domingo, 15 de marzo de 2026

Cantó el gallo de Morón

 

Foto: PL

 

Morón es una pequeña ciudad asentada en la costa norte de la antigua provincia de Camagüey; hoy pertenece a Ciego de Ávila. Su limitado tamaño no ha impedido que Morón sea una ciudad muy importante en la historia de Cuba.

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En Morón terminaba la muralla militar que se conoce como la Trocha de Júcaro a Morón. Una línea defensiva construida por el gobierno español entre 1869 y 1872 para evitar que los mambises cubanos llevaran la revuelta que habían iniciado en 1868 desde el oriente de la isla hacia el occidente.

La trocha la hicieron, como se dice en cubano, “con todos los hierros”. Incluía más de medio centenar de fuertes, pequeños fortines, zanjas y cercas alambradas. Todo esto unido por una línea de ferrocarril que abastecía y servía de apoyo logístico a las operaciones.

Así y todo, tanto las tropas dirigidas por Antonio Maceo como las de Máximo Gómez lograron escabullirse y cruzar la barrera. El primero lo hizo el 2 de noviembre de 1895 y logró cruzar con más de mil quinientos hombres. El segundo lo había hecho un mes antes, el 30 de octubre. Ambos extendieron la guerra al occidente de la isla, quemando cañaverales y macheteando españoles. Las cosas de Cuba.

Les confieso: la primera de muchas veces que escuché pronunciarse la palabra Morón fue a través de un dulce. Fue por las torticas de Morón, un polvorón arenoso que regularmente nos daban en la merienda de la escuela primaria. Las detestaba.

Pero Morón no es solo conocido por la trocha. Es más conocido por su gallo. ¿Un gallo? Resulta que desde el siglo XVI, en Morón de la Frontera, en Sevilla, circulaba la frase “te vas a quedar como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando”. Y como las dos poblaciones portan el mismo nombre, a alguien se le ocurrió poner allí una escultura de un gallo y una torre reloj que cada seis horas canta como un gallo. Las cosas de Cuba.

Cuando, en enero de 1959, los cubanos decidieron poner su destino en manos de un orate llamado Fidel Castro, algún fanático destruyó al gallo porque lo consideraron símbolo de la vieja Cuba. Las cosas de Cuba. Tiempo después, en 1982, colocaron otra escultura, hermosa, la verdad, y en Morón volvió a cacarear el gallo.

Ha pasado mucho tiempo ya de eso. Fidel Castro estiró la pata y se metió en una piedra; su hermano acomplejado lo heredó oficialmente un rato y luego se retiró a manejar el manicomio, y sus millones, tras bambalinas. Puso a dedo a un inepto como cabeza visible de la Junta Militar de Barrigones para seguir desgobernando y empobreciendo a Cuba.

No sé si la torre del gallo siga cantando cada seis horas. Imagino que funcionaba con electricidad y en la Cuba de hoy no hay electricidad. Tampoco hay suministro de agua potable, ni gas para cocinar, no funcionan los hospitales ni hay medicinas, no hay transporte público y mucho menos vergüenza por parte de los malos gobernantes.

Lo que sí hay, y abunda, es el descontento de los cautivos de la isla. Y hace dos noches, en Morón, el gallo volvió a cantar. La gente de Morón hizo lo que tiene que hacer alguien sometido a la miseria y a la indignidad por un mal gobierno. No solo se tiraron a la calle: le prendieron fuego a la sede del Partido Comunista, el gestor de su miseria.

Lo quemaron.

Hoy dirán los Barrigones de la Junta Militar que eso no fue una protesta en contra de su dictadura. Dirán que fue vandalismo, desorden e indisciplina. Culparán al “bloqueo” de empobrecer a los cubanos. Olvidan, o pretenden olvidar, que su maldito régimen llegó al poder a base de balazos y bombas terroristas, matando cubanos.

Hace dos noches, el gallo de Morón se alzó contra ellos, se levantó contra los que han dejado a Cuba, a los cubanos, “sin plumas y cacareando”.

Si toda Cuba, que está sumida en la misma catástrofe humanitaria en la que sobreviven los valientes de Morón, sigue el ejemplo de ese gallo, no necesitaremos ni a Donald Trump ni a Marco Rubio para sacar a patadas a esa dictadura que lleva sesenta y siete años destruyendo la isla y empobreciendo y asesinando a sus habitantes.

Los necesitaremos en la reconstrucción, pero esa es otra historia.

 

Foto: Captura pantalla Noticias Martí

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