Foto: CiberCuba
Ayer estaba en medio del tráfico y mataba el estrés
surfeando entre estaciones de radio. En medio de esa bobería, tropecé con una
voz conocida. Una voz cetrina, lánguida, desagradable. No solo desagradable en
su tono, sino más aún en su contenido.
📺 Si no me quiere leer,
véame, pero es peor. → Ver el video aquí
Tropecé con una emisora que transmitía una entrevista,
supuestamente en vivo, con la cabeza más visible de la Junta Militar de
Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba. En ese instante, eran las
10:20 de la mañana, recordé que sí, que yo había leído más temprano esa mañana
que este inútil iba a hacer unas declaraciones supuestamente importantes.
Yo estaba en medio del tráfico, sin mucho más que hacer que
tener paciencia con el lento avance de los vehículos, y dejé el dial en esa
estación para escuchar lo que decía el idiota.
Uno esperaría que el presidente “puesto a dedo” de lo que
queda de Cuba dijera algo trascendental ante el callejón sin salida en que está
su carcomida dictadura.
Su régimen lleva sesenta y siete años destruyendo la
prosperidad de la isla. Rectifico: la prosperidad la destruyeron en tan solo
dos años y medio, entre 1960 y 1962, como les cuento en mi libro Se acabó la diversión.
A partir de ahí, su improductivo régimen lleva sesenta y
cinco años sobreviviendo como parásito a costa de otros países. Primero fueron
treinta años chupándoles hasta el último rublo a la Unión Soviética. Cuando la
dejaron seca y hasta desaparecida, sobrevivieron en la miseria del llamado “período
especial” hasta que encontraron un nuevo maná en la Venezuela de Hugo Chávez.
Ni para qué contarles cómo destruyeron también ese país en
menos de veinticinco años. Llenaron Venezuela de espías, esbirros y médicos
cubanos a cambio de hidrocarburos que contrabandeaban, mientras los cubanos
sobrevivían entre apagón y apagón.
El 3 de enero pasado, la gente de Donald Trump extrajo a
Maduro y a su mujer y convirtió a lo que queda de Venezuela en un virreinato,
dócil y servil, de Estados Unidos. Un virreinato lleno de hijos de puta y
asesinos, pero —lo importante— dócil y servil a Estados Unidos.
Efecto colateral de esto fue el hecho de que a los
dictadores de La Habana se les acabó la diversión de estar explotando a su
colonia bolivariana. Se quedaron sin petróleo.
Ya desde antes tenían a lo que queda de Cuba sumida en una
catástrofe humanitaria sin precedentes en su historia. Bajo su depauperador
régimen, las tierras no producen y las fábricas ya no existen; los hospitales
están colapsados; la educación pública es un relajo; las calles están llenas de
basura, baches y aguas podridas; los cautivos sufren epidemias desconocidas; la
mortalidad infantil —una de las cosas de las que Fidel Castro, el Orador Orate,
se la pasaba presumiendo— se duplicó.
Foto: La Nueva España
La Junta Militar está en un callejón sin salida. Incluso
cuando tenían petróleo venezolano, ya el país estaba al borde del colapso.
Ahora, sin combustible, el colapso es certero.
A no ser que, en las mentadas negociaciones que dice Trump
que está haciendo con miembros de la cúpula real de la dictadura, les autorice
algún que otro barquito con combustible venezolano. No lo creo y ojalá no lo
haga.
Volviendo al imbécil, a Mario Díaz-Canel, a su voz en mi
radio.
Uno esperaría que el “puesto a dedo” dijera algo
trascendental sobre cómo sacar a sus cautivos de la isla del atolladero
miserable al que su desgobierno los llevó.
Y no, nada de eso. Lo que alcancé a escuchar, en el
fragmento de la entrevista palera que le hicieron, fue al tipo hablando de la
solidaridad de Claudia Sheinbaum en sus “mañaneras”, la amistad y el apoyo de
un funcionario ruso, de uno chino y de no sé qué grupo procastrista de no sé
dónde.
La verdad, no lo escuché ni un minuto. No tengo estómago
para escuchar a dictadores hablando mierda. Cambié de emisora y hasta disfruté
el tráfico que usualmente me encabrona.
Pero, como soy curioso, al llegar a la oficina busqué
información de lo que el inepto dijo en su entrevista ficticia. Y lo que dijo
es lo mismo que han venido diciendo esta sarta de inútiles durante toda su
inútil existencia.
Que si la “opción cero”, que “vienen tiempos difíciles”,
exigiéndole a sus cautivos más “esfuerzos” y “sacrificios”.
Hasta propuso generar electricidad con “aire, agua, sol y
biomasa”. Daría risa tanto ridículo si esto no significara el exterminio de
tantos cubanos.
El 21 de julio de 2021, este mequetrefe dijo: “La orden de
combate está dada”, ordenándoles a sus esbirros golpear y encarcelar a los
cubanos que salieron a las calles a pedir libertad.
Hoy les pide a esos mismos que pasen más hambre, que se
enfermen más y que aprendan a vivir sin electricidad.
Otro logro de esa “revolución”: finalmente va a desaparecer
la civilización de la vida de los cubanos. Los regresó a los siboneyes, a los
guanajatabeyes.
Quinientos años de evolución de ese país llamado Cuba
destruidos en seis décadas de socialismo totalitario.
Dice Trump que su administración negocia con estos bandidos
Barrigones. Ellos, como hizo Maduro hasta horas antes de que se lo llevaran de
viaje, se mantienen desafiantes: con cara de miedo, pero con retórica
desafiante.
Desafiantes hacia adentro, miedosos y pedigüeños hacia
afuera.
Ayer el Panzón Díaz-Canel nos volvió a recordar que con
ellos en La Habana no hay solución para volver a Cuba al mundo civilizado.
Volvió a mostrar que ellos, la Junta Militar de Barrigones,
son el problema y nunca serán ninguna solución.
El otro día les dije que no veía nada mal que negociaran su
salida. Ayer demostraron que con ellos no hay diálogo posible. Solo acción.
Foto: Martí Noticias
Como me gustaría escuchar a Trump decir: The order to
fight has been given.