martes, 21 de julio de 2026

El mundo era una Odisea, ahora es una odisea al revés

 

Foto: Universal Pictures
 
 

Las películas del director de cine Christopher Nolan, les confieso, nunca me han gustado. No porque el tipo sea mal director, sino por el mensaje que siempre quiere colar en sus filmes. Hace años, en 2008 y 2012, dirigió dos películas del personaje de caricaturas Batman. Fueron un éxito y dicen que no fueron malas; estoy seguro de que las vi, pero no recuerdo detalles. Las caricaturas me gusta más verlas en los impresos originales, los de otra época.

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La primera vez que me fijé en el nombre de Nolan como director fue en la película Dunkirk, de 2017. En las arenas de Dunkirk —Dunquerque, en español— se desarrolló, entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940, una de las proezas más heroicas y efectivas de la Segunda Guerra Mundial. Gracias al empeño de Winston Churchill y a la valentía de decenas de miles de civiles británicos, además de marinos belgas, canadienses y franceses, los aliados pudieron rescatar a 338 000 soldados rodeados por el incontenible avance nazi sobre una Francia débil.

Como para mí la guerra contra los nazis es una de las epopeyas más gloriosas de Occidente contra la barbarie y la tiranía, por supuesto que fui a ver la película cuando se estrenó. Entonces no sabía quién era su director ni quién era Nolan. Lo supe y lo investigué cuando en la escena inicial aparece un joven soldado británico corriendo por las calles de Dunkirk en dirección a la playa donde estaba el resto de su regimiento en espera de evacuación.

El problema, para mí, fue que el chico iba corriendo por las calles del Dunkirk actual. Es decir, corría con su uniforme de la época y su rifle Enfield apropiado por calles con casas modernas, con ventanas y barandales actuales, postes de luz modernos y cosas por el estilo. Ya eso me molestó un poco, como historiador, digo. La escena del chico huyendo inició con el abatimiento de sus compañeros mientras caminaban por esas mismas calles. Quienes los abatieron —se sabe justo después— no fueron los nazis, sino los mismos franceses, por equivocación. Tampoco me gustó la necesidad de poner fuego amigo sin necesidad o importancia en la trama, aunque en la guerra el fuego amigo sucede.

Luego, recuerdo ahora, durante esa epopeya del pueblo inglés de lanzarse al canal de la Mancha en pequeñas embarcaciones particulares a rescatar a los remanentes de su derrotado ejército, Nolan hace que uno de los rescatados abuse de sus rescatadores. En ese momento, en 1940, esos civiles estaban rescatando a casi medio millón de militares. De todos ellos, el único al que Nolan dedica un tramo de su film es al desequilibrado o hijo de perra que agredió a sus rescatadores. Ya esto me molestó bastante, como hombre libre y defensor de las causas justas.

Bueno, me olvidé del tal Nolan hasta que vi la película Oppenheimer, de 2023. J. Robert Oppenheimer —para quien no lo sepa; creo que no hay quien no lo sepa— fue uno de los científicos creadores de las primeras bombas atómicas. Han pasado más de ochenta años y el tema de la ética de la ciencia aplicada a la guerra nunca ha terminado. Muchos de los científicos que lograron convertir la fuerza del átomo en una fuerza de destrucción inmensa eran judíos; muchos habían tenido que escapar del genocidio nazi. Crearon un arma mortal para defenderse de un genocidio mortal. Tan efectivas fueron que, con solo dos de esas bombas, terminaron una guerra que costó decenas de millones de muertes y destruyó a medio planeta.

Vi la película de Nolan sobre Oppenheimer. Y sí, lo mismo. El tufo de lección de ética, de la malignidad del gobierno y de los militares norteamericanos, y el énfasis en la persecución por parte de los anticomunistas de posibles espías comunistas. En eso Nolan puso su énfasis. Una película con un discurso, ya saben, que no va con la cruda realidad de ser testigos y víctimas de la guerra más brutal de la humanidad hasta aquel momento. Por supuesto, la Academia le otorgó un Oscar a la mejor película de ese año.

Desde hace unos meses se ha venido anunciando una nueva película de Christopher Nolan: La Odisea. Coño, La Odisea es mi relato favorito de todos los relatos. Desde niño, el relato de Homero me ha servido de guía. Y es que la vida es una odisea; es la odisea del viaje de un ser humano por la vida para llegar a su destino. Un viaje lleno de peligros, trampas e inesperadas ayudas. Y me dije: hombre, quizás al fin pueda ver una película de este Nolan que me guste; va a narrar mi historia favorita.

Íbamos bien: Nolan puso a Matt Damon como Odiseo. No me molesta para nada que Damon sea un activista en esas causas de la llamada izquierda; todos en Hollywood lo son. Es más, considero que no hay nadie mejor que Damon para interpretar al gran héroe griego, al más listo y avieso combatiente de la guerra de Troya. Damon fue el soldado Ryan de una obra maestra. Casi ya no voy al cine, pero me dije que La Odisea sí la vería en la pantalla más grande que encontrara.

Pero, ya saben, Nolan no me defraudó. No me defraudó en el sentido de todo lo que me había molestado de sus anteriores películas que pasaron frente a mis ojos. Resulta que Nolan decidió que una actriz de raza negra interpretara a Elena de Troya. Conste que me encanta Lupita Nyong'o —bella e inteligente mujer, excelente actriz—. No es que no hubiera personas de raza negra en la antigua Grecia; había algunas, pero Elena no era de raza negra.

Ah, y Lupita anda denunciando que en La Odisea de Homero la mujer no está muy representada. ¿No? La guerra es por Elena —que no era negra, repito, pero da igual si lo hubiera sido—. La Odisea de Homero está llena de mujeres poderosas: Circe, Penélope, Atenea, Calipso, Nausícaa, hasta las sirenas. Pero nada, es la moda de estos días.

Luego Nolan puso a Elliot Page como el traidor Sinón; parece que no había actores con genes XY disponibles. También a un rapero negro como Demódoco el bardo, y así por el estilo. Para su película sobre uno de los pilares de la cultura griega, Nolan no contrató a un solo griego. De los vestuarios ni les digo. O del barco de Ulises: Nolan sube a mi héroe favorito no en un barco de remeros griego, sino en un drakkar vikingo diseñado miles de años después de lo narrado por Homero.

Nada, que Nolan arruinó mi ilusión de ver en la pantalla grande una de mis historias favoritas; quizás la que más. No lo culpo: es su película. No filmó La Odisea de Homero, sino la de Nolan. Yo pagaría por ver la de Homero, apegada a lo escrito, a lo milenario; no pongo un centavo por ver el cuento multicultural de un londinense.

Dicho esto, no me molesta para nada que alguien haga su versión propia de cualquier historia. La misma Odisea de Homero fue adaptada al ambiente cubano en un gran libro de pocas páginas que se llama La Odilea. Sí, es La Odisea en la que Odiseo es Odileo, un guajiro cubano. Buenísimo libro. Y no escrito por un cubano de nacimiento, para colmo. Lo escribió Francisco Chofre, un valenciano asentado en aquella Cuba cuando era libre y la gente emigraba a ella. Y luego dicen que antes no había inclusión.

 


Y miren, yo creía que el estreno de la película de Nolan iba a ser un fracaso con tanto "wokismo", y resulta que fue todo lo contrario. En este fin de semana de su estreno, la fábula de Nolan recaudó 120 millones de dólares: la mayor recaudación de la historia en un fin de semana de estreno.

Les digo, el mundo —el que conocía— está al revés. La gente paga por ver la versión manipulada de uno de los pilares literarios e históricos de la civilización occidental. Vengo de otro mundo, al parecer en desaparición.

Será por eso por lo que también, en este mundo actual, puede existir un país que hace medio siglo era de los más prósperos y felices de la tierra y hoy, convertido en un campo de concentración donde miles mueren de desidia y millones languidecen en inanición, nadie en este mundo actual, excepto nosotros los cubanos libres, haga algo para liberarlos del cepo que los oprime.

Al contrario: unos miran hacia otro lado y otros, incluso, continúan aplaudiendo a los cíclopes malignos que siguen destruyendo lo que antes fue bello, próspero y libre. La Odisea de Homero al revés en estos tiempos, y la odisea de los cubanos sigue eterna en una Cuba que sigue sufriendo.

 

Foto: Cosmicbooknews

lunes, 20 de julio de 2026

Día de los niños en tierras de asesinos

Foto: CiberCuba

Me entero hoy que ayer, domingo 19 de julio, se celebró el Día de los Niños en Cuba. Una de esas celebraciones inventadas por el Orador Orate para celebrarse él mismo. 

También leo que el "puesto a dedo" con los días contados publicó otra de sus habituales "picuencias", incluyendo sandeces como que los niños son pequeños gigantes, guardianes del futuro de la Patria

Foto: Cuba en Miami

¿Qué futuro?¿Qué Patria?

Foto: Cubanoticias360

¿Guardianes de qué?

Foto: CiberCuba

Luego les prometió a los niños cubanos que su Junta Militar de Barrigones "siempre velará por nuestra niñez, hasta en las horas más difíciles".

Foto: CNN

¿Velar? No velan ni a un muerto, pero vigilar y reprimir lo siguen haciendo hasta en las horas más difíciles.

Foto: Diario las Américas

Hijos de puta. Justicia y castigo. 

No tienen madre, no tienen alma, no tienen perdón.

Niños, ancianos, cubanos, todos jodidos por su mezquindad asesina.

Justicia y castigo, que no se nos olvide.

domingo, 19 de julio de 2026

Los dictadores nos dan tres vueltas, como siempre

Foto: Cubitanow

A lo largo de sus largos y malignos sesenta y siete años de maldita existencia, la dictadura cubana, es decir, los Castro, han hecho lo que les ha dado la gana con una parte de la llamada diáspora. Con el exilio no tanto, al menos con el histórico, el de tú a tú a tiros con los dictadores.

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Una de las maniobras que han empleado, desde hace muchas décadas, es la de ir liberando poco a poco a personas que, en primer lugar, nunca tendrían que haber estado presas. La lista es tan larga que no los quiero aburrir.

Ayer, domingo 19 de julio de 2026, fue un día de fútbol de FIFA y de adoración a la más reciente adquisición de esta diáspora. Bueno, para ser exactos, adoración al nuevo regalo que la dictadura ha enviado ahora a los adoradores de regalos. Nos han mandado a un muchacho que, como otros miles, nunca tenía que haber pisado una sucia prisión comunista.

Hace diez meses nos mandaron a otro, no tan muchacho, que llegó igual que este muchacho, envuelto en nuestra bandera mientras los adoradores lo rodeaban. El que llegó en octubre, de inmediato dejó la bandera, cual harapo, para envolverse en lujosos trajes y costosas corbatas. Dejó de actuar como un luchador de a pie contra una dictadura abusadora para, así vestido, asumir la pantomima de un pretendido presidente sin república.

Y no es el único, que conste.

Quizás por eso la dictadura nos lo regaló. No sabrán producir un vaso de leche, pero coño, en esto de jodernos y burlarse de nosotros no hay quien les gane.

Pues nada, nos mandan un liberado cada diez meses, si sabemos que tienen a más de 1200 presos políticos, a este ritmo de uno cada diez meses, nos van a estar mandando regalos hasta el 2126. Hagan la cuenta, es real.

Ayer domingo, esta diáspora estaba viendo fútbol y adorando regalos mandados por dictadores. Mientras, en una isla aquí cerca, millones de nuestros paisanos siguen sumidos en la miseria más absoluta, sobreviviendo en condiciones de la edad de piedra. Reprimidos por quienes se burlan de nosotros.

Antes llegaban reverenciando a nuestra bella Virgen de la Caridad del Cobre, ahora la rompen. Como cambian los tiempos.

Muchos de los que sí se envolvieron en una bandera gloriosa el 11 de julio de 2021, siguen en esas mismas sucias prisiones. A esos, los dictadores no nos los mandan de regalo. Coño, hasta en eso saben burlarse de nosotros.

 

Foto: CiberCuba

Eso, esperemos otro dentro de diez meses, en mayo de 2027. 

Me pregunto si se envuelven en la misma bandera, o cada uno trae la suya.