domingo, 13 de septiembre de 2026

Cuba te acompaña siempre, y otras veces te espera

 


Desde que escapé del cepo totalitario, pues incluso bajo su sucias mancuernas fui libre, he tenido que recorrer medio planeta para ganarme el sustento. Medio mundo cuando lo que yo soñaba de niño era ser chofer de una guagua de la ruta 43 de Arimao a la Terminal de Trenes. 

Chofer de una Leyland hermosa, de las que les he contado en Se acabó la diversión. De niño mi ilusión era ser guaguero de esa 43, o de una 76 que eran Pegaso, o de una ruta 5, que eran unas Hino japonesas, hermosos artilugios.

Pues no, no pude ser chofer de ómnibus. En mi Cuba se acabó todo. Lo primero que se acabó fue la libertad, incluso antes de yo nacer. Se acabaron las guaguas y también mis ilusiones de vivir en libertad en mi bella isla. 

Escapé y he tenido que rodar el mundo persiguiendo la chuleta para ponerla en la mesa, y, primero sobrevivir, y luego vivir. Pero eso sí, siempre libre.

Ahora mismo, por cosas del destino, de Dios, de Cuba, del amor por ella, estoy lejos de donde este guaguero frustrado echó raíces durante treinta años. Pero es increíble, lejos de mi bella isla, lejos del pedazo de tierra donde un desterrado encontró su suelo, lo encuentras de nuevo.

¿O Cuba te encuentra a ti? No sé, pero tampoco me importa.

Bajo cielo europeo, me siento a trabajar por Cuba, por Cuba libre. Y mientras lo hago veo que a mi lado está un tabaco hecho en algún lugar que no es Pinar del Río, un Cuba libre con ron de esa Cuba esclava, un café que me recuerda a mi isla en la que un Orador Orate extinguió su cultivo.

Hasta un cenicero de Industriales, aquel equipo de béisbol con el que tanto competían mis Vegueros, recibe las cenizas viajeras de un puro hecho en algún lugar de Centroamérica.

Cuba viene con uno y, de pronto, encuentras a Cuba, que te espera de este lado. Libre y llena de amor. Hogar, porque los cubanos libres, siempre traemos a Cuba con nosotros, y siempre encontramos un hogar donde Cuba nos espera con una rosa martiana en la mano.

Un poco lírico suena todo esto, pero les digo, donde esté un cubano libre y decente, lo único que hará es trabajar porque el resto de nuestros hermanos sean libres y puedan vivir una vida decente.

Soy un guaguero frustrado, pero cada día disfruto más del milagro de ser libre y de la libertad de trabajar por que la Cuba en la que no pude manejar esa Leyland deseada, sea libre como yo.

Que sea libre, para todos. Coño.

Hoy, Cuba libre, con su rosa martiana, me acompañan en este empeño, donde esté.

Ah, y para que no vean que estoy solo de lírico y feliz, vean que en medio del rosal amado, el trabajo por Cuba libre y feliz nunca se detiene.


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