domingo, 28 de junio de 2026

Reflexiones claras sobre una Cuba oscura

Hoy mi hermano Álvaro Alba publicó un excelente artículo sobre la última jugarreta que intenta implementar la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba. Los incito a que lo lean, es genial.

En su texto cita uno mío que hace días les compartíEsto me llena de orgullo: Álvaro es uno de los analistas más profundos y certeros con que contamos los cubanos libres, los de aquí y los que anhelan esa soñada libertad allá —tan cerca de aquí— en nuestra isla soñada.


El análisis de Álvaro y la relectura del mío de hace días hizo que Mirthica —Monita, amiga eterna desde nuestros días de preuniversitario zapateando la calle 23— me enviara sus comentarios. Quedé tan sorprendido que le pedí que me permitiera reproducirlos, compartirlos con ustedes. Por supuesto, me dijo que sí.

Se los comparto hoy, sorprendido por esta nueva arista sobre el tema, sobre el problema cubano. Lo reflexionaré más, pero sospecho que Mirthica está más clara que el diamante del Capitolio. Por cierto, ¿dónde está ese diamante?

Los dejo con Monita, les recuerdo que sus comentarios son en relación con el artículo de mi hermano Álvaro:

💯 pudiera pasar que los barones verde olivo cubanos se conviertan en barones de cualquier color..., sin embargo, los recursos de la isla no dan para otra cosa que trapicheo de puertos y geopolítica para sus artes oscuras. Hay una razón por la cual Hernán Cortés salió huyendo de aquella sociedad cubana en gestación. La historia moderna de la isla es muy breve y muy endeble. La cultura nacional es puro folclor nacido de la marginalidad y del oportunismo más primitivo... Cuba es propiedad de una familia vs. Rusia, que ha tenido tradición de unidad desde el zar hasta el partido único; cuenta con milenios de identidad real, incluyendo desarrollo lingüístico propio, filosófico, intelectual y cultural consolidado (eso va más allá de la música y cuatro pintores). Rusia sí tiene un tejido social, además de recursos naturales e infraestructuras humanas y nacionales respaldadas por largos procesos que le permiten transformaciones desde adentro. Cuba es un mito, un wannabe, algo sin tener elementos sólidos para serlo. Si bien cada país aporta pistas y consideraciones, en esto Cuba es, lamentablemente, un caso bastante único. Por eso coincido en lo que dices en tu artículo. Cuba tiene que ser intervenida por fuerzas mayores o dejarla a su suerte o muerte, y mantenerla vigilada para que su tendencia al pirateo y las malas artes no sigan siendo el principal recurso de esa isla. Aunque cueste admitirlo, Cuba tiene más que ver con Haití que con cualquier otro ejemplo.

Un poco más tarde volvimos sobre el tema y me envió esta otra reflexión:

Así mismo..., si se mira con los lentes de aquel momento, fueron dos enmiendas necesarias -la Platt y la Foraker- y de las cuales debemos aprender. Surgieron de la firme voluntad de avanzar en un proyecto conjunto, buscando siempre un equilibrio entre las partes. Sin embargo, el régimen impone su propia versión de la historia de Cuba: pura propaganda alineada con la versión “Trópico de Cáncer” del manual ideológico marxista-socialista. Ideología que les falló a todos menos al castrismo, apelando a la conocida conflictividad de la sociedad cubana, quizás al caciquismo que merodea la condición insular.

El resultado actual es devastador: el país se ha convertido, por definición, en un campo de concentración. Ante este escenario, la intervención del mundo democrático no es solo una opción, sino una necesidad humanitaria urgente. La situación es comparable a la de los campos de concentración de la época de Weyler, pero con una población siete veces mayor. También la duración es siete veces mayor; los prisioneros del castrismo carecen de los recursos materiales y mentales para liberarse por sí mismos del régimen de la élite militar de los “barones verde olivo”.

Existe una profunda desconexión y una falta de organización comunitaria —a diferencia de lo que ocurrió en Rusia y otros países durante las guerras mundiales y otros conflictos civiles—, lo que agrava la vulnerabilidad de la población. La historia reciente en la región, como el colapso absoluto visto en Haití, nos advierte que, cuando la calidad del tejido civil es tan frágil y la descomposición social es un hecho, se llegan a límites y escenarios muy extremos y deshumanizantes; hasta el canibalismo se vuelve una opción real.

Mirthica no es analista política ni de nada. Es una cubana, madre, amiga, empresaria, patriota discreta —tan patriota que puso a Cuba libre primero que a parte de su familia—, una cubana entera. Una cubana más de las que esa bella isla ha dado muchas, pero necesita más, muchas más.

Cuánta falta hace que esa Cuba libre que soñamos, que viene, cuente con miles, con cientos de miles de Mirthicas.


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