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domingo, 12 de julio de 2026

El Orador Orate, la serie: I. Moscú, 1963

 

Foto: Humanidadenred.org
 

Ayer, para aliviar el alma que ha tenido unas semanas únicas—, empecé a escribir la segunda parte de mi libro Se acabó la diversión. Ocupar la mente escribiendo historia es algo reconfortante y a la vez útil. El relato de mi primer libro terminó en el año 1965 y el de este inicia en 1963, durante la visita de Fidel Castro a la Unión Soviética entre el 27 de abril y el 2 de junio de ese año.

Fiel a su costumbre, el nuevo dueño de Cuba y ahora súbdito de los soviéticos dio varios discursos durante su larga estadía en el país. Durante su nefasta vida, el sujeto nunca dejó de hablar; de ahí que yo le llame Orador Orate. Esa denominación me saltó a la mente mientras terminaba ese primer libro a finales de 2024: Orador Orate, nunca mejor dicho, me dije. Hasta orgulloso me sentí de inventar un término tan preciso.

Resulta que no fui el primero. Zoé Valdés —alma querida— se me adelantó en llamar al dictador asesino “el Orador Orate”. Es más, en la misma página donde le dice así, también alude a la canción En eso llegó Fidel, en la que Carlos Puebla dice en uno de sus versos: “Se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó a parar”. Coincidencia o destino; pero, entre muchas cosas malignas, eso fue Fidel Castro: un Orador Orate, un demente que nunca cesó de hablar.

Como voy a estar no sé cuántos meses o años en este esperado proyecto, he decidido compartir con ustedes —millones de lectores y amigos— algunas de las cosas que este individuo que nos jodió Cuba dijo en su vida. Por eso le llamaremos “El Orador Orate: la serie”.

Regresemos a Moscú; es el 23 de mayo de 1963.

Sobre la manipulación mediática de las “masas”:

En la prensa, en la radio, en el cine, en los libros, en las escuelas, por todos los medios se calumniaba a la URSS. Los enemigos de la clase obrera no solo se valen de la represión, sino también de las armas ideológicas y de su principal arma: la mentira, para someter a las masas y embotar sus sentimientos revolucionarios.

Sobre el Estado capitalista:

En nombre de la propiedad privada sobre los medios de producción entregan la patria al dominio imperialista, prostituyen las familias, suprimen las libertades; imponen una sociedad cruel, dividida entre explotadores y explotados, y esclavizan al individuo. Mendigos, prostitutas, desempleados, niños sin escuelas, familias sin hogar, analfabetos son categorías que abundan hasta en las sociedades capitalistas más desarrolladas. Donde las libertades, la moral, la cultura, la familia, el ser humano son brutalmente subordinados al concepto egoísta y a los intereses de la sociedad privada sobre los medios de producción.

Quiten capitalismo y sustitúyanlo por socialismo totalitario y verán que eso que denunciaba era exactamente lo que le ha hecho su Estado fallido a los cubanos.

Toda una vida mintiendo descaradamente.

Un Orador Orate, e hijo de puta.

 

Foto: Página 18 del libro de  Zoé Valdés*
 
 
* Zoé Valdés. Yo acuso, Cuba llora. Independently published, 2024 

martes, 28 de abril de 2026

El MiG del misterio

 


Debe haber sido en el verano de 1986, puesto que el hijo mayor de mi madre estaba de regreso en Cuba después de pasar seis años en la Letonia soviética estudiando una carrera relacionada con la aviación. Desde niño me contagió con esa pasión —que dura hasta hoy— por los aviones.

Como en la Biblia, el hijo pródigo había regresado y, junto a mi padre, salimos hacia lo que se conoce allá como la Habana Campo. Iba yo con mi padre a esas fértiles llanuras a “forrajear” alimentos que escaseaban en la capital. Digan lo que digan, desde el principio, en la Cuba socialista hubo escasez de todo. Recuerdo en particular una finca en Güira de Melena, la del guajiro Carvajal, un tipazo de la vieja Cuba.

Pero en ese verano de 1986, con el hijo mayor recién llegado, mi padre se desvió de la ruta y fuimos a ver las ruinas de un cafetal llamado Angerona. Ruinas de una Cuba que alguna vez fue próspera. Exploramos aquellas piedras —atrapadas ya entre frondosos árboles— y el hijo de mi madre y yo salimos a caminar un poco más allá.

 

Foto: El Artemiseño
 
 

Para nuestra sorpresa, nos encontramos con un avión. Bueno, más bien con un fuselaje: el casco de un avión de guerra que, evidentemente, había sufrido un aterrizaje forzoso. Ya no tenía alas, ni motor, ni aviónica. Solo el fuselaje de aluminio, con más apretones y golpes que un tubo de pasta de dientes de los de antes.

Tendría yo unos diecisiete años y él ocho más que yo. De las pocas cosas en las que colaboramos en nuestras vidas fue en esa ocasión, intentando determinar qué tipo de avión era. No nos costó mucho trabajo: era un MiG-15UTI. Un MiG-15 de entrenamiento, de los que empezaron a llegar a Cuba en 1961, después de la invasión de Bahía de Cochinos.

Nunca he sabido sobre ese accidente en Artemisa. Pudo haber sido en los años setenta o en los ochenta. No aparece en ninguna historia. Allí estaba ese amasijo de aluminio, abandonado. Miles de dólares en material reciclable allí tirados.

Un misterio. Un misterio lo del avión accidentado, no lo del valioso aluminio abandonado. El socialismo es así: fuente de desidia.

 

 

Foto: Aviationgraphics