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miércoles, 27 de mayo de 2026

Las lecciones de Irán y la demorada libertad de Cuba

 

Foto: The Guardian 
 
 

Anoche tuve un encuentro inolvidable. Un grupo de cubanos libres me abrió las puertas de su casa para conversar un rato sobre una de las cosas que más —sino la que más— nos apasiona en la vida: hablar de nuestra Cuba, tanto de la que perdimos bajo la bota del castrismo como de la que hoy sufre humillada bajo el yugo de la Junta Militar, como de la que todos los libres soñamos, esa Cuba libre, próspera y feliz.

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No era un grupo cualquiera. El promedio de edad de esa veintena de cubanos libres que me abrió las puertas de su casa es de aproximadamente ochenta años. Los más "jóvenes" de la tertulia éramos mi querida y admirada escritora y yo. ¡Qué grupo! Qué chispa, qué alegría, cuánta inteligencia, tolerancia, respeto a la opinión diferente y, muy importante, mucho humor. Sentimientos y dolor, por supuesto. Puedes tener ciento tres años o cincuenta y siete: Cuba duele.

La mayoría de ellos forman parte de eso que se conoce como “exilio histórico”, los mismos a los que la dictadura ha llamado la “mafia de Miami”. La mafia de La Habana, el Cártel de Gaesa, denostando la decencia, el éxito y la libertad. Que me pongan en la lista.

En los preámbulos de nuestro convivio surgió el tema de Irán y, cuando me tocó hablar a mí, les dije que la administración Trump se había empantanado en su conflicto con la teocracia asesina de los ayatolás. Les dije que ese conflicto había mostrado las fuerzas y debilidades de nuestras fuerzas armadas. Hoy el régimen iraní no tiene fuerza aérea y sus capacidades militares están muy disminuidas. Pero siguen ahí; si no me cree, intente cruzar Ormuz. Es más, ni siquiera pasar cerca; lo digo con conocimiento de causa porque tengo dos contenedores de cuarenta pies trabados en Omán desde hace un mes.

Y les contaba cómo un informe del Congressional Research Service, perteneciente, oficialmente, al Congreso de los Estados Unidos, había reportado que, desde que iniciaron las operaciones de Furia Épica contra la teocracia, las fuerzas armadas estadounidenses habían perdido cuarenta y dos aeronaves. La persona que estaba sentada a mi izquierda —un héroe de la Brigada 2506— me dijo, como dicen mis tíos: “Estás completamente equivocado”. Alegó que, si eso fuera cierto, la mala noticia estaría siendo utilizada y magnificada por toda la prensa que opera en contra de esta administración.

Me dijo que esa desinformación que acababa de salir de mis labios provendría de algunas de esas páginas que impostan las reales. Como esos engaños que te mandan de tu banco, o que si Amazon va a cancelar tu cuenta, o que si el que te contacta es un príncipe heredero nigeriano que necesita que le deposites 5000 dólares para poder destrabar los siete millones que tiene en el banco. No me creyó.

La mala noticia es que todo es cierto. Entre el 28 de febrero de 2026 y este 12 de mayo han quedado de baja cuarenta y dos aeronaves, incluyendo de ala fija tripuladas, helicópteros y drones. Y les resumo la lista:

  • Cuatro F-15E Strike Eagle: Tres derribados por fuego amigo y uno por Irán. Todos los pilotos llegaron a tierra a salvo. Para el último hubo que organizar una operación de rescate.
  • Un F-35A Lightning II: Dañado el 19 de marzo por fuego antiaéreo iraní.
  • Un A-10 Thunderbolt II: Derribado el 3 de abril por fuego antiaéreo iraní.
  • Siete KC-135 Stratotanker: Dos chocaron entre ellos y siete fueron dañados en tierra por misiles y drones iraníes.
  • Un E-3 Sentry AWACS: Dañado en tierra.
  • Dos MC-130J Commando II de Operaciones Especiales: Destruidos a propósito al quedarse varados durante el rescate del mencionado piloto del F-15 derribado.
  • Un HH-60W Jolly Green II: Dañado durante esa misma operación.
  • Veinticuatro MQ-9 Reaper: Drones de altitud media y vuelos de larga duración.
  • Un MQ-4C Triton: Dron de alta altitud y larga duración.

Billones de dólares en armamento perdido. Billones.

No es solo la pérdida logística de no tener disponibles estas aeronaves. Es también el rápido desgaste de los inventarios de armas —sobre todo de misiles de largo y mediano alcance—, la disminución de las capacidades de repostar combustible en vuelo, y así sucesivamente. Además, van quince bajas y quinientos heridos, y un portaaviones, el USS Gerald R. Ford, fuera de servicio.

Como les he dicho, se empantanó. No quiere decir que no hiciera falta meterle mano a esos locos que casi logran obtener armas nucleares. Absolutamente había que hacerlo. Pero la realidad ha mostrado que la teocracia asesina ha resistido mejor de lo que se calculó en un inicio.

Una de las lecciones ha sido que el paradigma sobre el que se construyó el poderío militar norteamericano ha demostrado vulnerabilidades reales. Modernas superarmas que cuestan billones de dólares se enfrentan a drones que valen menos que un Toyota Corolla usado. Es más fácil armar mil Corollas que un Tomahawk de dos millones. Estados Unidos no se ha quedado de brazos cruzados y ya hay varios contratistas probando fabricar una versión norteamericana del Shahed iraní.

Y hablando de drones iraníes: se nos ha dicho que la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba ha comprado unos trescientos drones rusos o iraníes —da lo mismo—. Tienen a los cautivos muriendo de hambre y a oscuras y compran drones para defender su régimen y mantenerse matando de hambre y a oscuras a sus cautivos.

Y aquí, nosotros, los libres, esperando el ansiado día en que Trump, los cubanos en la calle, o ambos, borren de una vez y para siempre a esa pandilla de ineptos, empobrecedores, represores y asesinos. El problema es que a Trump se le están acabando las balas en Irán y los cautivos de la isla lo más que han podido, hasta ahora, es salir valientemente a dar cacerolazos y cerrar algunas calles en la noche.

¿La libertad de Cuba? Esperando por que se rellenen los arsenales, descansen los chicos de las fuerzas armadas o que los cubanos no cierren una o dos calles, sino todas. Pero de que llega, llega. La dictadura no tiene salida; demorará dos días o dos meses. Pero de que se acaba, se acaba.


Foto: U.S. Congress

viernes, 27 de marzo de 2026

Irán y la libertad de Cuba

 

Foto: US Army

 

La operación Furia Épica lleva hoy casi un mes. Estados Unidos le ha dado con todo lo que tiene a la teocracia iraní. Ha eliminado a una parte importante de los ayatolás y jefes militares de las fuerzas armadas de la república islámica. Y, sin embargo, la teocracia de Irán sigue de pie.

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A Donald Trump, como se decía en mis tiempos en Cuba, se le enyerbó el asunto. Se le complicó.

No se ha dicho en la prensa, no sé por qué, pero Estados Unidos lleva gastados billones de dólares en esta operación. El movimiento de decenas de barcos y decenas de miles de tropas es un reto logístico y económico descomunal. Después de casi un mes, lo que iba a ser una operación de semanas pinta para una de largo plazo.

Cada día que pasa aumenta el desgaste de los equipos y del personal. Cada misil Patriot o los lanzados por los sistemas de Defensa de Área Terminal de Gran Altitud —THAAD, por sus siglas en inglés— cuesta millones de dólares. Y se han utilizado miles.

Cada cohete Patriot PAC-3 cuesta entre cuatro y cinco millones de dólares; un interceptor del sistema THAAD anda entre ocho y doce millones. Y se utilizan para neutralizar drones y misiles que no cuestan más de doscientos mil dólares, por mucho. Saquen la cuenta.

No hay presupuesto que alcance. No hay capacidad instalada que alcance para reponer el arsenal norteamericano. Todo esto mientras los chinos están cómodos viendo la película y fabricando armas como desesperados. Ah, y estudiando, con esa paciencia china, las tácticas y estrategias de Estados Unidos, su rival geopolítico.

Hasta hace poco, Estados Unidos e Israel veían este sistema THAAD como infalible. Sin embargo, misiles balísticos iraníes lo burlaron y cayeron sobre las ciudades israelíes de Arad y Dimona. Ciudades, por cierto, sedes del programa nuclear israelí.

Desde la agresión rusa a Ucrania, el paradigma de la guerra ha cambiado. De las invasiones hitlerianas con tanques se pasó a las oleadas de ataques aéreos; ahora un enemigo menor puede hacer mucho daño a una potencia militar solo usando drones desechables.

Estados Unidos e Israel están usando cohetes que cuestan millones de dólares para neutralizar drones que cuestan, cuando mucho, una decena de miles de billetes verdes. El dron iraní Shahed-136, favorito de Rusia, es un papalote letal que, por su tamaño pequeño, es muy difícil de interceptar.

 

Foto: AFP
 
 

Solamente Emiratos Árabes Unidos ha recibido más de 1200 ataques con drones desde inicios del conflicto. Las bases militares de Estados Unidos en toda la región del golfo Pérsico han recibido ataques con drones y misiles. Helicópteros que cuestan millones de dólares, destruidos por un dron FPV que solo costó un centenar de ellos.

Que Trump esté enyerbado en esta operación no quiere decir que no era necesaria. Lo era y lo es. La rabiosa defensa que ha proyectado el régimen iraní es la mejor prueba de la efectividad de su programa misilístico. Hasta hace poco Irán juraba que no tenía misiles balísticos de largo alcance y, hace unos días, lanzó dos de ellos sobre la remota isla de Diego García.

Mentía el mismo régimen que juraba que no fabricaba armas nucleares mientras, al mismo tiempo, juraba que iba a desaparecer a Israel de la faz de la tierra. No solo a Israel, sino también a millones de sunitas que habitan el vecindario.

Estados Unidos e Israel han logrado eliminar a una gran parte del liderazgo iraní y destruir una parte significativa de su arsenal y capacidad defensiva. Pero el régimen ha demostrado más fortaleza y unidad que la esperada. Se habla de paz a cada rato y lo que sucede es que hay más guerra.

Ante cada anuncio de conversaciones de paz que hace Trump, los iraníes responden con una negativa de cese al fuego y con una andanada de misiles y drones. Estados Unidos e Israel exigen que Irán renuncie a su programa nuclear y de misiles para llegar a un cese al fuego; los iraníes exigen que Estados Unidos cierre todas sus bases militares en la región.

Cosas así. Ninguno de los bandos va a aceptar lo que pide el otro. Esto va para largo, hasta que uno se canse o el otro se rinda.

En medio de todo esto hay otra víctima: la libertad de Cuba.

Si los cubanos libres vimos esperanzados cómo el 3 de enero de este año los Estados Unidos capturaron y extrajeron a un humillado Nicolás Maduro, y semanas después escuchamos a Trump declarar a la dictadura cubana como un peligro para la seguridad nacional, hoy nuestra esperanza y felicidad dependen de lo que sucede en el golfo Pérsico.

Un pequeño ejemplo de hacia dónde se fueron las prioridades de la administración Trump es la relocalización del grupo de ataque del portaviones Gerald Ford. De estar en el Caribe cuando la extracción de Maduro, lo mandaron a la operación en Irán. Le pasó por el lado a Cuba, sin prestarle atención.

Un pequeño ejemplo de la enyerbada en la que se metió Trump en la operación en Irán es que ese gran portaviones se incendió y quedó fuera de servicio, mientras que sus tripulantes están cansados por la extensión inesperada de su tiempo de despliegue.

En casa, los niveles de aprobación de Trump decrecen por día. Hasta en su distrito de residencia en el sur de la Florida, el candidato republicano perdió ante una joven demócrata. La gasolina sube y, por ende, la inflación. Y las elecciones de medio término están a la vuelta de la esquina. Las cosas no le pintan bien.

Mientras todo esto pasa, en Cuba, la Junta Militar que la desgobierna sigue ganando tiempo y utilizando cómplices para manipular a la opinión pública. Hace unos días llenaron La Habana de imbéciles, llevaron un barquito oxidado lleno de marihuaneros. Ya lograron que la gente del Caricom les lleve "ayuda", que la camarada Claudia conserve sus médicos esclavos o que Andrés Manuel López Obrador extorsione empresarios para que depositen dinero en la cuenta "solidaria" de la dictadura cubana. Todo esto y más cosas por el estilo.

 

Foto: Cubadebate
 
 

Mientras todo esto pasa, los cautivos de la isla siguen en apagón, con hambre y con represión. En las noches algunos les pegan a sus cazuelas y en las mañanas los represores le pegan a quien quieran. Todo sigue igual, y seguirá mientras los cautivos no tomen las calles y, por primera vez en sesenta y siete años, comprendan que ellos, y solo ellos, son los dueños de su destino.

Ellos y solo ellos son los que pueden lograr una Cuba libre. Cuando entiendan que su destino no depende de Trump ni de nadie, que depende de ellos que Cuba sea libre. Una vez libre, dependerá de todos, los de aquí y los de allá, que logremos una Cuba no solo libre, sino próspera y feliz.

Trump, mientras tanto, está enyerbado en Irán.