Discúlpenme lo lírico, pero hay veces que la vida es lírica, lúdica y trasciende dimensiones. Hoy fue uno de esos días, no día, que más hubiera querido. Hay amaneceres que quieres hacer eternos, que buscas hacer eternos, que harás que sean eternos.
Así es uno de terco, de hombre. No pido perdón por ser hombre, no el mejor, nunca lo he querido ser, pero soy hombre, aunque no esté de moda. No soy de modas, soy un viejito.
Hoy amanecí, en cama ajena, de hotel, pero lecho mío. Lecho en el que sueño estar siempre. Amanecí frente al mar, frente al amanecer, colores dorados, azules, verdosos, como los ojos de una Diosa griega, o Muintir, un toten. Ojos de universo infinito.
Hoy me sentí un unicornio, no azul, gracias al Dios que me regresaron. Hoy amanecí siendo un unicornio dorado, un hombre dorado, adorado. Bendecido que la sábana sea de amor, no de dolor. De dolor cargamos mucho, de amor, el que me regresó el regresado. Gracias, gracias mil, mil millones.
Cuando uno lleva varias décadas rodando en esta dimensión pedestre, no son los años, son las millas, los kilómetros recorridos, uno disfruta muchos los amaneceres. Y cada amanecer feliz, anhela un atardecer eterno.
Hoy tuve uno, y pronto tendré los dos.
Aparte de todo Esto, viva Cuba libre y acabaremos con esa dictadura de mierda.
Amén.


‘La eternidad y un día’, se llama aquella película.
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