Ayer mi hermano Álvaro Alba publicó un excelente artículo sobre la última jugarreta que intenta implementar la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba. Los incito a que lo lean, es genial.
📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí
En su texto cita uno mío que hace días les compartí. Esto me llena de orgullo: Álvaro es uno de los analistas más
profundos y certeros con que contamos los cubanos libres, los de aquí y los que
anhelan esa soñada libertad allá —tan cerca de aquí— en nuestra isla soñada.
El análisis de Álvaro y la relectura del mío de hace días
hizo que Mirthica —Monita, amiga eterna desde nuestros días de preuniversitario
zapateando la calle 23— me enviara sus comentarios. Quedé tan sorprendido que
le pedí que me permitiera reproducirlos, compartirlos con ustedes. Por supuesto,
me dijo que sí.
Se los comparto hoy, sorprendido por esta nueva arista sobre
el tema, sobre el problema cubano. Lo reflexionaré más, pero sospecho que
Mirthica está más clara que el diamante del Capitolio. Por cierto, ¿dónde está
ese diamante?
Los dejo con Monita, les recuerdo que sus comentarios son en relación con el artículo de mi hermano Álvaro:
💯 pudiera pasar que los barones verde olivo cubanos se
conviertan en barones de cualquier color..., sin embargo, los recursos de la
isla no dan para otra cosa que trapicheo de puertos y geopolítica para sus
artes oscuras. Hay una razón por la cual Hernán Cortés salió huyendo de aquella
sociedad cubana en gestación. La historia moderna de la isla es muy breve y muy
endeble. La cultura nacional es puro folclor nacido de la marginalidad y del
oportunismo más primitivo... Cuba es propiedad de una familia vs. Rusia, que ha
tenido tradición de unidad desde el zar hasta el partido único; cuenta con
milenios de identidad real, incluyendo desarrollo lingüístico propio,
filosófico, intelectual y cultural consolidado (eso va más allá de la música y
cuatro pintores). Rusia sí tiene un tejido social, además de recursos naturales
e infraestructuras humanas y nacionales respaldadas por largos procesos que le
permiten transformaciones desde adentro. Cuba es un mito, un wannabe,
algo sin tener elementos sólidos para serlo. Si bien cada país aporta pistas y
consideraciones, en esto Cuba es, lamentablemente, un caso bastante único. Por
eso coincido en lo que dices en tu artículo. Cuba tiene que ser intervenida por
fuerzas mayores o dejarla a su suerte o muerte, y mantenerla vigilada para que
su tendencia al pirateo y las malas artes no sigan siendo el principal recurso
de esa isla. Aunque cueste admitirlo, Cuba tiene más que ver con Haití que con
cualquier otro ejemplo.
Un poco más tarde volvimos sobre el tema y me envió esta
otra reflexión:
Así mismo..., si se mira con los lentes de aquel momento,
fueron dos enmiendas necesarias -la Platt y la Foraker- y de las cuales debemos aprender. Surgieron de
la firme voluntad de avanzar en un proyecto conjunto, buscando siempre un
equilibrio entre las partes. Sin embargo, el régimen impone su propia versión
de la historia de Cuba: pura propaganda alineada con la versión “Trópico de
Cáncer” del manual ideológico marxista-socialista. Ideología que les falló a
todos menos al castrismo, apelando a la conocida conflictividad de la sociedad
cubana, quizás al caciquismo que merodea la condición insular.
El resultado actual es devastador: el país se ha convertido,
por definición, en un campo de concentración. Ante este escenario, la
intervención del mundo democrático no es solo una opción, sino una necesidad
humanitaria urgente. La situación es comparable a la de los campos de
concentración de la época de Weyler, pero con una población siete veces mayor.
También la duración es siete veces mayor; los prisioneros del castrismo carecen
de los recursos materiales y mentales para liberarse por sí mismos del régimen
de la élite militar de los “barones verde olivo”.
Existe una profunda desconexión y una falta de organización
comunitaria —a diferencia de lo que ocurrió en Rusia y otros países durante las
guerras mundiales y otros conflictos civiles—, lo que agrava la vulnerabilidad
de la población. La historia reciente en la región, como el colapso absoluto
visto en Haití, nos advierte que, cuando la calidad del tejido civil es tan
frágil y la descomposición social es un hecho, se llegan a límites y escenarios
muy extremos y deshumanizantes; hasta el canibalismo se vuelve una opción real.
Mirthica no es analista política ni de nada. Es una
cubana, madre, amiga, empresaria, patriota discreta —tan patriota que puso a
Cuba libre primero que a parte de su familia—, una cubana entera. Una cubana
más de las que esa bella isla ha dado muchas, pero necesita más, muchas más.
Cuánta falta hace que esa Cuba libre que soñamos, que viene,
cuente con miles, con cientos de miles de Mirthicas.