Leo que Alemania ha prohibido
la película Citizen Vigilante, dirigida por Uwe Boll y protagonizada por
Armie Hammer. No la han prohibido porque Boll haga unas películas que no haya
quien las vea, o porque Hammer sea un actor norteamericano trabajando en una
película alemana; bueno, europea.
📺 Si no me quiere leer, véame, pero es
peor. → Ver el video aquí
La prohibieron porque el
personaje de Hammer —llamado Michael Sanders— es un tipo que, cansado de tanta
criminalidad de los migrantes contra las mujeres europeas, toma la justicia por
sus manos y le aplica a los malhechores la misma violencia que ellos aplicaron
contra sus inocentes víctimas. Se la aplica también a jueces que prefieren
defender a los victimarios —por ser emigrantes— que a sus víctimas, por ser
europeas.
Nada del otro mundo en
términos cinematográficos, la verdad. Este tipo de películas ya se han hecho
repetidamente. Recuerdo aquellas de Death Wish, que en mi Cuba cautiva
nombraron El vengador anónimo. Charles Bronson —un tipazo— matando
delincuentes con un revólver Colt 1903 de bolsillo —por su culpa, o gracias a
él, yo tengo uno—. En las secuelas usó otras armas de mano más modernas e igual
de efectivas. Las usó para lo mismo: para joder delincuentes y criminales.
En Citizen Vigilante, el
personaje de Hammer usa lo que parece ser una Glock semiautomática con
silenciador. La usa para lo mismo que Bronson hace cuarenta años.
Las películas de Bronson nunca
fueron prohibidas; eran otros tiempos. La de Uwe Boll y Armie Hammer ha sido
prohibida en Alemania, y me la juego a que lo harán en más países de
Europa. Vivimos otros tiempos.
Vivimos tiempos diferentes. La
civilización occidental se ha rendido en su propia cuna. La civilización
occidental en Europa, como la conocemos, está desapareciendo a un ritmo
alarmante. La democracia, la libertad de expresión y la religiosa, los valores
occidentales —los mejores de este planeta, con sus defectos incluidos— están
siendo conquistados y borrados a un ritmo alarmante.
A un ritmo alarmante con la
complicidad de los políticos —de izquierda, por supuesto—, los medios y la
academia. El suicidio inaudito de un modo de vida. Es increíble y aterra.
No sé si veré la película de
Boll; generalmente son una basura. Si lo hago, es por el tema que trata y por
el valor de filmarla. Ah, y porque todo lo que me prohíban es lo que no cejaré
en hacer.
Pobre Europa, pronto veremos a
muchos vengadores anónimos defendiendo lo que queda de su modo de vida.
Defendiendo su tierra y su gente contra una invasión de “invitados” de la
corrupta política y la moda cultural.
Yo, por suerte, como Charles
Bronson, aquí tengo el viejo Colt. Tengo la suerte de vivir en un país en el
que tienes el derecho constitucional a defender tu espacio y tu modo de vida.
Coño, tanto que me gusta
Europa.