Foto: Time
En realidad, no engañó a todos los cubanos, pero sí a la
mayoría.
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Hace sesenta y siete años la isla de Cuba iniciaba con
entusiasmo una nueva etapa. La llamada dictadura de Fulgencio Batista, que en
realidad no lo era, o lo era solo en parte, se desmoronó a golpe de
periodicazos, corrupción de su bien equipado ejército y el avance de varios
movimientos guerrilleros, uno de ellos, el más importante, encabezado por Fidel
Castro.
No era Castro el único líder de la oposición, pero sí el más
conocido, gracias a su propio genio mediático y a la prensa que lo promovía. En
aquel enero de 1959, la revista Bohemia, la más importante del país, lo
catalogó como el mesías de Cuba. Lo cuento en mi libro Se acabó la diversión.
Los cubanos, repito, con mucho entusiasmo, pusieron su
destino en manos de aquel joven que nunca había tenido un empleo productivo en
su vida y que, de ser pandillero, asaltó un cuartel del ejército, por lo que
fue encarcelado con todas las garantías constitucionales y amnistiado poco
después por ese gobierno al que han tildado de dictadura. Amnistiado por
Batista, a pesar de haberle asesinado a sus soldados.
Luego marchó a México, donde fue tolerado por las corruptas
autoridades del gobierno de Adolfo Ruiz Cortines. Organizó un grupo armado
desde un territorio extranjero, se robó un yate y desembarcó en Cuba. Durante
estos sesenta y siete años, el régimen que implantó ha hecho ver estos actos
como una epopeya heroica, mientras ha fusilado a todos los que han intentado
hacer lo mismo para terminar con esa dictadura.
Sí, dictadura: en 1959, Fidel Castro se hizo con el poder en
Cuba prometiendo democracia y libertad, pero en pocos meses instauró una
dictadura que sería la más longeva y maligna de este continente. Dictadura
ahora pésimamente gestionada por sus ineptos sucesores, la Junta Militar de
Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba.
Y ahora estos ineptos, que se saben en un callejón sin
salida, han declarado al año 2026 como el “Año del centenario del nacimiento de
Fidel Castro”, o algo así. Para ser ridículos no son ineptos, la verdad.
Y en este funesto aniversario del malnacido, esté usted
seguro: llenarán a los cautivos cubanos de frases del difunto dictador. En lo
de destruir y hablar mierda el individuo merece un récord Guinness, por eso
aquí le decimos el Orador Orate.
Pues bien, como ven, si recordamos algunas frases de este verborreico
y acomplejado individuo, recordemos algo de lo que dijo cuando, apenas llegando
al poder, todavía no instauraba su dominio totalitario sobre los cubanos.
Vayamos al 14 de febrero de 1959, Día de San Valentín, o como le dicen en Cuba,
Día de los Enamorados.
El Orador Orate, ese día, estaba enamorando a los miembros
del Club de Leones de La Habana. Lo hizo en uno de los salones del flamante,
por nuevo, hotel Habana Hilton. Veamos lo que dijo frente a estos señores a los
que en unos meses iba a confiscar sus empresas, sus casas y hasta sus
calzoncillos. Veamos lo que dijo en uno de los salones de un hotel que en unos
meses sería suyo. Se lo confiscó no a los gringos, sino al sindicato de los
Trabajadores Gastronómicos.
La única verdad que dijo ese día fue: “Yo creo que debe
inaugurarse un nuevo estilo en la vida del país”.
La Dictadura Militar de Barrigones se pasará este año
recordando frases del Orate, como si fuera un catecismo para justificar su
precaria existencia. Aquí les dejo algunas que dijo para que el “pueblo” (me
cae mal la palabra) de Cuba las aplique con la misma devoción con la que los
Panzones se las imponen.
Foto: Embajada de Cuba en México.
Por ejemplo, para los que tienen algún negocito, o una de
esas llamadas mipymes:
Y el inspector igual. Daba lo mismo que fuera de hacienda,
de salubridad, de comercio, de extranjeros, porque esto era una plaga de
inspectores. Todos los departamentos tenían inspectores y todos eran unos
señores que no dejaban vivir en paz a nadie.
A los de Gaesa, el conglomerado militar que ha despojado al
país de toda inversión que no sea en hoteles:
Dinero que no se invertía trajo como consecuencia tanto
analfabetismo, tanta enfermedad, tanta pobreza, tanto bohío, tanto piso de
tierra, tanto espectáculo deprimente como se ven en la república. Yo digo que
no debiera haber un solo bohío de guano, no debiera haber una sola familia
hacinada.
Para los que culpan al llamado “bloqueo” norteamericano y a
la desvencijada república que la salvadora “Revolución” del Orate vino a
rescatar, pueden usar sus propias palabras para desmentirse a sí mismos. Sobre
esto, ese día dijo:
Todo el mundo está de acuerdo, porque es verdad, en que este
es uno de los países más ricos del mundo. Pocas veces se ha reunido en un
espacio geográfico del mundo una tierra tan rica y un pueblo tan rico como
este, en inteligencia y en cualidades.
Sí, Cuba, el parasitario y fracasado país que es hoy, era
próspera y autosuficiente. El producto interno bruto de la economía cubana
superaba al de países como Japón, Italia o Grecia. Incluso desde el siglo XIX
era más del doble que el de España. Hoy ni se equipara al de Haití. Gracias a
Fidel Castro y su pandilla.
Luego, criticando al gobierno que acababa de deponer,
describió, queriéndolo o no, al régimen que implantaría en la desdichada isla,
y que ayer cumplió sesenta y siete años:
Y por eso ha hecho lo que ha hecho el pueblo de Cuba hoy. Si
no fuera este pueblo así, tengan la seguridad de que tendríamos dictadura por
30 años. Y después de este, el hijo y el nieto, como decían ellos; “guatacas” y
confidentes había aquí suficientes para 30 o 40 años. Y no eran muchos, pero
eran suficientes. Porque para implantar una dictadura basta el control. Incluso
a miles de soldados los mandaban aquí unos cuantos generales y unos cuantos
oficiales, y tenían allí a aquella gente engañada, cuadrados todo el día. Les
habían prohibido pensar, incluso. Y aquella gente, acostumbrada a eso, no
pensaba. ¿Prohibido pensar? Pues prohibido pensar: ¡no pensaban! Y mataban y
hacían horrores.
Poco después de decir esto militarizó la sociedad cubana.
Les repito, lo he contado en Se acabó la diversión, pero ese día
prometía todo lo contrario:
Yo soy de los que digo que Servicio Militar Obligatorio no,
porque no hay derecho a agarrar a un hombre y por la fuerza ponerle un
uniforme, un casco, un fusil y ponerlo a marchar; pero sí el entrenamiento, lo
más posible, de la juventud y del pueblo para que no haya una pandilla armada y
entrenada y que sabe tirar, frente a un pueblo inerme, que no tiene manera de
defenderse y sin armas ni nada.
A los Barrigones que hoy desgobiernan lo que queda de isla,
y que se pasarán todo este año desempolvando frases del Orate, los cubanos
podrían responderles con la misma medicina:
Es posible, y le tiene que pasar a la mayor parte de los
hombres, que no pueda sentirse satisfecho comiendo él sabiendo que los otros no
comen. Quizás si no los ve, pues dicen que el que no ve no padece o algo de
eso; pero yo estoy seguro de que en un lugar donde haya 100 hombres en un
parque y lleven tres días sin comer, no hay quien se pueda comer un bistec en
público, ¿verdad? Lo que tenemos es que ver, desde luego, a los que no están
comiendo; abrir las persianas, abrir las puertas, porque, aunque no los veamos,
hay gente que está sin comerse ese bistec también.
Aunque me temo que muchos de esos millones de cubanos no han
probado un bistec en décadas, o no lo han probado nunca. Además de la libertad,
el régimen de ese Orador Orate desapareció la carne de res, la leche, y ahora
sus seguidores hasta la tradicional carne de cerdo. Y hasta salió un corifeo a
pedir que les quitaran las papas y el arroz. Total, si ya les han quitado casi
todo, incluyendo la dignidad.
Hoy los cautivos cubanos viven bajo un régimen represor,
pero en 1959 el Orate decía que:
Antes no era más que policías por dondequiera, ¡hasta en la
sopa se aparecía un policía! Y ahora, pues, vamos a hacer todo lo contrario.
Bueno, ¿por qué no eliminamos a los policías?
Lamentablemente, también, con sinceridad, les anunció lo que
iba a hacer:
Hemos visto que las leyes, cuando no reúnen otras cosas para
hacerlas posible, no valen de nada: las más bonitas, la Constitución, los
derechos, la libertad, no valen de nada.
No los demoro más, pero así como los cautivos cubanos pueden
usar las mismas frases del difunto tirano para rebatir la nociva campaña de la
Junta Militar de Barrigones, quienes me leen o me escuchan fuera de Cuba, en
países como México o República Dominicana, lean en las frases del Orate las
mismas promesas que sus políticos hacen mientras ejecutan todo lo contrario.
Recuerden que, como en Cuba sucedió, la democracia es una
bendición muy frágil.
Foto: El País
Del carajo, tener que pasarse otro año aguantando un bombardeo de frases de ese impostor. Pobres cubanos.