Foto: Newsweek
La campaña mediática de la dictadura cubana
continúa. A la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba
no le importa en lo más mínimo la situación y el destino de los cautivos de la
isla. Ellos viven y trabajan, siempre, en función de lo internacional, en
función de su supervivencia.
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Como desde 1961 crearon un
régimen parasitario, que necesita de un agente externo para sostenerse, desde
entonces siempre han dedicado incontables recursos y recurrentes esfuerzos para
crear y mantener una imagen internacional a su conveniencia. Y miren que —con
dolor les digo— han tenido mucho éxito.
Fidel Castro, el Orador Orate, y
luego su hermano acomplejado y la Junta Militar de Barrigones que les heredó el
fracaso han sido excelentes en el tema de proyectar una imagen o manipular a la
opinión pública; más en la actualidad, cuando es más manipulable que nunca. No
podrán producir una libra de papas o dos piezas —ya no de pan, de casabe—, pero
en esto del tema internacional son campeones.
Les decía, la campaña mediática
continúa —creo que nunca ha parado—, pero desde que hace unos meses Donald
Trump los puso en la mira del Tío Sam, la han arreciado como nunca. Cuando los
cubanos libres nos ilusionamos tras la declaración de Trump de que ese maligno
Estado fallido era un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos,
ellos de inmediato iniciaron una campaña aludiendo a supuestas negociaciones
entre la gente de Trump y los dictadores cubanos.
Negociaciones negadas por la
cúpula de esa dictadura pues, evidentemente, se hicieron a espaldas de sus
cabezas visibles. No negocias con el portero, negocias con el dueño del hotel,
literalmente. En público lo negaban, pero, por otro lado, ellos —u otros dentro
de esa mafia— filtraban a varios medios que sí se negociaba.
Axios, USA Today, The
New York Times y no sé cuántos medios más lanzaban exclusivas alegando unos
que Marco Rubio negociaba con el Cangrejo —cerebro de almeja— en Panamá; otros
que la CIA hablaba con el Tuerto Castro en México, o que si alguien misterioso
lo hacía con el burro Parrilla en el Vaticano. Cosas así.
Todos basados en fuentes
anónimas, todos haciéndole el juego a la dictadura; pues, cuando eres
reconocido como interlocutor, quiere decir que eres reconocido como
contraparte, como igual. Tuvo que salir Marco Rubio a poner un “hasta aquí” y
calmar a la rumorología, y de paso a nosotros.
Como a Nicolás Maduro lo
extrajeron como muela podrida en la madrugada de un sábado, los dictadores
cubanos desde entonces cada fin de semana llenan La Habana con alguno de sus
cómplices internacionales. Primero fueron medio centenar de zarrapastrosos que
llegaron a visitar el “parque temático del fracaso” mientras se alojaban en
hoteles cinco estrellas; entre ellos, Pablo “Dientes de Sarro” Iglesias.
Luego les llegó una flotilla
—según ellos— compuesta solamente por un bote oxidado cargando más gente que “ayuda
solidaria”. Otros dos veleros anduvieron perdidos unos días hasta que
finalmente tropezaron con la isla.
El fin de semana pasado
recibieron a unos cuantos congresistas norteamericanos; ya saben, de esos de
extrema izquierda que tienen a sus distritos llenos de personas sin techo
inyectándose mezclas alucinógenas fabricadas en Sinaloa. Allá fueron a sentarse
con Díaz-Contados, a darle su lugar a ese monigote puesto a dedo.
Al mismo tiempo, la camarada
Claudia un día sí y otro también les manda barcos con esa cómplice “ayuda
solidaria”. Barcos de su Marina y Armada de México. Embarcaciones que, en vez
de estar cuidando los mares mexicanos, los traen de fleteros para los amigos. “Ayuda
solidaria” que, en vez de estarse usando para combatir la pobreza en México, se
le está regalando a una dictadura para que se la venda a sus propias víctimas.
Cada evento de estos —inútiles
desde el punto de vista material e inútiles para mejorar la catástrofe
humanitaria que sufren los cautivos cubanos— ha sido muy útil para la narrativa
de “resistencia” que venden esos dictadores. Son expertos en el teatro
mediático para presentarse como víctimas y no como victimarios.
Y no crean que el espectáculo
termina, no. La próxima semana harán otra pantomima, ahora llamada Coloquio
Patria. Otra reunión de tontos útiles extranjeros, voceros defensores de los
dictadores, ciegos ante la miseria de los cautivos. Hipócritas activados desde
2021 luego de las protestas —y la represión— del 11 de julio de ese año. Asco
de humanidad.
Mientras Estados Unidos ha estado
concentrado en su operación contra la teocracia iraní —que, sorprendentemente,
se ha defendido como gato boca arriba—, la dictadura cubana ha aprovechado que
su enemigo está ocupado para intentar salir del callejón sin salida en el que
se vio arrinconada a finales de enero pasado.
Han pasado dos meses en los que
no solo no se dio el colapso esperado, la implosión previsible. Los cautivos
están viviendo como en la Edad de Piedra y, salvo actos aislados como los de
Morón, lo más que hacen para mejorar su destino es pegarles a unas ollas en las
noches. Se les acabarán las cazuelas de tanto palo, pues a cacerolazos no se
caen las dictaduras.
La Junta Militar cubana ha
aprovechado bien estos últimos dos meses. Excepto el cerco energético impuesto
por Trump, Estados Unidos no ha tomado ninguna otra medida concreta para
obligar a esa dictadura, ya no solo a otorgar derechos a los cautivos, sino al
menos a no reprimirlos. La represión sigue igual que siempre.
El cerco energético, por otro
lado, es en realidad impuesto por la propia realidad de esa dictadura en
bancarrota. Antes de la extracción de Maduro, sobrevivía a base del petróleo
robado a los venezolanos; luego intentaron seguir esa tradición ahora usando el
que Claudia y su clan les roban a los mexicanos. La realidad es que no tienen
dinero ni para comprar un tonel de combustible. El tanquero ruso —supongo que
regalo de Putin— fue una victoria política para ellos y la han sabido
aprovechar tanto dentro como fuera de la isla.
Yo, que culpo de todo a los
dictadores, no los culpo de usar toda su astucia para intentar sobrevivir una
vez más. Cualquiera haría lo mismo. No todos opinan como yo; ya salió uno de
esos líderes efímeros de los que abundan por acá a criticarlos por defenderse.
Los dictadores han aprovechado todo lo que está a su favor: Trump y Rubio
entretenidos con Irán, los cómplices internacionales en campaña de “solidaridad”,
Putin mandándoles petróleo, Claudia embarcándoles de todo lo que puede, Andrés
el capo llenando cuentas bancarias y así sucesivamente.
Para hacerse los justos y los
nobles, anunciaron que liberarían a un millar de prisioneros. Y lo hicieron,
pero sin liberar a uno solo del millar de presos políticos —gente inocente— que
tienen muriendo en sus mazmorras. Soltaron a mil mientras, como en un carrusel,
meten a prisión a otros tantos, incluyendo menores de edad por solo pedir
libertad.
Hace unos días, para rematar, el
semanario Newsweek —creo que sigue siendo semanario— mandó a dos de sus
periodistas a La Habana. No fueron a entrevistar al mentado Cangrejo, o al
Tuerto, o al Lombroso sobrino-nieto; fueron a entrevistar a Díaz-Contados. Al
cabo, si CNN entrevistó a Sandro el boricua la semana pasada. Eso sí, ni a CNN
ni a Newsweek se les ocurrió entrevistar a un opositor, ni tan siquiera
hacer un reportaje sobre la catástrofe humanitaria en la que la Junta Militar a
la que pertenece el entrevistado tiene a los cubanos.
Díaz-Contados, gracias a esta
servil entrevista, pasó de ser el que parecía que estaba “detrás del palo” —es
decir, ajeno a las presuntas negociaciones— a aparecer ahora en un medio
estadounidense como un jefe de Estado; de un Estado fallido, pero Estado al
fin. Se la pusieron en bandeja, como se decía en mi vieja Cuba.
Evidentemente la entrevista, y la
deferencia, le mejoró el ánimo a ese uniforme vacío que es la cabeza visible de
la Junta Militar. No leí las respuestas del monigote —no tengo estómago para
leer mentiras de dictadores—, pero sí leí las preguntas que le hicieron. No
parecían preguntas de un medio de un país libre; las estupideces que le
preguntaron bien pudieron haber sido redactadas por Randy “el Baboso” Alonso. Newsweek
preguntándole lo mismo que le preguntan en la Mesa Redonda castrista.
No leí las respuestas
directamente, pero sí he visto los comentarios sobre ellas en otros medios. Al
parecer el individuo está envalentonado. Ha sobrevivido dos meses, más de lo
que todos —incluso él— pensamos al principio de esta novela. No ha dejado de
recibir visitantes cómplices, ayuda cómplice y ahora hasta van a entrevistarlo
periodistas que, si no son cómplices, al menos son simpatizantes.
No habían subido Tom O’Connor y
la otra chica al avión de regreso a Estados Unidos cuando ya Cubadebate,
el portal de desinformación de la dictadura, había subido la entrevista
completa. Como si fuera una entrevista de la Mesa Redonda y no de un
medio norteamericano al que hay que suscribirse para acceder a su contenido.
Envalentonado, dijo que su vida
no le importa, que si Estados Unidos invade sufrirá muchas bajas, que los
cubanos se tirarán al monte a hacer una guerra de guerrillas. Cosas por el
estilo. Incluso dijo que Cuba es un país de paz, pero que no le tiene miedo a
la guerra; también dijo que morir por la patria es vivir.
Dice Marco Rubio que él no le
presta atención a lo que diga este infeliz Puesto a Dedo; yo tampoco, pero me
recordó a aquel Maduro que gritaba fervoroso: “Vengan por mí, cobardes”. Morir
por la patria es vivir, coño, dan ganas de tomarle la palabra.
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