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viernes, 17 de julio de 2026

Con Camilo y sin fútbol

 


Hace unos días, mientras se desarrollaba el partido del Mundial entre España y Bélgica, países que hace quinientos años pertenecieron a un mismo imperio, conversé con Camilo Egaña en su programa Panorama. Conversé con Camilo luego de una entrevista que, gracias a un milagro, literal, me hizo el diario El País.

Fue una experiencia sorprendente. He escuchado el nombre de Camilo Egaña desde mis tiempos en Gugulandia la Cuba de los Castro, para quien no conozca lo que es Gugulandia, pero allá en aquel manicomio no veía televisión, ni aquí, ya libre, escucho radio. 

Pero Camilo siempre ha estado por ahí, de oídos. Presente siempre.

Bueno, pues conversé con él, y fue muy reconfortante.

Pronto tomaremos un café juntos. Qué bonita es la libertad, qué restauración de almas es el talento.

Gracias, Fabio; gracias, Camilo.

Todo por Cuba libre, todo.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Los huesos de Otaola

 

Foto: Cubanos por el mundo 
 

Alexander Otaola es un empresario y youtuber bastante conocido entre la comunidad cubana, tanto en la isla como en el resto del mundo. Tengo la impresión de que el individuo es bastante polarizante y conflictivo. Lo veo en mi oficina y entre mi familia, unos a su favor, otros furibundamente en contra.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

Quizás sea esa característica una de las claves de su éxito. Miren a Trump, ahí está otra vez de presidente.

Y les hablo de Alexander Otaola porque algún hijo de puta se robó los huesos de varios miembros de su familia. De su familia en Cuba, en Camagüey. Alguien se robó los huesos del osario.

Lo vi en un video que me envió el sábado pasado el boricua que trabaja en nuestro almacén. Es un puertorriqueño que parece más cubano que el resto de los que allí trabajamos.

En el video se ve a Otaola visiblemente encabronado —quién no lo estaría— porque la semana pasada, cuando fueron a enterrar a uno de sus tíos, se encontraron con que el osario familiar estaba vacío. Casi vacío: según el presentador, todavía estaban allí los de su padre.

En su encabronamiento, y como un efectivo opositor de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de la isla de Cuba, Otaola acusó a los Panzones de ser autores de la profanación.

Conste que no lo dudo ni un poco. Los Barrigones, en su miseria moral, son capaces de cualquier cosa. En todo lo relacionado con la maldad no tienen competencia.

Pero hay otro ángulo, otra posibilidad sobre quién cometió tan inhumano acto. Es conocido que algunas de las religiones afrocubanas utilizan huesos humanos para sus rituales. Particularmente la regla de Palo, cuyos ngangas o prendas contienen, entre muchísimas más cosas, huesos humanos.

Y mientras más poderosa, inteligente o importante haya sido la persona portadora de esos huesos durante su vida, más poderoso y fuerte es ese caldero de hierro.

Esta costumbre bárbara —en mi opinión— no es una de las barbaridades que están aflorando en la isla de Cuba ahora que los Panzones también han privado a los cubanos de lo que quedaba de civilización. Se los conté el otro día cuando publiqué el post y el video sobre Gugulandia.

No, esta costumbre tiene más de un siglo. Y el robo de huesos ha ocurrido paralelamente a esa religión. Lo digo porque lo experimenté en primera persona. No con huesos de mi familia —que no somos tan importantes, ni tan conocidos como Otaola—, gracias a Dios.

A finales de la década de los 1980 tuve el privilegio de tener como profesor a Enrique Sosa. No solo el privilegio de que me enseñara tanto sobre Cuba, sobre su cultura y sus costumbres. Tuve el privilegio de ser su amigo. De visitar su apartamento, conversar, aprender.

Conservo los libros que atentamente me regaló. Me han acompañado durante estos treinta años de rodar como una piedra de río por el mundo. Sin embargo, el más importante de ellos, Los ñáñigos, dedicado por Enrique, desapareció un día de mi biblioteca.

En esas conversaciones, me contó cómo alguien se robó los huesos de Fernando Ortiz, un pilar de la cultura y la historia de Cuba. Fue de todo, y en todo fue excelente: desde antropólogo hasta economista y musicólogo.

Enrique Sosa me contó cómo, poco después de morir, se supo que su cadáver había desaparecido. No crea que Ortiz resucitó al tercer día. No: los paleros se llevaron sus restos. Enrique estaba seguro de que eso mismo iba a ocurrir con sus propios huesos. Incluso estaba resignado y hasta medio orgulloso: hasta después de muerto iba a servir para algo.

Ortiz murió en 1969, el año en que nací en aquella desdichada tierra. No lo conocí, por supuesto, pero conservo muchos de sus libros. No me robé sus huesos, pero sí muchos de los libros de su confiscada casa de 27 y L, a un costado de la universidad. Bueno, robar como decir robar no lo hice: más bien me fueron donados por la dulce bibliotecaria del sitio.

No me culpen.

Enrique Sosa murió en el año 2002, hacía ya siete años que yo había puesto pies en polvorosa escapando de la isla pavorosa. No sé nada sobre sus huesos, pero tampoco me preocupa: a él, ya les dije, hasta le atraía la idea.

 

Foto: Facebook

Así que es posible que los huesos de los familiares de Otaola se los hayan robado otros cubanos y no sea un acto de infame venganza por parte de los dictadores Barrigones.

Quienes quiera que hayan sido, si fueron unos paleros o si fueron los Panzones, son unos hijos de puta. Unos inhumanos, unos primitivos, reflejo del colapso que se vive en lo que queda de la isla.

Será polarizante Otaola, pero para mí todo el que se enfrente a los culpables de haber llevado a Cuba a este nivel de Estado fallido tiene todo mi apoyo.

Primitivos de mierda.

jueves, 23 de octubre de 2025

Se cae a pedazos

Foto: CiberCuba

Antier se cayó un poste de concreto en una céntrica esquina de Santiago de Cuba. Un poste con líneas eléctricas y de comunicación. Pasaron muchas horas para que aparecieran las autoridades, y no sé aún si ya lo repararon.

 📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí  

Al fin y al cabo, por ese poste casi no se transmitía electricidad, pues los apagones son constantes. Y las comunicaciones de Etecsa, el monopolio estatal, además de caras, fallan continuamente. Gracias a Dios no hubo víctimas. Víctimas en el sentido más estricto de la palabra, pues todos los vecinos de la zona están sin luz y sin teléfono, víctimas del socialismo en su colapso.

El pobre poste también fue víctima del socialismo en su colapso, colapso literal. Evidentemente fue fabricado con concreto que no cumplía las especificaciones requeridas. Según los vecinos, el poste estuvo años anunciando que su concreto se estaba desmoronando. Pobre poste, se suicidó, cansado de tanta indolencia socialista.

Pasaron años: ni la empresa eléctrica ni Etecsa movieron un dedo para repararlo o reponerlo. Hasta que se derrumbó. Como se les está derrumbando todo lo que queda de ese país.

No solo se les derrumba, se les inunda. En un país sin combustibles, el poco que hay se les derrama, como en el accidente de una pipa con 31 000 litros de petróleo que se volcó en una carretera de Matanzas, cerca de donde se les quemó la terminal de supertanqueros hace unos años.

Es un desastre. Como les decía hace unos días, es Gugulandia: accidentes viales en un país sin vehículos. Quinientas dos muertes en los primeros ocho meses de 2025. Comprensible, pues casi la totalidad de esos vehículos son frankensteins armados chapuceramente, sin ninguna norma de seguridad, como las de los países civilizados.

Un trabajador de la famosa termoeléctrica Renté, famosa por fallar un día sí y otro también, murió de quemaduras mientras trabajaba con esas chatarras. Otro fue cocinado por una tubería de vapor en la misma Renté.

El dengue, el chikunguña, el oropouche y sepa Dios cuántos otros virus se deleitan matando a personas mayores y a niños en el país donde los Barrigones exportan médicos esclavos. Hace unos días murieron al menos siete niños en menos de veinticuatro horas.

Los hospitales, abarrotados de enfermos y vacíos de medicinas y de médicos. Las medicinas las mandan a Uganda a cambio de maíz y frijoles, mientras las tierras de la isla se llenan de marabú.

Y los médicos andan recolectando dólares por todo el mundo, dólares de los que solo reciben migajas, mientras sus paisanos agonizan en las sucias salas de los hospitales de la isla que vendían como “potencia médica”.

Luego salió el Barrigón número 2, Marrano o Marrero, no recuerdo, a decir que la crisis sanitaria puede ser controlada, pero que no tienen insecticidas ni combustible para fumigar. Ayer hablábamos de los 23 millones de dólares que les acaban de regalar los vietnamitas. Apuesto a que no los van a usar para fumigar.

Y es que el problema no se resuelve con fumigar. Incluso si fumigan y matan a una generación de mosquitos, tendrán otra a los tres días, nacida en los basureros que ahogan las calles. O criándose en los baches y las aguas albañales que convierten las calles en canales de Venecia, pero con agua podrida.

 

Foto: Periodico Cubano
 

Incluso si fumigan, los hospitales seguirán sin medicinas ni médicos. Con baños que parecen manantiales de excrementos. Sin agua corriente, sin servicio eléctrico, sin insumos. Sin esperanza.

En Alquízar desapareció un niño de cinco años y apareció muerto. Se cayó en un pozo. En Cárdenas, un joven ebrio o drogado asesinó a puñaladas a un empleado de una cafetería. Los feminicidios son cada tercer día. Violencia y muerte, que avanzan ante el retroceso de la civilización.

Y ellos, los Panzones, en reuniones, solucionándolo todo. Como Nerón tocando el arpa mientras Roma se quemaba. Los Barrigones dando muela cuando lo que queda del país colapsa sin remedio.

Tienen a lo que queda de Cuba como ese poste santiaguero: cayéndose a pedazos y a punto de colapsar.

Ellos hablan y hablan, como tontorrones, mientras los ancianos y los niños mueren por su indolencia e ineptitud.

 

Foto: Granma
 

¿Hasta cuándo seguirá el colapso? Hasta que el dolor de esos hijos que ven morir a sus padres y de esos padres que ven morir a sus hijos supere a su miedo.

Hasta ese día, o esa noche. Mientras, seguirán cayendo como ese poste. Vencidos por el socialismo barrigón.

Cayéndose a pedazos.