martes, 28 de julio de 2026

Un Ángel en una alcantarilla

 

Foto: Ezequiel de mi almacén.

A veces pienso que estamos luchando por una Cuba libre que no es por la que pensamos que estamos luchando.

Yo lucho por una Cuba libre, la de mujeres y hombres cubanos libres. La de los que se plantaron, la de los que, aún muy jóvenes, se tiraron en una playas donde los abandonaron.

La de los que siguen en esa lucha, la de los que sufren en cárceles sin pollo, sin pinceles, sin nada más que represión. Ni los cautivos que no están en esas cárceles tienen pollo ni pinceles, ni nada en esa Cuba aplastada por la bota dictatorial. Para ellos solo represión, ni pinceles ni pollo, ni nada.

De pronto, temo, que estemos luchando por una Cuba torcida ya, la de ese "hombre nuevo" que diseñó un argentino asesino para complacerse a sí mismo y halagar a un pichón de gallego maligno, a un Orador Orate.

Ay, hay veces que me dan ganas de dar la espalda a toda esa lucha y seguir con mi vida, lo que me queda de vida. Hay tantas cosas, suaves fragancias, por las que vivir feliz.

Pero no, demasiada injusticia, demasiada sangre, demasiada maldad. No le daré la espalda. Justicia y castigo.

Mi Cuba libre es la de Ángel, la del milagro libre.

Cuba libre en la que reconstruiremos las alcantarillas abandonadas, aunque tengamos que ver Alcantarillas hablando la mierda que debería estar en esas cloacas abandonadas.

Mi Cuba libre es la de Ángel, la del milagro libre.

Lo otro, que asco.



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