Foto: WLRN
El otro día les hablaba del
milenario cliché de pan y circo en torno a los estertores —de los que somos testigos en
estas semanas— que está
experimentando la moribunda, pero no vencida, Junta Militar de Barrigones que
desgobierna lo que queda de Cuba. E increíblemente hoy veo que la política, si
es que hay alguna, o las acciones y actitudes de la administración Trump hacia
estos ineptos se corresponden con otro cliché que ya tiene al menos doscientos
años.
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Es un cliché que no solo funciona
en política, sino también en los negocios, y hasta en la educación. Ya saben
cuál es; me refiero al muy anglosajón cliché de la zanahoria y el garrote. El
ejemplo más común es el de un burro al que se le pone una zanahoria frente a su
cabeza, directamente en la línea de mirada de sus ojos y del olfato de su
hocico, mientras se le dan unos garrotazos en el culo.
Literal.
Por un lado, el jumento quiere
avanzar hacia la zanahoria que tiene enfrente, algo así como los cubanos
durante décadas decían avanzar hacia el futuro luminoso que les prometía Fidel
Castro. Y por mucho que lo siguieran, el futuro, como la zanahoria, se mantenía
siempre en eso: futuro prometido.
Por el otro lado, con un chuchazo
en la grupa el animal estaba compelido, obligado, a avanzar. Esta parte de la
receta también es muy conocida por los cubanos. El Orador Orate se pasó más de
sesenta años repartiendo palos y balas a quienes no quisieron unirse a su terca
búsqueda de un futuro imposible.
Y hablando de burros, ya saben a
quiénes me refiero, a los burros ineptos y malignos que hoy forman parte de la
caquistocracia de Barrigones que hoy desgobierna lo que queda de Cuba. Ustedes
conocen mis dudas sobre la perseverancia y las intenciones de Trump hacia esa
Junta Militar, pero de que los tiene en su lista de pendientes, los tiene.
Y al pasar de las semanas, al
mismo tiempo que vemos concesiones que nos hacen dudar de su compromiso sincero
con la libertad de Cuba, nos deja ver otras que nos refuerzan la convicción de
que algo está pasando.
De las concesiones ya hemos
hablado aquí. La administración Trump ha permitido que un barco de la dictadura
cargue gas en Venezuela, ha mantenido los vuelos comerciales desde Estados
Unidos a Cuba, ha autorizado al “sector privado”, que pertenece a la misma
dictadura o está al servicio de ella, a importar combustibles y todo tipo de
productos para su venta en Cuba.
Concesiones que contrastan con la
impresión inicial de que su postura para desaparecer a esta pandilla de
empobrecedores asesinos iba a ser frontal, sin negociaciones de por medio.
Quizás esperábamos algo así como la extracción de Díaz-Contados y el Marrano y
luego sí una negociación con la desmoralizada cúpula castrista.
Pero no. Negociaciones dicen que
tienen, no han extraído ni a un sargento, les dejan cargar gas y barcos y
aviones que regresan a la isla cargados de combustibles y productos, no para
los cubanos cautivos, sino para ellos y su élite.
Dijo Trump ayer que "Cuba va
a caer, también". Y enseguida dice que su relación con Delcy es excelente.
No hay que leer entre líneas, lo dijo abiertamente. Nosotros, los libres,
esperábamos que les dieran garrote. Y no, zanahoria para los burros.
Zanahoria para esa élite, que hoy
debe estar más tranquila de no tener que estar defendiendo su propia existencia
física, sino más bien su dinero, sus propiedades y la comodidad de su futuro en
esa Cuba que se negocia. Una "adquisición amistosa", dice Trump.
El garrote todavía aparece de vez
en cuando. La importación de combustibles autorizada a ese “sector privado”,
este tiene prohibido hacerla a través de los bancos de la dictadura. Es un
garrote pequeño, puesto que buena parte de ese “sector privado” lava sus
dólares en el sistema financiero internacional. Como esos que entregan
alimentos y productos a domicilio en Cuba, pero reciben las órdenes y el pago
aquí en el exilio. Dinero que en su mayor parte se queda aquí, guardadito para
su futuro.
Otro pequeño garrote, más
psicológico que otra cosa, es la reapertura del caso contra Raúl Castro por el
derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate hace treinta años. Reapertura
treinta años tarde, cuando este viejo ya es una piltrafa nonagenaria camino a
su ridícula tumba. Sigue siendo igual de perverso y acomplejado, pero, por ley
de la vida, la lenta mano de la ley de los libres no lo alcanzará vivo.
No digo que este tipo de presión
no sirva. Sirve para acosar a sus herederos, a sus hijos y a sus nietos.
Herederos del dinero y de parte del poder.
Filtran al The Miami Herald
que se negocia entregar a Díaz-Contados como ficha de esa negociación. Como si
ese pelele valiera o significara algo más que la cara visible de la hiedra
totalitaria. Hombre, que a mí me encantaría verlo llorando y meándose al lado
de Maduro. Lo disfrutaría mucho, y su humillación significaría mucho para
nosotros, aunque serviría también de justificación del fracaso para los que se
queden en su lugar. Ya ha pasado antes.
Los garrotazos que vemos son más
bien como palmaditas en el culo de esos burros. Que si Honduras canceló el
programa de médicos esclavos, o que si Ecuador sacó a patadas a los
representantes de esos burros. Cosas así, periféricas.
La dictadura, sin embargo, sigue
aplicándoles garrotazos a los cautivos de la isla. Ayer los tenía en un apagón
general, agradecible a su propia improductividad y desidia. Acusó de
terroristas a los sobrevivientes de la lancha que, según ellos, cargaba más que
una fragata. Lo mismo con los panameños pintacarteles.
El “sector privado” volvió a
importar todo lo que quiere, pero los cautivos no pueden comprar nada de lo que
necesitan. Las ciudades y pueblos siguen sin luz, sin agua y sin servicios
públicos. Comprar una libra de tomates, si los encuentras, cuesta un bulto de
devaluados pesos que ni la lancha invasora podría cargar.
Las montañas de basura crecen
mientras los presos políticos en las mazmorras languidecen. La chica Marxlenin
o Marxengels, no me acuerdo, pasea por España comiendo arroz y papas y
defendiendo lo indefendible. Claudia y Lula mandando ayuda a los Panzones pedigüeños.
En fin, al día de hoy para esos
Panzones vemos que la gente de Trump les está ofreciendo más zanahoria que
garrote. En reciprocidad, ellos les dan a los cautivos de la isla solo garrote.
La zanahoria de la esperanza de un futuro viable alguien se la comió.
Un burro se la comió.
Foto: Política Exterior
@glossylabmedia5030
40 minutes ago