Fidel Castro no se ganó el mote de Orador Orate por gusto. Se lo ganó a pulso. El tipo habló y habló, sin parar, durante toda su destructora vida. Entre las tantas cosas que dijo, que prometió, estuvo la siguiente:
De manera que nuestro país, con la técnica y con las máquinas, podrá producir en abundancia absoluta, ¡abundancia absoluta!, todo lo que necesite, no solo para la alimentación, sino también el vestido, el calzado, la asistencia médica, la educación, la vivienda, la electrificación, en fin tiene los recursos naturales suficientes para que, trabajando el pueblo, con la ayuda de la técnica y con la ayuda de las máquinas crear realmente una abundancia de alimentos por habitante como posiblemente no ha creado ningún otro país y sentar sobre bases muy sólidas el desarrollo económico y social de la nación.
Esto lo dijo el 6 de octubre de 1968. Hace cincuenta y ocho años.
Fracasó como en todo lo demás, y la mayoría de los cubanos nunca le exigieron, le exigimos, rendir cuentas por tanto fracaso.
Hablando mierda toda su vida, convertir todo en mierda, fue su obra.

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