Foto: BBC
El otro día, por cuestiones de
trabajo, tuve que pasar frente a la entrada de Alligator Alcatraz. Para el que
no sepa lo que es esto, les digo: es una prisión montada por la administración
de Donald Trump, de manera provisional, para alojar allí a los extranjeros que
están en condiciones migratorias irregulares.
📺 Si no me quiere leer,
véame, pero es peor. → Ver el video aquí
En español su nombre se
traduciría como Alcatraz de los Caimanes.
Allí están encerradas cientos de
personas que están a punto de ser devueltas a sus países de origen. Alligator
Alcatraz es como un purgatorio migratorio para estos inmigrantes, a punto de
ser regresados a sus respectivos infiernos.
La prisión, como su nombre lo
indica, es una versión trumpista del Alcatraz de la bahía de San Francisco,
solo que está ubicada en medio de los pantanos de los Everglades, en el sur de
la Florida. De ahí lo de Alligator. Además de estar rodeada de pantanos,
mosquitos y caimanes, la instalación está en medio de la nada. En casa del
carajo.
Alligator Alcatraz es parte de la
política de reajuste migratorio que ha emprendido la administración Trump
después del caos ocasionado por la política de libre entrada que ejecutó la
administración de su antecesor. Lo que está haciendo Trump es un reajuste
necesario, que veo muy bien. Pero no veo bien la forma en que lo ha estado
haciendo.
En esa prisión hay personas de
muchas nacionalidades, incluyendo cubanos. ¿Cubanos? ¿No que los cubanos
disfrutan de un trato privilegiado en el sistema legal de inmigración de
Estados Unidos?
Sí, hasta hace poco así era. Los
cubanos que huían del manicomio totalitario recibían refugio en Estados Unidos.
Así fue durante más de cinco décadas, pero todo empezó a derrumbarse cuando
comenzaron a llegar cientos de miles de ellos a través de un tsunami humano
generado y promovido desde La Habana.
La Dictadura Militar de
Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba organizó y ejecutó una acción
de guerra atípica contra Estados Unidos. En un país en el que hasta hace unos
años se requería una “tarjeta blanca” para poder viajar al extranjero, en el
que no podías vender tu vivienda o tu auto —si tenías la suerte de tener alguno
de los dos—, de pronto todo el mundo podía salir, todo el mundo podía vender
sus cosas e irse sin tener que dar explicación alguna.
¿Irse adónde, si los cubanos
necesitan visa hasta para ir al baño?
Irse a Nicaragua, donde el
régimen asesino de Ortega y su mujer eliminó la necesidad de visa para la
entrada de los cubanos. Centenares de miles de ellos pasaron por Nicaragua sin
siquiera pararse a ver sus volcanes. Las agencias de viaje que organizaban los
vuelos desde La Habana, muchas de ellas basadas aquí en Estados Unidos, se
hincharon de dinero.
Aviones repletos desde La Habana
a Managua, que regresaban vacíos a recoger más gente. Tráfico humano.
Esos centenares de miles de
cubanos llegaban a México, donde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador los
recibía con los brazos abiertos. También los esperaban los cárteles del
narcotráfico, que los recibían con sus carteras abiertas. Al fin y al cabo,
gobierno y cárteles eran —o todavía lo son— socios en el negocio.
Lo importante es que, haya sido
como haya sido, centenares de miles de cubanos pudieron entrar a Estados
Unidos. La mayoría lo hizo bajo un precario estatus migratorio llamado I-220A,
que no es más que un permiso temporal de estancia.
Es algo muy diferente a la aún
vigente Ley de Ajuste Cubano, que otorga residencia, al año y un día, a los
cubanos que hayan entrado de manera legal al país. Estos centenares de miles
que entraron por la frontera no lo hicieron legalmente, por lo que no pueden
beneficiarse de esa noble ley.
Y aquí viene el problema. Si bien
la mayoría de esos cubanos, la mayor parte de ellos jóvenes, se dedicaron a
empezar una nueva vida en esta tierra de libertad y oportunidades, otros, no
pocos, se dedicaron a seguir haciendo lo aprendido en la isla. A vivir del
cuento y del invento.
Diariamente vemos que atraparon a
uno robando caballos, a otro —que era locutor en Cuba— manejando a las tres de
la mañana sin licencia ni seguro, o a un grupo de ellos estafando con tarjetas
de crédito, o robando casas, autos o tiendas. Les he contado antes: no se puede
bailar en casa del trompo.
Foto: YouTube
Es así como muchos cubanos han
caído en Alligator Alcatraz, un sitio infernal. Estoy seguro de que la mayor
parte de ellos ha llegado allí a consecuencia de sus propios actos, por querer
bailar en casa del trompo. Estoy convencido de que también hay allí muchos inocentes,
víctimas colaterales del severo actuar del Servicio de Inmigración (ICE).
Y hace unos días, en aquel
infierno, he leído, cientos de cubanos se sublevaron. Otros iniciaron una
huelga de hambre. Rebelión, pues.
Uno de ellos le dijo a la
plataforma CiberCuba:
“Es un abuso contra la humanidad
de nosotros (…). Estamos gritando libertad, mostrando que no somos peligrosos,
que no somos violentos, que somos hermanos unidos”.
Otro dijo:
“El agua no la están dando
caliente, no nos dejan afeitarnos, nos están tratando mal”.
Y otro:
“La comida malísima, tremenda
hambre”.
Lo que dijeron me parece
excelente. Eso mismo dijeron, o más bien gritaron, los manifestantes que
salieron a las calles de Cuba el 11 de julio de 2021.
Foto: El Mundo
En la isla fueron reprimidos
brutalmente y muchos de ellos languidecen en las mazmorras infectas de la
dictadura de los Panzones.
Estos, se quejan de que en
Alligator Alcatraz van a ser regresados a donde gritar “libertad” significa ser
reprimido y encarcelado. A donde no hay agua, ni fría ni caliente; a donde no
se puede comprar ni una cuchilla de afeitar y a donde la comida es malísima y
hay tremenda hambre.
Duele decirlo, pero es la
realidad. Su realidad.
Finalmente, uno de los detenidos
reflexionó:
“Nos están tratando como si
estuviéramos en el camino de la muerte”.
Y sí, están camino de la muerte.
La muerte de la dignidad del ser humano que sobrevive bajo esa dictadura
totalitaria.
La solución a esa muerte,
evidentemente, no está en Estados Unidos ni en ninguna otra parte más que en la
propia Cuba. Ojalá los que regresen, como dijo uno de los prisioneros de
Alligator Alcatraz, lleguen unidos gritando libertad, exigiendo agua y comida.
Al cabo, que la isla de Cuba
tiene forma de caimán, no hay libertad, ni comida, ni agua, y los Panzones la
tienen aislada, en medio de la nada. Nada: que van de una prisión donde
pidieron libertad a otra donde no sabemos si la pedirán o, mejor aún, la exigirán.
No pudieron bailar en casa del
trompo; a ver si lo hacen en la de los Barrigones.