sábado, 25 de julio de 2026

El pueblo que hoy sufre provocó la barbarie que sufre Cuba hoy

 


Hace unos meses no sabía ni qué era Instagram. Finalmente, por esto de compartir con ustedes este blog y el canal en YouTube, además de disfrutar mucho ver cómo los ucranianos cazan con drones a soldados rusos y mercenarios al servicio de Putin, he estado revisando Instagram una o dos veces al día.

 


Hoy encontré un reel, creo que así le dicen, del usuario Rialtaediciones en el que pasa fragmentos de uno de los primeros noticieros del recién creado Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficas (ICAIC). La creación de este adefesio burocrático, como la de otros muchos, la he contado en mi libro Se acabó la diversión.


En el noticiero, orgullosamente, se muestra cómo los enardecidos trabajadores, empleados arremeten contra los edificios de quienes hasta ese día les dieron trabajo, les dieron sustento, les pagaron sus salarios. Arremeten contra empresas distribuidoras de películas norteamericanas.

 


Sí, en aquella Habana libre y próspera, las empresas Warner Bros., Columbia, Universal, e incluso United Artists la de Chaplin tenían sucursales que daban empleo libre a cientos de cubanos, mientras brindaban entretenimiento a cientos de miles de sus paisanos.

 


La mayoría se concentraba en lo que se conocía como Ciudad Fílmica, que se ubicaba precisamente en el bello barrio en que pasé mi niñez y mi juventud primera. Barrio hoy convertido en un basurero rodeado de ruinas y sin empresas, sin empleos y sin dignidad.

 


En el reel, se ve a los empleados, incluyendo mujeres, arrancando a mandarriazos, felices, los letreros de las empresas que hasta ese día les ofrecieron empleo, que hasta ese día les ofrecieron un modo de vida. Felices destruyendo su vida anterior.

 


Luego se ve a un miliciano desgarbado dando un discurso. Nunca pongo el audio, ya escuché demasiadas de esas arengas cargadas de resentimiento, envidia y odio. 

 

 Lo que les quiero decir, miren las fotos o busquen el reel. Vean a nuestros abuelos y padres destruir a mandarriazos su modo de vida. Entregar su modo de vida, decente hasta entonces, a los jefes de ese miliciano desgarbado, a los Castro.

 


Vean en esas imágenes a muchos de los que hoy están postrados en una cama sucia, ya ancianos, postrados ahora sin electricidad, sin agua, sin medicinas, sin servicios básicos. Abandonados por ese Estado al que, a mandarriazos, entregaron su existencia digna.

 

Foto: rfi.fr

Espero, esperemos, que los cubanos hayamos aprendido la lección. 

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