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domingo, 16 de agosto de 2026

La libertad enlodada

 

Foto: Havana Times
 
 

El 3 de enero pasado, todas las personas que amamos la democracia, la libertad, la transparencia y el progreso nos despertamos con la excelente noticia de la captura y extracción del sátrapa Nicolás Maduro y su cómplice esposa. Un operativo táctico inmaculado, preciso y quirúrgico. Cuando hay decisión política, Estados Unidos puede cambiar el destino de las naciones.

Como nací en un país en el que el juego de dominó es parte de la genética nacional, pensé —muchos pensamos— que, cayendo la ficha que mantenía con vida artificial a la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de mi Cuba, el doble nueve de esos barrigones sería la próxima ficha en caer.

Son esa pandilla de ineptos y mediocres mofletones el único impedimento para sacar a los cautivos de la isla de la existencia primitiva en la que sobreviven e iniciar el largo, complicado y costoso proceso de reconstrucción de las ruinas en que sesenta y siete años de totalitarismo castrista han convertido a un país otrora próspero y autosuficiente. Reconstrucción que, ante tamaño desastre, más bien será una refundación.

Pues todos pasamos un feliz 3 de enero y las muy esperanzadoras semanas que siguieron a la extracción del payaso de Miraflores. Más aún cuando Donald Trump declaró, el 29 de ese mes, a la dictadura cubana como “un peligro inusual para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Para los cubanos de mi generación eso significaba un “se formó”, lo que en nuestro dialecto significa que la bronca era inminente. Al fin.

Han pasado seis meses y no se “formó” nada. De este lado, la administración Trump, si bien no ha quitado de sus miras a los gordos de La Habana, se ha complicado al otro lado del mundo ante la resistencia firme y eficaz —duele decirlo— de la teocracia iraní. En términos cotidianos, es como cuando usted llega al banco y hay solo una persona por delante de usted en la fila y la certeza inicial de que demorará poco su trámite se diluye cuando el de esa persona se complica por cualquier causa. Allí queda uno: tan cerca del cajero, pero tan lejos de ser atendido. Así está Cuba, estamos los cubanos, frente al cajero liberador, pero todavía en fila.

La demora ha permitido a la JuntaMilitar hacer lo que mejor sabe hacer, además de reprimir, que conste. Ha estado un día tras otro ganando tiempo. Hay que reconocerles el talento. Llevan seis meses con el país colapsado. Seis meses en que todos los cubanos de la isla, menos los barrigones y sus enchufados, han vivido —si es que a eso se le puede llamar vida— fuera de la civilización. Sin electricidad, sin servicio de agua potable, sin transporte, salud, seguridad y educación públicas. Seis meses abandonados.

Abandonados por el Estado que prometió cuidarlos a cambio de que le entregaran su —extinta desde 1960— condición de ciudadanos de una república democrática. Sesenta y tantos años prometiéndoles un futuro luminoso en un paraíso de igualdad comunista. Y ese paraíso no solo no llegó, sino que en su lugar llegó el infierno actual: único resultado posible cuando el comunismo sale de las páginas de los manuales y de las mentes de los ilusos.

Hoy, esa Junta Militar de Barrigones representa a ese Estado incumplidor de promesas. Hoy solo administra la miseria y aplica la represión. Solo sirve al otro Estado, al verdadero, al que detenta el poder sobre el calvario de una nación en ripios. Sirve a Gaesa y a sus dueños, a los que sí han sabido ganar tiempo y adaptarse con pericia y talento a los nuevos tiempos. Les aplican sanciones un día y al siguiente ya les dieron la vuelta; se las vuelven a aplicar y se vuelven a adaptar. Ad infinitum.

Del lado político, la verdad —y me da gusto decirlo—, son brutos como una mula loma arriba. No se dan cuenta, o si se dan cuenta están estúpidos, de que Estados Unidos les está tendiendo un puente de plata para que se salven de la implosión inevitable e inminente. Como ha sucedido en Venezuela, la estabilidad es prioridad uno y, en la Doctrina Monroe 2.0, mantener el hemisferio estable es lo que se busca en primer lugar. Estados Unidos está buscando afianzar sus "prerrogativas estratégicas".

La voluntad de lograr esto es tan evidente que hemos visto cómo la principal potencia militar y económica del planeta, el faro de libertad del mundo, ha estado de acuerdo y ha estado negociando con un crustáceo. La nación que nos acogió y nos adoptó, por la que daríamos la vida si alguien la ataca, ha estado conversando con un individuo que no tiene cargo oficial en esa dictadura usurpadora. Su único valor es ser nieto de un segundón.

Negociar con ese cangrejo es la mejor demostración de que todo ese mito de socialismo, de “patria o muerte”, no fue más que la fachada para que una familia disfuncional y sus cómplices se apropiaran de un país y lo exprimieran hasta los huesos. Dicen que el muchacho tiene el coeficiente intelectual de un mejillón; pero estar sentado sobre un capital de 18 000 millones de dólares y controlar una isla fértil y estratégicamente localizada hace que la falta de agilidad cerebral sea peccata minuta.

Negociando con el nieto de un asesino. Nieto acusado de todo tipo de delitos, no solo cometidos en Cuba. Delitos en el México cómplice, en ese Cancún turístico tomado por mafias no solo mexicanas, sino rumanas, cubanas y quién sabe cuántas más. Negociando con un vacilador de yates, Rolex, motos, langostas y todo lo que un vacilador mimado por su abuelo pueda ostentar. No veo mal el buen vivir; al contrario, siempre que sea bien ganado. Repudio el lucro basado en robo, en represión, en comunismo descarado.

Ahí seguimos. Nuestro querido secretario de Estado nos ha dicho que tengamos paciencia. Nuestro activo secretario de Guerra nos ha asegurado que todas las opciones están sobre la mesa, incluyendo la militar, de la que él es responsable. La respetada agencia de noticias Bloomberg nos dice que las negociaciones se han demorado porque no se ha encontrado en Cuba a una Delcy Rodríguez a la cubana. Paciencia y negociaciones, cuando con tres drones se resuelve el tema.

Tres drones que acabarían con los hierros oxidados de esos militares cuya moral está aún más oxidada. Tres drones que nos abrirían a todos el camino a la reconstrucción y, lo que es más importante, a la libertad. Tres drones que ahora mismo están en la cubierta de alguna de las fragatas de desembarco que navegan en las inmediaciones de Cuba.

Tres drones que no han despegado —y quizás nunca lo hagan— porque no hay hoy la voluntad política de que despeguen. Tampoco es que la tenga que haber. La voluntad política de Trump y su administración se dirige a proteger y defender los intereses del país en que vivimos, la seguridad de nuestro país. Mientras una negociación, aunque sea con un cangrejo, sea más factible que una acción militar en Cuba, Estados Unidos negociará.

Negocian mientras la Junta Militar gana tiempo. Llevan seis meses sin recibir combustible robado a los venezolanos o a los mexicanos: nada. Sin embargo, ahora lo reciben desde Estados Unidos, según para ser revendido por las mipymes que el régimen permite operar en la isla. Combustible para los privados, no para el Estado. Y, nuevamente sin embargo, todos los días vemos las patrullas y los camiones del Estado de un lado para otro transportando represores. O el Estado tenía mucha gasolina guardada, o le traspasó las tareas de reprimir a los privados, o los represores de ese Estado están utilizando combustible norteamericano para reprimir a nuestros hermanos. ¿No?

Así que, para no demorarlos, una cosa sí es cierta: cualquier solución a la catástrofe humanitaria en la que se hunden y mueren nuestros hermanos debe ser agradecida. Aun si es negociando con esos bandidos asesinos. A mí me encantaría que esa solución iniciara borrándolos a todos de la faz de la tierra, pero a estas alturas ya he tenido muchos deseos incumplidos. Sea como sea, lo primero, repito, es regresar un poco de civilización a la triste existencia diaria de los cubanos de la isla.

Una cosa es cierta: de una forma u otra, Cuba será libre. Lo será pronto. Lo será aunque esa libertad —aquella dama hermosa con gorro frigio, encarcelada, fusilada o exiliada en 1959— tenga que atravesar un pantano lodoso, manchando sus blancas telas en fango, para devolverle a Cuba, a los cubanos y al mundo la república que nos robaron.

Ya nos encargaremos de limpiarla, de lavar sus ropas o, mejor aún, de vestirla con la patria nueva. Libre, próspera y feliz. Eso llegará, mientras tanto, negociando y con paciencia.

Foto: Una página de los comunistas 

martes, 28 de julio de 2026

Cuba sin líderes

Foto: CBS News
 

Cuba siempre ha sido, desde su gestación como país independiente, un país con muchos líderes. Muchas veces líderes de bandos, facciones o grupos opuestos. Y fíjense que no digo que tener líderes sea algo bueno o necesario. La mayoría de los países exitosos funcionan felizmente sin necesidad de un líder.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Pero siete u ocho mil años de historia conocida han demostrado que, en ocasiones, es necesario tener un líder para rectificar o eliminar el daño que ha hecho otro líder. Ha sucedido miles de veces desde los tiempos de Egipto y hasta antes. No es necesario que les haga una lista: no acabaríamos nunca.

En el caso cubano actual, que es el que nos ocupa, el lado del mal siempre ha aventajado a los del bien en esto de los liderazgos. El lado del mal, desde el 26 de julio de 1953, tuvo como líder indiscutible a Fidel Castro. Tuvo como líder a un desequilibrado maleante narcisista con una inusitada capacidad de convencimiento y supervivencia; a un Orador Orate.

Un líder indiscutible, sociópata de manual, que se las agenció para llevar a un país funcional y próspero al desfiladero de la miseria solo por un capricho personal. En aquel entonces, la mayoría de los cubanos marcharon, literalmente, al ritmo de su flauta embelesadora. A los valientes que se le opusieron los asesinó, los encarceló o los desterró.

Un líder indiscutible —duele decirlo—: incluso diez años después de su muerte seguimos hablando de él. Seguimos siendo testigos del armagedón que su indiscutible y maléfico liderazgo esparció por nuestra Cuba, antes próspera. Duele decir, también, que el líder indiscutible del lado del mal murió tranquilo en su cama robada, bajo un techo robado al bien.

Luego de que estirara la pata —en las que ya no calzaba lujosas botas, sino cómodos sneakers del capitalismo odiado—, lo reemplazó, ahora como líder indiscutible del lado del mal, su acomplejado hermano Raúl Castro. Pequeño y menos retórico, pero igual de maligno y despiadado. Cariñoso con su familia, despiadado con los cubanos.

Un líder indiscutible, pero menos mediático que el Orador Orate. Una degradación, vaya, pero con liderazgo indiscutible ante sus cautivos. Indiscutible por tener, en sus alcohólicas manos, los hilos de la represión, la fuerza y —también importante— el dinero del país, o de lo que quedaba del país.

Pero como estaba viejo o cansado del trabajo del día a día, le cedió el liderazgo formal —que no el real— a un pelele lamebotas —o lametenis, quién sabe— para que fuera la cabeza visible de la Junta Militar de Barrigones que heredó las ruinas de la obra del Orate parlanchín. Y ese individuo de líder no tiene ni la panza. Y miren que tiene panza.

Gris como una rata y bruto como una mula, es el elegido por el dedo del líder. Pero ahí lo tenemos: es la cabeza visible, el líder visible que nos regala bellas frases como la de la utopía en el horizonte, la resistencia creativa o “el limón es la base de todo”. Para colmo, tiene que compartir el liderazgo con un Crustáceo cuidador del abuelo que sigue siendo el líder simbólico de esa catástrofe. Miguelito y el Cangrejo; daría risa si no provocaran tanto dolor.

El liderazgo del mal ha ido en una caída en picada al mismo ritmo que el hundimiento de lo que queda de Cuba en las profundidades de la barbarie y la miseria. Liderazgo que refleja el fracaso de lo que nunca fue una utopía o un proyecto, sino el asalto y el robo a una nación próspera por parte de una familia y su pandilla.

Liderazgo actual de ese mal que ya lleva sesenta y siete años. Liderazgo de pocas luces que, sin embargo, sigue siendo liderazgo. No porque lo merezcan o porque sigan siendo líderes por sus capacidades. No: siguen ahí porque del lado del bien, a pesar de tantos esfuerzos, nunca hemos tenido un líder efectivo.

Hemos tenido muchos y valiosos líderes que —duele decirlo— no han sido efectivos a pesar del esfuerzo y patriotismo con que lo intentaron. Hoy, de este lado del bien, desde el exilio, nos sobran quienes se autotitulan líderes y nos faltan líderes verdaderos. Hoy, en las calles y campos de Cuba, nos faltan esos líderes efectivos que impongan la fuerza del bien, de la libertad, sobre la agonizante ya fuerza del mal.

Duele decirlo: que no podamos desde aquí y desde las calles y campos de Cuba deshacernos de un inepto como Díaz-Contados, de un corrupto como Marrano, de un llorón como Rodríguez Parrilla, de un zopenco como el Cangrejo y de toda esa caterva de inservibles que, por nuestra falta de líderes reales y efectivos, siguen considerándose líderes en esa tierra de ciegos en la que el Tuerto es rey.

Duele.

Foto: CiberCuba

miércoles, 24 de junio de 2026

Se les acabó el camino

Foto: CiberCuba
 

Leo que el “puesto a dedo” Díaz-Contados ofreció uno de esos ridículos balbuceos a los que una persona pensante nunca podrá acostumbrarse. Lo hizo en referencia a la muerte y sepelio de Ramiro Valdés, uno de los más sádicos y consumados asesinos de esa dictadura llena de asesinos.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Balbuceó una de sus habituales ridiculeces después de hacer una guardia de honor, acompañado por el esqueleto aún respirante de Raúl Castro, junto a la cajita de tabacos en la que metieron las cenizas de ese sobrino de Lucifer.

Imagino al esqueleto Castro pensando: “Coño, yo soy el próximo; a ver en qué cajita me van a meter estos adulones”.

Y dijo el próximo a caer —me refiero al “puesto a dedo”—, refiriéndose al asesino en polvo que allí velaban:

Cuesta imaginar el camino por delante sin su acompañamiento lúcido y constante, sin ese empujón que significaba verle amanecer en la vanguardia de las misiones más complejas, con la autoridad y la hidalguía del combatiente que no se permitió descansar, ni a los noventa y cuatro años.

Dijo que le cuesta imaginar el “camino por delante”.

No lo tienes que imaginar, hijo de la gran...

El camino se les acabó. Han durado sesenta y siete años y medio andando ese camino torcido por el que destruyeron un país hermoso y lo convirtieron en un campo de concentración.

No hay camino por delante para ustedes, solo cárcel, muerte o que se escondan en la cima del Everest o en el fondo de la fosa de las Marianas.

La diversión —a ustedes— les duró bastante.

Se les acaba el camino de imponer muerte a la patria; empieza la autopista de patria con vida, de patria con prosperidad, libertad y felicidad.

 

Foto: Reddit