Foto: El Financiero
Hace unos días, la presidenta de
los Estados Unidos Mexicanos sostuvo su postura de continuar apoyando a la
decrépita y fracasada dictadura totalitaria que esclaviza a Cuba. Vivir bajo la
piel de Claudia Sheinbaum, presidenta de México, debe ser difícil. La señora
habita el palacio virreinal que construyeron los españoles que su movimiento
ideológico tanto desprecia. Ahí se mudó en 2018 el recién electo Andrés Manuel
López Obrador (AMLO), cuando ganó democráticamente las elecciones.
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Odiando a España, el señor
abandonó la tradicional sede de gobierno y se mudó al Palacio colonial. Un
gasto de dinero doble: dejó perder una sede de gobierno funcional y gastó mucho
en habilitar el palacio, al mismo tiempo que se prohibió a los mexicanos y a
los turistas seguir visitando ese edificio histórico. Ojalá hubiera sido este
el único despilfarro de este supuesto mesías.
Destrozó un aeropuerto de última
generación para adaptar uno militar a uso civil. El primero estaba
completamente financiado y podría haber sido inaugurado hace años. El segundo,
construido con sobrecosto, languidece sin vuelos y es operado por los militares.
Ah, y el clan de amigos de sus hijos, de los hijos de AMLO, lucró revendiendo
los materiales de construcción del aeropuerto destruido y lucró también en la
construcción del aeropuerto inútil.
Pero tampoco tuvo suficiente con ese otro despilfarro. Construyó un tren inútil en medio de la
selva maya. Destruyó decenas de miles de hectáreas de bosques y cientos de
cenotes milenarios. Un tren en el que nadie viaja, que se descarrila
regularmente y en el que el clan de sus hijos, de los hijos de AMLO, se hinchó
de dinero. De paso, tirándole un cabo a sus aliados de La Habana, usaron balastro cubano para asentar las vías del tren del despilfarro.
En esto de destruir la
naturaleza, el viejito fue un experto. Se le antojó construir una refinería de
hidrocarburos en medio de un manglar paradisíaco. Sí, lo descojonó, lo
destruyó. Construyó una refinería que no refina, en tiempos en que las grandes
compañías energéticas las venden por doquier, ante los adelantos de otro tipo
de energías. Por supuesto, como todo bajo el mal gobierno de AMLO, la refinería
de Dos Bocas costó muchas veces más de lo presupuestado. Esto por la propia
ineficiencia y opacidad de su gobierno y por la fiesta de corrupción con la que
sus hijos, los hijos de AMLO, se deleitaron.
No los demoro más con el señor.
Pero antes de regresar a Claudia les quiero recordar que durante los nefastos
seis años que habitó ese palacio, AMLO destruyó el sistema de salud pública,
eliminó las guarderías infantiles, confiscó y dilapidó el dinero de cientos de
fideicomisos, endeudó al país como nunca antes, convirtió la educación en
adoctrinamiento, empoderó a los cárteles del narcotráfico —no solo eso,
les permitió diversificarse y extenderse—, ejecutó el mayor desfalco de
la historia al patrimonio nacional con el robo e importación ilegal de
combustibles, reprimió y silenció a los principales periodistas del país.
Bueno, la lista es muy larga. Otro día seguimos con este tema.
A lo que vengo: al tema
ideológico. AMLO, un acomplejado, un resentido, como lo es Putin, o lo fueron
Castro o Hitler, proviene de una cepa latinoamericana que envidia y al mismo
tiempo odia a Estados Unidos y al mundo libre, al mundo exitoso. Una cepa que
odia la libertad, la democracia, el capitalismo y la transparencia. Esta cepa
—que, pensándolo bien, no es solo latinoamericana si vemos el caso actual de
España— prefiere el capitalismo de amigos, lo oscuro, lo turbio, lo
antidemocrático.
Por eso llenó a su país de “médicos”cubanos, como lo hizo Chávez y ahora lo hace Maduro. AMLO llegó a la
presidencia en unas elecciones libres y se dedicó durante seis años no solo a
desfalcar el tesoro del país, sino a destruir la democracia que llevaba
dos décadas en construcción.
Y aquí entra Claudia, su pupila,
su seguidora, quien, a diferencia de AMLO, sí tiene un basamento ideológico
antidemocrático y anticapitalista. No les digo que es comunista porque ahora
decir que alguien es socialista o comunista es casi un mérito, un halago. Y la
señora, al mismo tiempo que torea a Trump, cobija y esconde la corrupción de
los hijos y hermanos de AMLO, la corrupción y colusión de los amigos de AMLO,
muchos de los cuales integran su gobierno o el poder legislativo. Al mismo
tiempo que hace eso y termina de desarmar la democracia mexicana, se la pasa
defendiendo todo lo indefendible que existe en este continente.
No le importa que la economía de
México esté integrada a la de Estados Unidos y Canadá, o que en Estados Unidos
viva más del quince por ciento de la población de su país. En el país al que
desprecia viven más de treinta millones de mexicanos. Mexicanos trabajadores
que envían en remesas decenas de miles de millones de dólares. No, la señora,
como quien dice mordiendo la mano de quien la alimenta y la protege, actúa
siempre del lado de las fuerzas oscuras del hemisferio.
Manda combustibles a la Dictadura Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba, imprime los
libros de texto adoctrinadores para esa misma dictadura, mantiene en la Ciudad
de México a decenas de espías rusos, permite la importación ilegal de decenas
de miles de millones en productos chinos, afectando a su propia industria. Y si
a política exterior nos vamos, no toca ni con el pétalo de una rosa a la
narcodictadura venezolana, condena las acciones militares contra el
narcotráfico, permite que por su país pasen aviones llenos de guardias revolucionarios iraníes, se niega a felicitar a María Corina Machado por su merecido Nobel
de la Paz o a Kast por su victoria en Chile, defiende a los golpistas Evo
Morales o Rafael Correa, apoya la postura antidemocrática de la presidenta de
Honduras, invita al Panzón número 1 a su Palacio, tiene a México lleno de
corresponsales de Russia Today mientras no dice ni pío sobre la invasión a
Ucrania.
Su jefe de gabinete, Lázaro
Cárdenas Batel, es un agente de La Habana; el jefe de la bancada parlamentaria
de su partido, Morena, es jefe de un cártel llamado La Barredora; los hijos de
AMLO siguen sirviéndose con la cuchara grande, y así sucesivamente.
Cárdenas Batel y su esposa cubana
Foto: Cuartoscuro
Ella habita ese Palacio que le
entregó su mentor, quien la sentó en la silla presidencial. Y hay que reconocer
que la señora es agradecida, quizás demasiado agradecida. Incluso ya habla y
gesticula como AMLO, y tengo la impresión de que no solo lo imita, sino que lo
obedece. Lo obedece y le teme. Quizás también lo quiere, no lo sé. Un títere,
un títere, pero maligno.
Foto: Diario de Cuba
Como les digo, debe ser difícil
vivir bajo la piel de Claudia Sheinbaum. Yo me sentiría sucio, muy sucio.
Pobre México: justo cuando iba
rumbo al éxito, le volvió la oscuridad.