miércoles, 11 de marzo de 2026

La mano de los dictadores en el USA Today

Foto: USA Today


Se ha desatado un tornado de comentarios, preocupaciones y posicionamientos desde que el diario USA Today publicó un artículo titulado “Exclusiva: Trump busca un sorpresivo acuerdo económico con Cuba”. Su autora es Francesca Chambers, una mulatona escultural que antes cubría noticias de la Casa Blanca.

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El artículo en cuestión se basaba en supuesta información filtrada por dos miembros de la administración Trump. En esencia, decía que en las discusiones entre Estados Unidos y miembros de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba se habla de una vía de salida para Miguel Díaz-Contados, de que la familia Castro permanezca en la isla y sobre un acuerdo sobre puertos, energía y turismo.

Además, según Chambers, se habla del relajamiento de sanciones y la apertura de Cuba al turismo norteamericano. Dice textualmente que: “En vez de una campaña de fuerza frontal para eliminar el gobierno comunista de La Habana, la administración Trump está avanzando movidas para replantear los cambios a través de acuerdos económicos que prioricen los intereses de Estados Unidos, evitando una confrontación abierta”.

Daría risa si esto se hubiera publicado en un periodiquito de Intercourse, Pensilvania. Pero esto lo publicó USA Today, un periódico de circulación nacional. Les confieso que USA Today no está en la lista de medios que a diario consulto. Mi único contacto con este diario es cuando me lo tropiezo en los lobbys de los hoteles en los que mi trabajo me obliga a pernoctar. Lo regalan.

Lo que dice Chambers que sus fuentes le dijeron, de ser cierto, significaría que Donald Trump les está ofreciendo a los Panzones de La Habana lo mismo que les ofreció Barack Obama hace diez años. Bueno, con la sola condición de que quiten al cartucho quemado de Díaz-Contados y pongan a otro títere como cabeza visible del manicomio.

También dice que le dijeron que, aunque Trump les ofrece lo mismo que Obama, es decir, una victoria para los Barrigones, el actual presidente tiene la ventaja de haber extraído a Nicolás Maduro, haber convertido a Venezuela y haber cortado el sostén vital de la dictadura cubana.

En eso tienen razón los informantes de Chambers. El 3 de enero de este año, la administración de Trump dio un golpe sobre la mesa geopolítica mundial. Después de darse cuenta de que conversar con Maduro era inútil, mandó a sus mejores chicos a Caracas y se llevaron a Maduro y a la esposa. Con Maduro la conversación fue inútil, pero con Delcy no, y ahí sigue despachando y le falta poco para cantar el himno nacional norteamericano.

Esto dejó en cueros a los ineptos dictadores chupasangre cubanos. Se les acabó la diversión. De por sí tenían a los cubanos sumidos en la miseria y la barbarie, ahora, sin la posibilidad de seguir explotando a Venezuela, están llevando a los cautivos de la isla a la edad de piedra.

El fin de semana pasado, ya lo comentamos, bajo el liderazgo de Trump, se formó una alianza militar de diecisiete países del hemisferio para combatir a los cárteles de la droga, principalmente los mexicanos. Hace unos días les comentaba lo que le pasó al radical y bravucón ayatolá iraní cuando Trump se dio cuenta de que conversar con él era inútil. Ahora conversa con Claudia Sheinbaum, ya veremos cuando se dé cuenta de que está perdiendo el tiempo.

Con Cuba también conversa, no solo lo dice Chambers, lo dice el propio Trump. Un día después de publicado el artículo de la mulatona de Kansas, Trump, desde el sur de la Florida, dijo: “El régimen de Castro es brutal. Pero ya no puede vivir a costa de Venezuela”.

Quiere decir que el presidente no está mal informado: sabe que en la miserable isla quien sigue mandando es Raúl Castro con su clan. Por eso conversan con esos mafiosos y no con los inútiles de Díaz-Contados y Marrano.

Hace unas semanas, había dicho que lo de Cuba quizás sería una “toma amistosa”. Hace unos días rectificó y dijo que “tal vez sea una toma amistosa, tal vez no”.

Después de recalcar que la Junta Militar que desgobierna lo que queda de Cuba está en la ruina, que está en las últimas y que está llevando la isla hacia un desastre humanitario, dijo: “Van a hacer un trato con nosotros o lo haremos a nuestra manera si es necesario”.

Lo que dice Trump no se corresponde en nada con lo que escribió Francesca Chambers hace tres días. De hecho, ayer, junto a Bart Jansen, en otro artículo, actualizaron la información con estos dichos de Trump. Sin embargo, a pesar del endurecimiento aclarativo del lenguaje del presidente hacia esos dictadores, ambos autores continuaron sosteniendo la teoría de que Estados Unidos negocia la salida de Díaz-Contados, la permanencia de los Castros y la apertura económica de Cuba a los intereses norteamericanos.

Es decir, estos periodistas, basándose en fuentes anónimas, dicen que Trump negocia un plan que es exactamente el que le interesa a la dictadura cubana. Francesca Chambers está publicando exactamente lo mismo que le interesa, beneficia y está buscando la dictadura cubana.

Coño, ¿saben cuántas veces los cubanos libres hemos visto en acción este modus operandi? Lo hemos visto tantas veces que ya no las puedo contar.

Trump no es Obama. Su administración no es la de Obama. Se llevó a Maduro, puso a Delcy a limpiarle los zapatos, voló en pedazos a Jamenei y los seguirá volando en pedazos hasta que dejen de ser el peligro que siempre han sido. Logró sacar a los médicos esclavos cubanos de Honduras y Guyana, formó una alianza militar para combatir a los cárteles en un país cómplice de la dictadura cubana, de Rusia y de China, sacó a los chinos del canal de Panamá, tiene el golfo de México (eso de que sea de América es una tontería) y el mar Caribe lleno de barcos de guerra listos para actuar en cualquier momento, limpió esos mares de tanqueros fantasmas que contrabandeaban combustibles fantasmas.

Ha hecho todo esto, pero dice Chambers que los términos del acuerdo que se negocia con el clan Castro son exactamente los que les conviene, los que anhela, el clan Castro. A otro con ese cuento.

Y si no fuera cuento, que ojalá lo sea, el próximo noviembre hay elecciones. Si para entonces ese maldito clan sigue en La Habana, los que no tenemos misiles para librarnos de los Castro al menos tenemos votos para saldar la cuenta.

A los dictadores les digo: buen intento en su operación psicológica con USA Today. Sigan intentando, pero Trump tiene razón: “Están en la ruina”. Y, además, dijo, refiriéndose a ustedes: “Me encargaré de Cuba”.

No veo la hora de que se encargue.

 

Foto: Diario las Américas

lunes, 9 de marzo de 2026

Escudo de las Américas... contra México

 

Foto: Latinus
 
 

El fin de semana pasado sucedió algo que solo tiene un precedente en la historia de este continente: la expulsión del gobierno dictatorial comunista de Fidel Castro de la Organización de Estados Americanos en enero de 1962.

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El fin de semana pasado se reunieron en la ciudad de Doral, que pertenece al condado de Miami-Dade, un grupo de presidentes y una primera ministra de varios países de este hemisferio. Presidentes y primera ministra aliados de Donald Trump. Condescendientes y acomodaticios con la sacudida geopolítica con que las acciones de su administración han sorprendido al mundo.

Doral, que viene siendo la capital de los venezolanos en el exilio, es una ciudad pequeña con una buena parte de su pequeño territorio ocupado por un campo de golf y varias instalaciones turísticas que portan el nombre de Trump. Es decir, en Doral, como en Mar-a-Lago, el viejito se siente como en casa.

Allí se reunieron, además de Trump, los presidentes de Argentina, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y la primera ministra de Trinidad y Tobago. No es que sean los países más importantes del continente, pero es una alineación digna de ser tenida en cuenta.

Junto a los presentes, Trump anunció la creación de una alianza militar que incluirá al menos a diecisiete países del hemisferio. Una coalición para combatir a los cárteles del narcotráfico. Cárteles que, según Trump, y con razón, se han diversificado más allá de la producción, tráfico y distribución de narcóticos hacia la extorsión, el tráfico humano, el lavado de dinero y el control de sistemas políticos y judiciales.

Curiosamente, Trump no invitó al país que más cocaína produce en el mundo. No invitó a Gustavo Petro, de Colombia. Curiosamente, tampoco invitó al país en el cual no solo operan los más poderosos cárteles, sino que también es en el que más se han expandido hacia el control del sistema político y judicial. No invitó a Claudia Sheinbaum.

Sin embargo, Trump sí habló bastante de la señora Sheinbaum. Ya saben lo que opino de las formas de Trump, de su altanería, prepotencia, narcisismo y su tendencia a lucir como un abusador, como un bully. Todo eso lo aplicó al referirse a la presidenta de México. El problema, para ella, es que no dijo nada que no fuera cierto.

Trump dijo: “Los cárteles mexicanos están alimentando y orquestando gran parte del derramamiento de sangre y el caos en este hemisferio, y el gobierno de Estados Unidos hará todo lo necesario para defender nuestra seguridad nacional”.

Muchos de esos cárteles mexicanos de drogas han sido designados por ese gobierno como “organizaciones terroristas extranjeras”. Es decir, están en la misma lista que las FARC de Colombia, el Cartel de los Soles de la narcodictadura venezolana, Boko Haram en África, Hamás, Hizbulah, al-Qaida y la Yihad Islámica Palestina, entre muchos otros.

 

Foto: El Universal 
 

Así que Trump, y este grupo de países del continente, se han aliado para hacer frente a los cárteles mexicanos. No solo se han aliado sin contar con México, sino que lo han excluido a propósito. Y esta exclusión no es culpa de Trump, sino de Sheinbaum.

Desde que se volvió a sentar en la Oficina Oval a inicios de su segunda presidencia, Trump ha estado en contacto con la presidenta de México, solicitándole unas veces y exigiéndole las más que actúe contra los cárteles que controlan grandes sectores de la economía y la política, y una sustancial parte del territorio de México.

Una y otra vez le ha ofrecido la ayuda de Estados Unidos para combatir y frenar este flagelo que azota a México. Solo ha logrado que le entreguen un puñado de capos que ya estaban presos, que capturen o maten a otros cuantos y que se decomisen varias toneladas de drogas.

Una y otra vez le ha ofrecido información sobre los lazos entre políticos mexicanos, muchos de ellos del partido político de la presidenta, y le ha solicitado, exigido, tomar acción contra ellos y contra la penetración del narco en la política mexicana.

La señora, que se ufana de tener la “cabeza fría”, ha toreado durante más de un año los ofrecimientos de Trump. Le ha estado entregando migajas de lo que pide. Decenas de gobernadores, senadores, diputados e incluso funcionarios de su propia administración siguen impunes, como si nada ocurriera.

Altos mandos del Ejército y la Marina, acusados con pruebas de estar involucrados en diversos ilícitos, siguen en sus puestos o disfrutan del retiro. Ilícitos que van desde el robo y tráfico de hidrocarburos, en cantidades industriales, hasta suministrar armas a los cárteles mexicanos.

Le manda migajas mientras continúa la tarea iniciada por su mentor, Andrés Manuel López Obrador, de terminar de desarmar la democracia mexicana y consolidar la autocracia que se inició con el desmantelamiento del poder judicial independiente entre septiembre de 2024 y junio del año siguiente.

Lo “toreaba” mientras le robaba combustible a los mexicanos para regalárselo a la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba. Cuando Trump se lo prohibió, aumentó el envío de ayuda que, más que humanitaria, es cómplice. Ayuda que le sirve a la narrativa de esos Panzones en sus últimos días. Ayuda que, además, esos desvergonzados venden a sus cautivos.

Le envía narcotraficantes a Trump y mata a algunos, mientras continúa la tarea iniciada por su mentor para cambiar las leyes en busca de perpetuar su “movimiento” en el poder. Lo acaba de intentar con una reforma electoral, rechazada por sus propios partidos aliados. Es que, a diferencia de un sistema totalitario como el cubano, en uno autoritario todavía hay que tener en cuenta a otras fuerzas políticas.

Así es que, el fin de semana pasado, Trump no invitó a Sheinbaum a viajar al Doral para unirse a una alianza continental contra los cárteles que operan en su país. No la tuvo en cuenta. Sin embargo, habló mucho de ella. Se burló de ella.

“Yo le digo: ‘Déjeme erradicar a los cárteles'. Y ella dice: ‘No, por favor, president’”. Dijo que le gusta la presidenta, que le cae muy bien, que es muy buena persona, que tiene una voz hermosa. Y enseguida, imitando una voz de mujer, soltó: President, president, president.

Un grosero, pero un grosero que toma acciones para proteger la seguridad de su país y de sus gobernados. Un grosero que le ha estado pidiendo y exigiendo a Sheinbaum que emprenda acciones para proteger la seguridad de su país y de sus gobernados, y por ende la del vecino con el que comparte una frontera de dos mil millas, con el que realiza más del ochenta por ciento de su comercio y en el que viven cuarenta millones de personas de origen mexicano.

Si no fuera por los complejos ideológicos, podríamos decir que son dos países hermanos. Sin embargo, a pesar de esa estrecha relación con Estados Unidos, la señora Sheinbaum y buena parte de su “movimiento” se sienten más cómodos apoyando una decrépita dictadura empobrecedora que abrazando la ruta de la seguridad y el progreso que le ofrece su libre comercio con Estados Unidos y Canadá.

A finales del año pasado, Donald Trump decía que negociaba con la narcodictadura venezolana la salida de Nicolás Maduro, y miren qué pasó el 3 de enero pasado. Hace unas semanas, decía que negociaba con la teocracia asesina de Irán, y miren dónde está Jamenei.

Este fin de semana, en Doral, Trump, mientras continúa conversando con Claudia Sheinbaum, reunió a un grupo de países en una alianza militar contra los cárteles que operan y florecen en el país de Claudia Sheinbaum.

Si yo fuera ella, tomaría nota.

 

Foto: Noticias de Chihuahua