viernes, 20 de febrero de 2026

Cuba: para atrás con el Cangrejo

 

Foto: Periódico Cubano

 

El portal de noticias y análisis Axios ha publicado en una de sus típicas sucintas notas que el secretario de Estado Marco Rubio ha estado en comunicación con Raúl Guillermo Rodríguez Castro. Este individuo, con fenotipo de neandertal, es nieto del dictador Raúl Castro.

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Es hijo de Déborah Castro Espín y Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, quien, hasta su muerte en julio de 2022, estuvo a cargo del conglomerado Gaesa, dueño de tres cuartas partes de lo que queda de Cuba y de un abundante número de empresas en el extranjero.

Es decir, según Axios, el secretario de Estado conversa con uno de los herederos directos del dictador asesino. Basan sus dichos en informaciones filtradas por “altos funcionarios” de la administración Trump.

A mí me suena raro que un secretario de Estado como Marco Rubio esté conversando o negociando con este sujeto al que todo el mundo conoce como “el Cangrejo”. Según se sabe, siempre ha sido un “hijo de papá”, aficionado a los lujos, las fiestas y los excesos. Es como la versión macabra de Sandro Castro.

Por ese lado macabro, ha fungido como guardaespaldas de su abuelo desde que Fidel Castro le heredó el fracaso hasta estos días en que se le ve en estado senil.

Es decir, por un lado tenemos la versión de que el crustáceo es un vacilador despreocupado que no merecería atención de parte de un alto funcionario del gobierno de Trump. Por otro lado, es el hijo de quien controlaba el dinero y las propiedades del segundón de los Castro y el miembro de la dictadura más cercano al todavía dictador en jefe.

Que salga información de que Marco Rubio conversa con este nefasto personaje, despreciado por los cubanos ―tanto los de la isla como los del exilio―, bien podría ser una operación de desinformación para dividirnos, tanto en la isla como aquí en el exilio.

Bien podría serlo, pero también podría ser que no.

Por mucho que este Cangrejo nos revuelva el estómago con su presencia y porte, no solo es hijo del que administraba el dinero, o nieto del que todavía parece que manda, al parecer también tiene una posición de poder dentro de esa Junta Militar de Barrigones.

Lo pudimos ver hace unas semanas cuando la cúpula de estos ineptos se reunió para recibir los paquetes de picadillo de mercenarios que les mandaron desde Caracas después de la captura y extracción de Nicolás Maduro.

Se los comenté entonces: el Cangrejo era uno de los pocos que portaba pistola. Fue él quien ubicó a lo que queda de su abuelo, al hijo de puta de Machado Ventura, en sus lugares para el ridículo homenaje. No solo eso, también le indicó a Díaz-Contados dónde pararse.

Y es que hay gestos que develan realidades.

Ha sido el Cangrejo quien se la ha pasado viajando entre La Habana y Panamá. Es él con quien se han relacionado numerosas empresas en ese país, como también en Estados Unidos. Empresas dedicadas a abastecer a la dictadura con todo tipo de productos, al tiempo que lavan su dinero.

Hablando de dinero, ellos, los Castro Espín, están defendiendo el suyo. Raúl Castro es un asesino al borde de la tumba, pero sus hijos y nietos, por lógica, estarán negociando el resto de sus vidas, si no sus vidas mismas.

Por asqueroso que suene, Marco Rubio y Donald Trump podrían estar utilizando a este Cangrejo para una transición en Cuba. Es miembro del grupo que en realidad ostenta el poder en ese cascarón de dictadura.

Por un lado, aunque me repugne, lo veo posible. La realidad a veces no se corresponde con la decencia. Se destrabaría el dominó, al tiempo que este Cangrejo y el resto de la camarilla Castro Espín quedarían desacreditados ante los cautivos de la isla después de sesenta y siete años en los que se han pasado hablando de soberanía y antimperialismo.

Quedarían desacreditados y sumisos, como hoy están Delcy, su hermano, Cabello y Padrino.

Desde el principio, desde que Trump puso su atención sobre lo que queda de Cuba, se ha sabido que lo que se negocia no incluye ni a Díaz-Contados ni a Marrano.

Probablemente terminen junto al gil de Gil o de vecinos de Maduro en la Gran Manzana. Qué bonito sería.

Para nosotros, los cubanos libres, el que la administración Trump esté negociando —si es que Axios tiene razón— con los vástagos de Raúl Castro, o con él mismo, será una bofetada que tardaremos en olvidar, si estos asesinos empobrecedores salen ilesos después de destruir nuestra nación.

Ya veremos.

De que se está moviendo algo, se está moviendo. Bruno Rodríguez Parrilla, canciller de la Junta Militar, anda por Europa. Fue a Moscú y luego a Madrid. Allí, en Madrid, coincidentemente, está Mike Hammer, el inquieto embajador de Trump en La Habana, mientras Marco Rubio también andaba por Europa dando discursos memorables.

Qué casualidad. Me recuerda esto a cuando Delcy Rodríguez andaba por Moscú la madrugada en que los chicos de la 160th se llevaron a Maduro y compañía.

De este lado del charco, vemos el espectáculo de nuestros congresistas estrellas desempolvando el caso contra Raúl Castro por la masacre contra las avionetas de Hermanos al Rescate. Desempolvándolo con treinta años de retraso.

Circo para sus votantes.

Lo que deberían estar gestionando es la extracción del anciano asesino, del Cangrejo y del resto de estas sabandijas que tanto daño y muerte han provocado a Cuba y a los cubanos.

Eso sería lo mejor, pero lo mejor a veces no es lo realizable. Donald Trump no tiene por qué defender los intereses de Cuba; es presidente de Estados Unidos, no de la destruida isla. Marco Rubio ya no está en el legislativo, ya no depende de nuestros votos; ahora trabaja para Trump, no para nosotros.

Así que no nos queda otra que abrir nuestras mentes y apretar nuestros corazones. Con tal de lograr la libertad de Cuba, hay que tener mente abierta. Hablar con quien sea. Cuando salgamos de ellos, ya veremos cómo proceder.

Les haremos pagar su fiesta asesina después de que los cubanos sean libres, después de que tengan luz, gas, comida y, sobre todo, libertad.

Mientras tanto, si fuera verdad lo que dice Axios, tendremos que comer cangrejo, aunque no nos guste.

 

Foto: Zeta 92.3 WCMQ

miércoles, 18 de febrero de 2026

El cuándo y el cómo de la caída de la dictadura cubana

 

Foto: Prensa Libre

 

La caída de la Junta Militar de Barrigones, en su estado actual, no es una cuestión de sí o no, sino de cuándo y cómo. Cuándo y cómo depende de los propios dictadores, de Marco Rubio y Donald Trump y de los cautivos de la isla, conocidos por todos como "pueblo" cubano.

Palabra que aborrezco, ustedes saben.

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El cuándo puede ser en semanas o en meses. Depende de la tozudez, el miedo y la poca inteligencia de los Panzones, de la paciencia o la conveniencia de Trump o de la capacidad de aguante de los cubanos. Cualquiera de los tres factores, o su combinación, hará caer ese maligno totalitarismo.

El cuándo me preocupa porque mientras más tiempo siga ese cáncer dictatorial en su metástasis, más cubanos morirán de hambre; otros, por enfermedades curables; otros morirán antes de tiempo por enfermedades sin tratamientos.

Mientras más demore el amanecer después de esta larga noche, millones de cubanos seguirán sobreviviendo entre apagones y sin servicios públicos. Abandonados por los mismos opresores que los llevaron a la edad de piedra.

Cada día con ellos allí, hablando sus estupideces, es un día más que Cuba pierde para iniciar la reconstrucción y empezar a trabajar hacia la prosperidad. Cada día que pase es un día más en que los Barrigones seguirán reprimiendo y abusando de los cautivos de la isla.

De que caen, caen. La catástrofe humanitaria a la que han llevado a Cuba hoy parece que ha tocado fondo, pero mañana otro desastre u otra humillación nos sorprenderá. Así, día con día, una espiral hacia el caos final.

Díaz-Contados, así lo bautizó uno de mis lectores, y Marrano, al parecer, seguirán hasta el final intentando parchear el casco podrido de un barco que se hunde. Mientras en sus casas y oficinas siguen contando con electricidad, les dicen a los cubanos que la tendrán con biomasa o con energía solar.

Mequetrefes de mierda.

De que caen, caen. Ya veremos cuándo; ojalá sea pronto.

Ahora, si me preocupa el cuándo caerán, como les acabo de decir, más me preocupa el cómo.

¿Por qué?

Porque el sueño de este cubano libre sería ver que los millones de cautivos que hoy sobreviven peor que los primitivos de la edad de piedra salieran y tomaran las calles, como en Nepal o en Irán, y barrieran con esa pandilla de ineptos que son el dique que los separa de la libertad y la prosperidad.

Les digo: es un sueño.

Si esto no pasa, que al día de hoy no lo veo cercano, cualquier solución será favorable a la dictadura. Que se vayan del poder no significa que desaparezcan. Trump se llevó a Maduro y a la esposa, pero dejó a Delcy Rodríguez y al resto del cártel.

Ahí andan en Caracas, mansitos y obedientes, pero ahí están, mientras María Corina Machado sigue dando tumbos por el mundo.

Dice Trump que Rubio conversa con los dueños reales de la Junta Militar. No sabemos si acordarán, como lo hicieron con Delcy, llevarse a Díaz-Contados y al Marrano, y que se queden estos controlando el país en el sentido político, mientras abren las puertas para reconstruir la economía.

Eso desean muchos, de aquí y de allá.

Sabemos que Cuba no es Venezuela. La isla no tiene nada material que ofrecer a Estados Unidos. La única ficha de cambio que tenemos los cubanos la tenemos los que vivimos en Estados Unidos, y son nuestros votos.

Que importan, pero tampoco son tantos.

Creo, de verdad, que sin los cautivos en la calle pidiendo libertad, tendremos a una Delcy cubana administrando el desastre que sesenta y siete años de totalitarismo han dejado en Cuba. Economía abierta a corto plazo, libertad total: a ver para cuándo.

Hace poco les dije que la dictadura se quedó sin combustible, pero que abunda en la isla el combustible del hartazgo y la desesperación. Ese crece cada día que esos ineptos Panzones siguen jodiendo el destino de Cuba.

También les dije que solo falta la chispa. Y esa puede ser en cualquier momento. La historia, se los dice un historiador, está llena de ejemplos de la fuerza de una chispa.

Esperemos el de Cuba.

 

Foto: Voz de América

martes, 17 de febrero de 2026

La solución al colapso eléctrico en Cuba libre

 

Foto: X.com
 
 

Cuba libre podría convertirse en un laboratorio de la instauración de un nuevo modelo energético en el mundo. Bajo el segundo mandato de Donald Trump, el Departamento de la Guerra ha implementado un programa para el desarrollo de microrreactores nucleares.

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Y es que durante décadas las bases militares de este país, tanto en territorio nacional como en el extranjero, han dependido, y dependen, del suministro eléctrico de las redes civiles. Redes que, se sabe, son susceptibles de ataques enemigos.

Otras bases, en territorios alejados, no tienen ni acceso a estas redes, por lo que tienen que producir su propia electricidad a base de grupos electrógenos. Un método excesivamente costoso e ineficiente. 

Quizás por eso Fidel Castro instaló 189 de ellos por toda Cuba entre 2005 y 2006. Su “revolución energética” fue la última patada que le dio a la maltrecha economía cubana. Fue su regalo de despedida.

Los cacharros electrógenos que compró el Orate, que seguramente no pagó, no solo contaminaron, y contaminan, con ruido y emisiones los vecindarios donde fueron instalados. También constituyen una de las formas más ineficientes de generar electricidad y, además, gracias al efectivo programa de mantenimiento que caracteriza al totalitarismo socialista, pronto sus motores diésel dejaron de funcionar, por falta de piezas o de mantenimiento.

Por eso siempre les digo que, aunque llegue petróleo a la isla, no habrá electricidad para todos.

Y por eso estoy en este tema hoy.

Estamos no en una época de cambios, sino en un cambio de época.

Un cambio de paradigma.

Podríamos conversar horas sobre el cambio de paradigma geopolítico, pero vamos a ver lo de la electricidad.

Los cubanos libres tenemos que empezar a pensar en la reconstrucción de la que una vez fue una isla próspera y autosuficiente. Esa isla que ha sufrido una guerra de devastación durante sesenta y siete años.

Uno de los pilares de esa reconstrucción tendrá que ser el reemplazo de todo el sistema de generación eléctrica y la reconstrucción radical de las líneas de transmisión. Los enredos de cables que vemos en cualquier foto de La Habana o de cualquier pueblo en Cuba serán un asunto a atenderse después.

Lo primero es regresar a nuestros paisanos a la civilización.

Y uno de los pasos para lograr esto es dotarles de electricidad, habrá que ofrecerles la oportunidad de empleos para que puedan pagarla, pero lo urgente es regresarlos a su condición de seres humanos.

Y les digo que habrá que reemplazar todo el sistema de generación de electricidad porque las plantas generadoras ―es un decir, porque al día de hoy no generan―, son industrias obsoletas y destruidas por la consuetudinaria falta de mantenimiento.

Les conté en mi libro Se acabó la diversión como al principio de lo que llaman “revolución cubana” el Orate Castro envió al asesino argentino a comprar plantas industriales para industrializar la Cuba socialista.

No lo mandó a Estados Unidos, el imperio enemigo, por supuesto. No lo mandó a Europa occidental o Japón, bueno, por Japón pasó, pero no le hicieron caso. Lo mandó a la Unión Soviética y a los países del bloque socialista. 

Pasó también por la China de Mao, pero allí estaban en medio de la Gran Hambruna. No importaba que estuvieran muriendo entre 15 y 55 millones de chinos, el argentino Guevara regresó enamorado de Mao, pero con las manos vacías.

Los soviéticos y sus satélites embaucaron al gaucho y le vendieron una asombrosa cantidad de chatarra, de fábricas obsoletas e ineficientes. Nada comparables a las que ya el capital privado, que ellos confiscaron, había instalado en Cuba antes de 1959.

Y entre esas fábricas estaban varias termoeléctricas.

Después que el Orate Castro despachó al petulante a su destino en Bolivia, se instalaron varias termoeléctricas más, un poco más avanzadas, pero después de algunos años la falta de mantenimiento también las convirtió en testarudas chatarras.

A una, que inauguró el Orate en 1988, le puso el nombre del argentino despachado.

Cuando se acabó el petróleo soviético, pasaron los apagones del llamado “período especial” y el maligno ―porque tiene que haber sido Lucifer―, les mandó a Hugo Chávez y luego a Nicolás Maduro.

Volvieron a fluir el petróleo crudo, el diésel y la gasolina.

Pero la Junta Militar de Barrigones que heredó las ruinas que dejaron el Orate y su hermano el acomplejado no utilizó ese petróleo para dotar de electricidad a los cubanos, al contrario, revendió gran parte de ese combustible a cambio de divisas convertibles.

Las divisas convertibles no las utilizaron para darle mantenimiento o actualizar las centrales termoeléctricas y así mantener un sistema eléctrico estable y confiable. No, las dilapidaron.

Así llegamos a la catástrofe actual. Chávez está muerto, Maduro está en la cárcel, Delcy le lava los calzones a Trump, Claudia no puede ayudarlos en todo lo que ella quisiera, Putin anda matando ucranianos y Xi está ocupado en asuntos más importantes, para ellos, que sostener una improductiva y miserable isla desgobernada por una pandilla de ineptos.

Ineptos que, como les he dicho, están en un callejón sin salida.

Su maligno régimen está a punto de colapsar, por implosión, por rebelión o por “extracción”, pero está en sus días finales.

Al fin.

Y volvemos a lo de la reconstrucción.

Hace unos días, el Departamento de Guerra informó por X que por primera vez se transportó vía aérea un microrreactor nuclear para ser instalado en la base aérea Hill en Utah. Llevaron el reactor en ocho piezas compactas para ensamblarlas y probar la nueva tecnología.

En este caso fue un modelo Ward250, fabricado por Valar Atomics. Pero hay muchas otras empresas probándolos y fabricándolos. El reactor transportado en Utah es pequeño, generará solo 5 Mw de capacidad. 

Los que pronto estarán disponibles generarán en promedio entre 10 y 20 Mw.

Son el futuro, y proveerán de energía a los cada vez mayores centros de datos que requiere la inteligencia artificial, además de sustituir a los contaminantes generadores que consumen diésel y carbón.

Este cambio de paradigma será palpable tan pronto como 2027, el próximo año.

 

Foto: Youtube
 
 

Imaginemos una Cuba reconstruida que nunca más tenga que depender de petróleo extranjero para alumbrar a sus ciudadanos. Imaginemos.

Antes, por supuesto, habrá que enseñarles una cultura de trabajo y disciplina. Si no les dan mantenimiento a los minirreactores nucleares, ya veremos los fuegos artificiales desde Miami.

No los demoro más, lo que les quiero decir es que es un cambio de época. Una Cuba libre tendrá ilimitadas opciones para regresar al progreso y a la prosperidad.

A la libertad.

Mientras no metamos otra vez la pata, por supuesto.