Mostrando entradas con la etiqueta petróleo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta petróleo. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de agosto de 2026

Encrucijada sin dilema

 

Foto: 14yMedio

Me preguntan mucho sobre qué opino acerca de una “transición” en Cuba. Contesto siempre que la solución a la catástrofe humanitaria que azota a los cubanos de la isla —que no es más que la eliminación total de la nefasta dictadura— no puede ser con una transición, sino con un machetazo.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

En enero de 1959, Fidel Castro y su pandilla no se hicieron con los destinos de Cuba a través de una transición, sino a través de un violento robo. Se robaron una república para convertirla en una finca familiar. Convirtieron a los antiguos ciudadanos en siervos cautivos bajo la bota de un mayoral lenguaraz.

A los que se mantuvieron firmes defendiendo su condición cívica los asesinaron, los encarcelaron o los exiliaron. Así lo han hecho durante sesenta y siete años, edad que puede ser perfecta para una mujer, pero que es una eternidad para una nación atacada hasta sus cimientos. Así lo siguen haciendo hasta el día de hoy.

Las transiciones políticas han sucedido en muchos países. Fíjense que digo “políticas”, pues no han sido transiciones económicas. Tanto en España como en Chile —dos de las transiciones emblemáticas— el cambio político se hizo sobre una base económica sólida. Hay muchos más ejemplos. Incluso las transiciones en los antiguos países socialistas no se hicieron en un escenario de catástrofe humanitaria y ruina generalizada como lo que sucede hoy en Cuba.

Pero si solo por esas realidades digo que el fin de la dictadura totalitaria —representada hoy por esa Junta Militar de Barrigones— no puede diluirse en una transición, su malignidad hace que su fin merezca ser a machetazos. Y no me refiero a un machete de acero cortando cabezas inútiles; eso no se ve bien hoy en esta sociedad blandengue. Me refiero a un corte de tajo con todo lo que representa ese régimen asesino y empobrecedor.

Un corte de tajo a los que convirtieron un país próspero, autosuficiente, funcional y feliz en un páramo miserable, parásito del mundo cómplice. Los que, aún hoy, con la catástrofe ante sus ojos y narices, siguen aferrados al fracaso de lo común para mantenerse en su mundo alternativo de fantasías verborreicas. Aferrados ahí siguen, ganando tiempo —son expertos en ganar tiempo— e implantando el tema de la transición en la narrativa de los de aquí.

Y repito: si solo ver la destrucción material, espiritual y humana que sesenta y siete años de dictadura han dejado como mortal legado no es razón suficiente para borrar la palabrita “transición” del proceso inminente para salvar nuestra isla, agreguémosle su carácter represivo, violento e inhumano.

Son decenas de miles de fusilados y encarcelados. Condenados por lo que es incondenable —palabra inventada pero precisa— en cualquier país civilizado. Han sido represivos, asesinos, desde el primer día. Decenas de miles de cubanos cuyas vidas fueron cercenadas —y lo siguen siendo— por la sevicia de una pandilla de delincuentes devenidos ahora no solo en delincuentes, sino también en ineptos.

La dictadura es experta en disfrazarse de víctima, y muchas veces lo logra. Lo logra con los que no quieren ver, con los que ven y no les importa, y con aquellos a los que no les interesa ver. Pero no con nosotros, con los libres, con los de bien. Hoy inducen el término “transición” mientras ganan tiempo haciéndose pasar por víctimas mientras siguen “implementando” medidas y decretos para ganar tiempo.

Y, mientras ganan tiempo, siguen reprimiendo, siguen manteniendo a miles de inocentes en sus pútridas cárceles. Inocentes, algunos hasta menores de edad, que tienen nombre y apellidos, que tienen madres, padres e hijos que sufren con ellos. Encarcelados por protestar ante la injusticia y el desastre en que esta banda de delincuentes ha metido al país que destruyeron.

La lista de nombres y apellidos es interminable. Duele que unos sean más visibles que otros, pero así funciona el mundo. Pero poner nombre y apellidos a la denuncia y a la condena de la injusticia le pone también rostro. Le pone rostro a la injusticia. Y esto, hoy, me encuentra con cuatro nombres, con cuatro hombres condenados por ser hombres decentes: decentes y valientes.

Cuatro condenados en enero de 2025 por protestar contra la barbarie a la que sus captores han llevado a Cuba. Condenados por protestar en el hermoso pueblo de Encrucijada: José Gabriel Barrenechea Chávez, Rafael Javier Camacho Herrera, Yandri Torres Quintana y Rofel Bárbara Espinosa Rodríguez. Condenados por protestar contra los apagones; no los apagones de 2026, sino los de noviembre de 2024, cuando esa misma dictadura todavía revendía a extranjeros el petróleo regalado por sus secuaces de Miraflores.

Son cuatro nombres, pero hay miles más. Hoy menciono a estos cuatro valientes porque no solo los condenaron injustamente, sino que hoy son ellos cuatro la demostración fehaciente de la malignidad de todo ese sistema de ignominia. Así como la dictadura se disfraza de víctima, se pavonea de institucional; incluso su “sistema judicial” tiene un Tribunal Supremo Popular. Tribunal que no es supremo y mucho menos popular.

Hace unos días, ese tribunal ficticio pero real ratificó las condenas de estos cuatro valientes. Lo hizo incluso en contra de sus propias maquiavélicas leyes. Ratificó las condenas de cuatro cubanos que solo hicieron lo mismo que la dictadura incita en cada país en los que tiene embajada: protestar en la calle. Lo incitan fuera, pero les aterra dentro.

Cuatro valientes condenados a más de un quinquenio de prisión por exigir vivir civilizadamente, algo prometido durante décadas por esa misma dictadura que ahora los encierra. No solo los encierra: los humilla. La madre de Barrenechea murió de cáncer mientras su hijo —hombre culto y decente— estaba en el presidio injusto. No le permitieron despedirse de su madre.

Son decenas de miles de cubanos con nombres y apellidos. Pero basta solo uno de ellos, hoy Barrenechea Chávez, para recordarnos la malignidad intrínseca en ese cáncer dictatorial que sigue hundiendo a Cuba y a los cubanos. Del otro lado, del lado de los dictadores, que no se nos olviden los nombres y apellidos de los injustos, incluyendo los de ese injusto tribunal. La justicia, la verdadera, la libre, llegará más pronto que tarde. Tiene que llegar.

Me seguirán preguntando sobre una posible transición; les seguiré contestando con un machetazo. No se negocia con asesinos. No se negocia con el mal. Machetazo de moral, de justicia y de ley. Ellos borraron nuestra Cuba perdida; nosotros la reviviremos de nuevo, limpia, sin la suciedad que cualquier roce con ellos implica.

Nada de transición ni negociación. Barrenechea, como decenas de miles más, como yo, no pudo ver nunca más a su madre. No la pudo ver por una dictadura obtusa y diabólica. Y con esa, repito, no se negocia ni un maní. Machetazo de libertad y civismo, de democracia y leyes.

 

Foto: TSP.gob.cu

miércoles, 1 de abril de 2026

El sucio petróleo de la vergüenza

 

Foto: Marine Tracker
 

Antier, en medio de dos reuniones en las que me fue muy bien, escuché que, después de semanas de especulaciones, por fin el tanquero ruso que lleva semanas atravesando el Atlántico había sido autorizado a atracar en el puerto de Matanzas. Algo así como aquella película de la Guerra Fría, Hunting the Red October, en la que Jack Ryan, un ficticio agente de la CIA, perseguía desde un submarino norteamericano a uno soviético. Véanla, ya no hacen películas así.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

El barco en cuestión porta por nombre Anatoly Kolodkin, bautizado así en honor a un jurista soviético que llegó a ser juez en el Tribunal Internacional de Derecho del Mar. Como todo lo que hacen los comunistas, que esta nave porte ese nombre es una verdadera burla, además de un engaño.

Este barco en particular está sancionado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFA) de Estados Unidos. Está sancionado por Canadá, por Australia, por la Unión Europea, por el Reino Unido y por la madre de los tomates. Sancionado, pero porta el nombre de un jurista. Las cosas de los comunistas.

Me vienen a la mente aquellas organizaciones por la paz mundial de los tiempos de esa misma Guerra Fría: aglutinaban a todos los países y organizaciones que hacían exactamente lo contrario. Se juntaban para joder la democracia, la libertad y la paz.

O cuando Fidel Castro presidió la novena Cumbre de los No Alineados, organización que supuestamente estaba integrada por países que no se alineaban ni con el bloque de países libres ni con el bloque comunista. La cumbre la presidió el Orador Orate cubano, el lamedor de botas rusas número uno, peón de sus instrucciones e hijo improductivo que dependía de los subsidios soviéticos para sostener su dictadura.

Ayer mismo, aquí en Washington D. C., me tropecé con una de esas marchas de "No Kings", de no reyes, dedicadas en la superficie contra Donald Trump, pero en la realidad dedicadas a socavar la democracia, a denigrar el sistema electoral democrático y a socavar el capitalismo. Acusan de rey, de king, a un viejo que ganó unas elecciones limpias, que apenas lleva quince meses de su administración, que en unos meses lo más probable es que pierda el apoyo del Congreso y del Senado, y al que en 2028 las elecciones lo mandarán de regreso a Mar-a-Lago, a que Melania le cambie los pañales.

King, ni king. Son los mismos que odian a Israel, a los judíos, mientras adoran a los islamistas. No importa que los primeros solo hayan traído prosperidad a este mundo y los segundos se la hayan pasado estrellando aviones contra rascacielos, poniendo bombas en trenes, edificios, aviones, autos, zapatos, personas, en todo. Matando y matando a los mismos que hoy se desgañitan defendiéndolos. El mundo al revés.

Qué diferencia entre la marcha de ayer, la de los fanáticos anticapitalistas, y esa en la que participé el domingo a favor del fin de la teocracia iraní. Qué diferencia.

Pues bien, resulta que antier, desde una de las puertas que separa sus oficinas de la cabina de los periodistas en el Air Force One, Trump salió a declarar que iba a dejar pasar el tanquero ruso porque los cubanos “tienen que sobrevivir”. Como si los cautivos de la isla fueran a sobrevivir con 700 000 barriles de petróleo de un solo barco, cuando en diciembre recibían tres veces más y aun así mantenían a los cubanos a oscuras, llenos de basura y sin medicina. Sobrevivir.

También dijo que: “Sí, Cuba será la próxima. Cuba es un desastre, es un país en decadencia, y será la próxima. En poco tiempo, va a colapsar, y estaremos allí para ayudarla”.

“Estaremos ahí para ayudar a nuestros grandes cubanoamericanos, que fueron expulsados de Cuba; en muchos casos, sus familiares fueron mutilados y asesinados por Castro”. Cubanoamericanos que son hoy votantes en este bello país, eso no se le olvida.

"Prefiero dejarlo entrar, aunque sea Rusia o cualquier otro".

Me pareció que habló como esos gatos que juegan con el moribundo ratón antes de finalmente tragárselo, o, peor aún, como esos torturadores de regímenes totalitarios —Cuba, Venezuela, Rusia e Irán incluidos— que reviven al torturado para seguir un rato más con su macabro sadismo.

Diga lo que diga Trump, sus palabras y hasta la forma en que habla del tema cubano demuestran lo insignificante que resulta en su agenda el tema cubano. Normalmente no habla del tema cubano sentado en la Oficina Oval; lo hace a botepronto, asomado a la puerta de un avión. Como reiterando: “Sí, es verdad, lo de Cuba, sí, lo arreglaremos. Bye”.

Además, cuando habla de Cuba nos demuestra su desconocimiento sobre la isla. Hace una semana dijo que estaba a salvo de huracanes, porque no estaba en zona de huracanes. Nadie le avisó de Melissa.

Ayer dijo que dejaba pasar al petrolero ruso porque los cubanos necesitaban calefacción y aire acondicionado. Dice esto de un país que en toda su historia nunca ha necesitado calefacción y en el que, desde 1959, el aire acondicionado es solo para los dictadores y para los turistas.

El Anatoly Kolodkin, un buque sancionado bajo todas las leyes, fue autorizado a descargar su sancionada carga en un país sancionado. Su combustible no mejorará en nada la vida de los millones de cautivos aplastados por la dictadura asesina.

Lo que sí hará este acto de permitir la entrada de un barco ruso sancionado a descargar su sancionada carga en los corroídos tanques de la terminal de Matanzas es darle oxígeno a la tiranía cubana. Le dará un pequeño respiro material; podrán llenar sus reservas personales mientras mantendrán a los cubanos en apagones y sin transporte público.

 


Foto: Marine Tracker
 

Lo más importante es que ese acto les permite ganar tiempo, reiterar su retórica de “resistencia” y les ofrece una pequeña victoria en ese mito que llevan sesenta y siete años fabricando. David le pegó otra pedrada a Goliat, mientras le sigue dando palos a los cubanos.

La llegada de ese petrolero ruso legitima a la moribunda dictadura. Es un puñetazo en la cara de las decenas de miles de cubanos que salen, con hambre, cada noche a convertir en tambores sus cazuelas lavadas con dos gotas de agua. Ya veremos a todos los noticieros anunciando la victoria legitimadora de la represión. Un puñetazo en la cara de la libertad.

Ese acto le va a permitir a la camarada Claudia reiniciar los envíos de petróleo a sus cómplices. Si dejaron entrar un tanquero sancionado, ni modo —así dicen en México— que no dejen entrar uno legal cargando combustible ilegal robado a los mexicanos. Y así como ella y su régimen, ya veremos a otros que, envalentonados y activados por la dictadura cubana, redoblarán sus esfuerzos por destruir la presa de contención que Trump puso a finales de enero pasado.

Este barco de petróleo puede ser esa pequeña resquebrajadura de esa presa. Empieza por unas gotas y, en poco tiempo, o en noviembre, se convierte en un torrente y todo vuelve a su lugar. La dictadura haciendo lo único que sabe hacer bien: ganar tiempo. Lo mismo está haciendo Irán, por cierto; el tema es que ellos tienen uranio y petróleo, y Cuba solo tiene miseria.

O puede ser lo contrario. Puede ser que el gato le esté dando un último respiro al ratón después del jugueteo antes de zampárselo. Puede ser que Trump prefiera tener un poco de gasolina y diésel en La Habana para cuando lleguen sus muchachos. Puede ser, pero cuántas veces hemos visto cómo un ratón moribundo escapa de un gato muy confiado.

La incertidumbre y los repentinos cambios de rumbo de la política exterior de Trump son una de sus fortalezas, aunque algunos la ven como una debilidad. Quizás es lo que él pretende. Y este arte de engañar no solo se ciñe a lo internacional.

Ayer mismo yo estuve en la Casa Blanca, que, como ustedes saben, está en medio de una obra de construcción de lo que a todos se nos ha dicho que será un salón de fiestas.

Se nos ha dicho que ese salón es un capricho del viejito. Bueno, yo les digo algo: si esa construcción es para hacer un salón de fiestas, yo seré candidato a un premio Nobel. Es decir, que eso nunca será. El nivel de excavación, de equipos, grúas y oficinas portátiles que hay ahí no son para construir un salón de fiestas, son para construir un búnker, un gran búnker. Si yo, que soy un simple zapatero, me puedo dar una idea de lo que ahí se hace, imagino que tanto amigos como enemigos de Trump también lo sepan.

 

Foto: Omar Sixto

 

Dice que hace una sala de baile mientras moderniza las capacidades de la Casa Blanca y actualiza su defensa y operatividad. Lo mismo podría estar haciendo con Cuba, no lo sabemos, y cansa estar especulando. Tan bueno que sería que los cubanos pudieran, de una vez y por todas, tomar las riendas de su destino.

Es una vergüenza, para los cubanos de allá y de acá, que llevemos meses en esta telenovela, dependiendo de la danza opaca entre La Habana y Washington, sin ser respetados ni por los unos ni por los otros. Ni por los reyes de allá, ni por el que muchos dicen que es rey de aquí.

 

Foto: Granma