Ahora resulta que el Cangrejo no solo roba y reprime a los cubanos, mientras vive una vida de lujos en un país en el que sus cautivos apenas pueden vivir. Hace dos días lo vimos emocionarse, fingido o no, en público mientras un zombie declamaba unas estupideces durante un acto por la resucitación del Abuelo Acomplejado.
Una lágrima en una faz oligofrénica en lo que a mi se me asemeja más a una flatulencia mal dirigida. Pero bueno, lágrima al fin, de un Cangrejo con cara de tener un peo atravesado.
Y no me meto a analizar si la Momia Acomplejada respira o no. Por lo menos no habla, pero dicen que escribe cartas y comunicados. Lo que siempre les señalo, pero nadie me hace caso, es que el crustáceo llorón -o pedorro- siempre es el único que porta una pistola semiautomática de alto porte en su faja durante los eventos en los que exhiben al resucitado.
Porta un arma de alto calibre en salones y actos llenos de militares siervos de la dictadura. Más que militares son testaferros de una familia criminal pero que no llevan ni un tirapiedras en los actos donde el nieto de su jefe sí porta un arma de fuego, de alto calibre para ser una pistola semiautomática, o automática, vaya usted a saber.
Ahora entienden por qué Estados Unidos conversa con este delincuente. El que lleva la pistola a un salón de testaferros desarmados, y desalmados, es evidentemente quien manda. Que asco.
Aunque, esa pistola jactanciosa sería, será, inútil ante millones de cazuelas -o lo que sea- que uno de estos días, como marea indignada y libre, barrerá con esos testaferros, con la Momia Muda y, en especial, con ese Cangrejo fanfarrón.
Ese día el Cangrejo sí llorará, o se le soltará finalmente el viento hediondo, da igual. Ese día Cuba dejará de llorar y empezará a sonreír. Ah, y a reconstruir y prosperar en libertad.
Siempre en libertad.





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