Anoche, preparando mi vuelo a París —sí, a París—, veo, como siempre, el programa de Mariam de la Fuente: la española más cubana de la historia, o quizás la cubana más española que existe. Ya no se sabe, pero lo que sí sé es que la Cuba libre la acoge en su seno como una patriota, nuestra.
Clara, diáfana, como siempre.
Preparando mi regreso a Ítaca —sí, Ítaca: hogar desconocido, ahora esperado—, veo que Mariam entrevista a otra patriota de las buenas, a una hermana. La más cubana de las españolas conversa con una de las más patriotas de las cubanas.
Madre, hija, esposa, hermana y patriota: limpia es Iliana. Ay, mira que Cuba agradece que haya gente limpia.
Más aún, mujeres, a las que siempre he respetado tanto.
Hay patriotas —la verdad duele— que no son limpias, no son decentes. Quizás les viene desde la cuna, no sé.
Yo abrazo a los limpios; a los patriotas sucios no, a los impíos o impías no. Que luchan por Cuba libre, qué bien. Pero nunca en mi trinchera.
Bueno, yo no estaré nunca en una trinchera: yo soy de avance, de ofensiva. Palabras y acciones. No tiro tierra a los míos; les tiro cabos, como decían en mi Cuba.
Anoche vi a Mariam y a Iliana. Ayer vi a otras cubanas —que adoro— poner su grano de arena, bloques de pasión, para lograr lo que queremos: una Cuba libre. Limpias, sin suciedad.
Martí fue limpio, tan limpio que ofrendó su vida por esa Cuba libre de la que les hablé ayer, hoy olvidada.
Las mujeres —las cubanas, las españolas cubanas—, Cuba y España hermanas... las cubanas y las españolas cubanas no paran nunca de trabajar por acercar la libertad a nuestra Cuba, que durante cincuenta y nueve años fue libre y próspera. Ayer les conté.
Y les digo: lo volverá a ser pronto. Cuba libre. Con esas mujeres limpias, con estos millones de cubanos que amamos nuestra isla, con los que no portamos ponzoña, con los que traemos solo amor.
Con los que refundaremos esa Cuba libre, próspera y feliz. Sin ponzoña, solo con amor.
La ponzoña y la maldad quedarán en el olvido, lejos de nuestra Cuba amada. La ponzoña, en todas sus formas, nos robó esa Cuba que era próspera y feliz. El gen del comunismo quedará eternamente erradicado —que no olvidado— en nuestra Cuba libre y próspera.
La ponzoña inmunda quedará enterrada lejos de esa Cuba que yo, y millones como yo, reconstruiremos con amor limpio. Nunca la verán los que portan ponzoña y maldad; qué gusto me da, repito.
Nuestro milagro es libertad: limpia, cristalina. Limpia y feliz. Sin inquina, sin chismes, solo limpia, feliz y próspera. Una Cuba de emprendedores, no de siervos arrepentidos; una Cuba de personas decentes, libres, sin resentimientos: solo de emprendimiento.
Gracias, Mariam, Iliana, milagro, Cuba libre, por mujeres libres, limpias.
Cuba libre, limpia, cristalina.
Cuba libre siempre. Voy a París a seguir siendo libre, limpio y cristalino.
En mi mochila, vieja y gastada, cargo —como cargo un cepillo de dientes compartido— una patria por refundar. Una patria libre, sin un ápice de comunismo, sin uno.
No hay nada en el mundo como ser libre y ser limpio.
Gracias, una vez más, a ustedes, las patriotas limpias.
Cuba libre será gracias a las mujeres limpias, siempre.


Cuánta razón. Ambas, grandes mujeres. Por Cuba, por Estados Unidos, por España. Mis respetos. Gracias.
ResponderEliminar