Foto: CiberCuba
El pasado julio se enviaron desde
Estados Unidos 3.2 millones de barriles de combustible: más de cuatro veces la
cantidad enviada el mes anterior. Esto nos da un promedio de 104 000 barriles
diarios; es decir, lo que se decía que era el gasto promedio en Cuba antes de
que se cancelaran los envíos de Venezuela.
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Entonces, en julio —podemos
decir— Cuba recibió un volumen de combustible que debería haber estabilizado
—es un decir— el suministro de energía eléctrica y, por ende, el de agua
potable y el restablecimiento paulatino del resto de los servicios públicos.
Ah, perdón: olvidé que, según las
medidas de la administración Trump, ese combustible enviado por empresas
privadas desde Estados Unidos va dirigido a empresas privadas en Cuba. De ahí
que la Junta Militar de Barrigones que la desgobierna no tenga responsabilidad
alguna en regresar a sus cautivos, aunque sea un poco, a la civilización.
Según las medidas de Estados
Unidos, ese combustible —en cantidades que igualan a lo que enviaba Venezuela
antes del 3 de enero pasado— no es accesible a la dictadura que sojuzga el
presente y bloquea el futuro de Cuba. Va a manos privadas.
Por eso no hay electricidad ni
servicios públicos, claro.
Pero ¿por qué la represión
funciona tan campante? ¿Con qué combustible se mueven los represores?
Mientras aquí seguimos en la
bobería, barcos cargados con combustible y todo tipo de cosas navegan hacia
Cuba. Los cuerpos represivos al servicio de la dictadura se mueven libremente,
sin restricciones logísticas, por toda la isla.
¿Con qué combustible lo hacen, si
el único que entra en la isla va desde acá y se recibe allá por esos supuestos
privados?
Mientras estamos pendientes de lo
que digan Trump, Rubio, No Sé Qué Descossío o el Marrano, la dictadura sigue
ganando tiempo, sigue reprimiendo a sus anchas, los cubanos de la isla siguen
sobreviviendo en la Edad de Piedra y sus cómplices siguen hinchándose las
bolsas a costa de esta catástrofe humanitaria que cada día que pasa se agudiza
más.
Hoy temprano, sin querer, escuché
a uno de nuestros "explicadores" en YouTube hablar sobre el conflicto
entre Cuba —entiéndase la dictadura— y Estados Unidos. No: el conflicto no es
entre una maligna dictadura y un gobierno extranjero.
La verdadera guerra, desde hace
sesenta y siete años, es entre esos bandidos asesinos y el pueblo cubano. La
dictadura dice que los culpables de toda esta catástrofe son los Estados Unidos
al mismo tiempo que reprimen, golpean, encarcelan y asesinan a los cubanos. Al
mismo tiempo que impiden a esos mismos cubanos ejercer su derecho fundamental
de ser libres, prósperos y felices.
¿Y cómo pueden seguir haciéndolo
si no tienen oficialmente un suministro de combustible?
Lo siguen haciendo porque ahora
mismo, en este instante, hay varios barcos llenos de gasolina y diésel surcando
el golfo de México rumbo al Mariel.
Lo hacen porque ahora mismo
alguno de esos barcos, atracado en ese muelle, está descargando uno de esos
llamados isotanques, lleno hasta el tope de gasolina norteamericana.
Lo siguen haciendo, y lo seguirán
haciendo, porque ahora mismo una manguera de una de esas llamadas mipymes está
surtiendo combustible norteamericano a una patrulla de la Policía Nacional
Revolucionaria (PNR) o a la moto Kawasaki de uno de esos represores, tan flaco
como inhumano.
Foto: Infodefensa
Con ese combustible se traslada la fiscal que está pidiendo
entre ocho y diez años contra dos jóvenes por tener su propio proyecto
audiovisual, o a los que acosan y condenan a una niña y a su madre por
denunciar la realidad. Con esa gasolina, la dictadura tiene desplegada por toda
la isla a esa banda de zánganos desalmados que ejercen la represión contra los
indefensos cubanos.
Ah, y con ese mismo combustible. Díaz-Contados y toda esa
banda de Barrigones se mueven de un lado a otro hablando boberías, recibiendo a
cómplices extranjeros y alumbrando sus casas. Con ese combustible el Cangrejo
sigue negociando y su primo Cristash sigue burlándose de los siervos de sus
abuelos.
Combustible, señores, enviado desde Estados Unidos.
El mundo al revés.
Foto: Emol