Llevo más de treinta años fuera de Cuba, fuera de mi bella isla. No solo yo; casi todos, la mayoría de mis amigos y compañeros de escuela también tuvieron que dejar atrás sus vidas para iniciar nuevas existencias alrededor de este redondo planeta. Cuánto talento ha perdido Cuba por culpa de ese comunismo totalitario y empobrecedor.
📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí
Muy pocos de mi generación quedaron atrapados en el manicomio. Ninguno quedó allí por voluntad propia, sino por sus propias circunstancias personales. Quedaron por sus padres enfermos, o por sus hijos. Por lo que sea, pero quedaron. De mi grupo de amigos solo quedaron dos.
Una de los que quedaron, de los que aún viven en la desolada isla, es Lucía —no es su verdadero nombre, porque no quiero que un esbirro vaya mañana a molestarla—. Lucía es la persona más tranquila del mundo. Amigable, discreta, trabajadora, diligente. Sobre todo discreta, hasta tímida.
Lucía, ayer, nos escribió a través del grupo de amigos del preuniversitario que compartimos en WhatsApp. Por primera vez en muchos años, Lucía escribió algo y nos mandó un video. Un video a oscuras, con el ruido de las cazuelas retumbando en La Habana. Escribió lo siguiente:
Hasta yo salí a tocar calderos, estoy acá porque mis padres están muy enfermos, no me queda de otra, chicos. Esto está muy peligroso, los chivatos están por todos lados, y es cierto que la gente ya no aguanta más. Hay lugares con 1 o 2 horas al día.
Otra cosa, si las negociaciones son para que se queden en el poder los mismos, entonces se va a poner peor. Los incendios son diarios, y algunos no salen en las redes... Y no se va a parar... Ojalá, porque evidentemente hay miedo a la represión, pero creo que poco a poco la gente va perdiendo ese miedo y va x todo... Esperemos que pronto pueda terminar esta dictadura... Ah, y la conexión a internet la cortan aunque tengamos corriente, bye a todos, besos.
Esto escribió Lucía, discreta, amigable, tímida. Lucía dándole un cacerolazo a la Junta Militar de Barrigones que tiene a Cuba a oscuras, que tiene a los cubanos con hambre, sobreviviendo en la edad de piedra. De lo que escribió, además de mi admiración por su valentía, me llamaron la atención dos cosas: los chivatos y los incendios.
Los chivatos son un mal nacional. Al parecer muchos cubanos tienen, o tenemos, no sé, un gen de hijo de puta innato. Veo los videos de esos represores de hoy. Unos tipos escuálidos, esqueléticos, hambreados reprimiendo, abusando. Miserables. Ojalá los hagamos pagar uno por uno.
Lo de los incendios. El otro día la gente de Morón nos dio una lección de supremo valor y hartazgo, cuando quemaron la sede del Partido Comunista, la sede de la ignominia. Un acto de suprema libertad por primera vez en sesenta y siete años de esa dictadura totalitaria.
Pero también vemos la quema de muchos de los basureros que asfixian a los cautivos de la isla, abandonados por su desgobierno fallido. Y vimos cómo en Guanabacoa se incendió el claustro de los Escolapios, un incendio provocado.
Foto: Facebook
Dice Lucía que “los incendios son diarios, y algunos no salen en las redes”. Qué bueno que los cubanos quemen las sedes del Partido que los aplasta; malo que quemen un templo religioso. Al parecer también traemos el gen de la piromanía. Recuerdo lo de la tea incendiaria, Máximo Gómez y su gente prendiéndole candela a media Cuba y aun así glorificados por la historia. O aquellos bayameses incendiando su ciudad para quedar eternizados en un himno que nos identifica.
Qué bueno que incendien. Al fin y al cabo, están incendiando ruinas que de cualquier manera tendremos que reconstruir cuando los dictadores estén presos, muertos u, ojalá no, escapados.
Hablando de dictadores, veo y escucho cómo muchos de los que están de este lado, del lado de los libres, se desgastan analizando y debatiendo sobre las declaraciones de los dictadores de La Habana. Analizando los dichos del sombrío sobrino-nieto del nonagenario asesino que al parecer es quien aún dirige el garito empobrecedor.
Que si va a permitir la inversión de los exiliados, que si en minas o en energía. Que si en bancos y no sé qué. Seguro habrá algún imbécil entre nosotros que se ilusione con la nueva carnada. ¿Quién coño va a poner un dólar ganado limpiamente en ese basurero corrupto y empobrecedor? Invertir en el mismo lugar y con la misma gente que confiscó todas las industrias y tierras de un país que hace sesenta y siete años era próspero y autosuficiente. Todo eso lo conté, paso por paso, en mi libro Se acabó la diversión.
No analicemos más lo que dicen estos ineptos. Lo único que tenemos que analizar es la forma en que los vamos a quitar del camino. La forma en que vamos a limpiar el camino a la libertad y la prosperidad.
Y ese camino hoy tiene dos vías: los cubanos en las calles exigiendo libertad a ritmo de cazuelas y quemando sedes del Partido, o el ego y la decisión de un caprichoso señor de setenta y nueve años, a punto de cumplir ochenta el próximo 14 de junio.
Es del carajo depender de lo que decida Donald Trump. Es del carajo, pero gracias a Dios ahí lo tenemos, limpiando el mundo de dictadores. Gracias a él, el fanfarrón asesino de Maduro está dando gritos en una celda de Brooklyn y el ayatolá iraní está con sus once mil vírgenes. Tenemos que aprovechar este impulso que puede ser diluido en las próximas elecciones de noviembre.
Impulso que depende del grado de atención del presidente. Como una mariposa nocturna, su atención siempre se dirige a donde vea una luz, a donde esté la noticia, a donde pueda él brillar. Antier mismo, después que la gente de Morón incendió la sede del Partido Comunista, los cautivos de la isla andaban por sus oscuras calles exigiendo libertad en una conga de cazuelazos y un grupo de exiliados, portando banderas cubanas y norteamericanas, pedían la liberación de Cuba en West Palm Beach, por donde pasaba la caravana presidencial. Trump dedicó de nuevo su atención al tema cubano.
Lo hizo como todo lo que hace, como un elefante en cristalería; en este caso es nuestro elefante. Qué maravilla. Dijo: “Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Es un gran honor. Tomar Cuba de alguna forma. Creo que puedo hacer lo que quiera con ella, si quieren saber la verdad”. Qué demostración de narcisismo, pero qué narcisismo tan real y justificado que nos muestra el cascarón seco que es esa dictadura inepta al día de hoy.
También dijo: “Tienen buena tierra. Tienen paisajes bonitos. Es una isla hermosa”. Lo que sabemos todos los cubanos. Demostró que no sabe mucho de Cuba porque luego dijo que qué bueno que la isla no esté en una zona de huracanes, así no estará pidiendo ayuda a cada rato. Que alguien le cuente de Melissa.
La libertad y la prosperidad de Cuba dependen hoy de la persistencia, el valor y el hartazgo de los cautivos de la isla, de los intereses y caprichos de Donald Trump y de la astucia y decisión de sus asesores cercanos, sobre todo de Marco Rubio. Sea como sea, a mí me da igual con tal de terminar esta larga pesadilla que ha destruido un país hermoso y próspero y asesinado a demasiados de sus hijos.
Llegó la hora. Sea como sea, llegó la hora. Que mi amiga Lucía, tímida y discreta como es, esté en las calles, cazuela en mano, me dice que llegó la hora. Gracias, Lucía, nos veremos pronto para empezar a reconstruir con libertad lo que la opresión destruyó.





