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jueves, 6 de agosto de 2026

La dictadura cubana sigue vivita y coleando

 

Foto: Sonora Presente
 

En mi vieja Cuba, cuando alguien sobrevivía a algún hecho inesperado o negativo, decían: “Sigue vivito y coleando”. Así está la Junta Militar de Barrigones cuatro meses después de que la administración Trump declarara su maligno Estado fallido como un “peligro inusual para la seguridad nacional de Estados Unidos”.

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Los Panzones ahí siguen, haciendo lo que mejor hacen; y miren: son ineptos en producir algo material, pero son excelentes en ganar tiempo, en manipular la narrativa, en hacerse las víctimas, en convencer a otros países cómplices para que los sostengan y —no por último lo menos nocivo— en reprimir. No me crean a mí: créanles a los hechos.

No han liberado a todos los presos políticos como se les exige. Y los pocos que han sido excarcelados han salido con medidas preventivas. A otro nos lo mandaron con una virgen rota y a balbucear por todos lados. El resto, incluyendo a los valientes que salieron en busca de la libertad el 11 de julio de 2021, siguen secuestrados en esos corrales inmundos que ellos llaman prisiones. Ah, y excarcelan a un puñado mientras día a día encierran a decenas.

No me extenderé hoy en lo expertos que son en ganar tiempo y en todo lo demás ya dicho, pero sí en lo de los países con regímenes cómplices que se mantienen sosteniendo a esa dictadura moribunda pero aún peligrosa. Uno pensaría que las sanciones de la administración Trump a estos regímenes significarían el cese del apoyo a la hiedra que genera mucho del resentimiento mundial hacia la democracia y hacia los Estados Unidos.

Las sanciones anteriores nunca funcionaron con el petróleo de turbio manejo que les enviaban Venezuela y Rusia a estos glotones de riqueza y defecadores de miseria. Aquel que revendían en el mercado fantasma internacional mientras los cubanos disfrutaban de sus autóctonos apagones. Esos millones de barriles de crudo mafioso solo dejaron de fluir hacia Cuba después de que los chicos de la 160.ª Aerotransportada se llevaran a Nicolás Maduro de paseo a Nueva York y de que los chicos de Zelenski no se amilanaran frente al oso ruso y a golpe de drones tuvieran a los rusos ahorrando para sí el combustible que no les explotan los de Kiev.

Cuando estos dos dejaron de mantener a los vagos ineptos de la Junta Militar de Barrigones, dio el paso al frente la compañera Claudia Sheinbaum Pardo, gerente de ese bello país llamado México. País convertido en un narcoestado autoritario en el que la guerra entre los cárteles del crimen organizado y la inseguridad pública cobra más vidas al año que los muertos en la guerra de Ucrania.

Durante todo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), jefe y santo patrono de la camarada Claudia, México fue plataforma para la coordinada invasión migratoria que La Habana desató contra Estados Unidos. También fue de los pocos países que pagó millones de dólares a la dictadura cubana por vacunas contra el COVID-19. Y fue otro de los países que acogió —y que acoge— a miles de profesionales de la salud pública, esclavos de la dictadura cubana.

Todo esto siendo México el principal socio comercial de Estados Unidos y sabiendo que en su vecino del norte viven más de treinta millones de personas de ascendencia mexicana. No solo la autodenominada Cuarta Transformación —que no es cuarta, es de cuarta— es cómplice del cáncer cubano, sino que lo es, además, de la mayoría de los países y organizaciones enemigas de la democracia y de Estados Unidos.

Pero con Cuba y los envíos “solidarios” de petróleo robado a los mexicanos se toparon con Trump y los interrumpieron, al menos los de grandes cantidades. No crea que eso los detuvo: los comunistas, eso que se llama “la izquierda internacional” y los bandidos, siempre encuentran el modo de evadir la aplicación de sanciones o regirse por criterios de decencia y transparencia.

Ellos siempre encuentran la forma de salirse con la suya. Repito: la dictadura cubana lleva sesenta y siete años y medio practicando esas artes. Ayer se publicó una columna del periodista Ramón Alberto Garza —nada estimado por el gobierno mexicano— en la que destapó una oscura operación de traslado de dinero en efectivo entre los aeropuertos de Toluca, cercano a la Ciudad de México, y el de La Habana.

En el tráfico de “recursos de procedencia ilícita” —usemos la terminología de las leyes mexicanas— participó la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid), dirigida por Alejandra del Moral. La investigación periodística destaca que este trasiego ilegal está siendo monitoreado por agencias de inteligencia de varios países y que se realiza directamente entre altos funcionarios del gobierno de México con Miguel Díaz-Canel y el Crustáceo, nieto de lo que queda de Raúl Castro.

Por supuesto, cuando los descubran abiertamente, los bandidos de ambos países van a decir que ese es dinero “solidario”. Recursos que “serían distribuidos de manera directa entre distintos sectores de la población cubana, como jóvenes, campesinos y adultos mayores, en medio de la crisis económica que atraviesa la isla”. Así se dice en la investigación de Garza.

No he visto a un solo cubano que nos diga que Díaz-Contados, o que el Cangrejito “salió del mar” y le dio a una anciana en un solar de Muralla y Villegas al menos quince dólares donados por la camarada Sheinbaum. Mucho menos a una madre menor de edad en Yateras. Robo, maldad, suciedad: el lado del mal, el inmoral al que se presta Del Moral. Qué asco.

La joven Alejandra del Moral tiene cuarenta y dos años —que comparados con los míos la hacen una niña— y ha tenido una carrera política variada como parte de los movimientos políticos que ahora son oposición, pero que hasta 2018 fueron gobierno en México. Incluso en 2023 compitió como candidata de una alianza opositora por la gubernatura del Estado de México, que tiene a Toluca —de donde ahora despegan aviones llenos de efectivo para La Habana— como su capital.

Del Moral perdió ante la candidata de Morena, el dizque partido político de AMLO y Sheinbaum. Al parecer, luego de perder, Del Moral se olvidó de la moral y se pasó al bando de los que llevan años desmantelando la democracia mexicana. Como la frase atribuida a Groucho Marx: “Estos son mis principios; si a usted no le gustan, tengo otros”.

Nombrada directora de la Amexcid, lo primero que hizo Del Moral por órdenes de sus nuevos amos fue, en septiembre de 2025, firmar un contrato para implementar el programa “Sembrando Vida” en Cuba. El programa es un adefesio creado por AMLO para, según dicen, poner a jóvenes sin trabajo a reforestar bosques.

 

Foto: Gobierno de México
 

No funcionó en México. Tampoco se sabe cuánto se gastó, puesto que AMLO disolvió todos los organismos de transparencia. El contrato de la AMEXCID con la Junta Militar de Barrigones ya lleva casi un año de firmado. ¿Ha escuchado usted algo sobre su implementación en Cuba? Y fíjense que digo "implementación", palabrita favorita de esos ineptos Panzones.

Pues bien, para no demorarnos más: la dictadura cubana está recibiendo aviones con dinero en efectivo de dudosa procedencia. Dinero que procede del país que es el principal socio comercial de Estados Unidos; país al que la administración Trump ha dicho que está controlado por los cárteles del crimen organizado. Un narcoestado enviando dinero en efectivo a una dictadura totalitaria.

Dinero sucio para una sucia dictadura. Dinero que se burla de las sanciones oficiales, por muchas que un día sí y otro también anuncien Marco Rubio o cualquiera otro de esta administración. Ellos no se rigen por leyes ni por las reglas del juego. Nunca lo han hecho: ni los narcos ni los bandidos que nos robaron Cuba en 1959.

La dictadura nos manda regalos para entretener nuestra atención. No me crea a mí: revise las noticias de las últimas dos o tres semanas. Verá hablar de vírgenes rotas, relojes caros, langostas en las cárceles, whisky chino y hasta de olores corporales.

Mientras aquí se hablaba de todo eso que en nada ayuda a liberar a ocho millones de paisanos, entre Toluca y La Habana volaban quién sabe cuántos aviones cargados de dólares en efectivo. Ah, y entre Florida y La Habana navegaban quién sabe cuántos barcos cargados de gasolina, diésel y quién sabe qué más, pagados con dólares en efectivo.

Nosotros aquí distraídos y ellos allá vivitos y coleando. Pobre Cuba y su libertad.

 

Foto: Gobierno de México

martes, 28 de julio de 2026

Cuba sin líderes

Foto: CBS News
 

Cuba siempre ha sido, desde su gestación como país independiente, un país con muchos líderes. Muchas veces líderes de bandos, facciones o grupos opuestos. Y fíjense que no digo que tener líderes sea algo bueno o necesario. La mayoría de los países exitosos funcionan felizmente sin necesidad de un líder.

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Pero siete u ocho mil años de historia conocida han demostrado que, en ocasiones, es necesario tener un líder para rectificar o eliminar el daño que ha hecho otro líder. Ha sucedido miles de veces desde los tiempos de Egipto y hasta antes. No es necesario que les haga una lista: no acabaríamos nunca.

En el caso cubano actual, que es el que nos ocupa, el lado del mal siempre ha aventajado a los del bien en esto de los liderazgos. El lado del mal, desde el 26 de julio de 1953, tuvo como líder indiscutible a Fidel Castro. Tuvo como líder a un desequilibrado maleante narcisista con una inusitada capacidad de convencimiento y supervivencia; a un Orador Orate.

Un líder indiscutible, sociópata de manual, que se las agenció para llevar a un país funcional y próspero al desfiladero de la miseria solo por un capricho personal. En aquel entonces, la mayoría de los cubanos marcharon, literalmente, al ritmo de su flauta embelesadora. A los valientes que se le opusieron los asesinó, los encarceló o los desterró.

Un líder indiscutible —duele decirlo—: incluso diez años después de su muerte seguimos hablando de él. Seguimos siendo testigos del armagedón que su indiscutible y maléfico liderazgo esparció por nuestra Cuba, antes próspera. Duele decir, también, que el líder indiscutible del lado del mal murió tranquilo en su cama robada, bajo un techo robado al bien.

Luego de que estirara la pata —en las que ya no calzaba lujosas botas, sino cómodos sneakers del capitalismo odiado—, lo reemplazó, ahora como líder indiscutible del lado del mal, su acomplejado hermano Raúl Castro. Pequeño y menos retórico, pero igual de maligno y despiadado. Cariñoso con su familia, despiadado con los cubanos.

Un líder indiscutible, pero menos mediático que el Orador Orate. Una degradación, vaya, pero con liderazgo indiscutible ante sus cautivos. Indiscutible por tener, en sus alcohólicas manos, los hilos de la represión, la fuerza y —también importante— el dinero del país, o de lo que quedaba del país.

Pero como estaba viejo o cansado del trabajo del día a día, le cedió el liderazgo formal —que no el real— a un pelele lamebotas —o lametenis, quién sabe— para que fuera la cabeza visible de la Junta Militar de Barrigones que heredó las ruinas de la obra del Orate parlanchín. Y ese individuo de líder no tiene ni la panza. Y miren que tiene panza.

Gris como una rata y bruto como una mula, es el elegido por el dedo del líder. Pero ahí lo tenemos: es la cabeza visible, el líder visible que nos regala bellas frases como la de la utopía en el horizonte, la resistencia creativa o “el limón es la base de todo”. Para colmo, tiene que compartir el liderazgo con un Crustáceo cuidador del abuelo que sigue siendo el líder simbólico de esa catástrofe. Miguelito y el Cangrejo; daría risa si no provocaran tanto dolor.

El liderazgo del mal ha ido en una caída en picada al mismo ritmo que el hundimiento de lo que queda de Cuba en las profundidades de la barbarie y la miseria. Liderazgo que refleja el fracaso de lo que nunca fue una utopía o un proyecto, sino el asalto y el robo a una nación próspera por parte de una familia y su pandilla.

Liderazgo actual de ese mal que ya lleva sesenta y siete años. Liderazgo de pocas luces que, sin embargo, sigue siendo liderazgo. No porque lo merezcan o porque sigan siendo líderes por sus capacidades. No: siguen ahí porque del lado del bien, a pesar de tantos esfuerzos, nunca hemos tenido un líder efectivo.

Hemos tenido muchos y valiosos líderes que —duele decirlo— no han sido efectivos a pesar del esfuerzo y patriotismo con que lo intentaron. Hoy, de este lado del bien, desde el exilio, nos sobran quienes se autotitulan líderes y nos faltan líderes verdaderos. Hoy, en las calles y campos de Cuba, nos faltan esos líderes efectivos que impongan la fuerza del bien, de la libertad, sobre la agonizante ya fuerza del mal.

Duele decirlo: que no podamos desde aquí y desde las calles y campos de Cuba deshacernos de un inepto como Díaz-Contados, de un corrupto como Marrano, de un llorón como Rodríguez Parrilla, de un zopenco como el Cangrejo y de toda esa caterva de inservibles que, por nuestra falta de líderes reales y efectivos, siguen considerándose líderes en esa tierra de ciegos en la que el Tuerto es rey.

Duele.

Foto: CiberCuba