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lunes, 6 de julio de 2026

A cuatro días del once y se les apaga la isla

Foto: OnCubaNews
 

En este momento, Cuba está a oscuras. Bueno, los cautivos de la isla todavía tienen acceso a la luz del sol. El totalitarismo comunista no se lo ha podido arrebatar como el resto de las cosas que corresponden a una vida civilizada. Den por hecho que, de haber podido, también habrían arruinado el sol que los alumbra, racionado el aire que respiran o secado el mar que los aísla.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Una isla rodeada de mar que no les provee pescado, llena de tierra fértil y abundante sol, que no produce. Se llama socialismo, y todo lo arruina, todo lo destruye. Se llama socialismo totalitario, que es aún peor, puesto que a todo lo anterior hay que agregarle maldad y represión.

Hoy, lunes 6 de julio de 2026, los cubanos están a oscuras; el manto negro de ese totalitarismo socialista, o comunista —que al final son lo mismo—, les ha privado de una supervivencia, ya no digo vida, civilizada. A esta hora, lo que la Junta Militar de Barrigones llama Sistema Electroenergético Nacional 😂🤣 está desconectado. Desconexión total, apagón generalizado.

Miguel Díaz-Contados, Bruno Rodríguez Parrilla, Manuel Marrano, el Cangrejo o el Búho saldrán a culpar a Donald Trump como causante de este apagón generalizado. Saben que eso les funciona para el exterior. Saben que les funciona para mendigar más ayudas, más complicidad y más defensores en la arena internacional.

Les funciona tan bien que ayer una periodista española, bastante lista, me preguntaba si el “bloqueo energético de Trump” no era el responsable de esta debacle. Ya se imaginan mi respuesta; para qué los voy a aburrir.

Trump como culpable del colapso cubano. Pero resulta que este apagón generalizado que tiene hoy a los cautivos de la isla, a mis paisanos, malviviendo en la Edad de Piedra, no es el primero. Es el octavo. El primero fue el 18 de octubre de 2024, hace casi dos años. El presidente de Estados Unidos —es un decir— por entonces, era Joe Biden y todavía Nicolás Maduro bailaba y bufoneaba en Caracas.

Él y Claudia Sheinbaum le regalaban combustible a la Junta Militar de Barrigones, buena parte del cual esos tripudos revendían en el mercado ilegal a cambio de dólares que no se invertían en mejorar Cuba, salvo para mantener la represión. Y, aun así, el 18 de octubre de ese año toda la isla se quedó a oscuras.

Volvió a suceder tres semanas después, el 8 de noviembre; luego el 4 de diciembre, y así sucesivamente. Cuando el 29 de enero de este año Donald Trump dictó la orden ejecutiva catalogando a Cuba como un peligro inusual para la seguridad nacional de Estados Unidos, ya habían ocurrido cinco de estos eventos.

Eso sin contar los apagones totales que ya son costumbre cuando algún huracán toca territorio cubano. La dictadura militar lo primero que hace es apagar la isla; así ahorra algo de dinero, del que tanto esfuerzo les cuesta gastar en mantener a los cautivos que tanto desprecian.

Hoy Cuba está a oscuras. Hace cinco años sufría de apagones también, pero no eran generalizados. El río de petróleo narcochavista y narcomorenista todavía corría. Aun así, hace cinco años, el 11 de julio de 2021, miles de cubanos salieron a la calle a exigir lo que les robaron desde el 1.º de enero de 1959: libertad.

Hoy, con esa Cuba a oscuras, el apagón es generalizado. Podrán reconectar algunos sectores, pero el sistema 😂🤣 volverá a colapsar eventualmente. La dictadura cubana es el fracaso; ellos son ese manto negro que mantiene a los cautivos en condiciones de primitivos. Hace cinco años, miserables, pero menos que hoy, miles de cubanos salieron a la calle para, con valentía, intentar rasgar ese manto negro que cubre su isla; para rasgarlo, desaparecerlo y que regrese a su tierra la luz: la eléctrica y la de la libertad.

Foto: CRS.org

Hoy es 6 de julio de 2026, es lunes, Cuba está a oscuras y lo seguirá estando mientras esos Barrigones sigan hablando estupideces en sus sillones blancos mientras sus cautivos cocinan con leña, como los nativos con los que se encontró Cristóbal Colón hace medio milenio. El sábado próximo será el día 11 de este mes de julio. Hace cinco años, en Cuba brilló la valentía y el honor, luego aplastado por la maldad y el salvajismo.

La fecha exacta no importa cuando el problema es el mismo. Y el problema ahí sigue; no solo sigue, es mucho, mucho peor. El problema tiene nombres y apellidos y viste de verde olivo. El problema es lo único que separa a esos cautivos de una vida digna, humana, libre y feliz.

Ya sabemos cuál es el problema, ya fallamos una vez, todos, los de allá y los de acá. Lección aprendida, pero el problema ahí sigue; no solo sigue, es aún peor. Y estamos en julio.

Foto: CiberCuba

martes, 28 de abril de 2026

El MiG del misterio

 


Debe haber sido en el verano de 1986, puesto que el hijo mayor de mi madre estaba de regreso en Cuba después de pasar seis años en la Letonia soviética estudiando una carrera relacionada con la aviación. Desde niño me contagió con esa pasión —que dura hasta hoy— por los aviones.

Como en la Biblia, el hijo pródigo había regresado y, junto a mi padre, salimos hacia lo que se conoce allá como la Habana Campo. Iba yo con mi padre a esas fértiles llanuras a “forrajear” alimentos que escaseaban en la capital. Digan lo que digan, desde el principio, en la Cuba socialista hubo escasez de todo. Recuerdo en particular una finca en Güira de Melena, la del guajiro Carvajal, un tipazo de la vieja Cuba.

Pero en ese verano de 1986, con el hijo mayor recién llegado, mi padre se desvió de la ruta y fuimos a ver las ruinas de un cafetal llamado Angerona. Ruinas de una Cuba que alguna vez fue próspera. Exploramos aquellas piedras —atrapadas ya entre frondosos árboles— y el hijo de mi madre y yo salimos a caminar un poco más allá.

 

Foto: El Artemiseño
 
 

Para nuestra sorpresa, nos encontramos con un avión. Bueno, más bien con un fuselaje: el casco de un avión de guerra que, evidentemente, había sufrido un aterrizaje forzoso. Ya no tenía alas, ni motor, ni aviónica. Solo el fuselaje de aluminio, con más apretones y golpes que un tubo de pasta de dientes de los de antes.

Tendría yo unos diecisiete años y él ocho más que yo. De las pocas cosas en las que colaboramos en nuestras vidas fue en esa ocasión, intentando determinar qué tipo de avión era. No nos costó mucho trabajo: era un MiG-15UTI. Un MiG-15 de entrenamiento, de los que empezaron a llegar a Cuba en 1961, después de la invasión de Bahía de Cochinos.

Nunca he sabido sobre ese accidente en Artemisa. Pudo haber sido en los años setenta o en los ochenta. No aparece en ninguna historia. Allí estaba ese amasijo de aluminio, abandonado. Miles de dólares en material reciclable allí tirados.

Un misterio. Un misterio lo del avión accidentado, no lo del valioso aluminio abandonado. El socialismo es así: fuente de desidia.

 

 

Foto: Aviationgraphics