les
sirven para cambiar la narrativa.
Yo
no les creo ni una coma a esos dictadores.
Gimen
por una lanchita con diez cubanos, como si hace casi setenta años Fidel Castro
no hubiera desembarcado con 80 cubanos y un argentino. Luego se la pasó
mandando cubanos a “infiltrarse” en no sé cuántos países. Al argentino lo mandó
primero al Congo y luego a Bolivia, donde lo infiltraron a plomazos.
Montan
un show para manipular la narrativa y ganar tiempo.
Marco
Rubio, en vez de estar hablando de la libertad de Cuba, lleva una semana dando
explicaciones por el “incidente”.
Todos
entretenidos: que si conversan con el Cangrejo o con Rodríguez Parrilla, que si
en la lancha cabían dos toneladas de armas y equipos, que si quién es Maritza
Lugo, o por qué, si eran “terroristas entrenados”, abatieron a cuatro de ellos
mientras que del lado totalitario solo un Barrigón recibió un raspón en la
panza.
Mientras
nos tienen entretenidos, Claudia Sheinbaum anuncia que está pensando reanudar
los envíos de petróleo cómplice a Cuba, Marco Rubio autoriza suministrar
combustibles al “sector privado” en Cuba, como si nadie supiera que ese “sector
privado” es de la misma dictadura.
Conversan,
logran que les concedan buchitos de petróleo, se autoatacan con unos incautos
—valientes, pero incautos—, movilizan a toda su red de la mentada “solidaridad”
para que lloriqueen junto a ellos. Lo mismo de siempre, lo mismo en lo que son
expertos: ganar tiempo.
Hace
dos días pudimos ver lo que un pueblo logra cuando sale a la calle a exigir sus
derechos y a repudiar a sus opresores. Este fin de semana Estados Unidos e
Israel descabezaron a cohetazos a la teocracia iraní. Los cubanos, sin embargo,
siguen en sus casas, sin electricidad, sin comida, sin medicinas y sin
libertad.
No
los juzgo, que conste.
Mientras
no logremos su atención completa, Trump, Rubio y su administración seguirán
ocupados en sus asuntos, que no son pocos. Mientras tanto, los dictadores de la
isla seguirán ganando tiempo.
Empezamos
marzo, faltan nueve meses para las elecciones de medio término de noviembre de
este año. Trump y los republicanos van en desventaja. Lo más probable es que la
diminuta mayoría legislativa que hoy disfrutan desaparezca.
Los
Barrigones de La Habana solo tienen que sobrevivir nueve meses más. Como el
feto maligno que son. Incluso podrían aceptar una “toma amistosa” por parte de
Trump, que nueve meses no es nada.
En
una de esas nos ganan de nuevo. Tan cabrones que son, y tan ingenuos o
cómplices algunos de los que ganarán esas elecciones en noviembre, que en una
de esas hasta devuelven a Maduro a Caracas y colorín colorado.
Ganando
tiempo, solo necesitan nueve meses.
Foto: The Sunday Times