domingo, 18 de octubre de 2026

Sesenta y siete años hablando mierda y destruyendo todo

 

Foto: Cubanet
 

Sigo escribiendo la segunda parte de mi libro Se acabó la diversión. Ahora abarcaré el período entre 1963 y 1980: los tiempos de oro para el Orador Orate; tiempos grises y oscuros para el resto de los cubanos. Les comparto un fragmento: 

A mediados de 1963 Fidel Castro comenzó a prestar más atención a los temas económicos, en especial hacia la agricultura y la ganadería. Hacía un año que había quedado en ridículo por la forma en que se resolvió la crisis provocada por la instalación de misiles nucleares en Cuba. La realidad inocultable de que su gobierno no podía funcionar sin la copiosa ayuda soviética lo obligó a poner a un lado la rabieta inicial y el encono siguiente, a la vez que lo llevó a reconocer que los sueños originales de desarrollar la economía insular en poco tiempo eran imposibles, y mucho menos aplicar un proceso de industrialización como el que promovía Guevara. Si quería continuar insertándose y recibiendo ayuda del bloque socialista, tendría que ajustar su política económica para aprovechar las oportunidades que ofrecía Cuba de manera inmediata.

Estas ventajas, como desde hacía más de cuatro siglos, se centraban en la fertilidad de sus suelos y su exitosa ganadería. La cría de ganado mayor y menor había sido una de las primeras producciones de Cuba desde poco después de la conquista en la primera mitad del siglo XVI. Pero como en el resto de los temas económicos —así como en los políticos, sociales y de política exterior—, Castro se consideró a sí mismo como la persona indicada para asumir la transformación de la ganadería cubana. Como en todo lo anterior, desechó cualquier experiencia previa y se propuso revolucionar la forma en que los cubanos criarían su ganado vacuno.

El tema ganadero comenzó a aparecer recurrentemente en sus continuos discursos masivos, intervenciones en los medios y foros gubernamentales. En julio de 1963 el INRA organizó un Encuentro Técnico Nacional sobre Heno, Ensilaje y Pastoreo Intensivo, dirigido por Carlos Rafael Rodríguez y Severo Aguirre. Castro no había participado en el evento, pero asistió a su clausura. Allí reconoció algo que era una de las causas del colapso económico que desde el año anterior lo había obligado a imponer el racionamiento de alimentos a los cubanos:

En realidad puede decirse que dentro de la Revolución, […] no sabía absolutamente nadie, durante una etapa, cuál sería la dirección principal del esfuerzo; porque durante una etapa del proceso revolucionario la tarea fundamental fue la de sobrevivir, la de resistir las agresiones del imperialismo, la de resolver problemas sociales, tales como el desempleo. Y estábamos, al mismo tiempo, bajo la influencia de una serie de ideas relacionadas con los vicios de nuestra agricultura, ideas que correspondían a una etapa ya pasada, pero que continuaron gravitando durante largo tiempo en la etapa presente.

Hace sesenta y tres años, Fidel Castro reconoció que llevaba cinco años en el poder destrozando todo y que ya iba a empezar a enderezar el rumbo. Tan bien lo enderezó que murió feliz en su camita robada y dejó como legado la catástrofe humanitaria que hoy aniquila a los cubanos de la isla.

Por eso escribo historia: para desmontarle los mitos, para que no se nos olvide quién y cómo destruyeron a nuestra nación.

 

Foto: Diario las Américas

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