viernes, 22 de mayo de 2026

Hoteles y drones

 

Foto:SK7
 
 

Uno piensa que la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba es inepta al ver la catástrofe humanitaria en la que han sumido a sus cautivos. Pero mientras más lo reflexiono, más me sale a relucir lo intrínsecamente maligna y despiadada que es. Y no es solo desde que estos Panzones heredaron el manicomio de los hermanos Castro.

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No; como les dije hace unos días, ese fenómeno histórico que se conoce en el mundo como “Revolución cubana” nunca fue más que una asesina y empobrecedora dictadura comunista totalitaria. En las largas décadas en que la isla estuvo bajo las botas de Fidel Castro, el Orador Orate se la pasó hablando y prometiéndoles a sus cautivos “villas y castillas”. Un teatro. Hasta que se le acabaron los subsidios soviéticos.

Desde 1990 hasta hoy, el teatro se fue desmoronando un año tras otro. Los dictadores y sus familiares enriqueciéndose mientras los cautivos o se empobrecían un año tras otro, o tenían que escapar a donde fuera, huyéndole a la pobreza y a la represión. Ningún humano quiere vivir en una isla sin futuro.

Si el Orador Orate fue un bandido que —vergonzosamente para nosotros— murió en su cama muy a gusto, Raúl Castro —el hermano acomplejado— traía fama de ser buen administrador. Incluso, al inicio de su gestión —es un decir— prometió a los niños cubanos que les garantizaría un vaso de leche diario. Prometió lo mismo que había en la antigua Cuba que ellos llegaron a destruir.

Por supuesto que, como en todo lo demás, en vez del vaso de leche prometido, lo que les metió a los cautivos fue más miseria, más hambre y más abandono por ese Estado que, en tiempos de su barbudo hermano, era omnipresente bajo la justificación de que protegía a sus cautivos. Raúl Castro, no. Dejó al Estado con su función totalitaria de reprimir y tener mansos y callados a sus cautivos. Los abandonó, pero también les prohibió trabajar en busca de su propia supervivencia. Si no me cree, mire cuántos policías e inspectores hay en Cuba.

Lo que hizo el “Castro Minimí” fue crear otro Estado. Creó Gaesa, un Estado paralelo que se dedicó de lleno a exprimir a los cautivos de la isla y a esquilmar a los emigrados. En vez de las fábricas, hospitales y escuelas que prometió el Orate —lo he contado en mi libro Se acabó la diversión—, este mequetrefe y su Gaesa se dedicaron a construir hoteles y empresas cuyas utilidades no van a sostener la viabilidad del país. El dinero, robado a los cubanos, va para ellos.

Durante más de veinte años no hicieron ni repararon una carretera, una línea férrea, una termoeléctrica o un acueducto. Y eso no obstante los miles de millones de barriles de combustible que le sacaron a Venezuela. En vez de usar ese dinero y combustible para mejorar la vida y alumbrar a sus cautivos, lo revendían. O los miles de millones de dólares que les dejaban los turistas, los “médicos esclavos” o las remesas de los de acá. Ninguno de esos dólares, pesos, euros o lo que sea fue usado para mantener a los cautivos dentro del mundo civilizado.

No; el dinero es para ellos mientras se quedan afónicos en las tribunas culpando al “bloqueo imperialista”. Incluso viendo el callejón sin salida al que se dirigían —algo evidente desde que se burlaron de Obama y arreciaron su totalitarismo—, continuaron construyendo hoteles. Como nunca ninguno de ellos ha tenido un empleo en algo productivo, no entienden que los turistas del mundo normal no viajan para meterse en un hotel. La gente viaja para conocer un país, para comer sus comidas, beber sus bebidas y conocer su cultura.

En la Cuba de los Barrigones, cualquier turista saca la cabeza de su hotel —después de tomar un mediocre desayuno y escuchar los lamentos personales de la pobre mesera— y se encuentra un país en ruinas: sin transporte, sin electricidad, lleno de mendigos y lomas de basura. El único lado positivo de esto, desde mi punto de vista, es que ese turista será testigo presencial de lo que significa el socialismo para el ser humano.

Les repito: viendo hacia dónde iban, continuaron levantando hoteles y parchando termoeléctricas. En eso sí demuestran lo ineptos que son. Lo maligno asoma en ese robo desalmado de la riqueza de los cautivos. Para ellos, socialismo castrista; para la élite castrista, capitalismo de Estado. Y al que proteste solo le esperan los palos y la cárcel hedionda.

Raúl Castro creó Gaesa, ese Estado ladrón y empobrecedor. La mayoría de los integrantes de la Junta Militar de Barrigones no tiene acceso a los capitales de Gaesa; a esos solo lo tiene la familia y sus más cercanos secuaces. El resto de los Panzones solo es salpicado con boronilla y algunos privilegios. Ellos están para dar la cara, para ser las cabezas visibles del verdadero poder.

Viendo que iban hacia una catástrofe humanitaria, no les importó; mantuvieron el rumbo. Hoteles y empresas para hinchar sus arcas. Dinero que niegan a sus cautivos. Ah, pero eso sí: con ese dinero, dicen por ahí, que desde el 2023 compraron drones artillados a Rusia e Irán. Y si no los pagaron con dinero, los pagaron cediendo terrenos para que instalen bases de espionaje o trafiquen terroristas por todo el hemisferio.

Hoteles y drones en un país que muere de hambre. Malignidad pura y dura.

Yo, la verdad, ya me cansé de escuchar de que si al Castro acomplejado lo encausaron por asesinar a cuatro patriotas hace treinta años, o ver a Trump un día decir que les va a meter mano y al otro decire que negocia, o que si el Nimitz anda cerca o que si el director de la CIA fue a La Habana a no sé qué. Pudo haber ido hasta para buscar Cohibas. Todo un relajo.

Y así parece que esta telenovela continuará. Lo será mientras esos cacerolazos no se conviertan en trancazos. A los valientes que salen a protestar, esos mismos policías e inspectores —igual de hambreados que los que protestan— los reprimen brutalmente. Peor que en los tiempos de Batista, que ellos dicen que fue un tirano. No lo fue, por cierto.

Protestan y reciben trancazos. En los tiempos de mi niñez, para cualquiera de nosotros era una vergüenza “quedarse dao”. Que si te pegaban, tenías que responder. Los represores reprimen en nombre de esa cúpula de dictadores. Defienden a los que mantienen a Cuba y sus cautivos con hambre y sin luz mientras construyen hoteles y compran drones ofensivos.

Les repito: Trump, Rubio, Ratcliffe son americanos y viven en América. Quizás nos hagan un favor, quizás no, y como mucho lleguen a un acomodamiento a la venezolana con algunos de los Panzones. Quizás. Es más, estos titubeos que vemos desde fines de enero pasado han envalentonado a esos dictadores, que en la primera semana de febrero estaban cagándose de miedo.

Ruego por el día —o por la noche— en la que un grupo de cubanos, o muchos, decidan no “quedarse daos”. Los drones que tienen los dictadores no les servirán de nada; y los hoteles de esos dictadores, cuando los vendan, servirán de base para reconstruir una Cuba libre.

 

Foto: Diario Las Américas

miércoles, 20 de mayo de 2026

La China encausada


Hay días en los que uno es más feliz que en otros. Hoy es uno de esos días felices. Ojalá vengan mucho más. 

Un indictment y un Carrier Strike Group llegando, al fin, al Caribe. Nunca viví un mejor 20 de mayo que este de hoy.

Cuba libre, que hermoso se escucha.

Foto: USSouthcom

Con treinta años de retraso

 

Foto: Diario Las Américas
 
 

A la hora en que escribo esto, el Departamento de Justicia de Estados Unidos todavía no hacía efectiva la anunciada acusación federal contra el dictador Raúl Castro. Lo acusan específicamente por haber ordenado el derribo de dos avionetas civiles sobre aguas internacionales el 24 de febrero de 1996.

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Las dos avionetas pertenecían a Hermanos al Rescate, una organización que desde 1991 utilizaba aviones Cessna 337 Skymaster para sobrevolar las aguas del estrecho de la Florida en busca de cubanos que escapaban en embarcaciones precarias del manicomio comunista cubano. Una labor encomiable. Miles de balseros le deben a estos patriotas sus vidas.

Por supuesto que eso encabronó a Fidel Castro, para quien todo lo que oliera a libertad tenía que ser eliminado. Lo primero que hizo fue infiltrar en Hermanos al Rescate a un espía deleznable. Se llamaba Juan Pablo Roque, quien escapó de regreso a Cuba unos días antes del derribo de los aviones. Antes del escape le robó todo a su esposa Ana Margarita, con quien se había casado legalmente el Día de los Inocentes de 1995. Un gran hijo de p... Como buen comunista e hijo de p…, Netflix le dedicó una película a él y al resto de sus compinches. Por eso no veo Netflix.

 

Foto: Martí Noticias

Les he contado que recuerdo exactamente dónde estaba aquel 24 de febrero, hace treinta años, cuando me enteré del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate. Estaba en Sevilla; la noticia de que cuatro civiles que volaban en avionetas turbohélice desarmadas fueron asesinados por dos cazabombarderos supersónicos de la fuerza aérea del régimen cubano me marcó de por vida. La dictadura asesinando.

Y es que asesinando llegaron ellos a hacerse de los destinos de Cuba desde el 1 de enero de 1959. Incluso desde antes: ejecutaron a muchos campesinos que no simpatizaban con su ideología, asesinaron a civiles con bombas terroristas, asesinaron a pasajeros de aviones civiles secuestrados y asesinaron a miembros del gobierno que querían derrocar.

Luego, desde el 1 de enero de ese 1959, cuando Fidel Castro mandó a Ernesto Guevara a La Habana, el argentino tiñó los muros de la fortaleza de la Cabaña con la sangre de cientos de cubanos libres. En Santiago de Cuba, Raúl Castro —el hermano acomplejado— no quiso quedarse atrás y, a falta de muros, llenó de cubanos fusilados varias fosas comunes.

Y continuaron asesinando en pelotones de fusilamiento, en las cárceles y presidios. Asesinaron en tierras extranjeras a civiles inocentes, en guerras inútiles de esos dos hermanos Castro que se sentían generales. Asesinaron a familias con niños, hundiendo remolcadores y barcos desarmados. Asesinaron hasta a sus propios cómplices para mantenerlos callados. Castro y sangre son sinónimos. Castro y muerte, también.

Decenas de miles de cubanos asesinados por esos Castro. Más de mil presos políticos languideciendo hoy en las mazmorras de la dictadura. Ninguno de ellos tendrá justicia en la acusación federal del Departamento de Justicia. Esta acusación solo busca justicia para cuatro patriotas asesinados a mansalva sobre aguas internacionales. Estados Unidos defiende a sus ciudadanos.

Ayer Donald Trump salió con otra de esas de las que suelta a cada rato. Dijo que quería ayudar a Cuba —lo ha dicho antes—. Pero ayer dijo que quiere ayudar a Cuba con el régimen o sin él. Del carajo. Todo pinta que tendremos una Venezuela 2.0. Harán escapar o, si nos va bien, capturarán al harapo humano que es Raúl Castro hoy y dejarán a un equivalente a Delcy administrando el tinglado mientras los puertos de Cuba se inundan de verdadera ayuda humanitaria.

Un desenlace feo, pero sería el menos malo de los posibles. Para los cautivos de la isla cualquier cosa es mejor que la catástrofe humanitaria en la que sobreviven hoy.

Como dijo alguna vez Guillermo García, uno de los más vividores de la cúpula de la dictadura: “A tiros llegamos y a tiros hay que sacarnos”. Evidentemente, el vividor tenía razón. Lástima que hoy, 20 de mayo, aniversario 124 del nacimiento de la república de Cuba libre, no estemos los cubanos barriéndolos a tiros. Solo tenemos una acusación federal hacia un tirano nonagenario, acusado de un crimen que ocurrió hace treinta años; que paradójicamente ocurrió un 24 de febrero, aniversario 101 de la fecha en que los cubanos tomaron las armas para ganarse su libertad definitiva.

En aquella ocasión —aquella guerra de independencia iniciada el 24 de febrero de 1895—, el valor de los cubanos no resultó suficiente para ganarle al ejército de España. Tuvieron que ser ayudados por el de Estados Unidos. En esta ocasión, en 2026, Estados Unidos nos vuelve a ayudar, con treinta años de retraso y sin cubanos libres con las armas en la mano sacando dictadores. Estoy muy orgulloso de ser cubano, pero les confieso: en ocasiones como esta, siento un poco de vergüenza.

 

Foto: Periódico Cubano