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viernes, 14 de agosto de 2026

El vacío que queda

 

Foto: Diario las Américas
 
 

En 1892, nuestro José Martí gastaba sus zapatos por las empedradas calles de una zona de Tampa que luego tomó por nombre el segundo apellido del tabaquero Vicente Martínez Ybor.

Gastaba sus viejos zapatos y no descansaba convenciendo a los cubanos de Tampa de la necesidad de luchar por la independencia de Cuba. Allí se tomó una foto con los tabaqueros —patriotas todos— sobre una escalera de hierro fundido que aún existe.

Cada paso de sus maltrechos zapatos era un paso de bondad, honradez, decencia y patriotismo limpio. Cada paso que daba era un golpe a la maldad.

Tantos pasos dio que incluso intentaron envenenarlo. La gracia de Dios, el doctor Barbarrosa y Paulina Pedroso salvaron su vida y pudo seguir su obra fundadora de patria.

Murió dos años después: una bala acabó con una estrella.

Hace unas semanas seguí sus pasos en Tampa. Me acompañó caminando a mi lado, ambos con Cuba libre en el pecho. Subimos juntos esa escalera, como hace ciento treinta y cuatro años.

En 1892 era una estrella, ahora es un sol. Intentarán apagarlo —ya lo han hecho—, pero el sol y el cielo limpio son invencibles.

El sol siempre se pone en Tampa mientras alumbra al otro lado del mundo. Deja a oscuras las calles de Ybor City. A oscuras: el vacío de la oscuridad. Dejó una escalera vacía y a oscuras.

 


Pero en ese firmamento oscuro, en ese vacío dejado por el sol que me calienta, hay una estrella que sigue brillando, como lo hacía en 1892.

Estrella entonces, sol ahora: dos luces por una Cuba libre.

La felicidad es saber que ese sol regresará a iluminarme, a calentarme. A mí y a mi Cuba libre que lo acompaña.

 


viernes, 17 de julio de 2026

Con Camilo y sin fútbol

 


Hace unos días, mientras se desarrollaba el partido del Mundial entre España y Bélgica, países que hace quinientos años pertenecieron a un mismo imperio, conversé con Camilo Egaña en su programa Panorama. Conversé con Camilo luego de una entrevista que, gracias a un milagro, literal, me hizo el diario El País.

Fue una experiencia sorprendente. He escuchado el nombre de Camilo Egaña desde mis tiempos en Gugulandia la Cuba de los Castro, para quien no conozca lo que es Gugulandia, pero allá en aquel manicomio no veía televisión, ni aquí, ya libre, escucho radio. 

Pero Camilo siempre ha estado por ahí, de oídos. Presente siempre.

Bueno, pues conversé con él, y fue muy reconfortante.

Pronto tomaremos un café juntos. Qué bonita es la libertad, qué restauración de almas es el talento.

Gracias, Fabio; gracias, Camilo.

Todo por Cuba libre, todo.

jueves, 9 de julio de 2026

El cangrejito salió del mar

 


Cientos de libros incluyendo uno mío, decenas de miles de manifestaciones de todo tipo, incontables lágrimas y gritos de dolor, y hasta una invasión fallida, no por falta de valor, que conste. Todo esto, durante sesenta y siete años, para rescatar a nuestra Cuba de quienes nos la robaron. Todo esto, y aquí seguimos, para demostrar al mundo que nos la robaron.

Esto último, tan evidente pero tan obviado, quedó corroborado con tan solo una entrevista a un crustáceo heredero del segundón que heredó lo que nos robaron. Un sujeto con la inteligencia de un bivalvo, el carisma de un quiste y la legitimidad de un fraude.

En una entrevista a USA Today, el repelente individuo se asumió como jefe de la granja, heredero de la ruina y, que no se nos olvide, aunque él no lo mencionó, de la muerte que su fraude ha causado y sigue causando. 

Incluso llamó al llorón que dice administrarla no como presidente puesto a dedo, ya sabemos, sino solamente como Miguelito. Me recordó a Mickey Mouse, el ratón Miguelito.

Un cangrejo y un ratón. Nos robaron un país libre y próspero hace sesenta y siete años. Ahora es un páramo improductivo, una granja de dolor, herencia entregada a un crustáceo y terriblemente administrada por la ineptitud de un ratón.

Sesenta y siete años hablando mierda, encerrando libres, matando héroes y destruyendo sonrisas. Empezó el 1.º de enero de 1959 con aquel Orador Orate y su gaucho asesino, la heredó el alfeñique acomplejado, abuelo de este crustáceo impostor, y ahora, ya en ruinas, puesta en venta por los mismos que la demolieron.

Justicia y castigo para ellos, nada más, ni una negociación, ni una concesión. Para Cuba, la que nos robaron, solo libertad, progreso y felicidad.

 

Foto: USA Today