Foto:SK7
Uno piensa que la Junta Militar
de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba es inepta al ver la
catástrofe humanitaria en la que han sumido a sus cautivos. Pero mientras más
lo reflexiono, más me sale a relucir lo intrínsecamente maligna y despiadada
que es. Y no es solo desde que estos Panzones heredaron el manicomio de los
hermanos Castro.
📺 Si no me quiere leer,
véame, pero es peor. → Ver el video aquí
No; como les dije hace unos días,
ese fenómeno histórico que se conoce en el mundo como “Revolución cubana” nunca
fue más que una asesina y empobrecedora dictadura comunista totalitaria. En las
largas décadas en que la isla estuvo bajo las botas de Fidel Castro, el Orador
Orate se la pasó hablando y prometiéndoles a sus cautivos “villas y castillas”.
Un teatro. Hasta que se le acabaron los subsidios soviéticos.
Desde 1990 hasta hoy, el teatro
se fue desmoronando un año tras otro. Los dictadores y sus familiares
enriqueciéndose mientras los cautivos o se empobrecían un año tras otro, o
tenían que escapar a donde fuera, huyéndole a la pobreza y a la represión.
Ningún humano quiere vivir en una isla sin futuro.
Si el Orador Orate fue un bandido
que —vergonzosamente para nosotros— murió en su cama muy a gusto, Raúl Castro
—el hermano acomplejado— traía fama de ser buen administrador. Incluso, al
inicio de su gestión —es un decir— prometió a los niños cubanos que les
garantizaría un vaso de leche diario. Prometió lo mismo que había en la antigua
Cuba que ellos llegaron a destruir.
Por supuesto que, como en todo lo
demás, en vez del vaso de leche prometido, lo que les metió a los cautivos fue
más miseria, más hambre y más abandono por ese Estado que, en tiempos de su
barbudo hermano, era omnipresente bajo la justificación de que protegía a sus
cautivos. Raúl Castro, no. Dejó al Estado con su función totalitaria de
reprimir y tener mansos y callados a sus cautivos. Los abandonó, pero también
les prohibió trabajar en busca de su propia supervivencia. Si no me cree, mire
cuántos policías e inspectores hay en Cuba.
Lo que hizo el “Castro Minimí”
fue crear otro Estado. Creó Gaesa, un Estado paralelo que se dedicó de lleno a
exprimir a los cautivos de la isla y a esquilmar a los emigrados. En vez de las
fábricas, hospitales y escuelas que prometió el Orate —lo he contado en mi
libro Se acabó la diversión—, este mequetrefe y su Gaesa se dedicaron a
construir hoteles y empresas cuyas utilidades no van a sostener la viabilidad
del país. El dinero, robado a los cubanos, va para ellos.
Durante más de veinte años no
hicieron ni repararon una carretera, una línea férrea, una termoeléctrica o un
acueducto. Y eso no obstante los miles de millones de barriles de combustible
que le sacaron a Venezuela. En vez de usar ese dinero y combustible para
mejorar la vida y alumbrar a sus cautivos, lo revendían. O los miles de
millones de dólares que les dejaban los turistas, los “médicos esclavos” o las
remesas de los de acá. Ninguno de esos dólares, pesos, euros o lo que sea fue
usado para mantener a los cautivos dentro del mundo civilizado.
No; el dinero es para ellos
mientras se quedan afónicos en las tribunas culpando al “bloqueo imperialista”.
Incluso viendo el callejón sin salida al que se dirigían —algo evidente desde
que se burlaron de Obama y arreciaron su totalitarismo—, continuaron
construyendo hoteles. Como nunca ninguno de ellos ha tenido un empleo en algo
productivo, no entienden que los turistas del mundo normal no viajan para
meterse en un hotel. La gente viaja para conocer un país, para comer sus
comidas, beber sus bebidas y conocer su cultura.
En la Cuba de los Barrigones,
cualquier turista saca la cabeza de su hotel —después de tomar un mediocre
desayuno y escuchar los lamentos personales de la pobre mesera— y se encuentra
un país en ruinas: sin transporte, sin electricidad, lleno de mendigos y lomas
de basura. El único lado positivo de esto, desde mi punto de vista, es que ese
turista será testigo presencial de lo que significa el socialismo para el ser
humano.
Les repito: viendo hacia dónde
iban, continuaron levantando hoteles y parchando termoeléctricas. En eso sí
demuestran lo ineptos que son. Lo maligno asoma en ese robo desalmado de la
riqueza de los cautivos. Para ellos, socialismo castrista; para la élite
castrista, capitalismo de Estado. Y al que proteste solo le esperan los palos y
la cárcel hedionda.
Raúl Castro creó Gaesa, ese
Estado ladrón y empobrecedor. La mayoría de los integrantes de la Junta Militar
de Barrigones no tiene acceso a los capitales de Gaesa; a esos solo lo tiene la
familia y sus más cercanos secuaces. El resto de los Panzones solo es salpicado
con boronilla y algunos privilegios. Ellos están para dar la cara, para ser las
cabezas visibles del verdadero poder.
Viendo que iban hacia una
catástrofe humanitaria, no les importó; mantuvieron el rumbo. Hoteles y
empresas para hinchar sus arcas. Dinero que niegan a sus cautivos. Ah, pero eso
sí: con ese dinero, dicen por ahí, que desde el 2023 compraron drones artillados
a Rusia e Irán. Y si no los pagaron con dinero, los pagaron cediendo terrenos
para que instalen bases de espionaje o trafiquen terroristas por todo el
hemisferio.
Hoteles y drones en un país que
muere de hambre. Malignidad pura y dura.
Yo, la verdad, ya me cansé de
escuchar de que si al Castro acomplejado lo encausaron por asesinar a cuatro
patriotas hace treinta años, o ver a Trump un día decir que les va a meter mano
y al otro decire que negocia, o que si el Nimitz anda cerca o que si el
director de la CIA fue a La Habana a no sé qué. Pudo haber ido hasta para
buscar Cohibas. Todo un relajo.
Y así parece que esta telenovela
continuará. Lo será mientras esos cacerolazos no se conviertan en trancazos. A
los valientes que salen a protestar, esos mismos policías e inspectores —igual
de hambreados que los que protestan— los reprimen brutalmente. Peor que en los
tiempos de Batista, que ellos dicen que fue un tirano. No lo fue, por cierto.
Protestan y reciben trancazos. En
los tiempos de mi niñez, para cualquiera de nosotros era una vergüenza “quedarse
dao”. Que si te pegaban, tenías que responder. Los represores reprimen en
nombre de esa cúpula de dictadores. Defienden a los que mantienen a Cuba y sus
cautivos con hambre y sin luz mientras construyen hoteles y compran drones
ofensivos.
Les repito: Trump, Rubio,
Ratcliffe son americanos y viven en América. Quizás nos hagan un favor, quizás
no, y como mucho lleguen a un acomodamiento a la venezolana con algunos de los
Panzones. Quizás. Es más, estos titubeos que vemos desde fines de enero pasado
han envalentonado a esos dictadores, que en la primera semana de febrero
estaban cagándose de miedo.
Ruego por el día —o por la noche—
en la que un grupo de cubanos, o muchos, decidan no “quedarse daos”. Los drones
que tienen los dictadores no les servirán de nada; y los hoteles de esos
dictadores, cuando los vendan, servirán de base para reconstruir una Cuba
libre.
Foto: Diario Las Américas