miércoles, 8 de abril de 2026

La no reconocida guerra civil en México

 

Foto: Proceso

 

Usted no lo ha escuchado así, de manera clara y directa, pero México hoy en día está viviendo una guerra civil. Y no me crea a mí, que no soy un experto ni nada por el estilo, créales a los hechos, créales a los números y a las estadísticas.

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Los que sí son expertos han determinado tres factores principales que, combinados, dan lugar a que un conflicto pueda ser denominado como una guerra civil. En primer lugar, tiene que haber un “doble poder”, es decir, además del Estado tiene que haber una facción organizada que controle parte del territorio de un país.

En segundo lugar, ese otro poder tiene que tener un instrumento de coacción. Es decir, tiene que tener tropas y armas capaces de enfrentar a las fuerzas armadas del Estado. Y el tercer aspecto es que la violencia debe ser organizada y constante.

Pues bien, si usted lee las noticias, si las ha venido leyendo, y a veces viviendo, como quien les habla, verá que en México, desde 2018, se ha venido gestando una guerra civil. Una guerra civil en modalidad siglo XXI. No es una guerra con frentes de batalla definidos como los de la guerra civil norteamericana o la española.

Los frentes de batalla en esta guerra son maleables, volubles. Un día aparecen en una carretera o en una montaña y, a la noche, reaparecen en una ciudad, un centro comercial o un remoto poblado. Maleables y volubles, pero constantes. Es una guerra en la que hay combates todos los días. Combates con víctimas, a diario.

Por un lado está el Estado mexicano, no solo con sus fuerzas armadas, sino como un todo, con todas sus estructuras. Por otro lado está el crimen organizado, muy diverso, dividido en muchos cárteles y facciones, que unas veces se unen entre sí y las más se matan entre sí. Por muy diversos que sean, todos se unen para actuar contra el Estado las veces en que ese Estado se les enfrenta. Otras veces, ese Estado les colabora.

En medio de estos bandos están los mexicanos. Más de cien millones de mexicanos, gente de bien, gente trabajadora, ingeniosa como nadie, gente buena. Ellos son las víctimas, y miren que hay muchas.

Entre 2018 y 2024, durante la política de “abrazos y no balazos”, es decir, abrazos para los cárteles y balazos para los mexicanos, se produjeron en ese país 200 000 homicidios dolosos. 200 000 asesinatos. Además, se contabilizaron 100 000 desapariciones. Víctimas de los cárteles del crimen organizado.

Entre el 2000 y el 2023, durante la pandemia del virus chino y sus secuelas, se registraron en México 800 000 muertes en exceso. De estas, contabilizadas por el INEGI, el instituto estadístico del Estado mexicano, 511 081 fueron por covid y otras 300 000 por “neumonías atípicas”. Es decir, murieron por covid, pero el Estado se negó a reconocerlo.

Reconocer esta astronómica y vergonzante cifra sería reconocer el fracaso de la actuación del Estado mexicano para enfrentar la pandemia. Andrés Manuel López Obrador, a inicios de la pandemia, dijo que esta le venía como anillo al dedo en su labor de diluir la democracia mexicana. Puso al frente de la pandemia a un inepto lamebotas que desdeñó las vacunas, las medidas de protección y el uso de cubrebocas. 800 000 muertos, 215 000 niños huérfanos, víctimas del Estado mexicano.

Si sumamos los muertos por la violencia de los cárteles y los muertos por la desidia del Estado, esto sin contar muchos otros que mueren por falta de medicamentos, tendremos la triste cantidad de más de un millón de víctimas mortales en un período de seis años.

La guerra de Ucrania lleva hoy cuatro años y se calcula que en ella han muerto entre 400 000 y, exagerando, hasta un millón de muertos, entre militares y civiles. En la larga guerra de Vietnam se calcula que murieron 800 000 vietnamitas y 60 000 estadounidenses. No llega al millón de muertos. En México, donde no se dice abiertamente que hay una guerra, han muerto innecesariamente un millón de personas en seis años. Casi los mismos que murieron durante la Revolución mexicana a principios del siglo XX.

En 2024, Andrés Manuel López Obrador dejó en su puesto a su pupila Claudia Sheinbaum, continuadora fiel de su labor de convertir a México en un país autoritario y aprendiz aplicada de su dogma de negar la realidad. Obligada por las presiones de Donald Trump, la señora ha tenido que medio revertir lo de “abrazos y no balazos” y, aunque la matazón continúa, su ritmo ha disminuido.

Si usted se fija, ahora ya casi no se dan estadísticas de cuántos asesinatos o desapariciones hay diariamente. El gobierno insiste en que los homicidios han disminuido de 87 al día en 2024, cuando AMLO, a 51 en enero de 2026. Qué bueno que así sea, pero aún esa cifra significa que 18 615 mexicanos son asesinados cada año. Ah, y hay 30 000 desaparecidos más.

 


Foto: El Valle

Y muchos de los desaparecidos aparecen; algunos, los pocos, aparecen vivos; la mayoría aparecen muertos, asesinados, muchos descuartizados. No aparecen porque el Estado y las autoridades los estén buscando. Aparecen gracias a los cientos de colectivos de madres que incansablemente buscan a sus hijos en las innumerables fosas clandestinas que afloran por ese gran país.

Madres buscadoras que nunca han sido recibidas por la camarada Claudia, ni fueron recibidas por el resentido AMLO en ese Palacio Nacional donde se le ha dado la bienvenida cuatro veces a la cabeza visible de la genocida Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba. Reciben cuatro veces a un dictador y ni una vez a una madre rota por el dolor de que le descuarticen un hijo.

 

Foto: Mexico News Daily
 
 

Pero volvamos a lo de la guerra civil que nadie reconoce como tal. Tenemos a los cárteles en guerra entre ellos y matando civiles. Tenemos a esos cárteles enfrentándose con el Estado y controlando territorios. Territorios amplios en los que sostienen verdaderos ejércitos con uniformes, armamento de todo tipo, carros blindados y hasta fuerza aérea.

Como en la guerra de Ucrania, los cárteles del crimen organizado se han hecho expertos en el uso de drones artillados. Usan drones con explosivos para bombardear a sus enemigos. Plantan minas antipersonales para proteger sus territorios. Tienen lanzacohetes y rifles calibre .50 con capacidad para derribar helicópteros y deshabilitar vehículos blindados.

Hace unos días, un artefacto explosivo hizo volar por los aires a una camioneta en la que viajaba un importante operador del Cártel de Sinaloa. Se acababa de bajar de un avión que aterrizó en el AIFA, el fallido aeropuerto construido por una rabieta de AMLO. El gobierno ha hecho de todo para no reconocer que fue un atentado terrorista.

Al día de hoy se dan en México las tres condiciones para poder decir que existe una guerra civil, digamos, para usar el lenguaje del Gobierno mexicano, una guerra civil "atípica", como aquellas muertes maquilladas por covid. Esto, ese gobierno nunca lo va a reconocer.

Como tampoco reconocen el informe presentado hace unos días por el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU. En él se determinó que existen “indicios fundados de que en México se han cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas que podrían constituir crímenes de lesa humanidad”. No solo eso, solicitó que el tema fuera llevado a la Asamblea General de la ONU.

Ya imaginará usted la que se formó. La camarada Claudia y su jauría de desinformantes pusieron el grito en el cielo. Descalificaron el informe diciendo que no era de las Naciones Unidas, que era inexacto, injerencista, inaceptable. De todo dijeron, con tal de no aceptarlo, de no reconocerlo. Y eso que el informe lo preparó la ONU.

Y esa es la misma ONU desde donde ahora se denuncia la guerra que vive México y la que es ahora vilipendiada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, la misma ONU a la que ese mismo gobierno, desde hace semanas, ha estado proponiendo que medie y matice la nueva política hostil de la administración de Trump hacia la dictadura cubana. La misma ONU desde donde quieren defender a sus cómplices cubanos, pero en la que México nunca ha movido un dedo para denunciar la agresión rusa contra Ucrania.

Claudia y su clan podrán negar la realidad, pero la realidad ahí está. Los homicidios continúan, el control de partes de su territorio por organizaciones criminales continúa, las desapariciones siguen sin control y la violencia no cede. Qué bueno que el tema llegue a la Asamblea General de la ONU, inútil como es, pero sirve que se denuncie esta guerra civil no reconocida.

Guerra civil en un país que será una de las sedes de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Qué interesante se va a poner. Ojalá la realidad no le explote, literalmente, a Claudia en el país de la fantasía.

 

Foto: Milenio