La dictadura cubana es muy eficiente en tres cosas: destruir, reprimir y manipular la narrativa. Quien suscribe no duerme ni descansa soñando con ver el día en que esta triste noche que cayó sobre nuestra bella isla termine de una vez.
Mis capacidades son muy limitadas, ya lo saben. Pero hago lo que puedo.
Hace una semana aproveché la presentación de mi libro Se acabó la diversión para exponer y denunciar la realidad cubana en un foro del Parlamento Europeo, que en esta temporada no sesiona en Bruselas, sino en Estrasburgo.
Lo hice junto a mi mejor mitad, Zoé Valdés, invitados por Vox y por Patriots for Europe. Los comunistas arrepentidos, los resentidos, los envidiosos y los desinformados y maliciosos dirán que son organizaciones de ultraderecha. Lo dicen en tono despectivo.
Pues bien, si tener una posición firme en pro de la libertad, la libre empresa, la democracia, la verdad, el respeto a la ley y el rechazo a los que detestan el sentido común, se llama ahora ultraderecha, considéreme también en ese equipo.
Nos recibió, con los brazos y las puertas abiertas, el eurodiputado Jorge Martín Frías.
No solo fuimos a presentar un libro, fuimos, de la mano y del corazón, a trabajar contra una dictadura que oprime, reprime y mata a nuestros paisanos. Fuimos a trabajar por Cuba libre.
Nadie nos paga, no recibimos dinero de nadie, no le pedimos recursos a nadie. Fuimos hasta Estrasburgo para denunciar a una dictadura y para promover el renacimiento de la Cuba libre que soñamos.
No fuimos con ánimo plañidero. Fuimos con alegría, con amor. Fuimos con la seguridad de que veremos nuestro sueño convertido en realidad.
Muy pronto.






