Mostrando entradas con la etiqueta Fidel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fidel. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de noviembre de 2025

Seguimos perdiendo la batalla del lenguaje

 

Foto: Academia de la Historia de Cuba en el Exilio

El Orador Orate tuvo una indiscutible habilidad para utilizar el lenguaje como arma de manipulación política. El tipo, en ese sentido, era un genio. Un genio del mal, pero genio al fin.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

También tuvo una indiscutible habilidad para transformar en miseria todo en lo que metió sus uñas largas. Miren el estado en que dejó un país que se le entregó con prosperidad y futuro.

Lo dejó como un campo de batalla lleno de ruinas y desamparados.

Pero en el tema del lenguaje, el Orate no tenía competencia. Anoche, después de ver un video de Ernesto Miami sobre el fusible quemado de Gil, me encontré un video de Carlos Alberto Montaner, un tipo al que admiro muchísimo y que considero uno de los pilares sobre los que, por sus ideas democráticas, se reconstruirá una Cuba libre.

Lo conocí brevemente en Madrid, en 1995. Era un caballero. Una buena persona. Un cubano. Un patriota. Con su muerte, Cuba libre perdió un tesoro.

 

Foto: Wenceslao Cruz

Y, en el video de anoche, el caballero, buena persona, el cubano, el patriota hablaba sobre otro patriota. Hablaba sobre Huber Matos, un buen cubano que, a partir de buenas intenciones, ayudó al Orate a llegar a convertirse en dueño del destino de Cuba y de los cubanos.

Carlos Alberto, como muchos le decían, habla de Huber Matos como comandante. ¿Comandante? ¿Comandante de qué? De una guerrilla; habría que decir que fue comandante de una guerrilla ante la que Cuba se postró.

Pero no fue comandante de un ejército constitucional. No hay por qué llamarlo comandante, a pesar de que Matos fue uno de los personajes más valientes y decentes de aquella locura.

Luego Carlos Alberto pasa a hablar de Fidel, Raúl, el Che, Ramiro, Camilo y los otros. No entiendo por qué todo el mundo, incluso Huber Matos, los siguió llamando así, como si fueran familia.

Emilio Morales, un tipo brillante, de Cuba Siglo 21, en entrevista con el incansable Mario Pentón, habla de Raúl y Fidel como si fueran sus primos. ¿Se dan cuenta?

¡Y Mario también! ¿Se dan cuenta?

Es como si habláramos de Adolf, Benito, Josef, Vladimir o Kim. A los dictadores asesinos no se les tutea.

Les digo: el Orate fue un genio en el tema. Mientras llamó a sus alzados rebeldes, denominó a los rebeldes que se rebelaron contra su totalitarismo como alzados, como bandidos.

Estrenó la palabra lumpen en 1963 contra las futuras víctimas de las UMAP y la exponenció en 1980 contra los sensatos que quisieron escapar de su manicomio.

Llamó «mercenarios» a los héroes de la Brigada de Asalto 2506 y “victoria de Girón” a la derrota de los justos abandonados por Kennedy. Y a esa derrota la llamó “victoria de Girón” en vez de “victoria de bahía de Cochinos”, nombre que no suena nada heroico. Ya lo expliqué en Se acabó la diversión.

Suena más bonito “victoria de Girón” que “victoria de Cochinos”.

Un año después llenó su isla esclava y, según él, soberana, de cohetes nucleares soviéticos. Y quería usarlos: matanza nuclear contra el imperialismo, contra la humanidad. Nikita —lo llamo por su nombre, pues por su sentido común yo pude nacer siete años después— le quitó los juguetes nucleares al Orate desatado.

Ah, pero el Orate no llamó a esa crisis como la ha llamado todo el mundo. La conocemos como “crisis de los misiles”, pero en la isla miserable el Orate impuso el término “crisis de Octubre”. Sin misiles, sin muerte.

A los que se le opusieron pacíficamente los llamó grupúsculos. A Ricardo Bofill le encasquetó el seudónimo de Fullero. Al embargo lo bautizó como “bloqueo”. Y así sucesivamente.

Los cubanos libres somos “la mafia de Miami”, “la escoria”, “los gusanos”. Nada de eso somos: somos los libres. Cubanos libres.

El Orate y los Barrigones entrenan a extranjeros. Para AMLO y Claudia, por ejemplo, la “mafia de Miami” es la “mafia en el poder”, es decir, los mexicanos que creen en la libertad individual.

Usemos, como ellos lo hacen contra nosotros, el lenguaje en contra de ellos. Que el español —hoy vilipendiado en España— es una lengua muy rica y maravillosa.

Lo que sucede hoy en Cuba es una crisis humanitaria. Ellos le llaman “coyuntura”.

La situación del oriente cubano es una catástrofe humanitaria. Ellos dicen que “el pueblo resiste”, mientras una niña en Birán, terruño del Orate, grita por hambre.

En Cuba hoy en día ya ni impera el maléfico socialismo: es un capitalismo de casta.

Después de la muerte del Orate no hay un solo dictador: hay una Junta Militar de Barrigones.

Dejemos de hablar del “pueblo” cubano. Hablemos de convertir a esa “masa” sin derechos, sin oportunidades, sin futuro, en ciudadanos de una república de leyes. De leyes que respeten su libertad individual y su derecho a la felicidad y a la prosperidad.

“Resistencia creativa”, “ordenamiento”, “bloqueo asesino” y así toda esa homilía totalitaria. “Revolución”.

Llamémosla “ineptitud innata”, “genocidio”, “embargo merecido”, “fracaso total”.

Fidel y Raúl son los Castro, las cabezas del genocidio actual. El llamado Che solo fue un asesino con ínfulas de sabiondo. Se apellidaba Guevara y se fue a Cuba a matar cubanos y a convertir la prosperidad en fracaso.

Los Panzones que desgobiernan ese Estado fallido solo son la cabeza visible de una Junta Militar que sigue anclando a la antigua próspera isla al fracaso. Son los que le roban el futuro a sus cautivos.

Los mantienen cautivos, como “pueblo”, como “masas”, cuando podrían ser ciudadanos de una república próspera.

No le llego ni al tobillo a Carlos Alberto, ni a todo lo que hizo por el país que él y su familia perdieron, por el que yo y la mía perdimos. Pero yo nunca me referiré a ellos por su nombre de pila.

Siempre los llamaré dictadores e hijos de puta. Comandantes..., mis huevos.

 

Foto: Cuba Decide
 

Y perdón por la mala palabra. Perdón por decir “comandantes”. Ah, y por decir “batalla”, otra palabrita del Orate.

Del carajo.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Los regresaron a siboneyes

 

Foto: Deportescineyotros
 

Como les he contado en mi libro Se acabó la diversión, cuando en 1959 los cubanos le entregaron su destino a un Orador Orate —quien nunca antes había tenido un empleo—, el sujeto les prometió, como decía mi abuela, “villas y castillas”.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Prometió que, en menos de cinco años, Cuba iba a ser uno de los países más desarrollados del mundo. Iba a exportar carne, pollo, quesos, electrodomésticos y hasta motocicletas.

Y es que prometer no cuesta, no le cuesta a quien promete sino a quien le cree.

En menos de dos años tenía ya a los cubanos haciendo cola para comprar los alimentos y productos a los que tenían “derecho” por la libreta de abastecimientos.

También prometió resolver el “problema de la vivienda”. Lo primero que hizo fue confiscar todos los inmuebles privados del país y ponerlos en usufructo a sus inquilinos. Muchos, como corderos, clavaron una placa en sus puertas que decía: “Esta es tu casa, Fidel”.


Foto: Cubanet
 

El Orate les quitó las viviendas a sus legítimos dueños y se las alquiló a los cubanos. Al mismo tiempo, les prometió construir más y más viviendas que en el futuro el generoso Estado revolucionario regalaría a sus cautivos.

Por supuesto, no cumplió ni un uno por ciento de lo que dijo. Mientras pudo exprimir a los soviéticos, puso a brigadas de cubanos —trabajadores de otras áreas a los que sacaban de sus puestos de trabajo— a construir unos feos y chapuceros edificios. No eran albañiles ni maestros, y demoraban años construyéndolos.

Cuando terminaban la chapucería, tenían que matarse entre ellos en una asamblea a ver quién se quedaba con un espacio de aquel palomar. Al poco tiempo, ya la lluvia se filtraba por el techo. Eso si vivías en el último piso; en los de más abajo no era lluvia lo que se filtraba.

Feas y chapuceras, aquellas “microbrigadas” —así les decían— de todas formas no alcanzaban para todos. Generaciones de cubanos tuvieron que compartir morada. En una misma casa o apartamento vivían los abuelos, los padres, los hijos y luego también los nietos.

Hacinados, como en los barracones de esclavos.

Todavía en sus discursos seguía prometiendo un futuro luminoso, que no llegaba nunca. Ya saben: por culpa del imperialismo.

Pasó el tiempo y se le reventó al Orate el intestino como mismo se reventaban las tuberías de aquellas microbrigadas. Estiró la pata y se metió en un pedrusco afeando el panteón de nuestro José Martí.

Ya ven que los dictadores se creen apóstoles.

Y llegaron los Panzones. Estos ya llegaron no prometiendo nada. Ellos no les dan nada a los cubanos. Bueno, sí, dan represión, a “trocha y mocha”, como decía mi abuela.

No prometieron desarrollo, mucho menos exportar carne, pollo, quesos, electrodomésticos o motocicletas. Estos no: estos solo saben llorar y gemir para importar lo que hace sesenta y seis años Cuba libre producía.

Tampoco prometieron dotar de viviendas a sus cautivos. Ni siquiera ayudarlos a repararlas.

Antes de que pasara Melissa por el oriente de la isla, ya sus habitantes habitaban en moradas miserables. La fuerza del huracán fue el empujón final a la fuerza del socialismo.

Techos perdidos, paredes caídas, viviendas inundadas.

No solo no ha habido labores de rescate coordinadas o efectivas. Mucho menos hay un esfuerzo o al menos una intención de reconstrucción.

Incluso, esos mismos Barrigones —que se dicen “continuidad” del Orate— no van a donar los materiales de construcción a los afectados. Los mismos afectados a los que el Orate, a principios de su dictadura, les prometió regalarles casas dignas.

No, ellos les van a vender los materiales. Según dicen, a mitad de precio. En un país sin empleo.

Los Panzones les van a vender el material a los cautivos que la desidia de ellos mismos ha dejado sin techo. Negocio redondo. Luego dicen que no saben de negocios.

Hace sesenta y seis años llegó un Orate robando casas y prometiendo un futuro con más casas. El futuro ya llegó.

He visto ahora imágenes de cubanos pernoctando bajo una lona al borde de las carreteras. Me asombra cómo la civilización puede retroceder tan rápido en lo que fue el tercer país más avanzado de Iberoamérica.

Perdieron sus casas, lo perdieron todo, están sin alimentos, sin agua, sin médicos. Ahora a vivir bajo un toldo improvisado al borde de una carretera. 

 

Foto: CiberCuba

Lo peor es que Melissa no fue el primero ni el último huracán. A esperar por el próximo.

Mientras, ya sin civilización, los espera la comunidad primitiva.