domingo, 4 de enero de 2026

Parece que México está también Maduro

 

Foto: NBC News

Dejando a un lado la cantidad de información que ha salido, y la que seguirá dándose a conocer, pienso que hay una arista fundamental de la captura de Nicolás Maduro y su esposa que merece nuestra atención.

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Maduro no fue capturado por ser el líder de una dictadura asesina, por tener a miles de presos políticos, de mantener los llamados “colectivos” —que son violentas pandillas a su servicio—, ni por haber obligado a millones de venezolanos a escapar de su sanguinario y corrupto régimen.

Tampoco lo capturaron por ser parte de una alianza entre Venezuela, Cuba, Irán, Rusia, China y otros oscuros países para contrabandear armas, dinero, petróleo, personas y todo tipo de cosas fuera de los marcos de la ley y la convivencia mundial.

No fue sorprendido y apresado mientras dormía por haberse robado las elecciones, o por haber perseguido a María Corina Machadoo por haber sentenciado a treinta años de prisión al yerno del presidente electo de Venezuela, el señor Edmundo González.

Es una lástima, pero no fue por nada de eso.

No, Maduro fue capturado y extraído por las fuerzas especiales norteamericanas por ser uno de los líderes de un cártel del narcotráfico que, además de la producción, tráfico y venta de estupefacientes, también lavaba el dinero obtenido, utilizando incluso pasaportes diplomáticos emitidos por su dictadura.

No se capturó a un presidente, se apresó a un narcotraficante. A un miembro de un cártel, del cártel de los Soles.

Y sobre cárteles del narcotráfico se habla mucho en la acusación presentada ante la Corte del Distrito Sur de Nueva York. En esa acusación se imputa no solo a Maduro, sino también a su esposa, Cilia Flores, a Diosdado Cabello, a Ramón Rodríguez, a Nicolasito Maduro Guerra, conocido como “el Príncipe”, y a Héctor Guerrero, alias Niño Guerrero, líder de la pandilla Tren de Aragua.

Los acusan de dotar de pasaportes diplomáticos a traficantes de droga y de darle cobertura diplomática a aviones utilizados por los lavadores de dinero para repatriar las ganancias desde México a Venezuela.

Hace unos días, un avión relacionado con el jefe de la bancada del partido de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum en el senado mexicano fue detectado volando con frecuencia en Venezuela.

Es un Learjet 28 vendido a una empresa fantasma por Adán Augusto López, quien hace unos días andaba de un lado para otro en Venezuela. Coincidentemente, este López también está muy relacionado con el cártel de droga llamado La Barredora.

Coincidentemente, este López fue gobernador de su natal Tabasco cuando surgió y progresó La Barredora. Su secretario de seguridad pública era el líder visible del cártel.

Coincidentemente, Andrés Manuel López Obrador también es natural de Tabasco y cataloga a Adán Augusto López como su hermano.

Coincidentemente.

Como ya mencioné, está incluido en la acusación el hijo de Maduro, al que le dicen “el Príncipe”. Su padre lo designó “jefe del Cuerpo de Inspectores Especiales de la Presidencia”.

En México, durante su gobierno, Andrés Manuel López Obrador designó a uno de sus hijos como “supervisor honorario de las obras del Tren Interoceánico”. Qué coincidencias, ¿no?

Por cierto, el tren se descarriló hace unos días, matando a catorce personas. Accidente que es resultado de la corrupción que campeó durante su construcción, incluyendo la compra de balastro, la piedra sobre la que se asientan las vías.

Parte de ese balastro se lo compraron a la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba. Como si en México no hubiera suficiente piedra.

En Nueva York también acusan a Maduro, a Cabello y a Rodríguez de tener estrechas relaciones con el cártel de Sinaloa, con los Zetas, ahora convertidos en el cártel del Noreste, así como con las narcoguerrillas colombianas y la pandilla venezolana Tren de Aragua.

Los acusan de traficar por Venezuela entre 200 y 250 toneladas de cocaína anualmente con destino a Estados Unidos. Los cargamentos, antes de llegar a su destino, pasaban —pasan— por Honduras, Guatemala y México.

La cocaína es producida por las guerrillas terroristas de Colombia, llega a Venezuela para ser transportada a estos países, y transportada e introducida a Estados Unidos por los cárteles de Sinaloa y del Noreste, que controlan la zona.

Los pagos, además de en dinero en efectivo, se hacían también con armas de guerra, incluyendo lanzacohetes.

Diosdado Cabello está acusado de trabajar con los Zetas mexicanos para enviar contenedores de droga a México, a veces cargando hasta veinte toneladas de cocaína. La droga era descargada en las aduanas de México y transportada a Estados Unidos.

Tanto las guerrillas colombianas como estos cárteles mexicanos están catalogados como organizaciones terroristas por Estados Unidos.

En el caso del cártel de Sinaloa, los líderes de las dos facciones que lo componen están en prisión y, al parecer, están colaborando con Estados Unidos.

Por lo visto, han hablado mucho, pues ayer el presidente Trump, en una entrevista, dijo que la presidenta Sheinbaum no ostenta el poder real en México. Que ese lo ejercen los cárteles del crimen organizado.

Dijo también que él le ha ofrecido repetidamente ayudarla a combatir a esos cárteles y ella repetidamente le ha dicho:  "No, no, no, por favor".

Dijo que trescientos mil norteamericanos mueren al año por el consumo de drogas, y que esa droga entra por su frontera sur. Y no solo es cocaína colombiana, es fentanilo producido en México.

Finalizó con un lapidario “algo hay que hacer con México”.

Maduro y su esposa hoy no verán el sol que daba nombre a su cártel de los Soles. Fueron extraídos en una operación quirúrgica. Los sacaron de su cama, literalmente.

Maduro no tiene madera de mártir: hablará hasta por los codos.

¿Cuántos en Caracas, en La Habana o en Ciudad de México dormirán intranquilos a partir de hoy?

Creo que no pocos.

 

Foto: La Razón de México
 

Y, cuidado, en una de esas los chicos de las fuerzas especiales se van a La Chingada. Así se llama el rancho donde habita un viejito que todo indica que fue cómplice de todo lo anterior.

sábado, 3 de enero de 2026

Maduro capturado... la cagazón en La Habana


 Foto: El Universal

Cuando se quiere, se puede.

Ah, el 3 de enero de 1990 fue cuando Estados Unidos capturó a otro narcotraficante, a Manuel Antonio Noriega.

Ojalá no tengamos que esperar hasta el próximo 3 de enero para que los chicos de la 160th Special Operations Aviation Regiment (SOAR) pasen por La Habana. Eso sí, lleven helicópteros de carga porque los Barrigones pesan mucho.

¿No que Maduro estaba cuidado, o vigilado, por cubanos?

En una de estas, en vez de una operación de captura, fue una de rescate.

viernes, 2 de enero de 2026

Fidel Castro, el Orador Orate que engañó a los cubanos

Foto: Time
 

En realidad, no engañó a todos los cubanos, pero sí a la mayoría.

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Hace sesenta y siete años la isla de Cuba iniciaba con entusiasmo una nueva etapa. La llamada dictadura de Fulgencio Batista, que en realidad no lo era, o lo era solo en parte, se desmoronó a golpe de periodicazos, corrupción de su bien equipado ejército y el avance de varios movimientos guerrilleros, uno de ellos, el más importante, encabezado por Fidel Castro.

No era Castro el único líder de la oposición, pero sí el más conocido, gracias a su propio genio mediático y a la prensa que lo promovía. En aquel enero de 1959, la revista Bohemia, la más importante del país, lo catalogó como el mesías de Cuba. Lo cuento en mi libro Se acabó la diversión.

Los cubanos, repito, con mucho entusiasmo, pusieron su destino en manos de aquel joven que nunca había tenido un empleo productivo en su vida y que, de ser pandillero, asaltó un cuartel del ejército, por lo que fue encarcelado con todas las garantías constitucionales y amnistiado poco después por ese gobierno al que han tildado de dictadura. Amnistiado por Batista, a pesar de haberle asesinado a sus soldados.

Luego marchó a México, donde fue tolerado por las corruptas autoridades del gobierno de Adolfo Ruiz Cortines. Organizó un grupo armado desde un territorio extranjero, se robó un yate y desembarcó en Cuba. Durante estos sesenta y siete años, el régimen que implantó ha hecho ver estos actos como una epopeya heroica, mientras ha fusilado a todos los que han intentado hacer lo mismo para terminar con esa dictadura.

Sí, dictadura: en 1959, Fidel Castro se hizo con el poder en Cuba prometiendo democracia y libertad, pero en pocos meses instauró una dictadura que sería la más longeva y maligna de este continente. Dictadura ahora pésimamente gestionada por sus ineptos sucesores, la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba.

Y ahora estos ineptos, que se saben en un callejón sin salida, han declarado al año 2026 como el “Año del centenario del nacimiento de Fidel Castro”, o algo así. Para ser ridículos no son ineptos, la verdad.

Y en este funesto aniversario del malnacido, esté usted seguro: llenarán a los cautivos cubanos de frases del difunto dictador. En lo de destruir y hablar mierda el individuo merece un récord Guinness, por eso aquí le decimos el Orador Orate.

Pues bien, como ven, si recordamos algunas frases de este verborreico y acomplejado individuo, recordemos algo de lo que dijo cuando, apenas llegando al poder, todavía no instauraba su dominio totalitario sobre los cubanos. Vayamos al 14 de febrero de 1959, Día de San Valentín, o como le dicen en Cuba, Día de los Enamorados.

El Orador Orate, ese día, estaba enamorando a los miembros del Club de Leones de La Habana. Lo hizo en uno de los salones del flamante, por nuevo, hotel Habana Hilton. Veamos lo que dijo frente a estos señores a los que en unos meses iba a confiscar sus empresas, sus casas y hasta sus calzoncillos. Veamos lo que dijo en uno de los salones de un hotel que en unos meses sería suyo. Se lo confiscó no a los gringos, sino al sindicato de los Trabajadores Gastronómicos.

La única verdad que dijo ese día fue: “Yo creo que debe inaugurarse un nuevo estilo en la vida del país”.

La Dictadura Militar de Barrigones se pasará este año recordando frases del Orate, como si fuera un catecismo para justificar su precaria existencia. Aquí les dejo algunas que dijo para que el “pueblo” (me cae mal la palabra) de Cuba las aplique con la misma devoción con la que los Panzones se las imponen.

 

Foto: Embajada de Cuba en México.

Por ejemplo, para los que tienen algún negocito, o una de esas llamadas mipymes:

Y el inspector igual. Daba lo mismo que fuera de hacienda, de salubridad, de comercio, de extranjeros, porque esto era una plaga de inspectores. Todos los departamentos tenían inspectores y todos eran unos señores que no dejaban vivir en paz a nadie.

 A los de Gaesa, el conglomerado militar que ha despojado al país de toda inversión que no sea en hoteles:

Dinero que no se invertía trajo como consecuencia tanto analfabetismo, tanta enfermedad, tanta pobreza, tanto bohío, tanto piso de tierra, tanto espectáculo deprimente como se ven en la república. Yo digo que no debiera haber un solo bohío de guano, no debiera haber una sola familia hacinada.

Para los que culpan al llamado “bloqueo” norteamericano y a la desvencijada república que la salvadora “Revolución” del Orate vino a rescatar, pueden usar sus propias palabras para desmentirse a sí mismos. Sobre esto, ese día dijo:

Todo el mundo está de acuerdo, porque es verdad, en que este es uno de los países más ricos del mundo. Pocas veces se ha reunido en un espacio geográfico del mundo una tierra tan rica y un pueblo tan rico como este, en inteligencia y en cualidades.

Sí, Cuba, el parasitario y fracasado país que es hoy, era próspera y autosuficiente. El producto interno bruto de la economía cubana superaba al de países como Japón, Italia o Grecia. Incluso desde el siglo XIX era más del doble que el de España. Hoy ni se equipara al de Haití. Gracias a Fidel Castro y su pandilla.

Luego, criticando al gobierno que acababa de deponer, describió, queriéndolo o no, al régimen que implantaría en la desdichada isla, y que ayer cumplió sesenta y siete años:

Y por eso ha hecho lo que ha hecho el pueblo de Cuba hoy. Si no fuera este pueblo así, tengan la seguridad de que tendríamos dictadura por 30 años. Y después de este, el hijo y el nieto, como decían ellos; “guatacas” y confidentes había aquí suficientes para 30 o 40 años. Y no eran muchos, pero eran suficientes. Porque para implantar una dictadura basta el control. Incluso a miles de soldados los mandaban aquí unos cuantos generales y unos cuantos oficiales, y tenían allí a aquella gente engañada, cuadrados todo el día. Les habían prohibido pensar, incluso. Y aquella gente, acostumbrada a eso, no pensaba. ¿Prohibido pensar? Pues prohibido pensar: ¡no pensaban! Y mataban y hacían horrores.

Poco después de decir esto militarizó la sociedad cubana. Les repito, lo he contado en Se acabó la diversión, pero ese día prometía todo lo contrario:

Yo soy de los que digo que Servicio Militar Obligatorio no, porque no hay derecho a agarrar a un hombre y por la fuerza ponerle un uniforme, un casco, un fusil y ponerlo a marchar; pero sí el entrenamiento, lo más posible, de la juventud y del pueblo para que no haya una pandilla armada y entrenada y que sabe tirar, frente a un pueblo inerme, que no tiene manera de defenderse y sin armas ni nada.

A los Barrigones que hoy desgobiernan lo que queda de isla, y que se pasarán todo este año desempolvando frases del Orate, los cubanos podrían responderles con la misma medicina:

Es posible, y le tiene que pasar a la mayor parte de los hombres, que no pueda sentirse satisfecho comiendo él sabiendo que los otros no comen. Quizás si no los ve, pues dicen que el que no ve no padece o algo de eso; pero yo estoy seguro de que en un lugar donde haya 100 hombres en un parque y lleven tres días sin comer, no hay quien se pueda comer un bistec en público, ¿verdad? Lo que tenemos es que ver, desde luego, a los que no están comiendo; abrir las persianas, abrir las puertas, porque, aunque no los veamos, hay gente que está sin comerse ese bistec también.

 Aunque me temo que muchos de esos millones de cubanos no han probado un bistec en décadas, o no lo han probado nunca. Además de la libertad, el régimen de ese Orador Orate desapareció la carne de res, la leche, y ahora sus seguidores hasta la tradicional carne de cerdo. Y hasta salió un corifeo a pedir que les quitaran las papas y el arroz. Total, si ya les han quitado casi todo, incluyendo la dignidad.

Hoy los cautivos cubanos viven bajo un régimen represor, pero en 1959 el Orate decía que:

Antes no era más que policías por dondequiera, ¡hasta en la sopa se aparecía un policía! Y ahora, pues, vamos a hacer todo lo contrario. Bueno, ¿por qué no eliminamos a los policías?

 Lamentablemente, también, con sinceridad, les anunció lo que iba a hacer:

Hemos visto que las leyes, cuando no reúnen otras cosas para hacerlas posible, no valen de nada: las más bonitas, la Constitución, los derechos, la libertad, no valen de nada.

No los demoro más, pero así como los cautivos cubanos pueden usar las mismas frases del difunto tirano para rebatir la nociva campaña de la Junta Militar de Barrigones, quienes me leen o me escuchan fuera de Cuba, en países como México o República Dominicana, lean en las frases del Orate las mismas promesas que sus políticos hacen mientras ejecutan todo lo contrario.

Recuerden que, como en Cuba sucedió, la democracia es una bendición muy frágil.

 

Foto: El País

Del carajo, tener que pasarse otro año aguantando un bombardeo de frases de ese impostor. Pobres cubanos.