viernes, 10 de abril de 2026

Narco cómplices

 Este es el Palacio de Gobierno del Estado de Michoacán en México, anoche, 9 de abril de 2026. Iluminado con los bellos colores de la bandera cubana, y con dos banderas cubanas adosadas a su balcón.


Este es el gobernador de Michoacán, acusado de ser miembro de un cártel del crimen organizado. Aliado de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba.

Dios los cría...


Foto: Narcopolíticos Mx

Puede ver la ficha del individuo aquí.

Patadas de ahogado del dictador cubano

 Foto: Newsweek
 
 

La campaña mediática de la dictadura cubana continúa. A la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba no le importa en lo más mínimo la situación y el destino de los cautivos de la isla. Ellos viven y trabajan, siempre, en función de lo internacional, en función de su supervivencia.

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Como desde 1961 crearon un régimen parasitario, que necesita de un agente externo para sostenerse, desde entonces siempre han dedicado incontables recursos y recurrentes esfuerzos para crear y mantener una imagen internacional a su conveniencia. Y miren que —con dolor les digo— han tenido mucho éxito.

Fidel Castro, el Orador Orate, y luego su hermano acomplejado y la Junta Militar de Barrigones que les heredó el fracaso han sido excelentes en el tema de proyectar una imagen o manipular a la opinión pública; más en la actualidad, cuando es más manipulable que nunca. No podrán producir una libra de papas o dos piezas —ya no de pan, de casabe—, pero en esto del tema internacional son campeones.

Les decía, la campaña mediática continúa —creo que nunca ha parado—, pero desde que hace unos meses Donald Trump los puso en la mira del Tío Sam, la han arreciado como nunca. Cuando los cubanos libres nos ilusionamos tras la declaración de Trump de que ese maligno Estado fallido era un peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos, ellos de inmediato iniciaron una campaña aludiendo a supuestas negociaciones entre la gente de Trump y los dictadores cubanos.

Negociaciones negadas por la cúpula de esa dictadura pues, evidentemente, se hicieron a espaldas de sus cabezas visibles. No negocias con el portero, negocias con el dueño del hotel, literalmente. En público lo negaban, pero, por otro lado, ellos —u otros dentro de esa mafia— filtraban a varios medios que sí se negociaba.

Axios, USA Today, The New York Times y no sé cuántos medios más lanzaban exclusivas alegando unos que Marco Rubio negociaba con el Cangrejo —cerebro de almeja— en Panamá; otros que la CIA hablaba con el Tuerto Castro en México, o que si alguien misterioso lo hacía con el burro Parrilla en el Vaticano. Cosas así.

Todos basados en fuentes anónimas, todos haciéndole el juego a la dictadura; pues, cuando eres reconocido como interlocutor, quiere decir que eres reconocido como contraparte, como igual. Tuvo que salir Marco Rubio a poner un “hasta aquí” y calmar a la rumorología, y de paso a nosotros.

Como a Nicolás Maduro lo extrajeron como muela podrida en la madrugada de un sábado, los dictadores cubanos desde entonces cada fin de semana llenan La Habana con alguno de sus cómplices internacionales. Primero fueron medio centenar de zarrapastrosos que llegaron a visitar el “parque temático del fracaso” mientras se alojaban en hoteles cinco estrellas; entre ellos, Pablo “Dientes de Sarro” Iglesias.

Luego les llegó una flotilla —según ellos— compuesta solamente por un bote oxidado cargando más gente que “ayuda solidaria”. Otros dos veleros anduvieron perdidos unos días hasta que finalmente tropezaron con la isla.

El fin de semana pasado recibieron a unos cuantos congresistas norteamericanos; ya saben, de esos de extrema izquierda que tienen a sus distritos llenos de personas sin techo inyectándose mezclas alucinógenas fabricadas en Sinaloa. Allá fueron a sentarse con Díaz-Contados, a darle su lugar a ese monigote puesto a dedo.

Al mismo tiempo, la camarada Claudia un día sí y otro también les manda barcos con esa cómplice “ayuda solidaria”. Barcos de su Marina y Armada de México. Embarcaciones que, en vez de estar cuidando los mares mexicanos, los traen de fleteros para los amigos. “Ayuda solidaria” que, en vez de estarse usando para combatir la pobreza en México, se le está regalando a una dictadura para que se la venda a sus propias víctimas.

Cada evento de estos —inútiles desde el punto de vista material e inútiles para mejorar la catástrofe humanitaria que sufren los cautivos cubanos— ha sido muy útil para la narrativa de “resistencia” que venden esos dictadores. Son expertos en el teatro mediático para presentarse como víctimas y no como victimarios.

Y no crean que el espectáculo termina, no. La próxima semana harán otra pantomima, ahora llamada Coloquio Patria. Otra reunión de tontos útiles extranjeros, voceros defensores de los dictadores, ciegos ante la miseria de los cautivos. Hipócritas activados desde 2021 luego de las protestas —y la represión— del 11 de julio de ese año. Asco de humanidad.

Mientras Estados Unidos ha estado concentrado en su operación contra la teocracia iraní —que, sorprendentemente, se ha defendido como gato boca arriba—, la dictadura cubana ha aprovechado que su enemigo está ocupado para intentar salir del callejón sin salida en el que se vio arrinconada a finales de enero pasado.

Han pasado dos meses en los que no solo no se dio el colapso esperado, la implosión previsible. Los cautivos están viviendo como en la Edad de Piedra y, salvo actos aislados como los de Morón, lo más que hacen para mejorar su destino es pegarles a unas ollas en las noches. Se les acabarán las cazuelas de tanto palo, pues a cacerolazos no se caen las dictaduras.

La Junta Militar cubana ha aprovechado bien estos últimos dos meses. Excepto el cerco energético impuesto por Trump, Estados Unidos no ha tomado ninguna otra medida concreta para obligar a esa dictadura, ya no solo a otorgar derechos a los cautivos, sino al menos a no reprimirlos. La represión sigue igual que siempre.

El cerco energético, por otro lado, es en realidad impuesto por la propia realidad de esa dictadura en bancarrota. Antes de la extracción de Maduro, sobrevivía a base del petróleo robado a los venezolanos; luego intentaron seguir esa tradición ahora usando el que Claudia y su clan les roban a los mexicanos. La realidad es que no tienen dinero ni para comprar un tonel de combustible. El tanquero ruso —supongo que regalo de Putin— fue una victoria política para ellos y la han sabido aprovechar tanto dentro como fuera de la isla.

Yo, que culpo de todo a los dictadores, no los culpo de usar toda su astucia para intentar sobrevivir una vez más. Cualquiera haría lo mismo. No todos opinan como yo; ya salió uno de esos líderes efímeros de los que abundan por acá a criticarlos por defenderse. Los dictadores han aprovechado todo lo que está a su favor: Trump y Rubio entretenidos con Irán, los cómplices internacionales en campaña de “solidaridad”, Putin mandándoles petróleo, Claudia embarcándoles de todo lo que puede, Andrés el capo llenando cuentas bancarias y así sucesivamente.

Para hacerse los justos y los nobles, anunciaron que liberarían a un millar de prisioneros. Y lo hicieron, pero sin liberar a uno solo del millar de presos políticos —gente inocente— que tienen muriendo en sus mazmorras. Soltaron a mil mientras, como en un carrusel, meten a prisión a otros tantos, incluyendo menores de edad por solo pedir libertad.

Hace unos días, para rematar, el semanario Newsweek —creo que sigue siendo semanario— mandó a dos de sus periodistas a La Habana. No fueron a entrevistar al mentado Cangrejo, o al Tuerto, o al Lombroso sobrino-nieto; fueron a entrevistar a Díaz-Contados. Al cabo, si CNN entrevistó a Sandro el boricua la semana pasada. Eso sí, ni a CNN ni a Newsweek se les ocurrió entrevistar a un opositor, ni tan siquiera hacer un reportaje sobre la catástrofe humanitaria en la que la Junta Militar a la que pertenece el entrevistado tiene a los cubanos.

Díaz-Contados, gracias a esta servil entrevista, pasó de ser el que parecía que estaba “detrás del palo” —es decir, ajeno a las presuntas negociaciones— a aparecer ahora en un medio estadounidense como un jefe de Estado; de un Estado fallido, pero Estado al fin. Se la pusieron en bandeja, como se decía en mi vieja Cuba.

Evidentemente la entrevista, y la deferencia, le mejoró el ánimo a ese uniforme vacío que es la cabeza visible de la Junta Militar. No leí las respuestas del monigote —no tengo estómago para leer mentiras de dictadores—, pero sí leí las preguntas que le hicieron. No parecían preguntas de un medio de un país libre; las estupideces que le preguntaron bien pudieron haber sido redactadas por Randy “el Baboso” Alonso. Newsweek preguntándole lo mismo que le preguntan en la Mesa Redonda castrista.

No leí las respuestas directamente, pero sí he visto los comentarios sobre ellas en otros medios. Al parecer el individuo está envalentonado. Ha sobrevivido dos meses, más de lo que todos —incluso él— pensamos al principio de esta novela. No ha dejado de recibir visitantes cómplices, ayuda cómplice y ahora hasta van a entrevistarlo periodistas que, si no son cómplices, al menos son simpatizantes.

No habían subido Tom O’Connor y la otra chica al avión de regreso a Estados Unidos cuando ya Cubadebate, el portal de desinformación de la dictadura, había subido la entrevista completa. Como si fuera una entrevista de la Mesa Redonda y no de un medio norteamericano al que hay que suscribirse para acceder a su contenido.

Envalentonado, dijo que su vida no le importa, que si Estados Unidos invade sufrirá muchas bajas, que los cubanos se tirarán al monte a hacer una guerra de guerrillas. Cosas por el estilo. Incluso dijo que Cuba es un país de paz, pero que no le tiene miedo a la guerra; también dijo que morir por la patria es vivir.

Dice Marco Rubio que él no le presta atención a lo que diga este infeliz Puesto a Dedo; yo tampoco, pero me recordó a aquel Maduro que gritaba fervoroso: “Vengan por mí, cobardes”. Morir por la patria es vivir, coño, dan ganas de tomarle la palabra.

 

Foto: Youtube

jueves, 9 de abril de 2026

Se acabó la diversión en el Museo


El próximo viernes 17 de abril, tendré el honor de presentar mi libro Se acabó la diversión en The Cuban, el museo de la diáspora cubana. Tendré el honor de compartir la presentación con el incansable Miguel Cossío, cubano admirable.

Los invito a todos, compartamos un rato ese sueño que llamamos Cuba.





miércoles, 8 de abril de 2026

La no reconocida guerra civil en México

 

Foto: Proceso

 

Usted no lo ha escuchado así, de manera clara y directa, pero México hoy en día está viviendo una guerra civil. Y no me crea a mí, que no soy un experto ni nada por el estilo, créales a los hechos, créales a los números y a las estadísticas.

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Los que sí son expertos han determinado tres factores principales que, combinados, dan lugar a que un conflicto pueda ser denominado como una guerra civil. En primer lugar, tiene que haber un “doble poder”, es decir, además del Estado tiene que haber una facción organizada que controle parte del territorio de un país.

En segundo lugar, ese otro poder tiene que tener un instrumento de coacción. Es decir, tiene que tener tropas y armas capaces de enfrentar a las fuerzas armadas del Estado. Y el tercer aspecto es que la violencia debe ser organizada y constante.

Pues bien, si usted lee las noticias, si las ha venido leyendo, y a veces viviendo, como quien les habla, verá que en México, desde 2018, se ha venido gestando una guerra civil. Una guerra civil en modalidad siglo XXI. No es una guerra con frentes de batalla definidos como los de la guerra civil norteamericana o la española.

Los frentes de batalla en esta guerra son maleables, volubles. Un día aparecen en una carretera o en una montaña y, a la noche, reaparecen en una ciudad, un centro comercial o un remoto poblado. Maleables y volubles, pero constantes. Es una guerra en la que hay combates todos los días. Combates con víctimas, a diario.

Por un lado está el Estado mexicano, no solo con sus fuerzas armadas, sino como un todo, con todas sus estructuras. Por otro lado está el crimen organizado, muy diverso, dividido en muchos cárteles y facciones, que unas veces se unen entre sí y las más se matan entre sí. Por muy diversos que sean, todos se unen para actuar contra el Estado las veces en que ese Estado se les enfrenta. Otras veces, ese Estado les colabora.

En medio de estos bandos están los mexicanos. Más de cien millones de mexicanos, gente de bien, gente trabajadora, ingeniosa como nadie, gente buena. Ellos son las víctimas, y miren que hay muchas.

Entre 2018 y 2024, durante la política de “abrazos y no balazos”, es decir, abrazos para los cárteles y balazos para los mexicanos, se produjeron en ese país 200 000 homicidios dolosos. 200 000 asesinatos. Además, se contabilizaron 100 000 desapariciones. Víctimas de los cárteles del crimen organizado.

Entre el 2000 y el 2023, durante la pandemia del virus chino y sus secuelas, se registraron en México 800 000 muertes en exceso. De estas, contabilizadas por el INEGI, el instituto estadístico del Estado mexicano, 511 081 fueron por covid y otras 300 000 por “neumonías atípicas”. Es decir, murieron por covid, pero el Estado se negó a reconocerlo.

Reconocer esta astronómica y vergonzante cifra sería reconocer el fracaso de la actuación del Estado mexicano para enfrentar la pandemia. Andrés Manuel López Obrador, a inicios de la pandemia, dijo que esta le venía como anillo al dedo en su labor de diluir la democracia mexicana. Puso al frente de la pandemia a un inepto lamebotas que desdeñó las vacunas, las medidas de protección y el uso de cubrebocas. 800 000 muertos, 215 000 niños huérfanos, víctimas del Estado mexicano.

Si sumamos los muertos por la violencia de los cárteles y los muertos por la desidia del Estado, esto sin contar muchos otros que mueren por falta de medicamentos, tendremos la triste cantidad de más de un millón de víctimas mortales en un período de seis años.

La guerra de Ucrania lleva hoy cuatro años y se calcula que en ella han muerto entre 400 000 y, exagerando, hasta un millón de muertos, entre militares y civiles. En la larga guerra de Vietnam se calcula que murieron 800 000 vietnamitas y 60 000 estadounidenses. No llega al millón de muertos. En México, donde no se dice abiertamente que hay una guerra, han muerto innecesariamente un millón de personas en seis años. Casi los mismos que murieron durante la Revolución mexicana a principios del siglo XX.

En 2024, Andrés Manuel López Obrador dejó en su puesto a su pupila Claudia Sheinbaum, continuadora fiel de su labor de convertir a México en un país autoritario y aprendiz aplicada de su dogma de negar la realidad. Obligada por las presiones de Donald Trump, la señora ha tenido que medio revertir lo de “abrazos y no balazos” y, aunque la matazón continúa, su ritmo ha disminuido.

Si usted se fija, ahora ya casi no se dan estadísticas de cuántos asesinatos o desapariciones hay diariamente. El gobierno insiste en que los homicidios han disminuido de 87 al día en 2024, cuando AMLO, a 51 en enero de 2026. Qué bueno que así sea, pero aún esa cifra significa que 18 615 mexicanos son asesinados cada año. Ah, y hay 30 000 desaparecidos más.

 


Foto: El Valle

Y muchos de los desaparecidos aparecen; algunos, los pocos, aparecen vivos; la mayoría aparecen muertos, asesinados, muchos descuartizados. No aparecen porque el Estado y las autoridades los estén buscando. Aparecen gracias a los cientos de colectivos de madres que incansablemente buscan a sus hijos en las innumerables fosas clandestinas que afloran por ese gran país.

Madres buscadoras que nunca han sido recibidas por la camarada Claudia, ni fueron recibidas por el resentido AMLO en ese Palacio Nacional donde se le ha dado la bienvenida cuatro veces a la cabeza visible de la genocida Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba. Reciben cuatro veces a un dictador y ni una vez a una madre rota por el dolor de que le descuarticen un hijo.

 

Foto: Mexico News Daily
 
 

Pero volvamos a lo de la guerra civil que nadie reconoce como tal. Tenemos a los cárteles en guerra entre ellos y matando civiles. Tenemos a esos cárteles enfrentándose con el Estado y controlando territorios. Territorios amplios en los que sostienen verdaderos ejércitos con uniformes, armamento de todo tipo, carros blindados y hasta fuerza aérea.

Como en la guerra de Ucrania, los cárteles del crimen organizado se han hecho expertos en el uso de drones artillados. Usan drones con explosivos para bombardear a sus enemigos. Plantan minas antipersonales para proteger sus territorios. Tienen lanzacohetes y rifles calibre .50 con capacidad para derribar helicópteros y deshabilitar vehículos blindados.

Hace unos días, un artefacto explosivo hizo volar por los aires a una camioneta en la que viajaba un importante operador del Cártel de Sinaloa. Se acababa de bajar de un avión que aterrizó en el AIFA, el fallido aeropuerto construido por una rabieta de AMLO. El gobierno ha hecho de todo para no reconocer que fue un atentado terrorista.

Al día de hoy se dan en México las tres condiciones para poder decir que existe una guerra civil, digamos, para usar el lenguaje del Gobierno mexicano, una guerra civil "atípica", como aquellas muertes maquilladas por covid. Esto, ese gobierno nunca lo va a reconocer.

Como tampoco reconocen el informe presentado hace unos días por el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU. En él se determinó que existen “indicios fundados de que en México se han cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas que podrían constituir crímenes de lesa humanidad”. No solo eso, solicitó que el tema fuera llevado a la Asamblea General de la ONU.

Ya imaginará usted la que se formó. La camarada Claudia y su jauría de desinformantes pusieron el grito en el cielo. Descalificaron el informe diciendo que no era de las Naciones Unidas, que era inexacto, injerencista, inaceptable. De todo dijeron, con tal de no aceptarlo, de no reconocerlo. Y eso que el informe lo preparó la ONU.

Y esa es la misma ONU desde donde ahora se denuncia la guerra que vive México y la que es ahora vilipendiada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, la misma ONU a la que ese mismo gobierno, desde hace semanas, ha estado proponiendo que medie y matice la nueva política hostil de la administración de Trump hacia la dictadura cubana. La misma ONU desde donde quieren defender a sus cómplices cubanos, pero en la que México nunca ha movido un dedo para denunciar la agresión rusa contra Ucrania.

Claudia y su clan podrán negar la realidad, pero la realidad ahí está. Los homicidios continúan, el control de partes de su territorio por organizaciones criminales continúa, las desapariciones siguen sin control y la violencia no cede. Qué bueno que el tema llegue a la Asamblea General de la ONU, inútil como es, pero sirve que se denuncie esta guerra civil no reconocida.

Guerra civil en un país que será una de las sedes de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Qué interesante se va a poner. Ojalá la realidad no le explote, literalmente, a Claudia en el país de la fantasía.

 

Foto: Milenio
P.D.: Me escribe mi hermano Luis Cino, desde La Habana. Lo que me dice es una prueba más de esa complicidad entre malignos:
Más que gustarme me esclareció e impresionó. No calculaba que fuera de esa magnitud la tragedia que viven los mexicanos. Aquí en Cuba se habla poco de ello, como si fuera menos problema con AMLO y la Sheimbaun que con los gobiernos del PRI y el PAN. Un abrazo