Despierto con la alegría de escuchar un pódcast de Zoé Valdés sobre El tren de los egos, mi nuevo libro dedicado a aquella Cuba libre y próspera que hoy espera por todos para que la rescatemos de ese largo secuestro que aún la aniquila.
En realidad son tres alegrías: la primera es que el pódcast de Zoé no es solo sobre un tren, es sobre una casa en la que habitaremos todos.
La segunda es que ese tren, morada, ya salió de la estación y lo presentaré el próximo 13 de noviembre de FIU.
Luego lo presentaremos en muchos lugares más.
La tercera es que el pódcast está publicado en Noticias Martí, cuyas ondas radiales escuchaba yo siendo casi niño en La Habana.
Hoy escucho a Zoé hablando de ese tren de progreso, milagro por donde se vea, en esa misma radio que siendo casi niño escuchaba en aquella Habana cautiva.
Hoy la escucho siendo libre, siendo libres. Allá en La Habana la escuchaba, la oía —como te guste más— a pesar de la interferencia electrónica con la que el castrismo intentaba detener la verdad de sus ondas.
Hoy la escucho clara y limpia, incluso sin las interferencias —los zumbidos— con los que de vez en cuando el castrismo, o quien sea —da igual a efectos prácticos—, ha tratado, infructuosamente, de entrometer.
Con la libertad y la decencia nada -ni nadie- puede.
El tren de los egos es un libro lindo, entretenido y un recuerdo de lo que Cuba fue y la premonición de lo que volverá a ser.
Disfruté mucho escribirlo, disfruté mucho más regalarlo.
Acompañemos a Zoé, subámonos al tren, en pocos segundos sentirán que su voz los sumerge en ese vaivén adictivo de las ruedas corriendo sobre los rieles.
Bamboleo rítmico de historia, progreso y, en nuestro caso, con rumbo a la libertad.



Muchas gracias, Don Sixto, por ese hermoso y profundo libro sobre la Cuba Eterna. Enhorabuena y a releerlo siempre.
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