Foto: ABC News
Ustedes saben que a mí Donald J. Trump, como persona, me cae
como una patada en las campanas. Como presidente, a pesar de algunos
excesos, creo que lo está haciendo muy bien.
📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí
La administración —es un decir— Biden fue un desastre. Lo de
la frontera abierta y los millones de inmigrantes sin verificación fue un
fenómeno del que todavía no sabemos sus consecuencias, aunque sí su magnitud.
Lo del adoctrinamiento en las escuelas y universidades, la
imposición de los temas de sexualidad desde las escuelas primarias hasta los
puestos de trabajo, hombres biológicos compitiendo con chicas en los deportes,
la imposición también de la cultura woke, la satanización del
capitalismo y, lo que es peor, la de Estados Unidos como bastión de libertad y
democracia, es todo parte de una ofensiva ideológica contra los valores
tradicionales de esta sociedad.
La ofensiva no solo ha sido larga, sino efectiva. Ha logrado
dividir a este país en dos bandos bien definidos. El Partido Demócrata ha sido
cooptado por los radicales que representan este movimiento, secta o como usted
quiera llamarlo.
Y, como siempre les digo, a una acción hay una reacción.
Mientras más se estiró la liga hacia la llamada “izquierda”, la reacción del resto de la sociedad ha sido la equivalente
en sentido contrario. He ahí la causa de que Trump esté sentado en la Oficina
Oval.
Y no está sentado tocándose las pelotas, que a su edad bien
podría estarlo haciendo. No, el sujeto es imparable. Ha emitido centenares de
órdenes ejecutivas cancelando cientos de políticas impuestas por su antecesor.
Políticas de esas llamadas “inclusivas” que no eran más que imposiciones y
obstáculos al normal desenvolvimiento del país.
La frontera abierta durante cuatro años ha traído la
reacción de las redadas del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). Con un
país lleno de personas que entraron sin revisión, la agencia solo está haciendo
su trabajo. Un trabajo doloroso en términos humanos, pero obligado en términos
legales.
La imposición de esa ofensiva ideológica en muchas ciudades
como Washington D.C., Chicago, Portland o Memphis, con administraciones
demócratas, ha traído por consecuencia una degradación de la ley y el orden que
las ha convertido en verdaderos basureros y tierra santa para la delincuencia.
La reacción de la administración Trump ha sido enviar a la Guardia Nacional a
restaurar la ley y el orden en esas calles que son parte del país que él
preside.
Durante los cuatro años de su primera administración y los
cuatro de la Biden, a Donald Trump le encasquetaron no sé cuántas
investigaciones en su contra. Todas han sido probadas como injustificadas y el
individuo, ahora en el poder, ha respondido en consecuencia. De ahí los
procesos contra James Comey, antiguo director del FBI; contra Letitia James,
antigua fiscal general de Nueva York; contra el periódico The New York Times
por difamación; y contra Mazzanini, el torero que se le meta en el camino.
Y, por supuesto, la contraofensiva desplegada por Trump y
aplaudida por la mitad del país no le ha gustado a la facción más radical de la
otra mitad. Los ha ofendido; ya ven que se ofenden de todo. Ayer sábado hubo
más de dos mil manifestaciones bajo el lema No Kings (“No a los reyes”).
Dicen que organizadas con dinero de George Soros, un viejo que aparece en todas
las conspiraciones contra la libertad.
Sea Soros o sea quien sea quien las organice, lo hace muy
bien, para nuestro mal. Las protestas están muy bien organizadas y
disciplinadas en crear el caos y la violencia. Se refieren a Trump como un rey,
que no lo es ni lo será nunca.
Les ofende un presidente elegido en las urnas que se rige
por un código de leyes aprobadas en un marco jurídico democrático. Son los
mismos a los que les ofende que el Estado de Israel se defienda de los
terroristas.
Son los mismos que se envuelven en los trapitos palestinos,
los que nunca dirán nada para denunciar a Hamás o a los dictadores que oprimen
a muchos países. Son los que quieren que su hija compita en la escuela con un
atleta del sexo opuesto y comparta el baño con una “chica” con un pene
colgando.
Está bien que protesten, este es un país libre. Si lo hacen
con violencia, que los manden a la cárcel. Allí compartirán el baño —y algo
más— con sus anfitriones.
Trump se irá al retiro en enero de 2028. Ya veremos contra
quién o qué protestarán entonces, pues, esté usted seguro, seguirán protestando
contra cualquier cosa, excepto contra las verdaderas dictaduras.
Foto: People´s World
Marionetas de una mano oscura, o de muchas. Quién sabe.