Foto: Noticias Martí
Hoy, viernes 19 de junio de 2026, llevamos un mes y medio
de que Donald Trump firmara la Resolución 14404 declarando a Cuba —a la
dictadura cubana que la oprime— como un peligro inusual y extraordinario para
Estados Unidos. Les he dicho aquí que ese peligro no es ni inusual ni
extraordinario.
📺 Si no me quiere leer, véame,
pero es peor. → Ver el video aquí
Nada es inusual y extraordinario si lleva sesenta y siete
años dedicado a perjudicar y a atacar a Estados Unidos y a todo lo que se
relacione con la libertad, la democracia y la prosperidad. Inusual y
extraordinario es que el Gobierno de Estados Unidos lo descubra ahora, casi
setenta años después.
Esa primera semana de mayo fue de esperanza para los
cubanos libres, para los cautivos de la isla que también desean —y merecen— ser
libres, y para todas las personas que aman la libertad, la prosperidad y la
decencia. Fue una semana feliz para todos los que rechazamos el totalitarismo y
el empobrecedor comunismo.
Han pasado las semanas y aquel cielo limpio y azul con que
nos ilusionamos se ha ido llenando de nubarrones de mal agüero. En vez de una
soñada extracción de las cabezas visibles de esa Junta Militar de Barrigones, o
del cascajo que queda del segundón y asesino Raúl Castro, lo que hemos visto
son visitas a Cuba del director de la CIA, del jefe del Comando Sur o de un
candidato republicano que se fue a La Habana a tomar cerveza Cristal con
Zángano Castro.
Bueno, no solo eso. En vez de esa extracción —o como dice
una luz: drones, drones, drones—, lo que hemos visto son sanciones y algunas
detenciones. Sanciones a varios de esos Barrigones: les quitan la visa, pero
pueden seguir viajando a medio mundo con el dinero robado a los cubanos.
Han detenido a un piloto asesino, a la hermana cómplice de
la cómplice que opera la mafia de Gaesa o a la hija de un militar —no le digo
general, pues ese ejército que doblega a Cuba no es legal—. Tampoco es legal
detener a alguien solo por ser hijo de un hijo de perra, sin pruebas de que la
hija sea tan hija de perra como el padre.
Bueno, y debemos reconocer que dimos otro pasito hacia
adelante. El Departamento de Justicia ha encausado a Raúl Castro por el
asesinato, en febrero de 1996, de cuatro cubanos de bien. El Segundón es hoy
fugitivo de la justicia norteamericana. Lo malo es que los US Marshals —los
alguaciles— no vayan a por él. Como no han ido por Rubén Rocha Moya —gobernador
de Sinaloa—, Enrique Inzunza —senador por Sinaloa— y varios funcionarios
mexicanos más encausados por narcotráfico.
A Castro lo protege su dictadura; a los corruptos
narcopolíticos mexicanos los cuidan Claudia Sheinbaum y su patrón. No se nos
pase el detalle de que la dictadura que protege a Raúl Castro y el gobierno que
hace lo mismo con sus secuaces son aliados, amigos. Dios los junta.
Y así, tanto los de aquí como los de la isla seguimos a la
espera, cual Penélope, del desenlace inevitable que es la desaparición de la
Junta Militar de Barrigones, de la dictadura cubana. Desaparición que soñamos que
sea de raíz, que no quede nada; pero de la que estamos recibiendo indicios,
muchos, de que pudiera ser parcial.
Muchos indicios de esto; recuerden que Estados Unidos no
tiene por qué cuidar a los cautivos de esa isla empobrecida. Estados Unidos
cuida sus intereses y a sus ciudadanos. El problema cubano, para la
administración, es que no se convierta en un problema para Estados Unidos.
El último de estos indicios nos lo ofreció ayer el
vicepresidente J.D. Vance. Ya sabemos que Marco anda viendo partidos de fútbol.
Ayer Vance dijo:
Queremos que el pueblo de Cuba sea feliz
y próspero. De hecho, estamos hablando con el gobierno cubano ahora mismo sobre
cómo podrían cambiar su forma de actuar para cambiar esa situación.
Conversando con el gobierno cubano, que no es gobierno, que
es desgobierno. Conversando con los que, esperábamos, iban a extraer. Dijo
también que la situación económica de Cuba está “probablemente peor que la
economía iraní”.
Probablemente, ¿ven a lo que me refiero? Conversan con los
creadores de esa catástrofe humanitaria y comparan ese genocidio con la
igualmente perversa —pero con menos hambre— teocracia iraní.
Luego les abrió una puerta de salida a la dictadura. Dijo: “Si
toman decisiones inteligentes, vamos a tener una relación mucho mejor con esa
isla”.
Foto: Debate.do
Dándole más cuerda al pez moribundo que es hoy esa Junta
Militar. Moribundo, pero aún capaz de sobrevivir. En eso son expertos: ganando
tiempo, maniobrando, manipulando la narrativa. Ellos tienen tiempo.
Ellos tienen todo el tiempo del mundo; llevan sesenta y
siete años ganando tiempo. Trump no lo tiene: en la democracia, las elecciones
cobran cuentas, la gasolina cara quita votos y los conflictos asustan mercados.
Si no me creen, vean la capitulación ante la diabólica teocracia de los
ayatolás.
Los dictadores cubanos tienen todo el tiempo del mundo. Los
que no lo tienen son los cautivos de la isla. Los que no tienen agua,
electricidad, comida o medicinas. Las madres con hijos tristes y con hambre.
Los hijos con padres postrados y desamparados. Ellos no tienen tiempo.
Es más, cada día tienen menos tiempo. La decrépita
dictadura no les ofrecerá ya nada más que retórica y represión. El callejón no
tiene salida bajo su ineptitud asesina. La única salida está en manos de esos
mismos que ya no tienen tiempo.
La salida, la única, es la demolición de ese muro
totalitario para dar paso a la inicial intervención humanitaria, preludio de la
reconstrucción ineludible y vital. Esa salida está en manos de esos mismos
cautivos; creo que ya la mayoría lo sabe.
La salida, la solución total, está en la calle, que es de
ellos aunque muchos todavía no lo interioricen. El miedo va cambiando de bando.
Al fin.
Los que tienen tiempo están negociando. Los que mueren en
apagón, con hambre, con enfermedades no atendidas, sin medicinas, no tienen con
quién negociar. No negocias con tu asesino. Lo quitas de en medio, lo sacas de
tu camino.
De esta manera, ya no tendremos que estar pendientes de qué
dijeron Trump, Rubio o Vance. No tendremos que aguantar las monsergas inútiles
de Díaz-Contados o del Marrano. De esta manera podríamos dedicar toda nuestra
atención a regresar a Cuba —nuestra Cuba bella— a la civilización y, de ahí,
iniciar su reconstrucción.
A pesar de todo, huelo esa brisa fresca llamada libertad.
Foto: RTVE