jueves, 5 de marzo de 2026

Alexis contra el Times

 


Conozco a Alexis desde hace treinta años. Es solo un poco mayor que yo, él y su hermano Eddie escaparon del manicomio del Orador Orate mucho antes que yo. Llegaron muy jóvenes a este exilio, dos jóvenes más arrancados de su tierra escapando del totalitarismo comunista en busca de ser libres, de vivir libres.

No fueron los primeros, no fueron los últimos. Cuanto talento ha perdido, cuanto sigue perdiendo, la isla que los vio nacer.

Alexis se hizo abogado y se asentó en la costa oeste de este país que tiene tamaño de continente. Eddie metió cabeza en la vida, siempre libre, y se asentó en la costa este de este continente que es un país.

Alexis en Los Angeles, Eddie en Nueva York.

Cada uno en lo suyo han sido exitosos, y felices. Lo principal, han estado unidos, como los Estados Unidos en los que viven. Diferentes en todo, en el físico, en la forma de ver la vida, en sus profesiones, pero siempre unidos, dos hermanos, diferentes, pero unidos.

Ambos son una bendecida herencia que recibí de los muchos amigos de mi hermano, del otro hijo de mi madre, mejor dicho.

Alexis ha sido mi abogado durante estos treinta años. Me ha ayudado no solo a mi, sino a muchísimos de mi familia y de mis amigos. Ha ayudado a miles de personas. Cubano noble y talentoso, cuanto ha perdido Cuba desde 1959.

Luego algunos se preguntan por qué esa isla es hoy un páramo yermo donde solo se cultiva el fracaso. Mucho de lo mejor de ella ha sido expelido por la ineptitud y la maldad inherentes al comunismo totalitario.


Foto: The New York Times

Alexis lleva casi toda su vida viviendo fuera de la isla que lo vio nacer, sin embargo la isla sigue viviendo en él. Como en el triste día que la tuvo que abandonar, siendo muy joven.

Ayer Alexis, desde Los Angeles le contestó al The New York Times. Un cubano cabal le contestó a uno más de esos que siempre suavizan, matizan, la ponzoña de la dictadura cubana, desde tiempos del Orador Orate y ahora con esta Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba.

Ayer, el Times publicó otro más de esos artículos. Ya saben, Trump es el culpable de la miseria de los pobres cubanos. Un artículo que recibió comentarios como: "Todo lo que toca Trump muere. Mi corazón se parte por el pueblo de Cuba. Una pena."


Foto: The New York Times

Cosas por el estilo.

Alexis, desde Los Angeles, me imagino que con el lobby de su despacho lleno de personas que requieren de su experiencia, se levantó por todos nosotros y les respondió:

"Vamos a ver, no hay petróleo o gas para el turismo. ¡Pobres canadienses y europeos! Pero hay bastante petróleo/gas para los matones de la seguridad del Estado en sus carros y oficinas con aire acondicionado y así puedan seguir reprimiendo a cualquiera en Cuba que se atreva a rechazar la dictadura. Bastante petróleo/gas para mantener a los presos políticos en la cárcel y para mantener un sistema de partido único y por tanto sin libertades. Yo espero que no un solo turista viaje a Cuba. Ni uno."

Como me dijo una estimada amiga con quien compartí la contestación de Alexis: ojalá muchos pensaran y actuaran así.

Gracias Alexis, hermano.




miércoles, 4 de marzo de 2026

Circo sin pan

 

Foto: El Vigía de Cuba

De todos es conocido ese cliché que dice que la élite del Imperio romano mantenía a sus súbditos tranquilos aplicándoles una política de “pan y circo”. Es decir, repartían comida mientras los entretenían con espectáculos. Daba igual que fuera una batalla de gladiadores que el ajusticiamiento de un cristiano o de un “bárbaro” germano.

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Pan y circo, gente tranquila.

El mismo método lo han aplicado después la mayoría de los gobernantes de la historia, incluyendo, por supuesto, a nuestro nefasto Fidel Castro. El Orador Orate fue un experto en mantener a los cubanos ocupados y entretenidos en cualquier cosa. Podía ser la defenestración de la “microfracción” o de Pérez Roque, el fusilamiento de Arnaldo Ochoa o la “infiltración” de Gutiérrez Menoyo.

Cualquier cosa. Ese era el circo; el pan lo aplicaba a través de la libreta de abastecimiento. Instrumento genial para hacer depender del Estado la alimentación de la gente, desvinculada del trabajo y del esfuerzo propios. Como las mascotas domésticas o los animales del zoológico, o del circo. Lo he contado en mi libro Se acabó la diversión.

En el caso de la Cuba del Orate, al pan y circo se le adicionaba una buena dosis de palos aplicada a quienes disintieran.

La Junta Militar de Barrigones que heredó el manicomio castrista y desgobierna hoy lo que queda de Cuba también heredó la receta del pan y circo. Como el 3 de enero pasado los chicos de las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos convirtieron en carne molida al menos a treinta y dos mercenarios cubanos en Caracas, los Panzones de La Habana necesitaban una victoria para levantar la moral ante la pisoteada que le dieron a su mito de invencibilidad.

Por supuesto que no se pusieron de tú a tú con alguna fuerza especial, ni siquiera con una tropa regular de cualquier ejército. No. La emprendieron a tiros contra diez cubanos que de alguna manera llegaron a sus costas. Digo de alguna manera porque la lancha en que dicen los dictadores que esta gente llegó a Cuba desafía, según su relato, todas las leyes de la física.

Diez personas, media tonelada de balas 7.62 de AKM, todas oxidadas, cargadores de metal, además de otra tonelada de equipo y armas de las que aquí usan los aficionados los fines de semana para ir a cazar, a practicar tiro o a jugar paintball. Todo esto, según los dictadores, llegó a sus costas en una vieja y lenta lancha de 1981, desafiándolos no solo a ellos, sino también a la ley de Arquímedes.

Equipo y armas que mostraron en la televisión totalitaria como si hubieran sido capturadas a los Navy SEALs que capturaron y dieron de baja a Osama bin Laden. Incluso se sorprenden de que la vieja lancha contara con un GPS Garmin, como si fuera tecnología de la NASA, como si aquí cualquier cascarón de embarcación para pasear por los Everglades no tuviera un Garmin o algún artefacto parecido.

La fantasía que nos intentan hacer creer incluye la muerte de cuatro de estos supuestos invasores. Cuatro muertos justo treinta años después de que esa misma dictadura asesinara a cuatro patriotas sobre aguas internacionales. Son expertos en masacrar.

El circo no terminó ahí. Ahora se bajaron con que apresaron a diez panameños que algún misterioso ente envió a La Habana a pintar carteles contra su fracasada dictadura. Si usted no me lo cree, lea los titulares de las noticias. Suena ridículo, pero de ellos podemos esperar las ridiculeces más absurdas.

Panameños enviados a Cuba a pintar carteles contra la dictadura. Podría tener lógica, puesto que al parecer los cautivos de la isla no tienen voluntad o pintura para escribir en sus paredes consignas contra el mal gobierno que los oprime y que los tiene a oscuras y con hambre.

Diez cubanos llegan en una lancha surrealista. Diez panameños llegan a pintar carteles.

Circo para los cautivos.

El otro día les decía que esa dictadura es experta en ganar tiempo. Este circo es parte de ese libreto. Mientras Donald Trump y Marco Rubio dicen que conversan con la cúpula de asesinos, la dictadura va erosionando la voluntad inicial de estos dos, la voluntad inicial de desaparecerlos de la faz de la tierra.

Hasta ahora la negociación no ha logrado la libertad de un solo preso político, o el fin de la represión a los que disienten. Las conversaciones no impidieron las palizas y los asesinatos en la prisión de Canaleta, ni la muerte del prisionero político Luis Miguel Oña, con solo veintisiete años y condenado a doce años de cárcel por haber salido a pedir libertad aquel 11 de julio de 2021, el día que Díaz-Contados dijo: “La orden de combate está dada”.

Pero sí, esa negociación ha logrado que un barco de Gaesa esté en Venezuela cargando gas para los dictadores. Sí ha logrado que las “empresas privadas” de esos mismos dictadores estén importando combustible, alimentos y todo tipo de productos para venderlos dentro de la isla.

Productos y combustible que solo pueden adquirir los que tengan dólares o los que tengan familiares de este lado del charco. El resto de los cautivos, que se jodan. Solo les toca una lata de sardinas o un jabón de los que les manda la camarada Sheinbaum.

Como el eclipse de luna de ayer, poco a poco esa negociación va oscureciendo la luz de esperanza y libertad que nos iluminó por unas semanas luego de la captura del meón de Maduro.

Para la dictadura, las aguas se van asentando. Ya les dije hace poco: son expertos en ganar tiempo, y tiempo están ganando. Estuvieron en la lona, derrotados, pero como muchas veces antes intentan desesperadamente sostenerse. Y al parecer, ahí van.

Mientras Trump y Rubio dicen que conversan y que todo va muy bien, ya la élite de esa dictadura obtiene combustible, alimentos y productos para reanudar sus negocios. Pan para ellos, pero no para los cautivos. Los cubanos de a pie siguen a oscuras, con hambre, cocinando como primitivos los pocos alimentos que encuentran, entre montañas de basura, sin transporte público, sin atención médica y sin esperanza.

Siguen en sus casas, quizás esperando que unos panameños lleguen a pintar letreros, o que un camionero, un albañil, un artista y otros siete exiliados lleguen a liberarlos en una lancha de 23 pies con balas oxidadas.

A ver con qué otro cuento se bajarán los dictadores en los próximos días. En una de esas salen con que unos dominicanos desembarcaron por Baracoa, tomando cerveza Presidente y cantando que “el costo de la vida sube otra vez”.

Puro circo, sin nada de pan. Circo y palos. El totalitarismo comunista no dará pan, pero circo y palos les garantiza a su “pueblo”.

Me temo que las mentadas conversaciones se vayan desviando hacia que los cautivos tengan algo de pan, mientras se mantiene el circo y puede que les reduzcan los palos.

Ojalá me equivoque, pero hoy veo la libertad plena de Cuba y de los cubanos detrás de un oscuro eclipse.

  

Foto: CiberCuba

martes, 3 de marzo de 2026

Abdi, el iraní



El que ha sido mi mecánico por los últimos quince años se llama Abdi. Tiene sesenta y tantos años y un párkinson del coño de su madre. Cobra caro como el coño de su madre y ha ganado mucho dinero gracias a mi debilidad por los autos viejos.

Abdi es iraní. Tuvo que exiliarse en 1979 siendo un joven que soñaba con democracia en un país que salía de una monarquía corrupta y se entregaba a los designios medievales de una teocracia extremista. El primer bound lo dio en Londres y el segundo, y definitivo, en Miami.

Se casó con una cubana. Exiliada como él. Veinte años antes tuvo que exiliarse siendo una niña, hija de padres que soñaban con democracia en un país que salía de un gobierno ilegítimo para entregarse a los designios totalitarios de un maníaco y su pandilla.

Dos exiliados procedentes de dos países tan diferentes, pero tan parecidos en entregar sus destinos a la locura.

Hoy Abdi está feliz. Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Israel, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Irak, Jordania, Baréin, Siria, Omán, Chipre, Líbano, Yemen e Italia, cada uno a su manera, se han unido para descabezar ese manicomio islamista y quitarle a esa demente teocracia la capacidad de seguir haciendo daño a la humanidad.

Abdi está feliz. Es testigo de cómo el mundo se unió para eliminar, o al menos apaciguar, el mal que destruyó el país en el que nació.

Yo también estoy feliz.

Pero estaré más feliz cuando vea suceder lo mismo en el país que me vio nacer.

La teocracia iraní lleva cuarenta y siete años dañando a los iraníes y al mundo. La dictadura cubana lleva sesenta y siete.

Ya es hora, ¿no?

lunes, 2 de marzo de 2026

Ganando tiempo

 

Foto: Facebook Maritza Lugo

 

La dictadura cubana es una de las pandillas más ineptas e ineficientes a la hora de producir riqueza. Más bien es experta en generar pobreza y esfumar la riqueza. Fidel Castro se pasó cuarenta años hablando y prometiendo un futuro luminoso que nunca llegó.

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Al contrario, convirtió un país que el 1.º de enero de 1959 era próspero y autosuficiente en una isla miserable, improductiva y pedigüeña. Un páramo vitrina de los logros del socialismo totalitario.

Pero así como son ineptos y empobrecedores, los dictadores cubanos, empezando por el barbudo y hasta los tripudos que hoy encabezan la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba, han sido y son unos expertos en manipular la realidad y los hechos, en tergiversar las narrativas y, sobre todo, en ganar tiempo.

No tienen competencia en lo de marrulleros y pendencieros. Duele reconocerlo.

Lo han demostrado cientos de veces a lo largo de estos sesenta y siete años. Cuando hemos pensado que ya los teníamos contra las cuerdas, siempre han encontrado una vía para zafarse. Duele reconocerlo.

Ahora mismo, desde que el pasado 3 de enero de este año, las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos removieron como un furúnculo apestoso a Nicolás Maduro y a su esposa, los Barrigones de La Habana se quedaron sin su principal aliado y casi único sostén económico.

Más aún, con Maduro en una celda en Nueva York, a la que llegó después de mearse repetidamente durante el trayecto, el presidente Donald Trump puso su atención sobre la cabeza más maligna de la hiedra totalitaria continental. Junto con Marco Rubio, fijó sus ojos en La Habana.

Fueron días felices para los que queremos ver una Cuba libre, próspera, pero sobre todo feliz. Parecía que ahora sí la libertad venía llegando.

Si bien Trump removió del Caribe al grupo de ataque encabezado por el portaviones Gerald Ford hacia el Mediterráneo, con la misión de volar por los aires a los teócratas asesinos de Irán, nos dejó por aquí al grupo del USS Iwo Jima, que en la práctica fue el que extrajo al meón y a su esposa.

Las oxidadas defensas antiaéreas de la dictadura destructora no merecen la presencia de una gran fuerza militar en caso de que se dé la orden de ataque. Basta ver a Díaz-Contados de un lado a otro visitando bases militares donde unos chicos famélicos hacen pantomimas con unos cacharros antiguos y deteriorados.

Los días felices se han ido esfumando. La atención de Trump, como la de mi nieto, duró poco. A veces regresa sobre el tema de Cuba, pero de inmediato se va para otros rumbos. Y nosotros en el limbo.

Un día dicen que Marco Rubio está conversando con el crustáceo oligofrénico; otros días vemos que el embajador Mike Hammer y el “apuesto” canciller Rodríguez Parrilla coinciden en el Vaticano.

Luego sale Trump, cuando se vuelve a acordar del tema cubano, a anunciar una posible “toma amistosa” de Cuba. ¿Toma amistosa?

¿Será amistosa como la amistad que dice ahora tener con Delcy Rodríguez?

Si usted une los puntos descubrirá que, aunque Trump diga que “el gobierno cubano está hablando con nosotros. Están en grandes problemas, no tienen dinero, pero están hablando con nosotros ahora”, los hechos indican que los marrulleros y pendencieros de La Habana están haciendo lo que bien saben hacer: ganar tiempo.

Por un lado, montan un espectáculo sobre una peligrosa invasión de exiliados a sus patrióticas costas. Peligrosos terroristas que arribaron a la cayería inmediata a Corralillo, en el centro de la isla. Uno de los peores lugares para desembarcar si usted pretende iniciar una acción armada efectiva.

 

Foto: Diario las Américas
 
 

Diez, dicen ellos, “terroristas”, llegaron a sus costas a bordo de una lancha de 23 pies, fabricada en 1981 y cargada con un arsenal que logísticamente es imposible de cargar, junto a diez personas, en ese cascarón de embarcación.

“Terroristas” bien entrenados: uno era camionero, el otro creo que artista y así por el estilo, hasta un albañil. Acusan a una cubana valiente de ser la autora intelectual. Buenas intenciones que terminan sirviendo a la dictadura. Les sirven para cambiar la narrativa.

Yo no les creo ni una coma a esos dictadores.

Gimen por una lanchita con diez cubanos, como si hace casi setenta años Fidel Castro no hubiera desembarcado con 80 cubanos y un argentino. Luego se la pasó mandando cubanos a “infiltrarse” en no sé cuántos países. Al argentino lo mandó primero al Congo y luego a Bolivia, donde lo infiltraron a plomazos.

Montan un show para manipular la narrativa y ganar tiempo.

Marco Rubio, en vez de estar hablando de la libertad de Cuba, lleva una semana dando explicaciones por el “incidente”.

Todos entretenidos: que si conversan con el Cangrejo o con Rodríguez Parrilla, que si en la lancha cabían dos toneladas de armas y equipos, que si quién es Maritza Lugo, o por qué, si eran “terroristas entrenados”, abatieron a cuatro de ellos mientras que del lado totalitario solo un Barrigón recibió un raspón en la panza.

Mientras nos tienen entretenidos, Claudia Sheinbaum anuncia que está pensando reanudar los envíos de petróleo cómplice a Cuba, Marco Rubio autoriza suministrar combustibles al “sector privado” en Cuba, como si nadie supiera que ese “sector privado” es de la misma dictadura.

Conversan, logran que les concedan buchitos de petróleo, se autoatacan con unos incautos —valientes, pero incautos—, movilizan a toda su red de la mentada “solidaridad” para que lloriqueen junto a ellos. Lo mismo de siempre, lo mismo en lo que son expertos: ganar tiempo.

Hace dos días pudimos ver lo que un pueblo logra cuando sale a la calle a exigir sus derechos y a repudiar a sus opresores. Este fin de semana Estados Unidos e Israel descabezaron a cohetazos a la teocracia iraní. Los cubanos, sin embargo, siguen en sus casas, sin electricidad, sin comida, sin medicinas y sin libertad.

No los juzgo, que conste.

Mientras no logremos su atención completa, Trump, Rubio y su administración seguirán ocupados en sus asuntos, que no son pocos. Mientras tanto, los dictadores de la isla seguirán ganando tiempo.

Empezamos marzo, faltan nueve meses para las elecciones de medio término de noviembre de este año. Trump y los republicanos van en desventaja. Lo más probable es que la diminuta mayoría legislativa que hoy disfrutan desaparezca.

Los Barrigones de La Habana solo tienen que sobrevivir nueve meses más. Como el feto maligno que son. Incluso podrían aceptar una “toma amistosa” por parte de Trump, que nueve meses no es nada.

En una de esas nos ganan de nuevo. Tan cabrones que son, y tan ingenuos o cómplices algunos de los que ganarán esas elecciones en noviembre, que en una de esas hasta devuelven a Maduro a Caracas y colorín colorado.

Ganando tiempo, solo necesitan nueve meses.

 

Foto: The Sunday Times