lunes, 2 de marzo de 2026

Ganando tiempo

 

Foto: Facebook Maritza Lugo

 

La dictadura cubana es una de las pandillas más ineptas e ineficientes a la hora de producir riqueza. Más bien es experta en generar pobreza y esfumar la riqueza. Fidel Castro se pasó cuarenta años hablando y prometiendo un futuro luminoso que nunca llegó.

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Al contrario, convirtió un país que el 1.º de enero de 1959 era próspero y autosuficiente en una isla miserable, improductiva y pedigüeña. Un páramo vitrina de los logros del socialismo totalitario.

Pero así como son ineptos y empobrecedores, los dictadores cubanos, empezando por el barbudo y hasta los tripudos que hoy encabezan la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba, han sido y son unos expertos en manipular la realidad y los hechos, en tergiversar las narrativas y, sobre todo, en ganar tiempo.

No tienen competencia en lo de marrulleros y pendencieros. Duele reconocerlo.

Lo han demostrado cientos de veces a lo largo de estos sesenta y siete años. Cuando hemos pensado que ya los teníamos contra las cuerdas, siempre han encontrado una vía para zafarse. Duele reconocerlo.

Ahora mismo, desde que el pasado 3 de enero de este año, las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos removieron como un furúnculo apestoso a Nicolás Maduro y a su esposa, los Barrigones de La Habana se quedaron sin su principal aliado y casi único sostén económico.

Más aún, con Maduro en una celda en Nueva York, a la que llegó después de mearse repetidamente durante el trayecto, el presidente Donald Trump puso su atención sobre la cabeza más maligna de la hiedra totalitaria continental. Junto con Marco Rubio, fijó sus ojos en La Habana.

Fueron días felices para los que queremos ver una Cuba libre, próspera, pero sobre todo feliz. Parecía que ahora sí la libertad venía llegando.

Si bien Trump removió del Caribe al grupo de ataque encabezado por el portaviones Gerald Ford hacia el Mediterráneo, con la misión de volar por los aires a los teócratas asesinos de Irán, nos dejó por aquí al grupo del USS Iwo Jima, que en la práctica fue el que extrajo al meón y a su esposa.

Las oxidadas defensas antiaéreas de la dictadura destructora no merecen la presencia de una gran fuerza militar en caso de que se dé la orden de ataque. Basta ver a Díaz-Contados de un lado a otro visitando bases militares donde unos chicos famélicos hacen pantomimas con unos cacharros antiguos y deteriorados.

Los días felices se han ido esfumando. La atención de Trump, como la de mi nieto, duró poco. A veces regresa sobre el tema de Cuba, pero de inmediato se va para otros rumbos. Y nosotros en el limbo.

Un día dicen que Marco Rubio está conversando con el crustáceo oligofrénico; otros días vemos que el embajador Mike Hammer y el “apuesto” canciller Rodríguez Parrilla coinciden en el Vaticano.

Luego sale Trump, cuando se vuelve a acordar del tema cubano, a anunciar una posible “toma amistosa” de Cuba. ¿Toma amistosa?

¿Será amistosa como la amistad que dice ahora tener con Delcy Rodríguez?

Si usted une los puntos descubrirá que, aunque Trump diga que “el gobierno cubano está hablando con nosotros. Están en grandes problemas, no tienen dinero, pero están hablando con nosotros ahora”, los hechos indican que los marrulleros y pendencieros de La Habana están haciendo lo que bien saben hacer: ganar tiempo.

Por un lado, montan un espectáculo sobre una peligrosa invasión de exiliados a sus patrióticas costas. Peligrosos terroristas que arribaron a la cayería inmediata a Corralillo, en el centro de la isla. Uno de los peores lugares para desembarcar si usted pretende iniciar una acción armada efectiva.

 

Foto: Diario las Américas
 
 

Diez, dicen ellos, “terroristas”, llegaron a sus costas a bordo de una lancha de 23 pies, fabricada en 1981 y cargada con un arsenal que logísticamente es imposible de cargar, junto a diez personas, en ese cascarón de embarcación.

“Terroristas” bien entrenados: uno era camionero, el otro creo que artista y así por el estilo, hasta un albañil. Acusan a una cubana valiente de ser la autora intelectual. Buenas intenciones que terminan sirviendo a la dictadura. Les sirven para cambiar la narrativa.

Yo no les creo ni una coma a esos dictadores.

Gimen por una lanchita con diez cubanos, como si hace casi setenta años Fidel Castro no hubiera desembarcado con 80 cubanos y un argentino. Luego se la pasó mandando cubanos a “infiltrarse” en no sé cuántos países. Al argentino lo mandó primero al Congo y luego a Bolivia, donde lo infiltraron a plomazos.

Montan un show para manipular la narrativa y ganar tiempo.

Marco Rubio, en vez de estar hablando de la libertad de Cuba, lleva una semana dando explicaciones por el “incidente”.

Todos entretenidos: que si conversan con el Cangrejo o con Rodríguez Parrilla, que si en la lancha cabían dos toneladas de armas y equipos, que si quién es Maritza Lugo, o por qué, si eran “terroristas entrenados”, abatieron a cuatro de ellos mientras que del lado totalitario solo un Barrigón recibió un raspón en la panza.

Mientras nos tienen entretenidos, Claudia Sheinbaum anuncia que está pensando reanudar los envíos de petróleo cómplice a Cuba, Marco Rubio autoriza suministrar combustibles al “sector privado” en Cuba, como si nadie supiera que ese “sector privado” es de la misma dictadura.

Conversan, logran que les concedan buchitos de petróleo, se autoatacan con unos incautos —valientes, pero incautos—, movilizan a toda su red de la mentada “solidaridad” para que lloriqueen junto a ellos. Lo mismo de siempre, lo mismo en lo que son expertos: ganar tiempo.

Hace dos días pudimos ver lo que un pueblo logra cuando sale a la calle a exigir sus derechos y a repudiar a sus opresores. Este fin de semana Estados Unidos e Israel descabezaron a cohetazos a la teocracia iraní. Los cubanos, sin embargo, siguen en sus casas, sin electricidad, sin comida, sin medicinas y sin libertad.

No los juzgo, que conste.

Mientras no logremos su atención completa, Trump, Rubio y su administración seguirán ocupados en sus asuntos, que no son pocos. Mientras tanto, los dictadores de la isla seguirán ganando tiempo.

Empezamos marzo, faltan nueve meses para las elecciones de medio término de noviembre de este año. Trump y los republicanos van en desventaja. Lo más probable es que la diminuta mayoría legislativa que hoy disfrutan desaparezca.

Los Barrigones de La Habana solo tienen que sobrevivir nueve meses más. Como el feto maligno que son. Incluso podrían aceptar una “toma amistosa” por parte de Trump, que nueve meses no es nada.

En una de esas nos ganan de nuevo. Tan cabrones que son, y tan ingenuos o cómplices algunos de los que ganarán esas elecciones en noviembre, que en una de esas hasta devuelven a Maduro a Caracas y colorín colorado.

Ganando tiempo, solo necesitan nueve meses.

 

Foto: The Sunday Times

domingo, 1 de marzo de 2026

SK7 en la "batalla" de Corralillo

Foto: Captura de pantalla Youtube Canal Caribe
 

Veo en el show de fantasía que montaron en la televisión de la dictadura cubana que, entre los muy "peligrosos" equipos y armamentos tácticos de los presuntos invasores de Corralillo, hay varios fabricados por mi empresa.

Unas botas y una mochila rodante, al menos.

¡Albricias!

 

Foto: Captura de pantalla Youtube Canal Caribe

 

Chicos, para la próxima incursión no duden en contactarme.

Solo espero que la supuesta invasión la preparen bien, no dejen que otros la "organicen" por ustedes.

sábado, 28 de febrero de 2026

Por la reconstrucción de Cuba

 

Foto: FIU

 

Ayer 27 de febrero terminó la conferencia Cuba: pasado mañana, dedicada a la futura e inevitable reconstrucción de la demolida isla. La conferencia fue convocada por el Cuban Research Center de la Universidad Internacional de la Florida (FIU).

Como siempre, detrás de una institución, detrás de su poder de convocatoria, están una o varias personas que son la diferencia entre el éxito y el olvido. Debo reconocer y agradecer a Sebastián Arcos Cazabón por su incansable trabajo. Agradecer su poder de convocatoria, su dedicación, profesionalismo, talento y, sobre todo, humildad. Humildad y discreción que engrandecen su trabajo.

La conferencia me ofreció una oportunidad única para ver cuánto talento existe en esta comunidad dispuesto a aportar a la futura reconstrucción material y espiritual de la isla de Cuba. Como dijo un cubano sabio, el comunismo totalitario habrá destruido materialmente a Cuba, pero no ha podido destruir a Cuba como nación.

Cuando les hablo de talento, me refiero a talento profesional, banqueros, economistas, demógrafos, abogados. Personas con conocimientos técnicos, concretos sobre qué acciones y medidas tomar para regresar a Cuba al sendero de la prosperidad y la libertad. Una maravilla, una maravilla esperanzadora.

También conocí a algún que otro comemierda que se cree el centro del universo. Pero mientras esos comemierdas estén dedicados a quitarnos a esa dictadura de encima, enhorabuena.

A nivel personal, recibí la inmensa alegría de reencontrarme con mis queridos profesores Marial Iglesias y Sergio López Rivero. Reencuentro alegre, como si nos hubiéramos visto la semana pasada y no treinta y cinco años atrás.

Que todo sea por una Cuba libre y próspera, una Cuba feliz. 

 


viernes, 27 de febrero de 2026

La lancha expiatoria

 Foto: Budget Boats 
 

Fidel Castro, el Orador Orate, era un experto en manipular la información, e incluso los hechos. Desde principios de su llamada “revolución”, cada vez que veía venir algún conflicto interno entre sus huestes, el sujeto inventaba alguna amenaza, interna o externa, para desviar la atención y unir a su gente.

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Los conflictos internos, o alguna crisis coyuntural, quedaban opacados por la presunta amenaza de ataque yanqui o infiltración de la contrarrevolución. Ponía a todos en función del tema y, colorín colorado, las broncas, o lo que fuera, quedaban olvidadas.

La parte inicial de esta práctica la he contado en mi libro Se acabó la diversión.

Así lo hizo durante las largas décadas que dedicó a demoler la nación cubana. Cuando lo atraparon con las manos en la masa, bueno, con las manos en la cocaína, armó aquel espectáculo de coliseo romano que fue la Causa No. 1 de 1989 y se escabechó a cuatro de sus más cercanos colaboradores. Luego armó la Causa No. 2 y se quitó de en medio a José Abrantes, su ministro del Interior, que sabía más de lo que alguien debería saber.

Unos años antes había aprovechado el atentado a un DC-8 de Cubana de Aviación para sintonizar a la mayoría de los cautivos de la isla en torno a su mandato. O cuando salió en televisión un locutor con voz engolada y medio en lágrimas diciendo algo así como que “el último reducto de combatientes cubanos cayó defendiéndose, envueltos en la bandera cubana”.

Incluso la gente de sus servicios de inteligencia promovía estos supuestos ataques y siempre había un incauto que caía en la trampa. Como cuando las bombas en los hoteles de La Habana allá por 1997. El artefacto mató a un turista italiano, pobre genovés, pero le sirvió al Orate para justificar lo cerrado y represor de su régimen.

Cosas así.

Siempre había un incauto, un tonto, a quien se le ocurría desembarcar en una costa de la isla para, según él, luchar por la libertad de Cuba. Siempre, casualmente, había una patrulla de guardafronteras esperando al incauto, al tonto.

El caso más reciente fue ayer. Hace dos días se cumplieron treinta años del derribo de dos avionetas civiles sobre aguas internacionales. Treinta años del asesinato de cuatro civiles por parte de esbirros de la fuerza aérea de los esbirros.

Asesinato ordenado por el Orate y por su hermano acomplejado. Cuatro vidas cercenadas para ser usadas como fichas políticas en el eterno diferendo, eterno conflicto, entre la dictadura cubana y las sucesivas administraciones norteamericanas. En este caso, con la de Bill Clinton.

Asesinados para justificar el manido recurso de la “pobre Cuba, siempre atacada por sus enemigos”.

Pues ayer esa misma dictadura, ahora convertida en Junta Militar de Barrigones, asesinó de nuevo a cuatro cubanos. Según los dictadores, una lancha procedente de Estados Unidos fue interceptada a una milla de la costa norte del centro de la isla.

Según los dictadores, al ser interceptada la embarcación, sus tripulantes abrieron fuego contra la lancha de los guardafronteras de la tiranía. Fuego que, por supuesto, fue repelido, con el resultado de cuatro muertes y no sé cuántos heridos o capturados.

Los dictadores cubanos los acusan de invasores, de terroristas.

Qué conveniente, ¿no?

Toda la información proviene del mal gobierno de esos Panzones, por lo que, en primer lugar, quien les escribe no les cree ni una coma. Bueno, excepto lo de los muertos, que donde quiera que estén ellos habrá muertos. Muertos por asesinato o muertos por hambre o chikunguña.

Algún día sabremos la verdad, sabremos lo que realmente pasó. Pero, mientras tanto, usemos algo de sentido común.

Qué casualidad que en un país que casi no tiene combustible, la lancha de los guardacostas estuviera en el preciso lugar, o en las cercanías, de la embarcación intrusa. Qué casualidad.

Qué raro que alrededor de diez personas hayan presuntamente cruzado el estrecho de la Florida hacinadas en un bote de entre 21 y 23 pies. Un bote diminuto tanto para adentrarse en alta mar como para cargar diez almas armadas.

Qué raro que estos supuestos invasores hayan decidido cruzar el estrecho de la Florida en una lancha construida en 1981. Una lancha con cuarenta y cinco años sobre su casco. Las pocas que quedan en el mercado se rematan por menos de mil dólares. Es decir, son chatarra.

Qué raro que en un país de secretismo consuetudinario, en el que se negó durante años que en Venezuela hubiera militares cubanos cuidando a Maduro, o que niega mandar mercenarios cubanos a morir sirviendo a Rusia, qué raro que no pasaran unas horas del presunto hecho y ya la televisión informara con detalles el presunto enfrentamiento.

Qué raro que hasta este momento no presenten ni una foto como prueba. Bueno, como prueba es un decir; ellos podrán mostrar las fotos que quieran, de las armas, de la lancha o de lo que sea. No serán prueba creíble, pues de ellos nada es creíble.

De ser cierto, o medianamente cierto, lo que nos están diciendo, podemos aventurar que unos incautos, tontos, se calentaron la cabeza jugando dominó y arrancaron para Cuba con tres o cuatro armas para jugar a las guerritas. No lo creo.

O podría ser que unos tontos fueran a recoger cautivos que querían escapar del manicomio totalitario en una lancha repleta de gente. Hay que ser tonto. O quizás los contrabandistas fueron sorprendidos cuando ya habían recogido a los cautivos que escapaban y ahí se armó la refriega. Podría ser, pero tampoco lo creo.

Son dos posibilidades, estúpidas, pero plausibles.

Hay que ser comemierda, pendejo dirían los mexicanos, para ir de la Florida a Cuba en un barco de 21 pies fabricado en 1981. Hace cuarenta y cinco años.

Ahora recuerdo: por esos años ochenta llegaban a las costas cubanas cientos de esas lanchas, a dejar y recoger cocaína y dinero. Eran recibidas y atendidas por algunos de esos secuaces que el Orate mandó a fusilar en la Causa No. 1.

Algunas de esas lanchas se quedaron en Cuba, la mayoría de ellas para el goce de los encumbrados de la nomenclatura. Algunas de ellas se quedaron en Cuba.

A mí, que me encantan el mar y la navegación, nunca se me ocurriría alejarme ni dos millas de la costa en una chatarra como esa a la que acusan de invasora.

Hay que ser incauto o tonto para haberse atrevido a realizar esa supuesta travesía. Hay que ser incauto y tonto, además de hijo de puta, para pretender que nos vamos a creer su cuento de fantasía.

Lo lamentable es que, siempre hay un incauto, o tonto, que cae en su juego. A veces, como en este caso, no solo uno, sino varios.

Les digo siempre que los dictadores cubanos nunca serán capaces de producir un litro de leche, pero para tergiversar y manipular no tienen competencia. Después de este incidente no solo mataron a varios cubanos, incautos o tontos, sino que han logrado cambiar, una vez más, la dinámica de la narrativa.

Lamentablemente, la escaramuza le dio combustible a su narrativa.

La desesperación de esos dictadores Panzones los lleva cada día más al ridículo. Cada día más, acercándolos al fin previsible. Previsible, sí, pero evidentemente no se irán sin luchar por su supervivencia.

Con esta lanchita, nos metieron un gol a los libres.

 

Foto: Telemundo