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martes, 7 de julio de 2026

Un día trascendental, corazón y verdades, por la libertad individual y la de Cuba

 

Foto: CNN

Este cubano que aquí los recibe con el corazón abierto de amor por la libertad y la felicidad, no solo de Cuba, sino de todo el mundo, carga con 57 años de curiosidad y ansías de aprender y conocer, probar, cosas nuevas.

Hoy, 7 de julio de 2026, ha sido un día trascendental en esa exploración, en esa curiosidad, en esa magia que es vivir en libertad y ser feliz. Cargas con tus dolores y penas, pero como la mochila de ese dolor la llevas en la espalda, todo tu frente está disponible para vivir, para ser feliz.

Hoy, 7 de julio de 2026, he entrado a una nueva dimensión, a una que siento eterna, Dios existe y se te aparece cuando pensabas que estabas en el inicio del ocaso.

También hoy, por primera vez en 57 años, he visto a alguien hablando en la inservible, hasta hoy, Asamblea General de las Naciones Unidas, que ha puesto en su lugar a los lloricones representantes de la dictadura cubana en ese inútil foro.

Ha sido un día memorable, eterno. Gracias a Dios y a la vida. Les comparto las palabras de un ciudadano libre y claro, con sentido común, sentido del humor y un par de badajos que dan envidia.

En 1899 fueron Brooke y Hood. Coño, Waltz no está nada mal. Lo veo más claro y definido que muchas y muchos que aquí, de este lado, se andan repartiendo una república que aún no hemos refundado. Repartiendo una isla que aún no hemos liberado, ni los de allá ni los de acá.

Hoy el embajador Mike Waltz barrió el piso de ese salón lleno de palabras inútiles con Bruno Rodríguez Parrilla y el otro monigote que cubre su inútil silla en ese inútil, y cómplice del mal, salón.

Les comparto las palabras certeras del embajador de este país libre desde hace 250 años. 

Hoy fue un día trascendental, en mi corazón y en la ONU.




Embajador Mike Waltz  

Representante de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas  

Nueva York, Nueva York


Señor Presidente, gracias.

Señor Presidente, hoy se habla mucho de un embargo. Y, en efecto, hay uno. Está justo delante de todos nosotros. Es el embargo que el régimen cubano impone sin piedad a su propio pueblo década tras década tras década.

Mientras nos reunimos de nuevo —una vez más, hoy—, lamentablemente, Cuba vuelve a quedar sumida en la oscuridad. Otro apagón recorre la isla. Los apagones han afectado a la isla durante muchísimos años. Colegas, lamentablemente esto no es nada nuevo. Las familias vuelven a preguntarse si sus alimentos se echarán a perder, si los hospitales tendrán electricidad, si sus teléfonos tendrán suficiente carga para llamar a sus seres queridos.

Pero, de algún modo —convenientemente—, siempre parece haber suficiente electricidad para el régimen, para la dictadura cubana.

Ahora mismo, mientras hablamos, hay suficiente electricidad para los complejos de la familia Castro. Ellos sí tienen electricidad. Hay suficiente electricidad para las oficinas del régimen, incluida, al parecer, la necesaria para redactar las declaraciones de hoy culpando una vez más a Estados Unidos, año tras año, de la crisis que ellos mismos han creado.

Habrá —se los prometo— suficiente electricidad para el aparato de propaganda cubano, para recortar, publicar y traducir las mentiras que una vez más están difundiendo en este organismo por todo el mundo.

Estoy aquí hoy para instar al régimen cubano: cambien de rumbo, devuelvan la electricidad a su pueblo. Han escuchado el clamor de su propio pueblo. ¡Respóndanle! Respondan a ese clamor. El Che Guevara —uno de los héroes del régimen, también conocido como el carnicero de La Cabaña, quien, por cierto, reunió a personas homosexuales y las envió a campos de trabajo— solía decir que los revolucionarios cubanos estaban “guiados por el amor” hacia su pueblo. ¿Dónde está ese amor? Yo no lo veo.

Hace cinco años, este mes, hace cinco años, el 11 de julio de 2021, miles de cubanos llenaron las calles y exigieron libertad.

Puede seguir golpeando la mesa, amigo mío. Esto no es La Habana. Esto es los Estados Unidos de América. Esto es las Naciones Unidas. Y hablaremos, seremos escuchados y no seremos silenciados como su propio pueblo. Así que siga golpeando.

Señor presidente, esto es lo que el régimen y sus representantes, muy groseros e inapropiados, no quieren que ustedes escuchen: que hace cinco años este mes, cuando se acerca este aniversario, miles de sus ciudadanos llenaron las calles de Cuba y exigieron su libertad. Tenían hambre, estaban cansados, llevaban años soportando apagones y estaban hartos de un régimen que se sienta sobre miles de millones mientras su pueblo pasa hambre.

Durante 67 años, el régimen cubano se ha enriquecido a sí mismo y a sus élites gobernantes mientras abusaba de su pueblo, estrangulaba la empresa privada, criminalizaba la disidencia y se aferraba a una economía comunista fracasada.

Colegas, el comunismo nunca ha funcionado, no funciona y no funcionará.

Y cuando el pueblo cubano exigió algo mejor, algo diferente, tener una voz, el régimen pudo haber decidido escucharlo, pero no lo hizo. En cambio, eligió encarcelar a 800 de sus propios ciudadanos.

Y quiero tomarme un momento para leer algunos de sus nombres. Deben escuchar sus nombres. Deben ver sus rostros.

Luis Manuel Otero Alcántara. ¿Saben cuál fue su delito? Está en una prisión de máxima seguridad. Su delito, y esto según el régimen, es la “expresión artística”. Su delito es ser artista, señor presidente.

Fernando Almenares Rivera. ¿Su delito? Es músico y escribe canciones que al régimen no le gustan, llamando a la libertad.

Maykel Castillo Pérez. Otro músico en una prisión de máxima seguridad. ¿Qué hizo? También escribió canciones de rap que al régimen no le gustan.

Este joven, este joven extraordinario, Duannis Dabel León Taboada, es un joven poeta. Es poeta. Escribe poesía, colegas. Catorce años en una prisión de máxima seguridad.

Y estos dos hermanos, Jorge Martín, Nadir Martín Perdomo. La ONU —todos ustedes— han condenado su encarcelamiento y han pedido su liberación. Miren sus rostros mientras pronuncian sus discursos hoy. Recuérdenlos. Porque están en prisión por atreverse a luchar por la libertad.

Colegas, no están armados. No son violentos. Llevan flores, escriben poemas y componen música. Y por eso el régimen los golpea, los detiene e intenta quebrarlos.

Estos son los nombres que la delegación aquí golpeando la mesa no quiere que ustedes escuchen. No quieren que esta Asamblea los escuche. No les gusta la libertad de expresión. No les gusta la disidencia.

Y, en cambio, año tras año, se esconden detrás de este mito llamado “bloqueo”.

Pero hablemos de este supuesto bloqueo.

Les preguntaría, y miro a algunas de las delegaciones presentes, si existe un embargo, un bloqueo o el nombre que quieran darle, ¿cómo llegó ayuda humanitaria de Belice, Canadá, Chile, China, Colombia, la Unión Europea, México, España, Rusia, Uruguay y la propia ONU al país en apenas los últimos meses?

Muchos de ustedes han mencionado un enorme petrolero ruso con 750 000 barriles de petróleo que acaba de llegar a la isla. Nuestra legislación contiene una disposición humanitaria para la ayuda humanitaria.

No existe un anillo de buques de guerra de la Marina de los Estados Unidos alrededor de esta isla impidiendo el comercio o la entrada de ayuda humanitaria a Cuba. Es falso. Es mentira. Es una falsedad. Punto.

Si existe un embargo, ¿por qué Estados Unidos —yo nací en Florida, he visto los barcos salir de nuestros puertos— envía a Cuba productos básicos por un valor de medio billón de dólares al año? ¿Por qué Estados Unidos proporciona más de 100 millones de dólares en ayuda? He oído que otros países anuncian hoy ayudas repartidas durante una década, unos pocos millones de dólares. Cien millones de dólares solo este año en ayuda, además de trabajar con el Vaticano y la Iglesia Católica para entregar alimentos y medicinas a los necesitados. Ayuda que también proporcionamos —ayuda adicional— después del huracán más reciente.

Y les pregunto —vuelvo a la cuestión fundamental—: si no hay alimentos ni combustible para los hospitales, ¿cómo es que sí hay combustible para el avión privado de la familia Castro?

¿Cómo puede el presidente Díaz-Canel permitirse —pueden buscarlo en internet— una corbata Hermès? ¿Cómo puede permitirse un reloj Rolex y la pluma Montblanc con la que escribe?

¿Cómo puede la familia Castro permitirse sus 17 casas, su isla privada y sus ostentosos viajes a Madrid, Moscú y la Costa del Sol?

Gracias, señor presidente. Y solo diré, como comentario aparte, que la verdad duele. Y la verdad no es irrespetuosa. Lamento que no quieran escucharla, delegación de Cuba. Pero aquí viene la parte que, colegas, realmente no van a querer oír.

Existe una organización llamada GAESA. Es el conglomerado secreto de las fuerzas armadas cubanas que controla aproximadamente la mitad de la economía cubana. Tiene un fondo fiduciario de 18 000 millones de dólares. Espero que todos ustedes se pregunten, especialmente quienes contribuyen, ¿adónde va todo ese dinero? ¿Dónde está todo ese dinero, esos 18 000 millones de dólares bajo GAESA? Si no han oído hablar de ello, sepan que no entrega ni un centavo de esas ganancias al pueblo cubano.

También deberíamos estar hablando del comercio de esclavos de la Cuba moderna. Sí. El régimen cubano envía médicos y enfermeros por todo el mundo y por toda la región. Pero aquí está la parte que no les cuentan. Y por eso quieren golpear las mesas, para que ustedes no la escuchen: el régimen se queda con sus salarios; ellos no cobran. El régimen se queda con los salarios, los obliga a trabajar gratis y amenaza a sus familias si desobedecen.

Y hacen lo mismo con los mercenarios. Mis colegas europeos, escuchen esto, por favor. Miles de hombres cubanos están siendo obligados a combatir en Ucrania. ¿Y saben adónde van sus salarios? A los bolsillos de la familia Castro. Van al régimen. Así que cuestiono cómo pueden permanecer aquí defendiendo la posición que han adoptado sobre Ucrania y no condenar al régimen cubano por enviar allí mercenarios.

No es de extrañar, con todo lo que he expuesto hoy, que casi dos millones de cubanos hayan arriesgado sus vidas y hayan huido. ¿Y adónde huyeron? Con frecuencia van a los Estados Unidos. Ahora tenemos tres millones de cubano-estadounidenses que prosperan orgullosamente como emprendedores, empresarios, abogados, médicos y miembros de sus comunidades; incluso nuestro propio secretario de Estado, Marco Rubio, un cubano-estadounidense que ha ascendido dentro de nuestra sociedad hasta representar a los Estados Unidos en el escenario mundial.

En contraste, los cristianos cubanos han sido perseguidos, los disidentes son enviados a campos de trabajo, los afrocubanos son detenidos y cualquiera que alce la voz paga el precio más alto.

Así que debemos preguntarnos: ¿por qué Cuba sigue pidiendo este debate y viene a este micrófono?

La respuesta es sencilla: porque culpar a Estados Unidos es el único plan económico que le queda a La Habana.

Y cuando intenten blanquear sus crímenes, una vez más, por segunda vez en una sola sesión —a un costo de 28.000 dólares por hora—, no caigan en ello. No presten su voz a esta propaganda.

No existe un bloqueo estadounidense. El único embargo en Cuba es la guillotina que el régimen mantiene sobre la cabeza de su pueblo.

Y cuando el régimen cubano siga alimentando a su pueblo y al mundo con estas mentiras, haría bien en recordar las propias palabras de Fidel Castro. Él dijo: “Engañar al pueblo, crear falsas esperanzas, siempre trae las peores consecuencias”. Pues bien, esas consecuencias las ha sufrido el pueblo cubano año tras año tras año.

¿Y cuáles son esas consecuencias? Son años de apagones, una población que odia a su gobierno, estantes vacíos en las tiendas de alimentos, hospitales deteriorados y millones de cubanos que han huido de la isla que aman.

Les pregunto nuevamente: escuchamos al ministro de Relaciones Exteriores de Cuba describir a Estados Unidos como un país racista y opresor. ¿Por qué tanta gente intenta venir a este país? ¿Por qué tanta gente huye de su propio país?

El mundo no debe ayudar al régimen cubano a ocultar su incompetencia, su malicia, su corrupción y su codicia. Debemos ayudar al pueblo cubano a liberarse y a hacer realidad las libertades con las que el pueblo cubano ha soñado durante tanto tiempo.

Estoy con el pueblo cubano. El presidente Trump está con el pueblo cubano. El secretario Marco Rubio, un orgulloso cubano-estadounidense, está con el pueblo cubano. Instamos al régimen a liberar a estos presos políticos, a permitir una verdadera libertad económica y a otorgar al pueblo cubano los mismos derechos que este organismo afirma defender.

Estén con el pueblo cubano. No estén con el régimen que ha destruido ese país. No pueden hacer ambas cosas. Ha llegado el momento de elegir.

Gracias, señor presidente.


Al fin, 57 años en esta Tierra y hoy, en un solo día, cambiaron varios paradigmas medulares de mi vida.

Gracias Dios. Gracias al milagro de la vida.


Foto: CNN

sábado, 8 de noviembre de 2025

Cuando el "bloqueo" no le importaba

 

Foto: Granma

En 1959, la generación de mis padres entregó su destino a un joven abogado que nunca ejerció el oficio. A un aventurero hijo de papá, ególatra, narcisista y, peor aún, acomplejado. Había nacido y pasado su infancia en calidad de hijo bastardo, en una próspera finca en el oriente cubano.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Bastardo y guajiro, dos cualidades para desprenderse de las cuales decidió hacer una “revolución”. Como el calvo que se deja crecer el bigote, para que cuando lo llamen no le digan “el calvo” sino “el del bigote”.

Ya para 1959, el Orate no era bastardo, pero seguía siendo guajiro, vago y revoltoso. E hizo y logró su “revolución”. La generación de mis padres se lo permitió.

El sujeto, y la pandilla de pendencieros que lo secundaban, llegaron con ínfulas de que se las sabían todas. Al fin y al cabo, sin saber nada de guerrillas, habían derrotado a un ejército bien armado y abastecido.

El acomplejado era también envidioso. Evidentemente, en enero de 1959, llegando a La Habana —ciudad que siempre despreció—, recordó las burlas a las que sus compañeros de escuela lo sometieron años atrás.

Acomplejado y envidioso, decidió quedarse con todo el país. Con todo: así que confiscó y nacionalizó todo lo que pudo. Les quitó todo a los cubanos, incluso la libertad. A los que se le opusieron los metió a la cárcel, los fusiló o les derribó el avión.

Ya con toda Cuba en sus manos, decidió que lo iba a convertir en el país más desarrollado de América; qué tan difícil podía ser. Si los cochinos capitalistas que se burlaban de él en la escuela habían logrado tener empresas exitosas, ahora que eran de él tendría mucho más éxito.

No solo les quitó todo a los cubanos, sino también a los norteamericanos que habían invertido en la que era ahora su isla. Cochinos imperialistas. Les quitó y confiscó todo. Y, para colmo, hasta se ofendió cuando le empezaron a dejar de comprar el azúcar, que ahora él producía en los mismos centrales que les confiscó a los imperialistas.

Es como que usted se dedique a hornear pasteles. Llega un bandido y le quita la pastelería, y enseguida le exige que le compre los pasteles horneados en el mismo horno que le acaban de robar. Así de simple.

Años más tarde, con mucho éxito, el Orate implantó en la mente mundial el mito del “bloqueo asesino”. Mito que persiste hoy en día.

Lo hizo cuando ya había arruinado a Cuba. Cuando le había cercenado su prosperidad y la había convertido en un país parasitario.

Pero entre 1959 y al menos 1965, el embargo norteamericano —que no es más que el pastelero que no quiso comprar los pasteles robados— no le importaba mucho. Hasta lo desafiaba.

Lo cuento en mi libro Se acabó la diversión. Se burlaba de los yanquis a los que él mismo acababa de robar. Se jactaba de que no los necesitaba para guiar a los cubanos al paraíso socialista.

Y les pongo un ejemplo, citado en mi libro. Un ejemplo de que, como sujeto que nunca tuvo un empleo productivo, creyó que él podía transformar solo con su voluntad un país entero.

En 1960 les prometió a los campesinos —a los que, en vez de darles tierras, metió en cooperativas— que les construiría, por toda Cuba, pueblos nuevos con edificios, escuelas y hospitales. Ciudades modelo de modernidad.

Y les prometió que lo haría “con cuota o sin cuota”, refiriéndose a la cuota azucarera con la que los cochinos imperialistas beneficiaban a Cuba sobre otros proveedores del dulce. El Orate les decía:

Naturalmente que no pueden construirse juntos todos los pueblos, pero ya estamos entrenando a miles de soldados rebeldes y de brigadas juveniles para poder construir el mayor número de pueblos posibles al menor costo, ¡y que cada cooperativa tendrá su pueblecito, con cuota o sin cuota! ¡Y cada pueblecito tendrá su centro escolar para los hijos de los cooperativistas, con cuota o sin cuota! ¡Y cada pueblecito tendrá agua corriente y luz eléctrica, con cuota o sin cuota! ¡Y cada pueblecito tendrá sus campos deportivos y sus equipos de deporte, con cuota o sin cuota! ¡Y cada pueblecito tendrá sus círculos sociales, sus lugares de instrucción y de recreo para los adultos, con cuota o sin cuota! ¡Y en cada cooperativa tendremos la malanga, el maíz, los boniatos y todas las viandas y vegetales, con cuota o sin cuota! ¡Y los niños de nuestros campesinos tendrán ciudades escolares, con cuota o sin cuota! ¡Y las futuras generaciones irán creciendo en un mundo mejor, con cuota o sin cuota!

Los cochinos imperialistas dejaron de comprarle azúcar robada; cancelaron la cuota. Los soviéticos se la estuvieron comprando durante treinta años y subsidiándole su país parasitario. Como mismo lo había mantenido a él su padre también por treinta años.

Cuando finalmente el Orate estiró la pata y se mudó al pedrusco en el que hoy pernocta, dejó atrás un país en ruinas. Los tres pueblos que pudo construir antes de arruinar a Cuba hoy son fantasmas también en ruinas.

No se produce azúcar; no se produce nada.

Sus herederos Panzones lloran y lloran por el “bloqueo asesino”, mientras sus familiares, desde Estados Unidos, les lavan el dinero que le exprimen a los cubanos.

Lo único que les quedó a los cubanos de la isla fue la cuota del racionamiento, que cada día es más magra e irregular.

Ah, y la cuota de palos y cárcel a que los someten si osan protestar por su situación de miseria —ya que casi nunca protestan pidiendo, exigiendo, libertad.

En 1959 prometió casas, agua, luz eléctrica, malanga, maíz, boniatos y todas las viandas y vegetales. Sesenta y seis años después, el régimen que implantó no les ofrece nada de eso; al contrario, les priva de la posibilidad de todo eso.

Arruinaron un país próspero y libre y hoy someten a sus desdichados habitantes a un virtual y lento genocidio. A un “bloqueo asesino”.


Foto: Taniapress
 

Asesino y negligente. Rogando estamos porque ninguna presa —de las de agua, no las que están detrás de los barrotes— ceda sus muros buscando libertad. Libertad que inundaría, y mataría, a muchos de esos desdichados.