Nací en un país en el que el color verde olivo significaba Estado, omnipresencia, represión, marchas, "movilizaciones", "misiones internacionalistas", cosas jodidas. En fin.
Por cosas de la vida, mi vida actual, actual desde hace 29 años, tiene que ver con cosas verde olivo, bueno, con verdes de todo tipo. Verdes militares, pero que defienden todo lo contrario a lo que el verde olivo en la isla natal significaba. Defienden libertad.
Hoy tropecé con una piedra, con una piedra verde. Como soy humano, y peor aún, hombre, tropezaré repetidamente con la misma piedra. Creo que hay una canción de Julio el vacilador sobre el tema.
La roca, que es una roca bella y dura, con la que tropecé hoy, se llama Turmalina. Mire usted, un tipo que ha vendido desde esmeraldas hasta diamantes, corte antiguo y moderno, no sabía de la existencia de esa piedra verde como los ojos de una doncella.
Verde como los montes de mi isla, como las montañas de mi Cuba, como los vitrales de mi Habana. Verdes como el tren de mi ego. Verde como el lago en que vivo. Verde como el libro en que viviré.
Cosas de la vida, uno escapó de un verde olivo repulsivo y al final llega a un verde que te da de comer y que te llena el alma. Verde que te hace pleno.
Verde, verde de esperanza, de libertad.
Mi Cuba verde. Verde y libre.
Bella.
Hoy no les hablo de Díaz-Contados, de los sans culottes que fueron a lamerle el culotte, hoy les traigo a una Cuba verde, a una Cuba con esperanza.
A una vida libre, feliz y próspera.
Una Cuba en la que las cubanas puedan usar anillos de turmalina. Libres, felices.


No hay comentarios:
Publicar un comentario