miércoles, 9 de septiembre de 2026

La urgente toma humanitaria de Cuba

  


Llevo meses insistiendo en la urgencia de organizar una toma humanitaria de nuestra bella isla. Siete meses.

Siete meses en lo que la esperanza inicial se convirtió en frustración perenne.

Me da igual si la Momia Castro respira o no, los que están muriendo son los cubanos de esa bella isla. Todos, ancianos y niños por hambre y enfermedades, jóvenes por drogas o machetazos para robarles una mochila vacía.

Todos mueren, y los que no, malviven a oscuras y con hambre.

Lo único que tienen garantizado nuestros paisanos de nuestra aún bella isla es miseria y represión.

Yo no tengo el dinero, el poder o la capacidad de convocatoria para ejecutar solo una toma humanitaria de mi bella isla, para ayudar a mis paisanos cautivos detrás de ese muro de ignominia.

Lo único que tengo es un amor cada día más fuerte y seguro lo sabes y el recurso de mi palabra y mi letra. 

Recurso limitado, pero es lo menos inútil que puedo hacer. 

Les aseguro que cuando todos, los de allá y los de acá, nos hayamos deshecho de esa inmunda dictadura, estos labios dejarán de denunciar, callarán mientras mis brazos se dedican a reconstruir lo demolido por el mal comunista.

Es lo más que puedo hacer. 

Mientras, los labios, la boca, la palabra y la letra seguirán haciendo todo lo posible por regresar a mis hermanos a la civilización. 

Y, lo más importante, a la libertad.

Nos vemos el viernes, en Buenos Aires, pero con el corazón en Cuba.

 

Foto: France 24

martes, 8 de septiembre de 2026

Felicidades, linda mía

Foto: IL

 Te traigo siempre conmigo, por el mundo.

Foto: ZV

No dejo de soñar con verte de nuevo en tu centenario santuario. 

Foto: holiplus

Allí, en el Cobre, todos libres.

Las mujeres, las buenas, siempre tiene la razón

 


Anoche, preparando mi vuelo a París —sí, a París—, veo, como siempre, el programa de Mariam de la Fuente: la española más cubana de la historia, o quizás la cubana más española que existe. Ya no se sabe, pero lo que sí sé es que la Cuba libre la acoge en su seno como una patriota, nuestra.

Clara, diáfana, como siempre.

Preparando mi regreso a Ítaca —sí, Ítaca: hogar desconocido, ahora esperado—, veo que Mariam entrevista a otra patriota de las buenas, a una hermana. La más cubana de las españolas conversa con una de las más patriotas de las cubanas.

Madre, hija, esposa, hermana y patriota: limpia es Iliana. Ay, mira que Cuba agradece que haya gente limpia.

Más aún, mujeres, a las que siempre he respetado tanto.

Hay patriotas —la verdad duele— que no son limpias, no son decentes. Quizás les viene desde la cuna, no sé.

Yo abrazo a los limpios; a los patriotas sucios no, a los impíos o impías no. Que luchan por Cuba libre, qué bien. Pero nunca en mi trinchera.

Bueno, yo no estaré nunca en una trinchera: yo soy de avance, de ofensiva. Palabras y acciones. No tiro tierra a los míos; les tiro cabos, como decían en mi Cuba.

Anoche vi a Mariam y a Iliana. Ayer vi a otras cubanas —que adoro— poner su grano de arena, bloques de pasión, para lograr lo que queremos: una Cuba libre. Limpias, sin suciedad.

Martí fue limpio, tan limpio que ofrendó su vida por esa Cuba libre de la que les hablé ayer, hoy olvidada.

Las mujeres —las cubanas, las españolas cubanas—, Cuba y España hermanas... las cubanas y las españolas cubanas no paran nunca de trabajar por acercar la libertad a nuestra Cuba, que durante cincuenta y nueve años fue libre y próspera. Ayer les conté.

Y les digo: lo volverá a ser pronto. Cuba libre. Con esas mujeres limpias, con estos millones de cubanos que amamos nuestra isla, con los que no portamos ponzoña, con los que traemos solo amor.

Con los que refundaremos esa Cuba libre, próspera y feliz. Sin ponzoña, solo con amor.

La ponzoña y la maldad quedarán en el olvido, lejos de nuestra Cuba amada. La ponzoña, en todas sus formas, nos robó esa Cuba que era próspera y feliz. El gen del comunismo quedará eternamente erradicado —que no olvidado— en nuestra Cuba libre y próspera.

La ponzoña inmunda quedará enterrada lejos de esa Cuba que yo, y millones como yo, reconstruiremos con amor limpio. Nunca la verán los que portan ponzoña y maldad; qué gusto me da, repito.

Nuestro milagro es libertad: limpia, cristalina. Limpia y feliz. Sin inquina, sin chismes, solo limpia, feliz y próspera. Una Cuba de emprendedores, no de siervos arrepentidos; una Cuba de personas decentes, libres, sin resentimientos: solo de emprendimiento.

Gracias, Mariam, Iliana, milagro, Cuba libre, por mujeres libres, limpias.

Cuba libre, limpia, cristalina.

Cuba libre siempre. Voy a París a seguir siendo libre, limpio y cristalino.

En mi mochila, vieja y gastada, cargo —como cargo un cepillo de dientes compartido— una patria por refundar. Una patria libre, sin un ápice de comunismo, sin uno.

No hay nada en el mundo como ser libre y ser limpio.

Gracias, una vez más, a ustedes, las patriotas limpias.

Cuba libre será gracias a las mujeres limpias, siempre.

 

Dulce María Loynaz, cubana limpia y pura 
Foto: Kiddle