miércoles, 18 de marzo de 2026

Cuba, entre Trump y la candela



Video: Lucía desde La Habana

Llevo más de treinta años fuera de Cuba, fuera de mi bella isla. No solo yo; casi todos, la mayoría de mis amigos y compañeros de escuela también tuvieron que dejar atrás sus vidas para iniciar nuevas existencias alrededor de este redondo planeta. Cuánto talento ha perdido Cuba por culpa de ese comunismo totalitario y empobrecedor.

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Muy pocos de mi generación quedaron atrapados en el manicomio. Ninguno quedó allí por voluntad propia, sino por sus propias circunstancias personales. Quedaron por sus padres enfermos, o por sus hijos. Por lo que sea, pero quedaron. De mi grupo de amigos solo quedaron dos.

Una de los que quedaron, de los que aún viven en la desolada isla, es Lucía —no es su verdadero nombre, porque no quiero que un esbirro vaya mañana a molestarla—. Lucía es la persona más tranquila del mundo. Amigable, discreta, trabajadora, diligente. Sobre todo discreta, hasta tímida.

Lucía, ayer, nos escribió a través del grupo de amigos del preuniversitario que compartimos en WhatsApp. Por primera vez en muchos años, Lucía escribió algo y nos mandó un video. Un video a oscuras, con el ruido de las cazuelas retumbando en La Habana. Escribió lo siguiente:

Hasta yo salí a tocar calderos, estoy acá porque mis padres están muy enfermos, no me queda de otra, chicos. Esto está muy peligroso, los chivatos están por todos lados, y es cierto que la gente ya no aguanta más. Hay lugares con 1 o 2 horas al día.

Otra cosa, si las negociaciones son para que se queden en el poder los mismos, entonces se va a poner peor. Los incendios son diarios, y algunos no salen en las redes... Y no se va a parar... Ojalá, porque evidentemente hay miedo a la represión, pero creo que poco a poco la gente va perdiendo ese miedo y va x todo... Esperemos que pronto pueda terminar esta dictadura... Ah, y la conexión a internet la cortan aunque tengamos corriente, bye a todos, besos.

Esto escribió Lucía, discreta, amigable, tímida. Lucía dándole un cacerolazo a la Junta Militar de Barrigones que tiene a Cuba a oscuras, que tiene a los cubanos con hambre, sobreviviendo en la edad de piedra. De lo que escribió, además de mi admiración por su valentía, me llamaron la atención dos cosas: los chivatos y los incendios.

Los chivatos son un mal nacional. Al parecer muchos cubanos tienen, o tenemos, no sé, un gen de hijo de puta innato. Veo los videos de esos represores de hoy. Unos tipos escuálidos, esqueléticos, hambreados reprimiendo, abusando. Miserables. Ojalá los hagamos pagar uno por uno.

Lo de los incendios. El otro día la gente de Morón nos dio una lección de supremo valor y hartazgo, cuando quemaron la sede del Partido Comunista, la sede de la ignominia. Un acto de suprema libertad por primera vez en sesenta y siete años de esa dictadura totalitaria.

Pero también vemos la quema de muchos de los basureros que asfixian a los cautivos de la isla, abandonados por su desgobierno fallido. Y vimos cómo en Guanabacoa se incendió el claustro de los Escolapios, un incendio provocado.

 

Foto: Facebook 

Dice Lucía que “los incendios son diarios, y algunos no salen en las redes”. Qué bueno que los cubanos quemen las sedes del Partido que los aplasta; malo que quemen un templo religioso. Al parecer también traemos el gen de la piromanía. Recuerdo lo de la tea incendiaria, Máximo Gómez y su gente prendiéndole candela a media Cuba y aun así glorificados por la historia. O aquellos bayameses incendiando su ciudad para quedar eternizados en un himno que nos identifica.

Qué bueno que incendien. Al fin y al cabo, están incendiando ruinas que de cualquier manera tendremos que reconstruir cuando los dictadores estén presos, muertos u, ojalá no, escapados.

Hablando de dictadores, veo y escucho cómo muchos de los que están de este lado, del lado de los libres, se desgastan analizando y debatiendo sobre las declaraciones de los dictadores de La Habana. Analizando los dichos del sombrío sobrino-nieto del nonagenario asesino que al parecer es quien aún dirige el garito empobrecedor.

Que si va a permitir la inversión de los exiliados, que si en minas o en energía. Que si en bancos y no sé qué. Seguro habrá algún imbécil entre nosotros que se ilusione con la nueva carnada. ¿Quién coño va a poner un dólar ganado limpiamente en ese basurero corrupto y empobrecedor? Invertir en el mismo lugar y con la misma gente que confiscó todas las industrias y tierras de un país que hace sesenta y siete años era próspero y autosuficiente. Todo eso lo conté, paso por paso, en mi libro Se acabó la diversión.

No analicemos más lo que dicen estos ineptos. Lo único que tenemos que analizar es la forma en que los vamos a quitar del camino. La forma en que vamos a limpiar el camino a la libertad y la prosperidad.

Y ese camino hoy tiene dos vías: los cubanos en las calles exigiendo libertad a ritmo de cazuelas y quemando sedes del Partido, o el ego y la decisión de un caprichoso señor de setenta y nueve años, a punto de cumplir ochenta el próximo 14 de junio.

Es del carajo depender de lo que decida Donald Trump. Es del carajo, pero gracias a Dios ahí lo tenemos, limpiando el mundo de dictadores. Gracias a él, el fanfarrón asesino de Maduro está dando gritos en una celda de Brooklyn y el ayatolá iraní está con sus once mil vírgenes. Tenemos que aprovechar este impulso que puede ser diluido en las próximas elecciones de noviembre.

Impulso que depende del grado de atención del presidente. Como una mariposa nocturna, su atención siempre se dirige a donde vea una luz, a donde esté la noticia, a donde pueda él brillar. Antier mismo, después que la gente de Morón incendió la sede del Partido Comunista, los cautivos de la isla andaban por sus oscuras calles exigiendo libertad en una conga de cazuelazos y un grupo de exiliados, portando banderas cubanas y norteamericanas, pedían la liberación de Cuba en West Palm Beach, por donde pasaba la caravana presidencial. Trump dedicó de nuevo su atención al tema cubano.

Lo hizo como todo lo que hace, como un elefante en cristalería; en este caso es nuestro elefante. Qué maravilla. Dijo: “Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Es un gran honor. Tomar Cuba de alguna forma. Creo que puedo hacer lo que quiera con ella, si quieren saber la verdad”. Qué demostración de narcisismo, pero qué narcisismo tan real y justificado que nos muestra el cascarón seco que es esa dictadura inepta al día de hoy.

También dijo: “Tienen buena tierra. Tienen paisajes bonitos. Es una isla hermosa”. Lo que sabemos todos los cubanos. Demostró que no sabe mucho de Cuba porque luego dijo que qué bueno que la isla no esté en una zona de huracanes, así no estará pidiendo ayuda a cada rato. Que alguien le cuente de Melissa.

La libertad y la prosperidad de Cuba dependen hoy de la persistencia, el valor y el hartazgo de los cautivos de la isla, de los intereses y caprichos de Donald Trump y de la astucia y decisión de sus asesores cercanos, sobre todo de Marco Rubio. Sea como sea, a mí me da igual con tal de terminar esta larga pesadilla que ha destruido un país hermoso y próspero y asesinado a demasiados de sus hijos.

Llegó la hora. Sea como sea, llegó la hora. Que mi amiga Lucía, tímida y discreta como es, esté en las calles, cazuela en mano, me dice que llegó la hora. Gracias, Lucía, nos veremos pronto para empezar a reconstruir con libertad lo que la opresión destruyó.

martes, 17 de marzo de 2026

Trump no tuvo un buen St. Patrick´s Day

 Primero los aliados traidores de la OTAN. Así pagan que Estados Unidos les haya sacado las castañas del fuego dos veces en dos guerras mundiales. 

Foto: X

Luego la traición de los colaboradores. Golpe político.


Foto: X

Que clase de encabronamiento debe tener. Ojalá se quite el empingue barriendo dictadores. Al cabo, tiene a unos cuantos aquí cerquita.


Foto: El Toque


lunes, 16 de marzo de 2026

AMLO el exterminador

 

Foto: CiberCuba

 

Ayer salió de La Chingada, como se llama su lujoso rancho, Andrés Manuel López Obrador, expresidente, de manera formal, de México. Digo de manera formal porque desde allí, desde La Chingada, el viejito sigue moviendo los hilos de la política y la corrupción mexicanas.

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Salió de su retiro, dijo él mismo, porque le “hiere que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía, al hermano pueblo de Cuba”. A continuación, puso un número de cuenta bancaria para recibir donaciones de dinero “para comprar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina, y ayudar al pueblo cubano. ¡Que cada quien aporte lo que pueda!”.

Esto lo dijo AMLO en un mensaje de X. Lo dice un tipo que desde el año 2000 arreció su campaña destructora y polarizadora en México. Primero como jefe de gobierno de la Ciudad de México, entre 2000 y 2006; luego, durante doce años, como necio y encendido opositor, tras perder dos veces las elecciones presidenciales; y finalmente durante su presidencia entre 2018 y 2024.

Y esa campaña no terminó en ese que él llama retiro. Antes de irse a La Chingada, dejó en su palacio a la servil, sumisa e igualmente acomplejada Claudia Sheinbaum. También dejó en su gabinete, en el Senado y en el Congreso a mucha gente que solo responde a sus órdenes y trabaja para él.

Retiro ni retiro...

Lo dice este individuo que, durante seis años, a través de su política de “abrazos, no balazos”, entregó su gran país a los cárteles del narcotráfico. Cárteles que, como nunca, se expandieron por todo el territorio nacional y por muchos lugares en el extranjero. Cárteles que, como nunca, diversificaron sus actividades criminales más allá de la producción, tráfico y distribución de drogas para ampliarlas a la extorsión, la explotación ilegal de minas, la coacción de las autoridades locales y federales, el lavado de dinero, el contrabando y el tráfico humano.

Tráfico humano que el mismo AMLO fomentó desde los inicios de su administración —administración es un decir— cuando abrió su frontera sur para la libre entrada de migrantes. No solo la abrió, los instó a entrar a México para que llegaran a Estados Unidos. En esto fue cómplice de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba y socio de los traficantes de personas.

Tráfico humano que produjo miles de millones de dólares en ganancias para esos cárteles y para sus socios. También les ofreció a los cárteles mano de obra y sicarios obligados a trabajar para ellos. La negativa significaba la muerte. Recuerdo la masacre de San Fernando, pero son miles más. México es hoy un gran cementerio de fosas clandestinas. Gracias a AMLO.

Ahora se preocupa de que busquen “exterminar” al “pueblo” de Cuba. Durante los seis años que desgobernó México, fueron asesinadas doscientas mil personas y hubo cien mil desaparecidos. Sus “abrazos, no balazos” exterminaron a más mexicanos que muchas guerras. Casi todo el mundo, cuando escucha el nombre de Augusto Pinochet, lo relaciona con los desaparecidos durante su dictadura. Pinochet y su gente desaparecieron a tres mil cuatrocientos chilenos; AMLO y sus socios a cien mil mexicanos. Eso sí es exterminio.

Y hablando de exterminio. Quien lleva exterminando cubanos desde el 1º de enero de 1959 es la dictadura comunista totalitaria que Fidel Castro les impuso a Cuba, que lleva al día de hoy sesenta y siete años y setenta y cinco días destruyendo, empobreciendo, asfixiando, reprimiendo y asesinando cubanos. No han descansado un solo día en su maligna labor, que ha llevado a la isla y a sus cautivos a la catástrofe humanitaria que hoy los azota.

Y esa catástrofe humanitaria no tiene ni tendrá solución mientras esos exterminadores de riqueza y de vida sigan en Cuba. Esa catástrofe total no se solucionará con los pesos que algunos incautos y cómplices depositen en la cuenta que les dice AMLO para ayudar al “hermano pueblo de Cuba”.

Habla de exterminio un viejito que durante el Covid-19, en vez de comprar vacunas, les aconsejó a los mexicanos que siguieran con sus vidas, que con la protección de un amuleto estaban a salvo. El mismo que puso al frente de la atención de la pandemia a un inepto lameculos que llegó a decir que “el presidente no es una fuente de contagio, sino una fuerza moral”. El Covid-19, AMLO y el lamebotas hicieron que ochocientos mil mexicanos murieran a causa del virus chino y de la “fuerza moral” del presidente. Eso es exterminio.

Y no fue solo el virus. Gracias a las políticas de “bienestar” de AMLO, el seguro social se quedó sin medicinas. Cuando los padres de los niños con cáncer salieron a protestar, los catalogó de agentes enemigos. Contrató personal médico, esclavos de la dictadura cubana, mientras en México hay miles de doctores y enfermeras mal pagados o desempleados.

Dice esto un sujeto que durante sus seis años ocupando Palacio Nacional —que, por cierto, antes de su llegada era un museo de acceso libre, pero que él convirtió en propio—, nunca abrió su oficina, su gobierno o una cuenta de banco para ayudar a las organizaciones de madres buscadoras. Buscadoras de sus hijos desaparecidos, víctimas de la política de AMLO de “abrazos no balazos”.

AMLO pide ahora a los mexicanos donar dinero para ayudar al “pueblo de Cuba”. Lo pide un individuo que dilapidó billones de pesos de los mexicanos. Los derrochó para satisfacer sus caprichos de viejito acomplejado. Destruyó un moderno aeropuerto a medio construir y ya pagado para construir uno al que no vuela nadie. Destruyó la selva maya de Yucatán para extender un tren en el que nadie viaja y que, junto a otro que hizo, se descarrila a cada rato gracias a la corrupción del clan de sus hijos y de los militares. Destruyó un impoluto manglar en Tabasco para levantar una refinería que costó tres veces más de lo presupuestado y apenas refina unos barriles de petróleo, pero a cada rato derrama otros barriles para destruir el medio ambiente.

Y hablando de militares. Con los “abrazos y balazos” los sacó de las calles —esas se las dejó a los cárteles—, donde eran garantes de la seguridad pública para ponerlos a construir trenes y aeropuertos. Los puso a administrar las aduanas y enseguida le cogieron gusto al dinero, pues entre muchas actividades ilegales se dedicaron a contrabandear miles de millones de litros de gasolina y diésel sin pagar impuestos. Todo esto bajo la complaciente mirada, y probablemente el sediento bolsillo, de AMLO y su clan.

En vez de abrir una cuenta bancaria, que abra ese bolsillo que, según dice la prensa mexicana, se sigue llenando mientras él está en su “retiro”.

Habla en X de “defensa de la soberanía”. Qué palabreja. Lo dice un caradura que estuvo genuflexo ante Trump durante toda su primera administración. Arrodillado ante Trump mientras era servil y cómplice de los dictadores cubanos. Mientras llenaba México y su capital de espías cubanos y rusos. Mientras convertía a México en corredor secreto de agentes iraníes, venezolanos, rusos, cubanos y quién sabe de dónde más. Soberanos mis...

Poco después del mensaje de AMLO, sucedió lo esperado. Miguel Díaz-Canel, quien tiene los días contados, subió su respectivo mensaje agradeciéndole “la generosa solidaridad y el acompañamiento de México a la heroica resistencia del pueblo cubano”.

El demacrado puesto a dedo, cuya cara, postura y gesticulación anuncian que está en sus últimos días, finalizó su comunicación con un “jamás olvidaremos tu permanente y decisivo apoyo al fortalecimiento de esa entrañable amistad”.

En eso tiene razón: los cubanos libres y los mexicanos de bien tampoco lo olvidaremos. Váyanse mucho a la chingada, no al rancho, a la chingada de verdad.

 

Foto: América Noticias USA