miércoles, 25 de marzo de 2026

Una Morena terrorista

Foto: Infoson

 

Mientras el presidente Donald Trump está entretenido cazando ayatolás, el mundo antinorteamericano sigue girando a su ritmo. China, pacientemente, cuenta cuántos misiles del arsenal norteamericano se gastan a diario mientras cuenta cuántos misiles chinos se producen a diario para rellenar el suyo propio. No solo eso, estudia cada una de las estrategias y tácticas de su rival geopolítico, para cuando le toque el turno.

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Rusia y Corea del Norte, cada uno en lo suyo. Mejor que Trump se entretenga con Teherán a que se fije en ellos. Los de Moscú matando ucranianos, los de Pyongyang fabricando cohetes para matar surcoreanos y matando de hambre a los norcoreanos. Cada quien en lo suyo.

De este lado del charco, La Habana también hace lo que mejor sabe hacer: ganar tiempo y hambrear cubanos. Ahora mismo tiene a varios centenares de mentecatos haciéndoles el juego de victimizarse ante el malvado imperialismo que tiene a los cubanos en la miseria y a oscuras. Centenares de hipócritas que van desde políticos de medio pelo hasta streamers millonarios, vistiendo como nuevos ricos y alabando las virtudes de la miseria socialista mientras transmiten desde un hotel de lujo en un país en ruinas.

Al menos hay que reconocerles a Greta, a Pablo Iglesias o al imbécil de Hasan Piker que son todos consecuentes y abiertos con su imbecilidad e hipocresía. Alaban y apoyan a una dictadura represora y empobrecedora de manera abierta, sin recato, sin remilgos. Increíble, pero cierto.

Es mucho más fácil lidiar con enemigos que te den la cara que con los que te joden desde las sombras o se hacen pasar por aliados mientras te clavan un puñal en la espalda. Pasa tanto en las relaciones personales como en las internacionales. Irán, Rusia, China y Corea del Norte son abiertos enemigos, o rivales geopolíticos, de Estados Unidos y, por ello, existen planes y estrategias para lidiar con ellos llegado el momento. Que estos sean efectivos o realizables, ya es otra historia.

Pero hay otros que no muestran sus cartas abiertamente. Miren a Europa y el tema del estrecho de Ormuz. O a la dictadura cubana, que, siendo una de las cabezas principales de la hiedra antinorteamericana mundial, lleva sesenta y siete años haciéndose pasar por víctima de sus propias víctimas. Y lo han hecho con éxito: miren a Greta, a Iglesias y al millonario comunista Piker paseando con lujos por una Habana en ruinas.

Y entre esos que esconden sus prejuicios o su odio hacia Estados Unidos está México. No es un fenómeno de ahora, viene de su historia. Por el lado de la historia es justificable: los gringos les han dado patadas por el culo cada vez que han podido y cada vez que los mexicanos se las han buscado. La venganza mexicana ha sido meter a treinta millones de paisanos en su vecino del norte hasta convertir México en una plataforma de espías antinorteamericanos desde los tiempos de la Guerra Fría.

Más ahora, con la autocracia que se empezó a construir desde meses antes de la coronación de Andrés Manuel López Obrador, en 2018. Desde entonces se evidenció su colaboración con la dictadura cubana, abriéndole su país para que todo tipo de personas ingresaran y avanzaran hacia el norte para entrar ilegalmente en Estados Unidos. Una invasión de nuevo tipo, en la que, en vez de soldados, la ofensiva se hace con migrantes.

Una invasión que, como toda invasión, se ejecuta con la intención de dañar a tu enemigo. Millones de personas entraron a Estados Unidos de manera irregular, sin controles seguros. Obviando el peligro que representa esto para la seguridad nacional y la posibilidad de que entre esos millones se colaran células terroristas o de desestabilización, esa oleada masiva significó la sobrecarga de los servicios de inmigración y de asistencia social. Millones de migrantes que les costaron, y les cuestan, miles de millones de dólares a los contribuyentes.

Una invasión, una agresión, incentivada y permitida por el gobierno mexicano, aprovechándose de la debilidad de la administración de Joe Biden. Invasión que incluyó a más de un millón de cubanos salidos de Cuba con la complacencia de la dictadura y la complicidad de México y de los dictadores de Nicaragua. Una operación conjunta de agresión bajo las narices seniles de Biden.

El flujo de personas a través de México no fue una obra altruista de AMLO con los migrantes, aunque eso decía él. Los migrantes fueron extorsionados por los cárteles del narcotráfico desde su entrada a México. Extorsionados unos, secuestrados otros y asesinados muchos. Los cárteles, y sus cómplices en el gobierno, ganaron miles de millones de dólares en el proceso.

No solo migrantes mandaban en dirección a Estados Unidos. La política de “abrazos, no balazos” de AMLO hacia los cárteles les dejó libre el camino para que inundaran de cocaína y fentanilo a las ciudades y los campos de Estados Unidos. Cien mil muertos al año por sobredosis, luego dicen que eso no es una agresión.

Los “abrazos, no balazos” les permitieron no solo diversificar sus actividades criminales más allá de la elaboración, tráfico y distribución de narcóticos. Ahora controlan elecciones, ponen y quitan políticos, desde el nivel municipal hasta el legislativo y el gobierno federal. Han penetrado las cámaras empresariales que antes fungían como contrapeso del sector privado ante los excesos del gobierno. Ahora son afines.

AMLO y Claudia Sheinbaum lograron que su movimiento político, conocido como Morena, cooptara a todo el Estado mexicano. Dominan y controlan tanto el ejecutivo como el legislativo y, desde hace unos meses, el judicial. Diluyeron una democracia e instauraron la autocracia. Todo esto bajo acusaciones concretas y evidentes de una corrupción rampante como nunca antes y una colusión manifiesta con el crimen organizado.

La administración de Trump ha estado ocupada capturando a Maduro, controlando Venezuela, amenazando a la dictadura cubana, peleándose con los europeos y destripando ayatolás. México no ha sido su prioridad, pero, por su importancia, tampoco ha sido olvidado.

Estados Unidos y México comparten una frontera de casi dos mil millas; en Estados Unidos viven casi cuarenta millones de personas de origen mexicano; desde 2023, México es el principal socio comercial de Estados Unidos, y recibe los beneficios un tratado de libre comercio. Es tan importante que, por muy ocupado que estén Trump y su gente, no pueden dejar de prestar atención a los asuntos de México.

Y es que el “abrazos, no balazos” de AMLO significó que los abrazos eran para los cárteles y los balazos para los ciudadanos. Doscientos mil asesinados entre 2018 y 2024. En Hiroshima murieron ciento cuarenta mil. Y, en esa abrazadera, los cárteles se fundieron con la política y los políticos, sobre todo los de Morena.

Claudia Sheinbaum se ha visto obligada, por Trump, a dejar a un lado los “abrazos” y echar balazos para controlar, en lo que se pueda, la escabechina nacional y el narcotráfico. Ha atrapado y extraditado a decenas de capos y sicarios, pero no ha tocado, ni con el pétalo de una flor, a ningún político acusado de colusión con el crimen organizado.

Ni uno solo, no importa cuántas listas les hayan entregado Marco Rubio, Kash Patel y cuantos funcionarios gringos visiten el Palacio Nacional. Ni uno. Quizás por eso Reporte Krame ha recomendado que se designe a Morena como organización terrorista, porque el hacerlo sale más “barato que procesar narcos”.

Morena hoy en día controla toda la vida política en México, reparte miles de millones de pesos en programas clientelares, como hacía Chávez en Venezuela, ha corrompido con actividades económicas a sus fuerzas armadas, tal como hace la dictadura cubana y, en el plano internacional, siempre actúa a favor de los enemigos de Estados Unidos.

México no actúa como aliado de Estados Unidos. Más bien lo contrario. No solo en el tema migratorio, controlado desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, ni tampoco en el del tráfico de drogas. El gobierno de AMLO, y ahora el de Sheinbaum, siempre actúa del lado de los enemigos de Estados Unidos.

Su apoyo y complicidad con la dictadura cubana es muestra de ello. Cuando no pudieron seguirles regalando combustible robado a los mexicanos, empezaron a enviar “ayuda solidaria” a la dictadura, no a los cubanos. AMLO, el mismo que se robó la ayuda para las víctimas del terremoto de 2017, salió el otro día a pedir dinero para ayudar a los cubanos. Entiéndase por cubanos a los dictadores, no a sus víctimas.

A mí me da igual si los catalogan de organización terrorista o no. Lo que más me jode es que, taimadamente, se dicen amigos de su principal socio comercial mientras ideológicamente están del lado de los malignos. Del lado de los cárteles, de la corrupción, del autoritarismo y, para colmo, de los miserables dictadores cubanos.

Por muy ocupados que estén hoy Trump y Rubio, llegará el momento en que tengan que fijar su atención en su vecino del sur. Como dice la Biblia: “No trames el mal contra tu prójimo, mientras habite seguro a tu lado”. Hoy Estados Unidos no es más seguro teniendo a un vecino que apoya dictaduras y convive con el crimen.

 

Foto: FB

martes, 24 de marzo de 2026

Contaminación del bienestar

 

Foto: Sonora Presente

Durante el gobierno -es un decir- de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que el viejito denominó como Cuarta transformación, a todos los populistas programas sociales que instauró, les enjaretó el nombre de Bienestar.

El Banco del Bienestar, el Gas del Bienestar, la Farmacia del Bienestar y así sucesivamente. Todo una mierda, nada de eso funcionó y en eso se despilfarraron miles de millones de pesos.

También despilfarró billones de pesos en cancelar un moderno aeropuerto en construcción, construir otro al que nadie vuela, destrozar la selva de Yucatán para poner un tren en el que nadie viaja y se descarrila a cada rato y construir una refinería sobre un prístino manglar, en un país en el que las refinerías ya instaladas funcionan a menos de un cincuenta por ciento de su capacidad.

Esa refinería, conocida como Dos Bocas, costó tres veces más de lo presupuestado, su construcción se demoró más del doble de lo planificado y apenas hace poco empezó a refinar combustible. No solo a refinarlo sino también a derramarlo al medio ambiente, a contaminar manglares, playas y al océano. 

Y esto último lleva pasando semanas sin que ninguna autoridad mexicana actúe como le corresponde. Al contrario, lo niegan.

Por supuesto, Claudia Sheinbaum, fiel a su maestro, niega que haya derrames. Rocío Nahle, la gobernadora del estado de Veracruz, ha dicho que los derrames son por causas naturales, por generación espontánea.

Ah, Rocío Nahle era la secretaria de Energía de AMLO y la responsable de construir la refinería que hoy derrama combustible a los manglares, a las playas y al océano. La señora salió del proyecto en calidad de millonaria y con el regalo de una gubernatura en un estado en el que ni siquiera vivía.

Transformación de cuarta, diría yo.

Mientras, el petróleo del Bienestar sigue contaminando a nuestro planeta.


Foto: La Opinión de México

lunes, 23 de marzo de 2026

La caravana de los hipócritas

 

Foto: CiberCuba

Este fin de semana, La Habana se ha convertido en una cloaca. Bueno, una cloaca ya lo era antes de este fin de semana, pero antes de este fin de semana era una cloaca séptica, gracias a —o más bien por culpa de— la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba.

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Antes de este fin de semana La Habana ya era una cloaca hedionda, llena de lomas de basura pestilente e infecta, a oscuras, sin agua potable, con las alcantarillas rebosantes y desbordantes de fétidas y coloridas aguas albañales.

Antes de este fin de semana, por sus calles no circulaban autos, autobuses o ambulancias, solo deambulaban personas famélicas y las recorrían, por supuesto, patrullas de policía y camiones de represores que, más que “avispas negras”, tienen el alma negra.

Pero este fin de semana La Habana se convirtió en otro tipo de cloaca. Si la cloaca que les acabo de describir puede convertirse en algo limpio y próspero muy rápidamente cuando Cuba se libere de esa panda de ineptos y asesinos que la desgobiernan, la otra cloaca, la que este fin de semana se apareció en La Habana, es y será mucho más difícil de sanear.

Este fin de semana se apareció en La Habana una pandilla de lo más bajo, hipócrita y sinvergüenza de lo que se autodenomina izquierda mundial. Se dicen caravana por las Américas, o algo así.

La dictadura, que tiene a toda Cuba a oscuras, prendió todas las luces del Palacio de las Convenciones, aire acondicionado incluido, para recibir y regodearse con estos secuaces. Seiscientas cincuenta personas, es un decir, provenientes de treinta y tres países. Aviones, autobuses a su disposición, para recibir una supuesta ayuda material y un siempre presente apoyo ideológico.

 

Foto: Noticias Martí
 

Gastaron tanta electricidad que esa misma noche se produjo otro apagón generalizado en la isla, el segundo en una semana. Ingenuos como son, imagino que la dictadura les haya dicho que ese apagón es parte de la experiencia inmersiva del “turismo revolucionario”.

Lástima que no los pasaron por la icónica atracción de tonfa y cárcel. Lástima que Trump y Rubio no dieron la orden, nos hubiéramos ahorrado mucho dinero —pues con un misil bastaba— y tiempo. Estaban todos ahí reunidos.

Por supuesto, a su llegada, los excelsos miembros de la “caravana” fueron "atendidos" por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), del que les he contado en mi libro Se acabó la diversión. Fueron atendidos por ese ICAP que no es otra cosa que otro departamento de la Seguridad del Estado. Cuando esos seiscientos cincuenta imbéciles regresen a sus países, habrán dejado en La Habana seiscientos cincuenta expedientes con información de hasta a qué hora cagaron las langostas con que la dictadura alimentó su imbecilidad cómplice.

¿Quién pagó todo eso?

Al menos sabemos quién pagó los hoteles de lujo en los que estos cómplices se alojaron, las comidas —no digo de lujo, porque en la Cuba de hoy cualquier comida es un lujo— y toda la parafernalia comunista con que los recibieron. Esa la pagaron los cautivos cubanos, la pagaron con lo que la dictadura les roba. Los cubanos comiendo de la basura y durmiendo a oscuras, los cómplices a toda leche, como dicen los españoles. Al cabo, muchos de ellos provienen de ese nuevo país que es la República Socialista de Cataluña, País Vasco, no sé cuántas más, y las Baleares, antes conocida como España.

No podía faltar la mosca cojonera de Pablo Iglesias, que ahora anda infectando y disfrutando a gusto en el nuevo autoritarismo anticapitalista mexicano. De México también le llegó oxígeno fresco a la dictadura: la camarada Sheinbaum anunció que mandaba otro barco. Para eso sirve ahora la Marina de México, para robar combustible y portear ayuda a dictaduras.

Anunció que mandó otro barco con combustible y víveres “destinados a la población cubana”. Así le dicen en México a la dictadura que mantiene a la verdadera población cubana sumida en la miseria y a golpe de represión.

No podían faltar los cómplices a los que la libertad del mundo libre les permite hacer y decir lo que quieran, aunque sea apoyar a una dictadura asesina. Allí, en los butacones donde tanta mierda se ha hablado durante décadas, llegaron a hablar mierda la congresista Rashida Tlaib, el laborista inglés Jeremy Corbyn y hasta un grupo de rap irlandés.

Todo esto mientras las cárceles cubanas están atiborradas de presos políticos. Presos por pedir libertad, por decir “Patria y Vida” y por anhelar una vida digna. El Palacio de las Convenciones atiborrado de ratas cómplices y las cárceles desbordándose de cubanos dignos que solo desean ser libres.

Todo esto le permitió al puesto a dedo Díaz-Contados no solo sonreír, después de varias semanas de estar cagándose de miedo, sino también ponerse en son de gallito y, delante de todos esos cómplices pestilentes, decir que “aquí hay un pueblo que prefiere vivir de pie a morir de rodillas”.

Para los cubanos libres, y también para cualquier ser humano de bien, esas palabras son una bofetada de cinismo y desvergüenza, viniendo nada menos de la cabeza visible de esa dictadura que tiene a los cubanos muriendo de rodillas mientras ellos, los Panzones dictadores, tienen puesta la bota comunista sobre sus cautivos.

La presencia de esos “valientes”, como ellos mismos se autodenominan, le dio pie a este ladino a decir que “esta revolución va a continuar venciendo”. Y tiene razón: con la “solidaridad” cómplice de todos esos “tontos útiles”, con la inconstancia de los cautivos en tomar las calles y la inconstancia de Trump hacia el tema cubano, todo eso hace que la llamada “revolución”, la dictadura, siga venciendo, venciendo a los cubanos de la isla.

 

Foto: ABC
 

Las supuestas y muy secretas —u opacas— negociaciones entre el gobierno de Estados Unidos y miembros de esa camarilla asesina, y la todavía no total pérdida de miedo de los cautivos a tomar las calles —pérdida de miedo que cada día aumenta pero aún no florece—, es lo que permite a Díaz-Contados y su banda hacer estos espectáculos que, aunque grotescos, sirven para lavarles la cara en los medios del mundo y para mostrarles a sus cautivos que aún conservan algo de poder.

Este espectáculo, a mí, no hizo nada más que confirmarme que hay que vencerlos a ellos, vencerlos de manera rotunda, para que, de una vez por todas, cambiemos la muerte que ellos significan y devolvamos la patria a la vida.

Yo no sé usted, pero yo prefiero morir de pie a vivir de rodillas.