El 24 de octubre pasado les compartí un post aquí en el blog y un video en YouTube al que titulé “De todo menos comida”. Allí les comentaba que desde que la dictadura impuesta por el Orador Orate confiscó todas las empresas y la mayoría de las tierras de Cuba, la ineficiencia y la ineptitud de su régimen acabó con todo lo que esa fértil isla producía.
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Les decía que Cuba, antes de la plaga socialista, era un país donde se comía carne, tasajo, bacalao, camarones, pollo, gallinas, arroz congrí, vaca frita, ropa vieja, salpicón, cócteles de mariscos, huevos fritos, arroz con frijoles, plátanos fritos o en tentación, tostones, pimientos rellenos, arroz frito, sopas chinas, chilindrón, bistec de palomilla y mil alimentos más. Recetas nacionales.
Desde que los cubanos dejaron su destino en manos del Orador Orate, esas recetas tuvieron que emigrar junto a los libres, junto a los que no aceptaron el cepo totalitario. Venga al Palacio de los Jugos, o a cualquier cafetería latina aquí, en la capital de los libres, y verá un museo de lo que la culinaria de Cuba libre es.
Les decía también que en esta crisis humanitaria que experimenta nuestra desdichada isla, veo lo que la Junta Militar de Barrigones les ofrece como obligación para alimentar a sus cautivos: una serie de productos inventados. No hay nada de carne, pollo y menos pescado. No hay verduras, vegetales o frutas. En una isla de tierra fértil, rodeada de mar, con una antigua tradición ganadera, agrícola y pescadora.
Vean las recetas que esos Panzones ofrecen a sus cautivos: que si bebida de arroz, una cosa que le llaman Hemolin —suena asqueroso, creo que con sangre de escarabajos y cucarachas o algo así—, galletas de cúrcuma y bebida simbiótica de lácteo.
Bajo el desgobierno del barbudo siniestro, en vez de las comidas tradicionales, todo era espirulina, Cerelac o moringa. Lo que se le ocurriera, menos comida.
Cuando uno piensa que la ineptitud, la desidia y la malignidad de los hijos de puta de la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba llegó al límite de la ridiculez, no demoran ellos, o sus marionetas, en demostrarnos que no, que en lo de hijos de puta no tienen límites.
Recordemos cómo el 29 de mayo pasado el Barrigón número 1, conocido como Díaz-Canel, salió en televisión culpando a los cubanos de provocar los apagones. Sí, los culpó por utilizar electricidad en sus vidas. Aquella vez les dije: “También los va a culpar de querer comer, de pretender bañarse a diario o de apetecer beber agua limpia. Llegará el día en que los acusen hasta de querer respirar”.
Lamentablemente, tuve razón. El viernes vi una noticia en la que un vejete todo flaco y cetrino, miembro de uno de esos inútiles comités de la dictadura, les dijo a los cubanos cautivos en la isla que deberían dejar de comer papas y arroz. Se lo dijo a una entrevistadora cuyo nombre es Marxlenin Pérez, quien —me dice Tania Quintero— es esposa de uno de los nietos del Orate.
La entrevista inició culpando de la crisis alimentaria que experimenta lo que queda de Cuba al “bloqueo, las limitaciones energéticas, el reciente huracán, los impagos a los productores y otras dificultades subjetivas”.
Antes de pasar a donde quiero llegar, permítame responderles a estos idiotas que lo que ellos llaman “bloqueo” viene de quienes impiden a los cubanos vivir y producir en libertad, puesto que Estados Unidos, país al que ellos acusan de bloquear su régimen, ha sido, y es, el principal proveedor de alimentos de su maltrecha isla.
Les respondo también que las “limitaciones energéticas” a las que alude son consecuencia de que el régimen que ellos representan está quebrado, quebrado por su propia ineficiencia, por su propio fracaso. No tienen para comprar el combustible suficiente, y cuando se lo regalan lo revenden.
Y termino de contestarles. Las secuelas del huracán Melissa siguen ahí porque no hubo labor de reconstrucción; los impagos a los productores no son responsabilidad ni de los productores ni de los consumidores, sino de los dictadores. Las “dificultades subjetivas” son ustedes mismos, pandilla de ineptos.
El entrevistado, llamado Roberto Caballero Grande, demostrando el grado de desconexión del sentido común que tienen los integrantes de esta etapa final de la dictadura, llegó a decir que los cubanos de la isla deberían dejar de comer papa y arroz, la primera porque su producción le sale muy cara al Estado y el segundo porque los cubanos no son asiáticos.
Del carajo.
Recuerdo cuando el lame culos de Frei Betto les aconsejó a los cubanos que, en vez de papas, se comieran las cáscaras, las cortezas. Ahora este tipo ya les recomienda que no coman ni papas ni cáscaras.
El vejete pide eliminar el consumo de papa porque al Estado no le reditúa su producción. En primer lugar, ese Estado nunca ha producido nada; y en segundo, el Estado no tendría que estar produciendo papas si no le hubiera confiscado las tierras a quienes antes de 1959 cultivaban papas, y por entonces no había escasez.
Del arroz ni les digo: decir arroz y decir Cuba es lo mismo. Desde hace más de doscientos años el arroz es la base de la culinaria cubana. Se los dice un tipo que está escribiendo un libro cuya historia transcurre a principios del siglo XIX. Desde entonces se comía arroz, y mucho.
Ah, y también se producía arroz, y mucho, aunque ante tanto consumo, también se importaba arroz, y mucho. Esto fue uno de los alicientes por los que los hacendados y comerciantes habaneros, en 1835, empezaron a construir el primer ferrocarril de Hispanoamérica. Lo construyeron para abrir la fértil región del sur de La Habana a la producción y el comercio de, entre otras cosas, arroz.
En el Manual del Cocinero Cubano, publicado en 1857, hay decenas de recetas con papas y otras tantas de arroz. También incluye recetas de todo tipo de carnes, pescados, mariscos, todo tipo de legumbres, de vegetales, de sopas y caldos, etcétera, etcétera. Incluye todo lo que esa dictadura cien años después les quitó a los cubanos.
El poco caballero Caballero recomendó sustituir la papa y el arroz por tubérculos autóctonos como el boniato, el ñame, la yuca y la malanga. Pero es que ni eso hay tampoco.
Les digo, perdieron el sentido común como mismo perdieron la vergüenza.
Destruyeron un país que era próspero, autosuficiente, y lo convirtieron en el páramo inútil que es hoy. No se culpan ellos, culpan a sus cautivos. Todo parece indicar que los quieren regresar a lo autóctono, los quieren regresar al tiempo de los siboneyes, a la comunidad primitiva.
Pero no se embullen: los siboneyes vivían en paz, en una comunidad primitiva donde eran libres. Los cautivos de Cuba, que van camino de regreso a la comunidad primitiva, no llegarán a la prehistoria en condición de libres.
Ellos pretenden quitarles la civilización, pero lo harán manteniéndolos esclavos..., oprimidos y reprimidos.




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