El 3 de enero de 2026, los ciudadanos libres, amantes y defensores de la libertad, amanecimos no solo llenos de felicidad, sino también de esperanzas. En una operación contundente y eficiente, las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos extrajeron de su madriguera a Nicolás Maduro y a su esposa.
📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí
Se llevaron para presentarlos ante la justicia a dos narcotraficantes al servicio de una brutal y empobrecedora narcodictadura. Fue un día feliz.
Sin embargo, al parecer, y lamentablemente, el éxito táctico no se correspondió con uno estratégico, y les digo por qué.
Se perdió el momentum, ese impulso que se generó en la madrugada del 3 de enero.
Buena parte de los barcos de la masiva flota que controló el mar Caribe durante varias semanas ha sido retirada. El USS Iwo Jima, desde donde partieron los helicópteros que capturaron a Maduro y donde hizo su primera escala el burro dictador, está al día de hoy en el puerto de Houston.
Dicen casi todas las fuentes de noticias que está al norte de Cuba. No mienten: Houston está al norte de Cuba, pero el barco está en un puerto, descansando.
Los buques tanqueros de la flota fantasma de contrabando de petróleo siguen haciendo de las suyas.
Todos esperábamos ver implosionar a la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba, asfixiada sin suministro de combustibles, y no: ahí siguen. Claudia Sheinbaum, desde México, le sigue robando petróleo a los mexicanos y regalándoselo a los dictadores.
México es uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos y, sin embargo, es ahora el único sostén de la dictadura que, además de empobrecer a los cubanos, se ha dedicado durante sesenta y siete años a joder en todo lo que pueda a Estados Unidos. Nadie es tu amigo si ayuda a tu enemigo; eso se aprende desde la escuela primaria. Pero bueno…
México sigue metiendo fentanilo a borbotones en Estados Unidos mientras denuncia el “secuestro” de Maduro. Y no pasa nada.
Los aviones siguen saliendo de Miami llenos de cubanos que emigraron alegando razones políticas y ahora regresan cargados de cosas, tanto para sus familias como para sus negocios vinculados o aceptados por la dictadura.
Por el río de Miami siguen saliendo barcos cargados de autos, alimentos y mercancías con destino a La Habana, mientras allá siguen gritando en contra del mentado “bloqueo”. Uno esperaría que después de atrapar a Maduro se aplicaran medidas para acabar de una vez con ese castillo de naipes podridos que es la Junta Militar de Barrigones. Pero no, no pasa nada, ahí siguen.
Incluso el que se dice canciller de los Panzones anduvo por Caracas de la mano de Delcy Rodríguez. Como si nada hubiera cambiado. Ambos haciendo declaraciones contra Estados Unidos y defendiendo la dictadura de Maduro. Como si nada.
Trump dijo que iba a controlar el petróleo venezolano para que ni China ni Rusia siguieran consumiéndolo. Se lo ofreció a los ejecutivos de las empresas energéticas norteamericanas. Le dijeron: “No, gracias”. Enseguida estaba el embajador chino en Caracas, sentado con Delcy. Como si nada.
Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, dos personajes más siniestros que Maduro, ahí siguen en Caracas. Como si nada.
Del otro lado del mundo, Trump prometió ayudar a los valientes manifestantes que tienen en jaque a la teocracia iraní. Los ayatolás siguen matándolos y la ayuda no aparece. Ese mensaje de inacción se escucha en La Habana y tranquiliza a los que hace unos días estaban aterrorizados ante su previsible futuro. Hoy están más a gusto.
Hasta dicen que el programa de exportación de médicos esclavos a Venezuela vuelve a la normalidad. Tienen uno parecido en México, pero al parecer Trump no toca a México ni con el pétalo de una rosa.
Nada, que Maduro y la mujer —cosa curiosa, nunca los separaron durante la extracción y presentación ante el juez— siguen presos en Nueva York. Delcy y los “colectivos” siguen en Caracas, la Junta Militar de Barrigones sigue en La Habana, y seguirán con el petróleo que les manda Claudia Sheinbaum. El USS Iwo Jima descansa en Houston y los aviones y barcos siguen saliendo desde Miami a La Habana.
Todo volvió a la normalidad, excepto que ya no tenemos que aguantar las payasadas de Maduro.
Nos queda algo de esperanza. Al parecer, el presidente Donald Trump me leyó la mente.
Ayer, sorpresivamente, escribió en su red Truth Social: “Cuba vivió durante muchos años gracias a las grandes cantidades de PETRÓLEO y DINERO procedentes de Venezuela. A cambio, Cuba proporcionó ‘servicios de seguridad’ a los dos últimos dictadores venezolanos, ¡PERO YA NO!”.
Y luego: “NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA, ¡NADA! Les recomiendo encarecidamente que lleguen a un acuerdo ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”.
Donald, dijiste una verdad: ya Venezuela no sostendrá a los Barrigones de La Habana. El problema es que ahora los sostiene México.
Con las declaraciones de Trump, la Junta Militar de Barrigones reaccionó como siempre lo hace. Muerto de miedo, el Marrano primer ministro salió a retar a Estados Unidos con lo mismo de siempre, defendiendo sus “profundas convicciones” y toda esa sarta de estupideces.
El Barrigón número uno, conocido como Díaz-Canel, lloriqueó en redes, culpando al “bloqueo” y prometiendo defenderse “hasta la última gota de sangre”.
¿Recuerdan a Maduro días antes de ser extraído? Decía: “¡Venga por mí, cobarde!”. No derramó ni una gota de sangre; dicen que lo que hizo fue mearse repetidamente.
Ojalá este par de imbéciles, ineptos y asesinos, estén disfrutando sus últimos días en La Habana. Ojalá.
Pero mientras no haya acciones concretas, pienso que la felicidad nos duró poco.
Y, como les dije el otro día, también depende de los cautivos de la isla. Lamentablemente, les dije, la solución está en la calle. Cuando estén en la calle, obligarán a Trump a cumplir su palabra.
Les confieso que normalmente me encanta tener la razón, pero en este caso disfrutaría mucho de estar completamente equivocado.
De cualquier forma, Maduro sigue preso, y eso me regresa la alegría y la esperanza.



No hay comentarios:
Publicar un comentario