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martes, 28 de julio de 2026

Cuba sin líderes

Foto: CBS News
 

Cuba siempre ha sido, desde su gestación como país independiente, un país con muchos líderes. Muchas veces líderes de bandos, facciones o grupos opuestos. Y fíjense que no digo que tener líderes sea algo bueno o necesario. La mayoría de los países exitosos funcionan felizmente sin necesidad de un líder.

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Pero siete u ocho mil años de historia conocida han demostrado que, en ocasiones, es necesario tener un líder para rectificar o eliminar el daño que ha hecho otro líder. Ha sucedido miles de veces desde los tiempos de Egipto y hasta antes. No es necesario que les haga una lista: no acabaríamos nunca.

En el caso cubano actual, que es el que nos ocupa, el lado del mal siempre ha aventajado a los del bien en esto de los liderazgos. El lado del mal, desde el 26 de julio de 1953, tuvo como líder indiscutible a Fidel Castro. Tuvo como líder a un desequilibrado maleante narcisista con una inusitada capacidad de convencimiento y supervivencia; a un Orador Orate.

Un líder indiscutible, sociópata de manual, que se las agenció para llevar a un país funcional y próspero al desfiladero de la miseria solo por un capricho personal. En aquel entonces, la mayoría de los cubanos marcharon, literalmente, al ritmo de su flauta embelesadora. A los valientes que se le opusieron los asesinó, los encarceló o los desterró.

Un líder indiscutible —duele decirlo—: incluso diez años después de su muerte seguimos hablando de él. Seguimos siendo testigos del armagedón que su indiscutible y maléfico liderazgo esparció por nuestra Cuba, antes próspera. Duele decir, también, que el líder indiscutible del lado del mal murió tranquilo en su cama robada, bajo un techo robado al bien.

Luego de que estirara la pata —en las que ya no calzaba lujosas botas, sino cómodos sneakers del capitalismo odiado—, lo reemplazó, ahora como líder indiscutible del lado del mal, su acomplejado hermano Raúl Castro. Pequeño y menos retórico, pero igual de maligno y despiadado. Cariñoso con su familia, despiadado con los cubanos.

Un líder indiscutible, pero menos mediático que el Orador Orate. Una degradación, vaya, pero con liderazgo indiscutible ante sus cautivos. Indiscutible por tener, en sus alcohólicas manos, los hilos de la represión, la fuerza y —también importante— el dinero del país, o de lo que quedaba del país.

Pero como estaba viejo o cansado del trabajo del día a día, le cedió el liderazgo formal —que no el real— a un pelele lamebotas —o lametenis, quién sabe— para que fuera la cabeza visible de la Junta Militar de Barrigones que heredó las ruinas de la obra del Orate parlanchín. Y ese individuo de líder no tiene ni la panza. Y miren que tiene panza.

Gris como una rata y bruto como una mula, es el elegido por el dedo del líder. Pero ahí lo tenemos: es la cabeza visible, el líder visible que nos regala bellas frases como la de la utopía en el horizonte, la resistencia creativa o “el limón es la base de todo”. Para colmo, tiene que compartir el liderazgo con un Crustáceo cuidador del abuelo que sigue siendo el líder simbólico de esa catástrofe. Miguelito y el Cangrejo; daría risa si no provocaran tanto dolor.

El liderazgo del mal ha ido en una caída en picada al mismo ritmo que el hundimiento de lo que queda de Cuba en las profundidades de la barbarie y la miseria. Liderazgo que refleja el fracaso de lo que nunca fue una utopía o un proyecto, sino el asalto y el robo a una nación próspera por parte de una familia y su pandilla.

Liderazgo actual de ese mal que ya lleva sesenta y siete años. Liderazgo de pocas luces que, sin embargo, sigue siendo liderazgo. No porque lo merezcan o porque sigan siendo líderes por sus capacidades. No: siguen ahí porque del lado del bien, a pesar de tantos esfuerzos, nunca hemos tenido un líder efectivo.

Hemos tenido muchos y valiosos líderes que —duele decirlo— no han sido efectivos a pesar del esfuerzo y patriotismo con que lo intentaron. Hoy, de este lado del bien, desde el exilio, nos sobran quienes se autotitulan líderes y nos faltan líderes verdaderos. Hoy, en las calles y campos de Cuba, nos faltan esos líderes efectivos que impongan la fuerza del bien, de la libertad, sobre la agonizante ya fuerza del mal.

Duele decirlo: que no podamos desde aquí y desde las calles y campos de Cuba deshacernos de un inepto como Díaz-Contados, de un corrupto como Marrano, de un llorón como Rodríguez Parrilla, de un zopenco como el Cangrejo y de toda esa caterva de inservibles que, por nuestra falta de líderes reales y efectivos, siguen considerándose líderes en esa tierra de ciegos en la que el Tuerto es rey.

Duele.

Foto: CiberCuba

miércoles, 10 de junio de 2026

Cuba no necesita depredadores, solo fundadores

 

Foto: CubitaNOW

 

Lo que les compartiré hoy no les va a gustar a muchos; la verdad, me da igual. Desde que saqué el machete después del 11 de julio de 2021, cuando mis paisanos cautivos se lanzaron a la calle, masivamente, a exigir libertad, he focalizado mi vida en apostar por recuperar aquella Cuba libre que, en enero de 1959, la generación de mis padres —y las anteriores— le entregaron a la pandilla liderada por Fidel Castro.

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Aquel 11 de julio, un funcionario “puesto a dedo” —títere del segundón eterno de la hermandad Castro— dijo con fingida firmeza, muerto de miedo: “La orden de combate está dada”. Y dada estuvo. Sus esbirros —y miren que uno ama a Cuba, pero cómo hay esbirros— reprimieron a cubanos que solo pedían algo que tiene el noventa por ciento de las naciones del mundo: libertad, que es sinónimo de prosperidad.

Pero no, fueron reprimidos a pesar de la rendición inaudita de la administración de Barack Hussein Obama unos años antes. La dictadura comunista cubana —ahora en forma de Junta Militar de Barrigones, en un país páramo, lleno de desnutridos sin dientes, qué dolor— salió a reprimir a sus paisanos, que solo exigían lo que es un derecho en el resto del planeta.

Han pasado casi cinco años y nuestra isla, castrada de población económicamente activa por esa dinastía Castro, sigue sumiéndose en esa interminable —hasta ahora— catástrofe humanitaria. Catástrofe que la mayoría por acá llama “crisis”, pero no, es catástrofe.

La dictadura totalitaria, representada por esa Junta de Panzones Ineptos, sigue hundiendo a los cautivos que quedan en esa isla del fracaso en la ignominia y la marginalidad. Los cubanos que quedan allí se están asesinando unos a otros hoy para robarse una “motorina”, unos paneles solares, un pedazo de pan o una cartera vacía. Como en aquella película catastrófica de Mad Max a finales de los ochenta. Nunca la vi completa; no me gusta la miseria humana.

Hace unos días, les comenté cómo esa dictadura maligna, a pesar de sus divisiones internas, sigue mostrando una cara única, un frente unido ante los embates de Rubio y Trump —tomen nota del orden—, mientras aquí, en el exilio, los personajes públicos que supuestamente nos representan se la pasan abogando por sus propios intereses antes de lo principal: la consecución de una Cuba libre, acabando de una vez y por todas con esa mafia maligna que secuestró el destino de nuestra nación.

Y como publiqué este libro sobre cómo llegó esa pandilla a apropiarse de los destinos de aquella Cuba próspera y autosuficiente —entregada graciosamente por mis ancestros, unos que huyeron y otros que se quedaron, a unos ineptos que nunca habían tenido un empleo productivo—, hoy se me acercan personas preguntándome o comentándome sobre cómo van a recuperar las propiedades que Fidel Castro y sus cuarenta ladrones les quitaron a sus padres y a sus abuelos.

Y no les va a gustar a muchos mi respuesta. Para mí, se jodieron. Como me jodo yo cuando renuncio a recuperar mi apartamento —“conseguido” con mis malabares, a mis veintitrés años— en el Vedado. Ese, que se lo quede quien lo viva. Si quisiera vivir en la Cuba libre que viene, llegaré a comprar algo nuevo. Con mi dinero fresco aportaré a su reconstrucción.

Hijos y nietos de propietarios injustamente confiscados por el totalitarismo que esos abuelos y padres permitieron imponer en un país libre y próspero, ahora queriendo reclamar lo que les quitaron a sus padres y abuelos. Sesenta y siete años viviendo en estos lares de libertad, en la civilización, estudiando en universidades de primer mundo, teniendo hijos en esta libertad majestuosa, hasta nietos. Y ahora, a reclamar lo que un vagabundo bandido, con la mano en la cintura, les confiscó a sus ancestros.

Pues no. Miren que no.

A los patriotas de la Brigada de Asalto 2506 yo les devolvería hasta el último centavo que les confiscó esa mafia, hasta la última pulgada de tierra cubana robada por esos déspotas. Arriesgaron sus jóvenes vidas y su propia existencia para intentar devolver a nuestra bella isla al sendero de la libertad y la alegría.

A sus hijos y nietos, criados y crecidos en este heroico exilio, no les toca nada. Pudieron haber ido en sucesivas brigadas —2607, 2708, 2809— a luchar por lo que les confiscaron a sus padres y abuelos. No lo hicieron, no lo hicimos. Así que, a aguantarse.

Cuba no será devuelta, será refundada. Fue abandonada por más de seis décadas. Que sufrimos dolor por estos sesenta y siete años, lo sufrimos, nos duele. Pero ahora, en los albores del nuevo futuro, en este amanecer que se avizora, no me vengan con que quieren recuperar las tierritas del abuelo, la casita de la tía o la fábrica del papá.

Nos jodimos todos. A los dictadores, justicia y condena. A Cuba, la patria, refundación. Quien quiera invertir, que empiece de cero. No hicimos nada efectivo durante sesenta y siete años; no hay juicio que dure tanto. Perdimos por default. Ganamos fortunas aquí, así que, si queremos algo de nuestra robada isla, a pagar, a comprar. Que para reconstruir, dinero falta. Lo de Gaesa no nos alcanza.

Déjense de estar repartiendo un pastel que no es. Es la patria, es una nación hoy torcida y pobre. Una nación que no necesita egoísmo, sino entrega. Todos perdimos, incluso los que nacimos décadas después de la debacle.

Nada para nadie, todos perdimos. Quien quiera reconstruir, que aporte. Ni cámaras de comercio antes de la libertad, ni reclamaciones. Todo eso tiene sesenta y siete años de atraso.

Hoy Trump, al parecer, titubea entre los “tontos útiles” de la dictadura y los preclaros como Marco Rubio. No podemos titubear: libertad absoluta, ojalá ganada por los cautivos de la isla con el apoyo de los de acá. Pero libertad absoluta, no mediaciones pactadas.

Repito: para los dictadores, justicia y condena. Para nosotros, los que perdimos todo, reconstrucción de borrón y cuenta nueva. Patria es antónimo de egoísmo. Tuvimos sesenta y siete años para recuperar lo que nos robaron. Así que ahora, a joderse. Perdimos.

La nueva Cuba, la libre y pronto próspera, nos espera, fresca, para que la refundemos. Nos robó un ladrón y no lo atajamos por casi siete décadas, así que a morder el polvo y levantarnos de nuevo en nuestra tierra linda.

A la patria no se le reclama lo que nos dejamos robar. Si la amamos, como decimos amarla, se le invierte, se le quiere. Sin egos, sin egoísmos. Ahí está nuestra isla y nuestros paisanos cautivos, esperando este nuevo renacer.

Cuba libre y próspera. Y no se nos olvide: feliz.

 

miércoles, 27 de mayo de 2026

Las lecciones de Irán y la demorada libertad de Cuba

 

Foto: The Guardian 
 
 

Anoche tuve un encuentro inolvidable. Un grupo de cubanos libres me abrió las puertas de su casa para conversar un rato sobre una de las cosas que más —sino la que más— nos apasiona en la vida: hablar de nuestra Cuba, tanto de la que perdimos bajo la bota del castrismo como de la que hoy sufre humillada bajo el yugo de la Junta Militar, como de la que todos los libres soñamos, esa Cuba libre, próspera y feliz.

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No era un grupo cualquiera. El promedio de edad de esa veintena de cubanos libres que me abrió las puertas de su casa es de aproximadamente ochenta años. Los más "jóvenes" de la tertulia éramos mi querida y admirada escritora y yo. ¡Qué grupo! Qué chispa, qué alegría, cuánta inteligencia, tolerancia, respeto a la opinión diferente y, muy importante, mucho humor. Sentimientos y dolor, por supuesto. Puedes tener ciento tres años o cincuenta y siete: Cuba duele.

La mayoría de ellos forman parte de eso que se conoce como “exilio histórico”, los mismos a los que la dictadura ha llamado la “mafia de Miami”. La mafia de La Habana, el Cártel de Gaesa, denostando la decencia, el éxito y la libertad. Que me pongan en la lista.

En los preámbulos de nuestro convivio surgió el tema de Irán y, cuando me tocó hablar a mí, les dije que la administración Trump se había empantanado en su conflicto con la teocracia asesina de los ayatolás. Les dije que ese conflicto había mostrado las fuerzas y debilidades de nuestras fuerzas armadas. Hoy el régimen iraní no tiene fuerza aérea y sus capacidades militares están muy disminuidas. Pero siguen ahí; si no me cree, intente cruzar Ormuz. Es más, ni siquiera pasar cerca; lo digo con conocimiento de causa porque tengo dos contenedores de cuarenta pies trabados en Omán desde hace un mes.

Y les contaba cómo un informe del Congressional Research Service, perteneciente, oficialmente, al Congreso de los Estados Unidos, había reportado que, desde que iniciaron las operaciones de Furia Épica contra la teocracia, las fuerzas armadas estadounidenses habían perdido cuarenta y dos aeronaves. La persona que estaba sentada a mi izquierda —un héroe de la Brigada 2506— me dijo, como dicen mis tíos: “Estás completamente equivocado”. Alegó que, si eso fuera cierto, la mala noticia estaría siendo utilizada y magnificada por toda la prensa que opera en contra de esta administración.

Me dijo que esa desinformación que acababa de salir de mis labios provendría de algunas de esas páginas que impostan las reales. Como esos engaños que te mandan de tu banco, o que si Amazon va a cancelar tu cuenta, o que si el que te contacta es un príncipe heredero nigeriano que necesita que le deposites 5000 dólares para poder destrabar los siete millones que tiene en el banco. No me creyó.

La mala noticia es que todo es cierto. Entre el 28 de febrero de 2026 y este 12 de mayo han quedado de baja cuarenta y dos aeronaves, incluyendo de ala fija tripuladas, helicópteros y drones. Y les resumo la lista:

  • Cuatro F-15E Strike Eagle: Tres derribados por fuego amigo y uno por Irán. Todos los pilotos llegaron a tierra a salvo. Para el último hubo que organizar una operación de rescate.
  • Un F-35A Lightning II: Dañado el 19 de marzo por fuego antiaéreo iraní.
  • Un A-10 Thunderbolt II: Derribado el 3 de abril por fuego antiaéreo iraní.
  • Siete KC-135 Stratotanker: Dos chocaron entre ellos y siete fueron dañados en tierra por misiles y drones iraníes.
  • Un E-3 Sentry AWACS: Dañado en tierra.
  • Dos MC-130J Commando II de Operaciones Especiales: Destruidos a propósito al quedarse varados durante el rescate del mencionado piloto del F-15 derribado.
  • Un HH-60W Jolly Green II: Dañado durante esa misma operación.
  • Veinticuatro MQ-9 Reaper: Drones de altitud media y vuelos de larga duración.
  • Un MQ-4C Triton: Dron de alta altitud y larga duración.

Billones de dólares en armamento perdido. Billones.

No es solo la pérdida logística de no tener disponibles estas aeronaves. Es también el rápido desgaste de los inventarios de armas —sobre todo de misiles de largo y mediano alcance—, la disminución de las capacidades de repostar combustible en vuelo, y así sucesivamente. Además, van quince bajas y quinientos heridos, y un portaaviones, el USS Gerald R. Ford, fuera de servicio.

Como les he dicho, se empantanó. No quiere decir que no hiciera falta meterle mano a esos locos que casi logran obtener armas nucleares. Absolutamente había que hacerlo. Pero la realidad ha mostrado que la teocracia asesina ha resistido mejor de lo que se calculó en un inicio.

Una de las lecciones ha sido que el paradigma sobre el que se construyó el poderío militar norteamericano ha demostrado vulnerabilidades reales. Modernas superarmas que cuestan billones de dólares se enfrentan a drones que valen menos que un Toyota Corolla usado. Es más fácil armar mil Corollas que un Tomahawk de dos millones. Estados Unidos no se ha quedado de brazos cruzados y ya hay varios contratistas probando fabricar una versión norteamericana del Shahed iraní.

Y hablando de drones iraníes: se nos ha dicho que la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba ha comprado unos trescientos drones rusos o iraníes —da lo mismo—. Tienen a los cautivos muriendo de hambre y a oscuras y compran drones para defender su régimen y mantenerse matando de hambre y a oscuras a sus cautivos.

Y aquí, nosotros, los libres, esperando el ansiado día en que Trump, los cubanos en la calle, o ambos, borren de una vez y para siempre a esa pandilla de ineptos, empobrecedores, represores y asesinos. El problema es que a Trump se le están acabando las balas en Irán y los cautivos de la isla lo más que han podido, hasta ahora, es salir valientemente a dar cacerolazos y cerrar algunas calles en la noche.

¿La libertad de Cuba? Esperando por que se rellenen los arsenales, descansen los chicos de las fuerzas armadas o que los cubanos no cierren una o dos calles, sino todas. Pero de que llega, llega. La dictadura no tiene salida; demorará dos días o dos meses. Pero de que se acaba, se acaba.


Foto: U.S. Congress