sábado, 17 de enero de 2026

Una foto que muestra quién tiene el poder real en Cuba

 

Foto: Captura de pantalla

Siempre les digo que una imagen vale más que mil palabras.

Hace dos días, cuando desembarcaban en el aeropuerto de La Habana las treinta y dos cajas de picadillo preparadas con profesionalismo por los chicos de la 160th, la cúpula visible de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba acudió a homenajear a los caídos durante la captura de Nicolás Maduro.

Se presentaron a rendir homenaje a sus mercenarios, quienes, al parecer mal armados y peor entrenados, fueron barridos por las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos.

Los Barrigones incluso sacaron de la morgue a Raúl Castro y a José Ramón Machado Ventura, un gran hijo de puta que en su nombre combina dos apellidos de triste historia en la historia de Cuba. Nada, un par de viejos cagalitrosos que aún destilan maldad.

La imagen que vemos, además de ridícula, es patética. Qué concentración de ineptitud maligna. Qué decrepitud. Son el retrato del fin que se acerca.

Pero hay dos cosas que me llaman especialmente la atención.

La primera es la ausencia de otro villano de esta horrorosa película que ha sido el castrismo totalitario. No estaba entre esos tambaleantes nonagenarios el luciférico Ramiro Valdés.

No es que me importe dónde ande el minúsculo individuo, cómo esté de salud o si ya va camino a reunirse con su creador —que no debe ser otro que el mismísimo Belcebú—. Pero Valdés siempre fue de los más astutos y siniestros miembros de esa pandilla empobrecedora y asesina.

No duden ustedes de que este sí le hizo caso a Trump y ya ande con sus milloncitos en algún paraíso fiscal sin tratado de extradición, o en algún país cómplice. Da igual.

Cuando extrajeron a Maduro como muela sin anestesia, Delcy estaba en Moscú. ¿Dónde estará Ramiro Valdés?

El segundo detalle, y el más importante, es que en la foto se aprecia claramente quién manda en la granja del fracaso.

Miren la postura de todos los ahí formados. No se fijen en Castro o en Machado, que apenas pueden mantenerse en pie.

Miren los uniformes: el del panzas de Díaz-Canel, el del Marrano, el de Lazo.

Ahora compárenlos con el del tipo que está en la extrema izquierda, en la segunda fila. Es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el conocido como el Cangrejo, de aspecto lombrosiano.

Miren su lenguaje corporal. Los demás están con los hombros caídos y las barrigas prominentes. El nieto heredero no: está en posición de mando.

Miren su uniforme. Lleva una camisa de dos bolsillos, mientras los demás usan la tipo cazadora que los hace ver desaliñados y gastados.

Y el detalle más significativo: la pistola que porta en la cintura.

No es el único, pues al parecer otro viejo de la última fila también lleva un cinturón tipo fornitura. Pero no es igual. El Cangrejo es el más visible.

Una imagen vale más que mil palabras.

 

Postdata: Las treinta y dos cajas de picadillo llegaron en un pequeño avión ATR-42 de cuarenta y ocho asientos. Los heridos y el resto de la misión militar que custodiaba al burro de Maduro llegaron en el IL-96-300 que usaba Fidel Castro, un avión de fuselaje ancho con capacidad para doscientos sesenta y dos pasajeros. 

Foto: Juan Manuel Cao Live

Decían que no tenían militares custodiando —que no protegiendo— a Maduro.

Mienten como respiran.

Lo esencial es que Delcy Rodríguez, la nueva amiguita de Trump, los devolvió a todos: vivos, heridos o en paquetes de picadillo humano.

Se acabó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario