lunes, 16 de marzo de 2026

AMLO el exterminador

 

Foto: CiberCuba

 

Ayer salió de La Chingada, como se llama su lujoso rancho, Andrés Manuel López Obrador, expresidente, de manera formal, de México. Digo de manera formal porque desde allí, desde La Chingada, el viejito sigue moviendo los hilos de la política y la corrupción mexicanas.

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Salió de su retiro, dijo él mismo, porque le “hiere que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía, al hermano pueblo de Cuba”. A continuación, puso un número de cuenta bancaria para recibir donaciones de dinero “para comprar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina, y ayudar al pueblo cubano. ¡Que cada quien aporte lo que pueda!”.

Esto lo dijo AMLO en un mensaje de X. Lo dice un tipo que desde el año 2000 arreció su campaña destructora y polarizadora en México. Primero como jefe de gobierno de la Ciudad de México, entre 2000 y 2006; luego, durante doce años, como necio y encendido opositor, tras perder dos veces las elecciones presidenciales; y finalmente durante su presidencia entre 2018 y 2024.

Y esa campaña no terminó en ese que él llama retiro. Antes de irse a La Chingada, dejó en su palacio a la servil, sumisa e igualmente acomplejada Claudia Sheinbaum. También dejó en su gabinete, en el Senado y en el Congreso a mucha gente que solo responde a sus órdenes y trabaja para él.

Retiro ni retiro...

Lo dice este individuo que, durante seis años, a través de su política de “abrazos, no balazos”, entregó su gran país a los cárteles del narcotráfico. Cárteles que, como nunca, se expandieron por todo el territorio nacional y por muchos lugares en el extranjero. Cárteles que, como nunca, diversificaron sus actividades criminales más allá de la producción, tráfico y distribución de drogas para ampliarlas a la extorsión, la explotación ilegal de minas, la coacción de las autoridades locales y federales, el lavado de dinero, el contrabando y el tráfico humano.

Tráfico humano que el mismo AMLO fomentó desde los inicios de su administración —administración es un decir— cuando abrió su frontera sur para la libre entrada de migrantes. No solo la abrió, los instó a entrar a México para que llegaran a Estados Unidos. En esto fue cómplice de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba y socio de los traficantes de personas.

Tráfico humano que produjo miles de millones de dólares en ganancias para esos cárteles y para sus socios. También les ofreció a los cárteles mano de obra y sicarios obligados a trabajar para ellos. La negativa significaba la muerte. Recuerdo la masacre de San Fernando, pero son miles más. México es hoy un gran cementerio de fosas clandestinas. Gracias a AMLO.

Ahora se preocupa de que busquen “exterminar” al “pueblo” de Cuba. Durante los seis años que desgobernó México, fueron asesinadas doscientas mil personas y hubo cien mil desaparecidos. Sus “abrazos, no balazos” exterminaron a más mexicanos que muchas guerras. Casi todo el mundo, cuando escucha el nombre de Augusto Pinochet, lo relaciona con los desaparecidos durante su dictadura. Pinochet y su gente desaparecieron a tres mil cuatrocientos chilenos; AMLO y sus socios a cien mil mexicanos. Eso sí es exterminio.

Y hablando de exterminio. Quien lleva exterminando cubanos desde el 1º de enero de 1959 es la dictadura comunista totalitaria que Fidel Castro les impuso a Cuba, que lleva al día de hoy sesenta y siete años y setenta y cinco días destruyendo, empobreciendo, asfixiando, reprimiendo y asesinando cubanos. No han descansado un solo día en su maligna labor, que ha llevado a la isla y a sus cautivos a la catástrofe humanitaria que hoy los azota.

Y esa catástrofe humanitaria no tiene ni tendrá solución mientras esos exterminadores de riqueza y de vida sigan en Cuba. Esa catástrofe total no se solucionará con los pesos que algunos incautos y cómplices depositen en la cuenta que les dice AMLO para ayudar al “hermano pueblo de Cuba”.

Habla de exterminio un viejito que durante el Covid-19, en vez de comprar vacunas, les aconsejó a los mexicanos que siguieran con sus vidas, que con la protección de un amuleto estaban a salvo. El mismo que puso al frente de la atención de la pandemia a un inepto lameculos que llegó a decir que “el presidente no es una fuente de contagio, sino una fuerza moral”. El Covid-19, AMLO y el lamebotas hicieron que ochocientos mil mexicanos murieran a causa del virus chino y de la “fuerza moral” del presidente. Eso es exterminio.

Y no fue solo el virus. Gracias a las políticas de “bienestar” de AMLO, el seguro social se quedó sin medicinas. Cuando los padres de los niños con cáncer salieron a protestar, los catalogó de agentes enemigos. Contrató personal médico, esclavos de la dictadura cubana, mientras en México hay miles de doctores y enfermeras mal pagados o desempleados.

Dice esto un sujeto que durante sus seis años ocupando Palacio Nacional —que, por cierto, antes de su llegada era un museo de acceso libre, pero que él convirtió en propio—, nunca abrió su oficina, su gobierno o una cuenta de banco para ayudar a las organizaciones de madres buscadoras. Buscadoras de sus hijos desaparecidos, víctimas de la política de AMLO de “abrazos no balazos”.

AMLO pide ahora a los mexicanos donar dinero para ayudar al “pueblo de Cuba”. Lo pide un individuo que dilapidó billones de pesos de los mexicanos. Los derrochó para satisfacer sus caprichos de viejito acomplejado. Destruyó un moderno aeropuerto a medio construir y ya pagado para construir uno al que no vuela nadie. Destruyó la selva maya de Yucatán para extender un tren en el que nadie viaja y que, junto a otro que hizo, se descarrila a cada rato gracias a la corrupción del clan de sus hijos y de los militares. Destruyó un impoluto manglar en Tabasco para levantar una refinería que costó tres veces más de lo presupuestado y apenas refina unos barriles de petróleo, pero a cada rato derrama otros barriles para destruir el medio ambiente.

Y hablando de militares. Con los “abrazos y balazos” los sacó de las calles —esas se las dejó a los cárteles—, donde eran garantes de la seguridad pública para ponerlos a construir trenes y aeropuertos. Los puso a administrar las aduanas y enseguida le cogieron gusto al dinero, pues entre muchas actividades ilegales se dedicaron a contrabandear miles de millones de litros de gasolina y diésel sin pagar impuestos. Todo esto bajo la complaciente mirada, y probablemente el sediento bolsillo, de AMLO y su clan.

En vez de abrir una cuenta bancaria, que abra ese bolsillo que, según dice la prensa mexicana, se sigue llenando mientras él está en su “retiro”.

Habla en X de “defensa de la soberanía”. Qué palabreja. Lo dice un caradura que estuvo genuflexo ante Trump durante toda su primera administración. Arrodillado ante Trump mientras era servil y cómplice de los dictadores cubanos. Mientras llenaba México y su capital de espías cubanos y rusos. Mientras convertía a México en corredor secreto de agentes iraníes, venezolanos, rusos, cubanos y quién sabe de dónde más. Soberanos mis...

Poco después del mensaje de AMLO, sucedió lo esperado. Miguel Díaz-Canel, quien tiene los días contados, subió su respectivo mensaje agradeciéndole “la generosa solidaridad y el acompañamiento de México a la heroica resistencia del pueblo cubano”.

El demacrado puesto a dedo, cuya cara, postura y gesticulación anuncian que está en sus últimos días, finalizó su comunicación con un “jamás olvidaremos tu permanente y decisivo apoyo al fortalecimiento de esa entrañable amistad”.

En eso tiene razón: los cubanos libres y los mexicanos de bien tampoco lo olvidaremos. Váyanse mucho a la chingada, no al rancho, a la chingada de verdad.

 

Foto: América Noticias USA

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