Foto: Martí Noticias
Hace unos días vimos cómo la
Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba sacó de la
tumba lo que queda de Raúl Castro para clavarlo entre los Barrigones
principales y recibir la pedacera humana que dejó tras de sí la visita de los
chicos de la 160th SOAR del Ejército de Estados Unidos al Fuerte Tiuna, en
Caracas.
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Un poco detrás de él lo
custodiaba su nieto, en actitud desafiante. Custodiaba también —imagino— que el
viejo dictador no se desplomara, porque tambaleándose estaba. Alguien a quien
admiro mucho me dijo que el descojonado que vimos allí era un doble del tiranillo.
Si era un doble, lo calcó a la
perfección. Por cierto, el individuo —o lo que queda de él— portaba unos lentes
Ray-Ban, del enemigo. Dicen que también le gustaba, o le gusta, beber whisky
escocés.
Cosas de los comunistas.
Recuerdo cuando me contaron, de
primera mano, que Fidel Castro, el Orador Orate, después de la caída que le
pulverizó una rodilla, usaba tenis Nike negros. Para tapar el logotipo de la
marca —y como muestra de su senilidad— lo cubrió con tinta correctora blanca.
No lo tapó del todo: escribió encima la palabra INDER.
Cosas ridículas que hacen los
tiranos totalitarios.
Volviendo al hermano segundón.
Hace unos días llegó a La Habana una amplia delegación del gobierno de Vladimir
Putin. Jodedor que soy, le escribí a un amigo que, como periodista y patriota,
está mucho más informado que este simple zapatero que les escribe.
Le dije: “Creo que los rusos
trajeron ese IL-96-300 grandote para llevarse a varios de los Barrigones
principales antes de que Trump les mande a sus chicos”.
Y no. De manera contundente me
respondió: “Al contrario, fueron a ordenarles que cierren filas y aprieten el
culo”. Cuba no solo les representa una base militar y de espionaje en el centro
del Caribe; ahora también les provee miles de mercenarios que despachan como
carne de cañón al frente de Ucrania.
La caída de la Junta Militar
Panzona sería otra vergüenza más para el eje del mal al que Trump está pateando
a trocha y mocha. Así como Stalin mandó a la muerte a millones de soviéticos, Vladimir
Kolokoltsev fue a decirle al zombi de Raúl Castro, a Díaz Canel y al Marrano
que allí no se rinde nadie.
Ya me imagino la conversación:
Díaz Canel: Tovarich, esto está
malo; qué bueno que vino a rescatarnos de ese maníaco imperialista. Estaremos
felices de vivir en Moscú.
Kolokoltsev: Niet, niet, niet.
Como decía aquel negrito de ustedes, el cantarín: “Aquí no se rinde nadie”.
Raúl Castro: Ay, general, qué
alto es usted; qué bien le han caído los años.
Marrano: Ño, se jodió esto… ¿y
ahora qué hacemos, caballero?
El lombrosiano Óscar Pérez-Oliva,
sobrino nieto de lo que queda de Raúl —o de su doble, ya no sé— no asistió a
esa conversación. Estaba delante de un cargamento de arroz que China donó,
pronunciando un discurso de agradecimiento ante un funcionario chino.
Foto: 14ymedio
Como dijo mi amigo Ernesto Miami,
arroz de China que es anestesia. Anestesia, y como toda anestesia, temporal.
Cuando se termine de digerir el arroz regalado, volverá el hambre que acompaña
a los cautivos de la isla durante la oscuridad del apagón.
También los chinos les donaron
ochenta millones de dólares. Apuesto a que no fue en efectivo. Difícil saber en
qué vendrá esa “donación”: desde más alimentos hasta más tonfas para romper
cabezas y huesos de quienes salgan a pedir el fin del hambre y de los apagones.
Desde hace tiempo son pocos los
que salen a pedir libertad.
Lo más probable es que ese dinero
no llegue como dinero, para que no se lo roben en la desbandada. Probablemente
llegue en equipos eléctricos para medio reparar las irreparables
termoeléctricas de la isla.
Tanto Putin como Xi deben estar
hasta los gemelos de esa sarta de Barrigones ineptos, inútiles, lloricones y
pedigüeños. Saben que esa Junta Militar es un agujero negro para cualquier cosa
relacionada con el progreso y el desarrollo.
Pero tampoco pueden permitirse
que esos serviles Barrigones se hundan con todo y el valor geopolítico de Cuba,
que es lo único que hoy vale de la demacrada isla, en medio de la
reconfiguración de poderes que, desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, ha
puesto a Rusia y a China en su sitio.
La mala noticia para ellos —y la buena para nosotros,
los libres— es que el hundimiento ya empezó y es inevitable. Cuando un barco, como esa isla, está podrido hasta la quilla, no hay arroz ni buchito o gotica de petróleo que lo mantenga a flote.Foto: Infobae
La otra mala noticia para
nosotros —y la buena para ellos— es que el barco podrido sigue lleno de
cautivos cubanos que, con displicencia y sin hacer nada para salvarse, observan
pasivos cómo se hunde.
Dos libras de arroz por domicilio
bastan para mantener el silencio.
Silencio de hambreados que
sostiene a los Barrigones.