lunes, 25 de mayo de 2026

Sheinbaum, la hipócrita

Foto: Proceso
 
 

La pupila de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que administra, bajo el título de presidente, la nueva autocracia mexicana siempre ha estado del lado turbio de la realidad. Les he contado sus orígenes y su trayectoria política. De una forma u otra, siempre ha estado del lado turbio de la realidad. Siempre ha estado, de una forma u otra, trabajando codo a codo con la dictadura cubana.

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Esto lo he contado repetidamente. Cuando AMLO convirtió al Estado mexicano en el “megacártel de la Cuarta Transformación” y desarmó la incipiente democracia mexicana, no solo dilapidó los recursos públicos del país, sino que también se alió a todas las fuerzas del mal que trabajan en contra del mundo libre: iraníes, rusos, chinos, venezolanos, coreanos del norte y, por supuesto, cubanos.

Miguel Díaz-Contados fue invitado varias veces a México; incluso firmaron un acuerdo de colaboración. Otra vez asistió al solemne acto del 15 de septiembre, la fecha conmemorativa más importante de México. En otra ocasión, en esa celebración, marcharon soldados rusos portando la Z asesina, mancillando las piedras del Zócalo capitalino bajo la complaciente mirada de AMLO y su pupila.

Ya ni entrar en el tema del petróleo robado a los mexicanos y regalado a los dictadores. Ni en el de los barcos de la Marina y Armada de México convertidos en cargueros para llevarles “ayuda solidaria” a los Barrigones de la Junta Militar cubana. Aliados y cómplices de todo lo turbio, de todo lo oscuro, lo sucio.

Y les traigo a Claudia porque, cuando se enteró de que el Departamento de Justicia norteamericano —con treinta años de retraso— encausó al dictador Raúl Castro por el derribo de dos aviones civiles y la masacre de cuatro patriotas, la compañera se bajó con un: “¿Qué sentido tiene que, en este momento, acusen a una persona por algo que ocurrió hace treinta años?”.

Lo dice la misma que se la pasa reclamando y pidiendo a España que se disculpe por la conquista de México, ocurrida hace más de quinientos años.

Lo dice la misma que se la pasa culpando al expresidente Salinas de Gortari por instaurar el “neoliberalismo” hace treinta y siete años.

Lo dice la misma que, ante el nulo actuar de su jefe AMLO contra el crimen organizado, culpa de todos los males a Genaro García Luna, un corrupto funcionario del Gobierno de Felipe Calderón hace veinte años y que, por cierto, está preso en Estados Unidos.

Los ejemplos de hipocresía, de ella y de su movimiento —o cártel—, son infinitos. Piden austeridad y viajan en primera clase. Presumen honestidad y dilapidan el dinero público, y han robado como nadie antes. Se dicen respetuosos de la ley y la violan sin rubor alguno; y siempre que pueden la cambian a su favor para perpetuarse en el poder. Se dicen demócratas y censuran —y censurarán más— a los medios de comunicación, último bastión de lo que fue la democracia mexicana.

Su odio hacia Estados Unidos y el mundo libre es palpable. Ahora que la administración Trump ha acusado formalmente al gobernador del estado de Sinaloa —base del cártel del mismo nombre— y a varios de su equipo, la compañera Claudia, en vez de extraditarlos como dicta la ley, los protege mientras pide pruebas. Pruebas hay de sobra, y no se necesitan para procesar la extradición. Pues bien, dos pruebas vivientes de esos encausados se entregaron voluntariamente a las autoridades norteamericanas, y lo que están cantando no son precisamente rancheras.

Ella y su cártel con ropa de Estado acusan a Estados Unidos parafraseando a Miguel de la Madrid, un expresidente corrupto de los tiempos felices en que AMLO pertenecía al partido oficial, el PRI, allá por los años ochenta. Amiguete de Fidel Castro, por supuesto. Dice la compañera que Estados Unidos siempre ha usado el tema del narcotráfico como pretexto para la “injerencia”.

Y lo seguirá usando. La protectora de políticos corruptos y ligados al crimen defiende a un dictador decrépito acusado con treinta años de retraso. Es la misma que le pide al rey Felipe —“¿rey, ja, ja, ja?”— que pida disculpas por la conquista gracias a la cual hoy hablamos español, mientras preferimos comer chicharrones antes que el corazón, aún latiente, de algún desdichado.

Hipócrita. En español a eso se le dice hipocresía, pura y dura.

 

Foto: Facebook

domingo, 24 de mayo de 2026

El fin del mito

 

Foto: Diario de Cuba

Dichos de Fidel Castro sobre los niños cubanos, miren que habló mierda. Y todavía hay imbéciles que se dedican a "estudiar" su "pensamiento". Saquen la cabeza por la destartalada ventana y vean los frutos de su "pensamiento":

Y en eso es en lo que más debemos pensar: en los niños de hoy, que son el pueblo de mañana.

Hay que cuidarlos y velar por ellos como los pilares con que se funda una obra verdaderamente hermosa y verdaderamente útil.

No debe haber ni una escuela sin maestro, ni un niño sin escuela.

Y después no quieren que lo llame Orador Orate, no solo orate, también asesino, sociópata, acomplejado, empobrecedor y, sobre todas las cosas, hijo de puta.

Niños con hambre, sin escuelas, sin civilización, sin futuro, y hasta presos. Niñez perdida.

Foto: Cubanet

sábado, 23 de mayo de 2026

"Se acabó la diversión" en Columbia Law School

 


Horizonte Cubano ha publicado una reseña de mi libro Se acabó la diversión. La ha escrito Juan Carlos Albizu-Campos Espiñeira, un gran demógrafo, entre otras cosas, que vive en Cuba. A Juan Carlos lo conocí durante un evento sobre la reconstrucción futura de Cuba que celebramos en el Cuban Research Institute de FIU en febrero pasado. Del proyecto Horizonte Cubano no conozco nada, les confieso.

Han pasado tres meses y la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo queda de Cuba sigue allí, aferrada con garras y dientes al empobrecimiento y la represión en Cuba. Tres meses perdidos para la soñada reconstrucción.

Horizonte Cubano lleva también por nombre Cuban Horizon, Cuba Capacity Building Project. Visiten su página, no solo para leer la reseña que preparó Juan Carlos, sino para dar fuerza a todo lo que signifique liberar, reconstruir y desarrollar nuestra patria, hoy arrodillada y pobre.

Gracias, Juan Carlos, por dejarme saber sobre esta publicación.

Visítelos aquí para la reseña resumida, y aquí, para la completa.

32 x 1

 

Foto: CiberCuba
 
 

Me dicen que el director de la CIA se apeó en La Habana acompañado de uno de los operadores de la captura de Nicolás Maduro. Que incluso les dijo a los representantes de la dictadura en esa reunión que ese era "el hombre que mató a su gente en Venezuela".

Qué gusto me da. Siempre me ha dado gusto ver cuando abusan de los abusadores.

Ratcliffe, el director de la CIA, el matamercenarios cubanos y el resto de la delegación regresaron a su avión cargando bolsas con regalos de la dictadura.

Los dictadores regalando tabacos o ron a quienes barrieron con sus hasta entonces "invencibles" mercenarios.

Sin embargo, los abusadores siguen abusando. Jonathan Muir, de 16 años, un niño, sigue preso por pedir libertad. Y como él, miles más.

Regalan tabacos o ron a quien les hizo picadillo a 32 "invencibles", y tienen preso a un niño por pedir libertad.

¿Se dan cuenta? Cada día que sigan allí, es un día más de infamia y vergüenza.

Increíble, la humanidad.

viernes, 22 de mayo de 2026

Hoteles y drones

 

Foto:SK7
 
 

Uno piensa que la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba es inepta al ver la catástrofe humanitaria en la que han sumido a sus cautivos. Pero mientras más lo reflexiono, más me sale a relucir lo intrínsecamente maligna y despiadada que es. Y no es solo desde que estos Panzones heredaron el manicomio de los hermanos Castro.

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No; como les dije hace unos días, ese fenómeno histórico que se conoce en el mundo como “Revolución cubana” nunca fue más que una asesina y empobrecedora dictadura comunista totalitaria. En las largas décadas en que la isla estuvo bajo las botas de Fidel Castro, el Orador Orate se la pasó hablando y prometiéndoles a sus cautivos “villas y castillas”. Un teatro. Hasta que se le acabaron los subsidios soviéticos.

Desde 1990 hasta hoy, el teatro se fue desmoronando un año tras otro. Los dictadores y sus familiares enriqueciéndose mientras los cautivos o se empobrecían un año tras otro, o tenían que escapar a donde fuera, huyéndole a la pobreza y a la represión. Ningún humano quiere vivir en una isla sin futuro.

Si el Orador Orate fue un bandido que —vergonzosamente para nosotros— murió en su cama muy a gusto, Raúl Castro —el hermano acomplejado— traía fama de ser buen administrador. Incluso, al inicio de su gestión —es un decir— prometió a los niños cubanos que les garantizaría un vaso de leche diario. Prometió lo mismo que había en la antigua Cuba que ellos llegaron a destruir.

Por supuesto que, como en todo lo demás, en vez del vaso de leche prometido, lo que les metió a los cautivos fue más miseria, más hambre y más abandono por ese Estado que, en tiempos de su barbudo hermano, era omnipresente bajo la justificación de que protegía a sus cautivos. Raúl Castro, no. Dejó al Estado con su función totalitaria de reprimir y tener mansos y callados a sus cautivos. Los abandonó, pero también les prohibió trabajar en busca de su propia supervivencia. Si no me cree, mire cuántos policías e inspectores hay en Cuba.

Lo que hizo el “Castro Minimí” fue crear otro Estado. Creó Gaesa, un Estado paralelo que se dedicó de lleno a exprimir a los cautivos de la isla y a esquilmar a los emigrados. En vez de las fábricas, hospitales y escuelas que prometió el Orate —lo he contado en mi libro Se acabó la diversión—, este mequetrefe y su Gaesa se dedicaron a construir hoteles y empresas cuyas utilidades no van a sostener la viabilidad del país. El dinero, robado a los cubanos, va para ellos.

Durante más de veinte años no hicieron ni repararon una carretera, una línea férrea, una termoeléctrica o un acueducto. Y eso no obstante los miles de millones de barriles de combustible que le sacaron a Venezuela. En vez de usar ese dinero y combustible para mejorar la vida y alumbrar a sus cautivos, lo revendían. O los miles de millones de dólares que les dejaban los turistas, los “médicos esclavos” o las remesas de los de acá. Ninguno de esos dólares, pesos, euros o lo que sea fue usado para mantener a los cautivos dentro del mundo civilizado.

No; el dinero es para ellos mientras se quedan afónicos en las tribunas culpando al “bloqueo imperialista”. Incluso viendo el callejón sin salida al que se dirigían —algo evidente desde que se burlaron de Obama y arreciaron su totalitarismo—, continuaron construyendo hoteles. Como nunca ninguno de ellos ha tenido un empleo en algo productivo, no entienden que los turistas del mundo normal no viajan para meterse en un hotel. La gente viaja para conocer un país, para comer sus comidas, beber sus bebidas y conocer su cultura.

En la Cuba de los Barrigones, cualquier turista saca la cabeza de su hotel —después de tomar un mediocre desayuno y escuchar los lamentos personales de la pobre mesera— y se encuentra un país en ruinas: sin transporte, sin electricidad, lleno de mendigos y lomas de basura. El único lado positivo de esto, desde mi punto de vista, es que ese turista será testigo presencial de lo que significa el socialismo para el ser humano.

Les repito: viendo hacia dónde iban, continuaron levantando hoteles y parchando termoeléctricas. En eso sí demuestran lo ineptos que son. Lo maligno asoma en ese robo desalmado de la riqueza de los cautivos. Para ellos, socialismo castrista; para la élite castrista, capitalismo de Estado. Y al que proteste solo le esperan los palos y la cárcel hedionda.

Raúl Castro creó Gaesa, ese Estado ladrón y empobrecedor. La mayoría de los integrantes de la Junta Militar de Barrigones no tiene acceso a los capitales de Gaesa; a esos solo lo tiene la familia y sus más cercanos secuaces. El resto de los Panzones solo es salpicado con boronilla y algunos privilegios. Ellos están para dar la cara, para ser las cabezas visibles del verdadero poder.

Viendo que iban hacia una catástrofe humanitaria, no les importó; mantuvieron el rumbo. Hoteles y empresas para hinchar sus arcas. Dinero que niegan a sus cautivos. Ah, pero eso sí: con ese dinero, dicen por ahí, que desde el 2023 compraron drones artillados a Rusia e Irán. Y si no los pagaron con dinero, los pagaron cediendo terrenos para que instalen bases de espionaje o trafiquen terroristas por todo el hemisferio.

Hoteles y drones en un país que muere de hambre. Malignidad pura y dura.

Yo, la verdad, ya me cansé de escuchar de que si al Castro acomplejado lo encausaron por asesinar a cuatro patriotas hace treinta años, o ver a Trump un día decir que les va a meter mano y al otro decire que negocia, o que si el Nimitz anda cerca o que si el director de la CIA fue a La Habana a no sé qué. Pudo haber ido hasta para buscar Cohibas. Todo un relajo.

Y así parece que esta telenovela continuará. Lo será mientras esos cacerolazos no se conviertan en trancazos. A los valientes que salen a protestar, esos mismos policías e inspectores —igual de hambreados que los que protestan— los reprimen brutalmente. Peor que en los tiempos de Batista, que ellos dicen que fue un tirano. No lo fue, por cierto.

Protestan y reciben trancazos. En los tiempos de mi niñez, para cualquiera de nosotros era una vergüenza “quedarse dao”. Que si te pegaban, tenías que responder. Los represores reprimen en nombre de esa cúpula de dictadores. Defienden a los que mantienen a Cuba y sus cautivos con hambre y sin luz mientras construyen hoteles y compran drones ofensivos.

Les repito: Trump, Rubio, Ratcliffe son americanos y viven en América. Quizás nos hagan un favor, quizás no, y como mucho lleguen a un acomodamiento a la venezolana con algunos de los Panzones. Quizás. Es más, estos titubeos que vemos desde fines de enero pasado han envalentonado a esos dictadores, que en la primera semana de febrero estaban cagándose de miedo.

Ruego por el día —o por la noche— en la que un grupo de cubanos, o muchos, decidan no “quedarse daos”. Los drones que tienen los dictadores no les servirán de nada; y los hoteles de esos dictadores, cuando los vendan, servirán de base para reconstruir una Cuba libre.

 

Foto: Diario Las Américas