viernes, 9 de enero de 2026

Trump les quitó Venezuela, ellos se mudaron a México

 Foto: Instagram 
 

Me refiero a las garrapatas cubanas. Trump les cerró el garito venezolano y ellas ya tenían lista su nueva víctima. Una víctima que a la vez es cómplice y que está en el mismo vecindario.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

La Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba, les he dicho repetidamente, no podrá nunca producir un litro de leche o una libra de carne, pero para joder la libertad y la democracia no hay quien les gane.

Fidel Castro cultivó a Hugo Chávez mucho antes de que este, con su ayuda, llegara limpiamente, por la vía democrática, a la presidencia de Venezuela. El viejo dictador necesitaba desesperadamente una nueva víctima a la que exprimir para sostener su parasitaria isla.

Durante treinta años había sostenido artificialmente el improductivo sistema que implantó a los cubanos gracias a la ayuda y los subsidios de la Unión Soviética y sus países satélites. Pero a partir de 1989, todo ese mundo implosionó y el barbudo dictador se quedó colgando de la brocha.

Los comunistas desprecian a Dios, pero Dios le echó la mano al Orador Orate y le puso a Chávez en bandeja. Se lo puso en bandeja, pero el adoctrinamiento —hay que reconocérselo— fue gracias a su indiscutible astucia de truhan experimentado.

Le lavó el cerebro y lo sentó en Miraflores, en la silla presidencial. Junto a eso le sentó al lado a un chofer de autobuses al que ya habían entrenado en la Universidad del Partido Comunista de Cuba “Ñico López”, ubicada al oeste de La Habana, muy cerca de la casa del dictador. Bueno, de las casas, es que el Orate se robó toda una urbanización para su uso personal. Cosas del comunismo.

El chofer se llamaba, se llama, Nicolás Maduro. Cuando murió Chávez, la dictadura cubana movió las fichas para que, en vez de Diosdado Cabello, un cabrón difícil de manipular, quedara en la presidencia el burro dócil de Maduro.

Y quedó de presidente, pero ya Venezuela, luego de más de una década de “socialismo del siglo XXI”, estaba empobrecida. No obstante, siguió mandándole combustibles a la decrépita dictadura cubana, ahora en manos de la Junta Militar de Barrigones.

Todo esto a cambio de asesoría en dictaduras; es decir, en vigilar las disidencias internas, controlar tanto a amigos, aliados y servidores como a enemigos, y reprimir. Los cubanos incluso controlan y operan la emisión de los documentos de identificación de los venezolanos.

Cuando el dinero del petróleo ya no les alcanzaba, recurrieron a sus vecinos colombianos, a las narcoguerrillas con las que, además de compartir ideología, tenían en común el gusto por la violencia, por el dinero y por joder al mundo libre, en especial a Estados Unidos.

¿Cómo lo hicieron? Con droga, con mucha droga. Ya los cubanos conocían el negocio desde Pablo Escobar, así que la asesoría también debe haberles sido de utilidad.

Con ese dinero crearon no sé cuántas organizaciones internacionales: CELAC, ALBA, no sé cuántas más. Todas para joder al mundo libre y, en especial, a Estados Unidos. Hasta crearon un partido político de extrema izquierda en España; le pusieron de nombre Podemos.

La fiesta duró hasta que Trump regresó a la Casa Blanca y un pichón de cubano, pero del lado de los libres, fue nombrado secretario de Estado. El 3 de enero pasado, con la mano en la cintura, las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos entraron a Caracas y se llevaron a Maduro y a su esposa. Dejaron detrás a un número indeterminado de cubanos abatidos. Cubanos al servicio de Maduro, mercenarios.

Maduro y su mujer están hoy presos en Nueva York. En Miraflores, muy pragmáticamente, Trump instaló a una de la misma pandilla, pero ahora dócil y amenazada. La democracia no llega aún a Venezuela, pero la tubería de petróleo a los Panzones cubanos se esfumó desde el primer momento.

Los mercenarios militares y civiles, incluyendo los miles de médicos que andan por toda Venezuela, serán regresados a la empobrecida pero maligna isla. No sé cómo lo harán, porque es una operación logística de consideración.

¿Significa esto que, sin su aliado y principal sostenedor económico, la dictadura cubana sucumbirá? Eso quisiera yo, pero aunque ellos no creen en Dios, Dios siempre les tira un cabo.

Bueno, igual que con Chávez, Dios se los pone, pero ellos los entrenan. Y hay que reconocerles que, para joder, tienen visión a largo plazo; para todo lo demás son unos imbéciles.

Y Dios les puso a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), un mexicano resentido que, después de muchos intentos fallidos, llegó, como Chávez, democráticamente a la presidencia de México. Durante su campaña de 2018 repitió muchas de las mismas frases edulcoradas que Hugo Chávez usó durante su carrera política.

Incluso desde antes de asumir el cargo, empezó a destruir todo lo que significara progreso, empezando por un aeropuerto de primer mundo cuya construcción iba muy adelantada.

También, de paso, destruyó la democracia mexicana, al estilo Chávez, pero más taimado. Acabó con los organismos autónomos, con los de transparencia, con todos los fideicomisos, con el poder judicial independiente.

Como Chávez y Maduro, llevó a México a miles de médicos esclavos cubanos, invitó al dictador Díaz-Canel a los actos más importantes de celebración, se alió con todos los enemigos de la democracia y la libertad. Llenó a México de espías rusos y abrió las puertas a las agencias de desinformación rusas.

Y, por supuesto, empezó a enviar combustibles a la dictadura cubana. Petróleo extraído por Pemex, la empresa energética más endeudada del mundo. Petróleo regalado a cambio de médicos y de quién sabe qué más, por un país, México, que tiene que importar gasolinas y gas porque la ineficiencia de Pemex no permite satisfacer la demanda.

Al terminar su período, AMLO, ayudado logística y financieramente por los cárteles del narco, dejó en Palacio Nacional, como presidenta títere, a su pupila favorita. También le dejó a un jefe de la Oficina de la Presidencia entrenado en Cuba desde hace más de treinta años; hasta la esposa es cubana.

 

Foto: El Debate
 

En este 2026 culminarán la demolición de la democracia mexicana ejecutando una reforma electoral, devolviendo al país a los tiempos que Mario Vargas Llosa denominó como la “dictadura perfecta”.

Ah, y Podemos, el partido español financiado con el narco dinero venezolano, ahora radica en Ciudad de México.

A los Barrigones de la Junta Militar que desgobierna Cuba se les acabó el suministro de petróleo venezolano debido a las acciones de Trump. Ineptos para producir, pero geniales en las pillerías y en lo de succionar riqueza ajena, ya tenían un segundo plan.

En el año que lleva Claudia Sheinbaum al frente del gobierno de México se ha enviado a Cuba más petróleo que todo el que se envió en los gobiernos de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto e incluso en el de AMLO, sumándolos todos. Dieciséis veces más.

En trece meses se han mandado diecisiete millones de barriles, por un valor de mil millones de dólares. Si los Panzones no lo revendieran ilegalmente, esa cantidad de combustible bastaría para mantener a Cuba libre de apagones durante más de medio año.

 

Foto: ADN 40
 
 

Todo esto mientras México disfruta las ventajas que le ofrece el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.

Es decir, se benefician del comercio con Estados Unidos y con ese dinero financian a los enemigos de Estados Unidos. Hipocresía pura.

Mil millones de dólares robados a los mexicanos para financiar una dictadura totalitaria. Les digo, no creen en Dios, pero qué suerte este les da. Se jodió México con esas garrapatas de verde olivo.

A ver qué dice Trump, o los mexicanos de bien.

No hay comentarios:

Publicar un comentario