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viernes, 20 de marzo de 2026

Silvio y el AKM azul

  

Foto: Cubainformación

 

Silvio Rodríguez salió a decir que él exige un AKM “si se tiran”. Y enfatizó con un “conste que lo digo muy en serio”. Yo no sigo nada de lo que dice el individuo, pero ayer estaba en un aeropuerto, aburrido, y repasaba las noticias con la esperanza de ver si ya había llegado el feliz momento en que se “tiraron”.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Tropecé con la noticia de que el integrante de aquella Nueva Trova pedía un AKM “por si se tiran”. No me quedaron claras dos cosas: ¿qué uso le dará al AKM que exige? ¿Quiénes son los que se van a “tirar” y por los que el trovador exige un fusil?

Sí, el AKM es un fusil, un fusil automático diseñado por un ingeniero ruso a finales de la Segunda Guerra Mundial, a partir de otro fusil diseñado a principios de esa guerra por un ingeniero alemán. Los rusos y los chinos tienen una larga tradición de copiar y robar las ideas de otros.

AKM son las siglas de algo así como "Modernizado Kalashnikov Automático", pero en ruso. Es un fusil de tres pares de cojones. Ya saben, soviético. Feo, tosco, pero funciona siempre, aunque lo haga de manera chapucera, a lo salvaje. Como los Ladas y los Moskvich.

El AKM, en mis tiempos en la isla de la locura, era el fusil de lujo de aquellas milicias en las que nos obligaban a marchar. Era el eslabón superior del PPSh-41, otro fusil soviético, pero más burdo, atrasado y pesado. Yo, que al parecer desde chico fui medio pillo, siempre me las arreglé para agenciarme un AKM. Hoy en día, después de cuarenta años, puedo desarmar y armar uno con los ojos cerrados.

No es que yo sea un genio, es que el rifle tiene un diseño sencillo. El ruso que se robó la idea era un genio y convirtió un complicado diseño alemán en un arma que tiene solo ocho piezas importantes. Les digo: burdo, pero efectivo.

Y Silvio Rodríguez ahora quiere un AKM. Debe saber usarlo porque, según tengo entendido, pasó el espantoso Servicio Militar Obligatorio que Fidel Castro, el Orador Orate, y su hermano acomplejado nos metieron por la cabeza a los jóvenes cubanos. Yo, que al parecer desde chico fui medio pillo, pude escapar de esa maldición.

 

Foto: radio26.cu
 

No pude escapar de las marchas dominicales de las milicias en las que el Orate y su hermano nos hacían desfilar los domingos. Hacer marchar a unos niños un domingo. Visto en retrospectiva me doy cuenta de qué clase de hijos de puta fueron los dos. Bueno, todavía queda uno vivo. Ojalá esté vivo cuando se “tiren”.

Yo sí sé quiénes yo quiero que se “tiren” en Cuba. Silvio no fue tan claro. Podría querer el AKM por si se “tiran” los chicos de la 160th que sirvieron de Uber a Maduro y su esposa, o si se “tiran” los cautivos cubanos a la calle a quemar sedes del Partido Comunista, o si se “tiran” los represores a reprimir a esos cautivos que están en las calles con cazuelas y cócteles Molotov, otro invento ruso, sencillo pero genial.

No nos lo dejó claro el trovador. Les confieso que eso de la Nueva Trova nunca fue lo mío. Yo era pequeño cuando nos la impusieron. Para mí esa trova, que nos impusieron sobre la trova tradicional cubana, siempre fue un injerto. Nada que ver con Cuba; se parecía más a esa tristeza o nostalgia de la música tradicional de Sudamérica. Mercedes Sosa y gente así. Aquellos ejes que sonaban, ejes oxidados, sin engrasar, "si a mí me gusta que suenen", decía una lagrimosa canción. Decadencia socialista hecha canción.

Para mí la Nueva Trova no era más que otro de esos engendros que el castrismo totalitario nos impuso. Como el Cerelac por leche, el picadillo de soya por el de res, moringa en vez de yuca, chícharos por frijoles, chícharos mezclados con café, pollo por pescado, y así todo. Todo impuesto: la nueva Cuba con su Nueva Trova.

Todo esto fue hace más de treinta años, cuando el manicomio castrista medio funcionaba artificialmente a costa de lo que les chupaban a los soviéticos. Justo cuando se acabó la chupadera, este que está aquí se escapó de ese circo. Me libré del Cerelac, del café mezclado, de la moringa y también de Silvio. Ah, y no menos importante, me libré del AKM.

Recuerdo que en una de las tantas vueltas que quien les habla dio por el mundo después de ese escape, pasé por una pequeña ciudad de México, que hoy llevo en mi corazón y carga mi felicidad. Y recuerdo que iba andando por una acera —banqueta le dicen allá— y pasé frente a un bar, o algo así, llamado Peña del Colibrí. Peña, ya de por sí es una palabrita que me enciende las alarmas, y, pasando por allí, escuché los gemidos de Silvio Rodríguez acompañados de su guitarra de tres acordes.

Por instinto crucé de dos zancadas la angosta calle. Repelencia total a escuchar los gemidos de un individuo que representaba por el mundo a la asesina y empobrecedora dictadura por cuya causa yo deambulaba por aquella ciudad extraña que, sin embargo, me dio, me da, tanto amor.

Han pasado treinta años y ya Silvio no me provoca esas reacciones intempestivas; ahora solo me da asco. Es un viejito llorón de setenta y nueve años, la misma edad de Trump. No sé si aún canta —bueno, es un decir—, el orejón nunca cantó, gemía. Hasta se tapaba una de sus orejas para poder escucharse a sí mismo. Diría Francisco de Quevedo: “Érase una cabeza a dos orejas pegada”.

Silvio le sirvió bien a su amo. Su amigo Pablo también, con un poco de menos desvergüenza, creo yo. Pero no me crean, nunca he profundizado en el tema. Ambos fueron productos de exportación del tirano asesino. Le sirvieron y se aprovecharon de su servidumbre. Fueron unos más de la efectiva propaganda de un régimen que nunca sirvió para producir un litro de leche, pero que no tuvo competencia en cuanto a propaganda y represión.

Hoy Silvio, con setenta y nueve años, quiere un AKM por si se “tiran”. Les repito, no sé a quiénes se refiere, pero si los que se “tiran” encuentran a este orejón con un AKM en la mano, se le cumplirá eso de “ojalá pase algo que te borre de pronto…”.

Imagino que, como tuvo bastante éxito en su servidumbre, con sus lloriconas composiciones, Silvio debe tener sus ahorritos. No creo que los tenga en bancos cubanos, en bancos de la tiranía. Mal cantante y mala persona es, pero no creo que sea tan tonto como para confiar sus ahorritos en las arcas de los cleptómanos dictadores. Sin embargo, es tan tonto como para salir a pedir un AKM para defender esos ahorritos y a esos dictadores.

Los comunistas, además de ridículos, son dramáticos, impostores, copiones, falsos. Lo malo es que hay gente que todavía les cree, que los toma en cuenta. Por suerte, en estas semanas, la era ya no está pariendo un corazón, está pariendo libertad.

Hoy los cubanos, los de allá y los de acá, al cuarto de Tula, le estamos dando candela. No estamos dormidos y ya prendimos la vela.

 

Foto: Cubanos famosos

Postdata: Hoy 19 de marzo de 2026 me entero que hace rato el puesto a dedo Díaz-Contados y otro esbirro López Mierda o algo así, le regalaron un AKM al trovaorejas Rodríguez. No sé si es operativo o si es solo de adorno. De cualquier manera, al no saber si funciona o no, si cuando se "tiren" o se "lancen" y quienes se "tiren" o "lancen", y se encuentren con el viejito armado no va a "sentir en su cabeza cristales molidos", sentirá plomo sólido moliendo cabeza. Hasta la vista, baby.


Foto: CiberCuba

lunes, 14 de julio de 2025

Los huevos de mi padre


Hoy que escucho sobre la escasez y los exorbitantes precios de los huevos en la isla cautiva, me acordé de mi padre. No es que necesite de huevos para recordarlo, sino que él siempre ha sido un tipo de muchos huevos. Literalmente hablando.

Mi padre, sobre todo, siempre ha sido un excelente padre y un perfecto hijo. Decente de los buenos, derecho, trabajador, ingenioso. Que tenga un atractivo invencible sobre las mujeres no es su culpa. Hablas dos palabras con él y ya lo quieres. Parece mentira, pero es verdad.

En 1959, cuando el Orador Orate llegó a liberar a los cubanos de la opresora libertad en la que vivían, mi padre trabajaba en una cafetería propiedad de una buena persona de apellido Granda. Como muchos, esta familia, que había trabajado toda su vida para lograr un patrimonio, tuvo que dejarlo todo y trasplantarse en la Florida.

Mi padre, hombre de los de antes, se arriesgó y les compró el negocio, aun a sabiendas de que era muy seguro que se lo confiscaran más adelante. Sin saberlo, le dio el primer empleo a un flaco orejón que después se hizo famoso cantándole al régimen del Orate.

Canciones lastimeras, tristonas; no siempre lo nuevo es bueno, y esa trova artificial increíblemente marcó una época. El tal Silvio no duró mucho en el empleo, lo suyo no era el trabajo. Donde sí tuvo éxito fue en sus cancioncitas. Hay veces que una sopa de letras y tres acordes de guitarra es todo lo que hace falta para ganarse el pan. Eso y ponerse al servicio de una tiranía.

Llegó 1968 y se acabó el negocio. Entonces mi padre, un tipo astuto, pasó a trabajar en una cosa llamada INIT: Instituto Nacional de Turismo. Turismo nacional, porque el internacional solo era alimentado por técnicos y militares soviéticos y de los países del bloque socialista.

El hombre, trabajador como nadie, fue ascendiendo hasta llegar a ocupar un buen puesto en otro engendro llamado Centro de Asistencia Técnica. Oficinas nuevas en el lujoso Miramar, luego en el penthouse del hotel Sierra Maestra. Un bello edificio confiscado al senador Olmedo, de la vieja Cuba.

Estando en el envidiado trabajo, un viejo comunista, llamado Carlos Rafael y con el mismo apellido que Silvio el orejón, tan importante como voluble, lo metió en algún tema que no gustó al Orador Orate. Mi padre, que no tiene alma de soplón, calló, y cayó. Lo despidieron y vino a dar a otro instituto estatal, esta vez no relacionado con extranjeros, sino con pollos.

Sí, pollos… y huevos.

Usted no está para saberlo, pero resulta que a mi padre, desde pequeño, le han fascinado las gallinas, los gallos, los pollos, los pollitos y los huevos. Nadie como él para encontrar un nido en medio de un matorral.

Dios actúa, hasta en el comunismo.

Como jefe de abastecimientos del Combinado Avícola Nacional (CAN), se dedicó a fomentar la cría de pollos, de gallinas ponedoras y de huevos. Hasta diseñó una caja de cartón para transportar a sus queridos pollitos.

Incluso su amigo Sansón, un dibujante fabuloso, creador de un popular personaje animado en la televisión, diseñó un hermoso logotipo: un pollito estilo Disney recostado sobre las socialistas siglas de CAN. Por supuesto, lo prohibieron ipso facto, diversionismo ideológico.

Total, que en pocos años su anónima labor llenó a Cuba de carne de pollo y huevos. "Arroz, chícharos y huevos", se quejaban los cubanos, llamaban "los tres mosqueteros" a la combinación. Los dos primeros ingredientes no sé de dónde provenían, pero los huevos eran los de mi padre.



Tantos había, que hasta el Orador Orate ordenó a los cubanos que se los arrojaran a sus propios paisanos que querían dejar el manicomio en 1980. Recuerdo las paredes llenas de huevos reventados contra las casas de los "traidores".

Hoy en día, muchos de aquellos aventadores de huevos o están muertos, o fuera de Cuba, o siguen en la isla cautiva, pero ya sin huevos.



Mi padre sí tiene, gracias a Dios.