domingo, 5 de julio de 2026

Comentarios sin ego a un libro de egos

 


Si usted es de los millones de lectores que recorren estas páginas cada día, sabrá que próximamente, más pronto que tarde, saldrá publicado mi libro El tren de los egos. Historia documentada del primer ferrocarril de Hispanoamérica (1834-1842). Es un libro que me gustó mucho escribir, más aún cuando yo no pensaba escribirlo. Como decimos los cubanos, es un libro que se me metió a la "cañona". Era un capítulo de otro libro que escribo, pero que tercamente me insistió en que solo ser un capítulo era muy poco para su historia.

He enviado el texto a varias personas, a algunas que respeto por sus conocimientos técnicos en la industria de los ferrocarriles, a otros por su saber en la historia de este medio de transporte que transformó a la humanidad hace poco más de doscientos años y a otros a los que admiro, respeto y quiero.

Hoy he recibido los comentarios de una persona que reside en esas últimas categorías y, les digo, me llenaron de alegría. Uno siempre duda de uno mismo, lo cual no es nada negativo, al contrario. Pero da gusto saber que lo que uno disfrutó tanto en hacer, lo que uno moldeó, tecleó con sus dedos chatos resulta de valor y placer para otra persona que respetas y quieres.

Conocí a Zoé Valdés hace unos meses. Conocí es un decir, nos comunicamos electrónicamente durante unos meses. La conocí en persona hace unas semanas, para entonces ya ella había recibido el manuscrito de El tren de los egos. No sabía si lo leería, evidentemente lo hizo, y vaya que lo hizo.

Aquí sus comentarios:

He terminado El Tren de los Egos. Un viaje extraordinario e inolvidable por los raíles de esos egos tan necesarios para el desarrollo de una sociedad, y desde luego un habitat infinito. Un libro es un hogar, el tuyo lo es, eterno y cálido. El capítulo del accidente solamente es ya una película intrigante; pero todo el libro lo es. Insisto en que será exitoso en España, y más allá. Lo que cuentas es lo nuevo por ignorado, las precisiones son un tesoro. Gracias una vez más.

 

No quería que se me acabara.

 

Por fin un cubano que cuenta bien los detalles de su Historia. No sólo por lo que representan esos trenes para Cuba, sino para él mismo.

 

Fíjate que Se acabó la diversión es cómo todo se fue destruyendo, y en El tren es cómo todo se fue construyendo; como si al escribirlo ya estuvieras reconstruyendo el país y su memoria, físicamente inclusive, allá. Es un regreso prometido al encantamiento, al hechizo.


Que estos comentarios provengan de una novelista consumada, de una mujer renacentista y moderna, me llena de orgullo y me ofrece seguridad sobre este libro que tanto disfruté escribir.


Que estos comentarios provengan de una habanera que nació y se crió en las calles de este libro me hace feliz.


Gracias, Zoé, viviremos en esas calles.


Foto: EcuRed (coño e tu madre)

sábado, 4 de julio de 2026

Feliz cumpleaños, América mía

 


Hoy se cumplen 250 años de que empezaste a cambiar al mundo. No eres perfecta, nadie lo es, pero eres la mejor.

Hace 31 años abriste tus brazos a un fugitivo, a un casi niño con vida de hombre. Como yo lo has hecho con millones como yo.

De dormir en la tierra a tener un techo, lo he hecho gracias a ti, a tu libertad, a tus leyes, a tus defectos y a tus tantas virtudes.

Gracias, América, gracias a ti, hoy soy libre. Libre y feliz.

Gracias, felicidades sentidas, desde el corazón de este hijo. Tu hijo libre... y feliz.

Gracias.


SK7: Serving the Brave in the Land of the Free ®

viernes, 3 de julio de 2026

Hijos de puta, abusadores, asesinos

 

Foto: Mi boricua Ezequiel, no sé de dónde me la mandó
 

 

Para los que dicen que esa Junta Militar de Barrigones es una víctima, este solo hecho demuestra su malignidad intrínseca. Anna, eres esperanza, ayer, tú y tus hermanos fueron Cuba libre. Hoy lo son más.

No están solos. 

1.



2.


3.


Y luego hay quienes siguen queriendo negociar con estos asesinos.


Foto: CiberCuba

Justicia y castigo, sin mediación. Libertad sin límites, sin límites.

¿Escucharon? Sin límites.

La desilusión de los cubanos... y de los libres

 

Foto: El Debate
 
 

Lo que temíamos ha sucedido. Nunca habíamos estado tan cerca de lograr ese sueño millonario. Millonario por millones de cubanos de bien que soñamos ver amanecer sobre nuestra hoy triste isla un sol de libertad. Que la ilumine un sol de libertad para, con los millones necesarios, empezar a reconstruirla hasta verla feliz y próspera.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Pero no, lo que temíamos ha sucedido. Ya lo sospechábamos, pero como ilusos subestimábamos los síntomas y anteponíamos las esperanzas. Los síntomas estaban a la vista: lo que el presidente Donald Trump decía un día lo desdecía dos días después; lo que Marco Rubio decía una mañana J. D. Vance lo desdecía en la tarde.

Aquel lejano 3 de enero de 2026 —parece que ya pasó un siglo— todas las personas de bien amanecimos esperanzadas. Imaginamos que a la extracción de Nicolás Maduro seguiría una ola libertadora. Una ola de principios, de justicia, de libertad.

Y no; Maduro y su esposa están en prisión, pero nos hicieron tragar el trago amargo de que, en vez de libertad, se instauró en nuestra querida Venezuela un régimen de complicidad. El mismo país que liberó a Europa dos veces en un mismo siglo se convirtió en cómplice y socio de una dictadura asesina.

Y no lo hizo de manera temporal, como jugada táctica. Su actuación ha demostrado que lo hizo a conciencia. Cualquier palabrería política, justificatoria de su sucia política, cae siempre ante la terca realidad de este mundo. Si nuestras críticas, protestas y reclamos no sirvieron para mucho, la madre tierra —la que, aunque nos acoge, es brutal cuando se enoja— lo ha demostrado.

Ha temblado la tierra venezolana, como un animal que se sacude de una molestia. Han caído columnas débiles armadas con cemento corrupto. Las dictaduras comunistas matan siempre: a tiros o con cemento corrupto, a golpes o con vacunas falsas —o con vacunas en falta—. Matan siempre.

Puede ser el desgobierno del corrupto Pedro Sánchez y la DANA de 2024, el corrupto Andrés Manuel López Obrador y su gestión —que no lo fue— del COVID-19 o su alianza con los cárteles criminales, los carrotanques corruptos de Gustavo Petro en La Guajira, o ahora Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello —sin cabello y sin vergüenza— rescatando su imagen en vez de a su gente.

 

Foto: El Nacional
 
 

Los muros caídos de La Guaira son la prueba de que el comunismo mata no solo a tiros o golpes. Los rescatistas impedidos de entrar a salvar vidas son la prueba de que la extracción de Maduro el 3 de enero, más que un acto de liberación, fue una operación de complicidad. Olvidemos la retórica de estos últimos meses; focalicémonos en los hechos: columnas dobladas, edificios caídos, rescatistas prohibidos, policía venezolana en plan rapiña.

Complicidad pura y dura. Duele constatar que la extracción de Maduro fue un golpe de efecto, un gatopardismo empresarial. Los terremotos de hace una semana lo demostraron. La dictadura venezolana mató a decenas de miles de guairenses aplastados por los muros corruptos del castrochavismo. Los sigue matando al obstruir su rescate y limitar la entrada de ayuda humanitaria. Muertes a cambio de imagen.

La administración Trump, en vez de poner a María Corina Machado en la proa de un barco de ayuda, la sigue ninguneando, humillando. Como si aceptar la medalla y el diploma del Premio Nobel no hubiera sido humillación suficiente. La complicidad con la narcodictadura venezolana es una humillación para la democracia norteamericana.

No quiere decir esto que el encarcelamiento de Maduro y la docilización —otro americanismo preciso— de Delcy y sus cuarenta ladrones no sea algo encomiable. Políticamente, Venezuela está mejor hoy que el pasado 2 de enero. Tampoco quiere decir que la administración Trump no esté haciendo nada por los venezolanos: ahora mismo hay al menos dos mil marines en la tierra que esos mafiosos empobrecieron. Boots on the ground, ayudando humanitariamente.

Botas en el terreno que los cubanos libres y de bien desearíamos acompañar en Cuba. Acompañarlos en ese rescate inicial y necesario antes de iniciar la necesaria reconstrucción. La tragedia de nuestros hermanos venezolanos va a hacer que la tragedia de mis hermanos cubanos se alargue una vez más. Duele decirlo.

Les repito: lo que temíamos ha sucedido. De nada valió la orden ejecutiva del 29 de enero declarando a la dictadura cubana como un peligro inusual para la seguridad nacional de Estados Unidos. Cinco meses después, la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba sigue ahí, haciendo lo que mejor saben hacer: ganar tiempo.

Ya salieron con la pantomima de las 176 medidas económicas, ganando titulares de periódicos y portales cómplices o ingenuos. Maniobras de gatopardo en consonancia con el actuar del empresario de la Oficina Oval. Antimperialismo en la plaza, victimismo en la prensa y represión en la calle. 176 medidas para repartirse las ruinas de Cuba y decir que cambian mientras no cambian.

Hace unos días, el presidente Trump declaró en Dakota del Norte que Cuba “está viniendo a nosotros”. Lamentablemente, al parecer, por Cuba él entiende a esa dictadura asesina. Dijo entonces que esa dictadura asesina y empobrecedora “está viniendo a nosotros”.

No sé usted, pero yo no quiero tener nada que ver con esa dictadura que destruyó el país donde nací, con la que mantiene a millones de mis paisanos a oscuras, con hambre y reprimidos. No quiero que el país que me acogió —por el que hoy daría mi vida defendiendo mi libertad—, en vez de llevar libertad a Cuba, negocie con los que destruyeron Cuba.

Les digo: lo que temíamos ha sucedido. Los jóvenes iraníes abandonados por negociaciones inútiles, los venezolanos aplastados por los muros corruptos de quien todavía hoy los reprime y asesina, los cautivos de Cuba esperando por una intervención que —según los últimos dichos— nunca llegará.

Desilusión que sale del alma. Por eso nunca sería político; siento rabia ante tanta suciedad. Después de meses de retórica y balbuceos, todo sigue igual, pero más sucio y con más muertes. Qué asco.

 

Foto: CNN