domingo, 27 de septiembre de 2026

Los cubanos mueren mientras ellos negocian

 

Foto:CiberCuba
 

Dice Trump que su administración negocia con alguien dentro de la Junta Militar de Barrigones Ladrones y Asesinos. Dice también que van por buen camino y que no tendrá que usar la opción militar para cambiar a Cuba.

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Mientras dice esto, millones de cubanos languidecen a oscuras, con hambre, sin medicinas, sin servicios públicos, reprimidos, asustados ante los cada vez más comunes asaltos y asesinatos. Flacos, tristes, abandonados.

Mientras dice esto, la cúpula de esa Junta Militar sigue hablando sandeces, haciendo como que gobierna y comprando propiedades en el extranjero mientras reparten entre sus secuaces las pocas que quedan en la isla.

Siguen apretando, además, el cepo represor. Los vehículos de sus esbirros se mueven con gasolina norteamericana. Es porque negocian.

Unos mueren, otros ganan tiempo, otros negocian, otros se enriquecen.

Ya me conocen: los decentes no negociamos con bestias, con asesinos. Cuba va a ser libre desde la decencia, sin manchas. Sesenta y siete años de maldad no se olvidan; no podemos dejar que se olviden.

¿Negociar? Nada: no se negocia ni el castigo que merecen.

No se negocia con genocidas.

Y, sin embargo, Trump dice que él sí negocia.

Les repito: la solución a la catástrofe humanitaria cubana —la solución real, limpia y efectiva— está solo en manos de los cubanos de la isla. Llevamos ocho meses pendientes de lo que hagan Trump o Rubio mientras los cautivos de la isla siguen muriendo unos y sobreviviendo otros en esa Edad de Piedra "creativa".

He repetido hasta el cansancio que esa dictadura es experta en ganar tiempo, y nos lo ha demostrado una vez más. Ojalá me equivoque, pero si lo que sale de esa negociación es un acuerdo entre esos asesinos y la administración Trump, olvidémonos de esa república libre que todos hemos soñado.

Estamos solos, hermanos míos. Estamos solos los que no hacemos otra cosa que trabajar y abogar por una Cuba libre, próspera y feliz, a la que ahora añado: limpia.

Si nos atenemos a los hechos, esta negociación que nos anuncia Trump puede terminar en una alianza entre los dictadores asesinos y corruptos con una administración norteamericana cuyo compás moral ha demostrado estar seriamente dañado.

Todo indica —los hechos indican— que nos puede suceder lo mismo que en 1898, cuando Estados Unidos dejó fuera de su negociación con España al Ejército Libertador. Después de más de tres años de lucha a muerte en los campos de Cuba y de labor intensa del exilio en el norte, los cubanos no fueron tomados en cuenta luego de la derrota de la obtusa España.

Ciento veintiocho años después, todo indica que nos va a suceder lo mismo. Lo mismo, pero multiplicado por mil. En 1898 había más de cincuenta mil mambises dando todo por la independencia de Cuba y existía un exilio efectivo que sabía manejar los resortes del poder en Washington D. C. y de la prensa en Nueva York.

En 2026, los cubanos no tenemos ni un solo mambí en los montes —hoy improductivos— de la isla. La dictadura ha sabido llenar sus cárceles con los patriotas a los que les teme y, desde este exilio, hemos demostrado que no somos efectivos.

Unos de figurines, reuniéndose con políticos para tomarse una foto; otros creando partidos políticos para Instagram y TikTok; varios repartiéndose la república que aún no nace —y que, por lo que veo, puede que nunca lo haga—; algunos despedazándose entre ellos por dinero, por envidia, por chismosos o simplemente por malas personas. O por todas esas mezquindades juntas.

Ocho meses han pasado desde que aquella Orden Ejecutiva nos dio esperanzas. Ocho meses de existencia miserable de los cautivos de la isla y de entretenimiento inútil del exilio cubano.

Tan solo el hecho de que los represores al servicio de la dictadura se muevan con combustible enviado desde el sur de la Florida debería avergonzarnos a todos, indignarnos a todos. En nuestras propias narices Estados Unidos es hoy el principal sostén de ese régimen asesino.

Si este exilio ni eso puede impedir, mucho menos podrá impedir que Trump negocie con los mismos que hoy tienen a Cuba sumida en la barbarie y en la opresión. Con los que ahora mismo se están repartiendo lo que queda del país, preparándose para cuando se cierre el trato.

Y no es culpa de Trump. Trump no es cubano ni es presidente de Cuba: lo es de Estados Unidos. Su marco moral es cosa aparte, pero fue electo no para liberar a los cubanos de un problema en el que ellos mismos se metieron, graciosamente, hace casi ya sesenta y ocho años.

Fue electo para buscar lo mejor para Estados Unidos; para eso fue electo. Que lo haya hecho es cosa aparte. A diferencia de la Junta Militar cubana, cualquier inconformidad con su labor puede ser reflejada en una boleta electoral y colorín colorado, asunto solucionado.

Dice Trump que negocia con esa dictadura. Si en realidad lo está haciendo —que no lo dudo—, lo hace en las sombras, lejos de la vista y la opinión de los ocho millones de cautivos que secuestra la dictadura en nuestra bella isla y de los dos millones de cubanos que desde la libertad anhelamos la libertad de Cuba.

Siempre he dicho que la política es un asco. En esta ocasión, si es para que de esa negociación surja una Cuba prostituida —si es que lo puede ser más de lo que ya ha sido—, al asco se le sumará la vergüenza y la humillación.

Desde 1959, Fidel Castro y su pandilla convirtieron a los ciudadanos de la República de Cuba en animales de una granja. De la granja en que convirtió a un país próspero y libre en el que funcionaban instituciones. Yo nací en esa granja, de la que tuve que escapar hace treinta años.

Hoy todo indica que, de estas mentadas negociaciones, puede ser que la granja cambie de dueño, pero no de mayorales. Los cubanos —los de la isla— quizás podrán volver a tener más horas de luz que de apagones, quizás tendrán un pan masticable una vez al día y algún autobús atestado que los lleve de un lado a otro.

República no tendrán. En 1902, la República de Cuba nació gracias al machete mambí y a la decencia de una administración norteamericana. Hoy no tenemos ni lo uno ni lo otro. Hoy no somos ni testigos de esa oscura negociación entre una mafia de asesinos y un negociante electo presidente.

A veces pierdo el ánimo, pero nunca he sido de los que dan la espalda —ganas dan, les confieso—. Sea lo que sea que salga de esa componenda, nos tendrá aquí, insistiendo, hasta que nuestra Cuba vuelva a la libertad. A una libertad limpia y decente, de todos los cubanos, sin dictadores reciclados ni capitales rapaces.

Una Cuba libre, decente, feliz y próspera, de todos los cubanos. A ver si lo logramos, y a ver si no nos la dejamos arrebatar una vez más.

 

Foto: Havana Times

sábado, 26 de septiembre de 2026

La "toma humanitaria" por la que tanto abogo

Foto: Defense Logistics Agency
 

Finalmente, las fichas se mueven en la dirección correcta. Llevo meses desgañitándome por una toma humanitaria de Cuba. Según CBS, un mensaje interno del Ejército de Estados Unidos ordena recabar información sobre seis tipos de formaciones para ponerlas bajo las ordenes del Comando Sur de Estados Unidos.

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Seis formaciones que sirven para dotar de apoyo logístico y ejecutivo a una fuerza de ocupación. Todas, y en especial dos de ellas, son imprescindibles para la toma humanitaria de la isla de Cuba. 

Una brigada médica de emergencia, para atender a las tropas expedicionarias, pero que sirve también para casos urgentes de la población civil, y, muy importante, una brigada de policía militar para garantizar la seguridad pública.

Como he venido repitiendo en estas páginas y en múltiples medios, eliminar física u operativamente a la Junta Militar de Barrigones no requerirá de mucho esfuerzo por el lado bélico. Esos corruptos Panzones son pan comido para los chicos de la 101.ª División Aerotransportada.

El gran reto es el minuto después.

Cuba es hoy un país colapsado. Toda su infraestructura —desde la eléctrica, los acueductos, alcantarillados, carreteras hasta los hospitales, escuelas y viviendas— está en ruinas. Cualquier fuerza de ocupación no podrá utilizar en un primer momento nada de esas instalaciones destruidas por la desidia y la maldad del castrismo.

Para eso requieren de los batallones de apoyo al combate, ingenieros, especialistas en operaciones logísticas en gran escala, suministro estable de combustibles, alimentos y otros avituallamientos. 

No solo es una isla en colapso. Las adicciones a los narcóticos y al alcohol se han expandido entre los cubanos, el respeto a la propiedad individual se ha diluido junto al retroceso de la vida civilizada. Por ello es que CBS dice que se solicitó la disponibilidad de una brigada médica y una de policía militar.

 

Foto: Instagram

Ojalá CBS no se equivoque, y que esto sea, ahora sí, una señal de que algo se mueve en serio.

Pero, aunque se equivocara, que ojalá que no, me dio esperanza que ayer Tommy Pigott, portavoz del Departamento de Estado, dijera algo que he dicho aquí y en todos los lugares posibles. Dijo que lo que busca la administración Trump es “una Cuba donde los cubanos puedan ser libres, felices y prósperos”.

Coño, yo no creo que Pigott, mucho menos Rubio, lean este blog, o escuchen a este cubano de a pie, pero si eso es lo que desea Washington D. C. para los cubanos, es lo mismo que deseo yo, que deseamos millones de cubanos, tanto libres como cautivos.

No solo es un deseo, es mi sueño. 

Una Cuba libre, próspera y feliz, reconstruida por todos, sin egos ni protagonismos, solo trabajo organizado, constante y efectivo.

Una Cuba libre, próspera y feliz, qué bonito suena. 

Qué hermoso sueño.


Foto: USAASC

jueves, 24 de septiembre de 2026

Presentando un libro en París, letras e ideas cuando lo que quiero es un machete

 


 

Llevo dos semanas en París, o con París en mí, da igual, y cada día que pasa comprendo más lo que debe de haber sentido nuestro José Martí, siendo muy joven, durante su estancia en esta ciudad, en este país. No digo, mucho menos insinúo, que me comparo con quien no tiene comparación con nadie. 

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Digo que cada día que pasa comprendo las bocanadas de libertad que nuestro Apóstol sintió en su aliento mientras andaba por las calles de esta extraordinaria ciudad. Mucho más si la comparamos con el opresivo ambiente, por entonces, de La Habana o Madrid.

Hoy La Habana sigue siendo opresiva y oprimida, además de destruida, Madrid vive una libertad coaccionada por el wokismo y, sin bien no está destruida, está más sucia, mucho más, que hace treinta años. La Habana, París, Madrid, tres ciudades por las que nuestro Martí no paró de soñar y trabajar por la libertad de su isla amada, de su Cuba libre.

En una escala diminuta, quiero pensar, sigo los pasos del más grande de los cubanos. Si bien mis esfuerzos y resultados son microscópicos ante lo logrado por ese niño de la calle Paula, mi sueño y mi empeño por lograr ver a nuestra Cuba libre de nuevo me inunda el alma y me convierte en incansable.

Martí caminó París hace poco más de un siglo y medio. Cuba libre era solo un sueño luchado en los montes de la isla por unos valientes en harapos. Hoy la camino yo, con ese mismo sueño de recuperar la libertad de mi Cuba ahora en harapos. Martí nunca vio su sueño convertido en república, yo nunca conocí esa república que el concibió y por la que dio su vida.

Martí no tiene comparación con nadie, pero su vida nos hermana a todos los que deseamos y buscamos regresar la libertad arrancada a nuestros padres y abuelos. No le llegamos ni al tacón de sus gastados zapatos, somos hormigas ante su grandeza, pero sí nos igualamos en esa pasión perpetua de ver a nuestra isla amada libre otra vez, libre, próspera y feliz.

Quien esto les comparte, limitado como es, lo más que puede hacer en París es presentar un libro que devela como una pandilla de bandidos destruyó un país libre y próspero y lo convirtió en un campo de concentración vil, tenebroso y miserable. Eso, y denunciar a todo pulmón a la banda de ineptos y corruptos que hoy administran el exterminio de mis hermanos de la isla.

El 29 de septiembre, el próximo martes, presentaré Se acabó la diversión en la Maison de l´Amerique latine aquí en París. Me acompañará Zoé Valdés, "escritora y soldado de la libertad", en una conversación moderada por Daniel Verdú de El País. Hace bien en moderarnos.

Si usted anda por esta bella ciudad, acérquese; hablar y trabajar por Cuba libre es una de las más sublimes formas por las que los hijos de esa isla hoy triste pueden regresarle el amor que tanto necesita. 

Luego, si logro animarlo, acompáñenos a homenajear con respeto y cariño a ese niño de la calle Paula al que esta ciudad, esta república, homenajeó con un hermoso busto en la Square de l´Amerique latine. Martí merece más que un busto, pero, más que una escultura, el mejor homenaje que podemos hacerle es no dejar de trabajar por lograr esa Cuba libre por la que vivió y murió.

Cada uno de nosotros haciendo lo mejor que pueda hacer. Somos muchos y ellos, los tiranos, cada día son menos. Cada día son más cobardes, pero también, cada día son más malignos.

Nos vemos el martes, por Cuba libre, la de nuestro Martí.