La semana pasada, cuando el despeinado “puesto a dedo” Díaz-Contados salió a balbucear sobre una presunta apertura económica, les anuncié que si sus palabras eran ciertas —casi nunca lo son— significaría que la dictadura empezaba a mover sus fichas para tener ventajas ante el inevitable cambio que se acerca.
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Les decía que podríamos estar ante un proceso similar a lo ocurrido durante la disolución de la Unión Soviética, cuando los jerarcas del régimen ocuparon posiciones de control en las anticuadas e ineficientes empresas estatales que pronto serían privatizadas. Por muy anticuadas e ineficientes que fueran, tenían un gran valor estratégico a la llegada del capitalismo. En el capitalismo hasta la basura tiene valor.
Lo mismo sucedió en otros países de aquel nefasto “campo socialista” en su transición al capitalismo. Lo mismo sucedió en Nicaragua a principios de los 1990 con la llamada “piñata sandinista”. Los nicas ladrones se posicionaron y miren cómo está Nicaragua, miren cómo está Bielorrusia o el caso de Putin, que es dueño de la mitad de Rusia. Corrupción comunista convertida en capitalismo de amigos.
Unos días después, en otra de esas reuniones donde la Junta Militar de Barrigones piensa —o nos quiere hacer creer— que pueden salir de la catástrofe humanitaria en la que su inepta gestión ha metido a los cubanos, decretaron 176 medidas para “abrir” la economía cubana; bueno, los harapos de economía que quedan.
Medidas que, según ellos, abren lo que queda de país a la inversión extranjera, a los emigrados cubanos —los exiliados no invertimos en un país dominado por ladrones y asesinos— y a quien sea. Quieren ahora inversiones cuando los mil millones de dólares —equivalentes hoy, en 2026, a 11 600 millones de dólares— de inversiones norteamericanas fueron confiscadas en 1960 por Fidel Castro, el Orador Orate. Otras tantas se las robó a los empresarios cubanos.
Anuncian medidas que ponen a las empresas estatales en manos de sus actuales gerentes y les permiten iniciar un proceso de autogestión, preludio de una previsible privatización. La mayoría de esas quebradas empresas están en condiciones deplorables, pero una parte no desdeñable significa una verdadera mina de oro para estos bandidos.
Muchas de esas empresas administran —es un decir— vastas extensiones de tierra. Tierra cubana, admirada durante siglos por su inusual fertilidad. Otras controlan bosques, o puertos pesqueros, almacenes o minas. Todas se podrían poner a producir riqueza bajo un manto legal adecuado. Ese marco legal hoy no aparece en esas 176 medidas ni en ninguna otra, pero para los gerentes ahí estará cuando se implante.
Y todo lo anterior es sin meternos en lo de Gaesa; me estaba refiriendo solo a las empresas estatales de ese Estado hoy colapsado, hoy fallido. Gaesa es un Estado en sí mismo. Llamémosle Cugaesa: la Cuba de la mafia, la de los hoteles, marinas, aviones, tiendas, puertos, etcétera. La dueña de lo que sí vale, de lo que sí han mantenido y ampliado con inversiones financiadas con dinero robado a los cautivos cubanos.
Solo en el tema de esos hoteles hoy vacíos. Hoy están vacíos, pero en una Cuba libre se llenarán de inmediato y generarán millones de dólares. Hoy están vacíos pero valen miles de millones de dólares. En una Cuba libre, esas tierras a las que me referí, hoy ociosas, empezarán a cosechar en menos de medio año. Y así el resto de los sectores que se reactivarán uno tras otro. Con estas 176 medidas —que bajo ellos fracasarán, no lo duden— ellos piensan estar ahí, posicionados, cuando llegue el inevitable cambio.
Esto no es una predicción mía, es un hecho comprobable. El otro día tuve la dicha de conversar con la periodista Marián de la Fuente. Subí un extracto de la entrevista a mi canal de YouTube. Además del gran número de vistas que tuvo, pude comprobar que mucha gente nos ve desde Cuba. Nos ven y, además, comentan los videos.
Uno de esos comentarios decía lo siguiente:
Ya se están repartiendo las propiedades en Cuba, el Cangrejo cerró el hotel de la manzana de Gómez (el Kempinski), sacó a los trabajadores y se hizo dueño de ese hotel, ahora está rentando los salones para fiestas y bodas de gente de la cúpula en dólares y lo está haciendo con los trabajadores de La Divina Pastora, que es otro negocio de él. El Cangrejo quiere poner en plantilla de trabajadores de ese hotel a los trabajadores de La Divina Pastora que son fieles (serviles) a él.
Lo dice alguien desde Cuba. Las 176 medidas que anuncian fracasarán. Nadie, excepto inversionistas inescrupulosos y lavadores de dinero, pondría su capital en un país sin leyes, miserable y desgobernado por una pandilla de ladrones profesionales. Ladrones que no dudan en meter a la cárcel o asesinar a esos mismos inversionistas cuando dejan de serles útiles. Ya ha pasado, repetidamente.
Otro comentario, también de alguien relacionado directamente con Cuba, define lo mismo:
Soy un cubano-americano inversionista con empresa en Florida y mipyme en Cuba. Las 176 medidas que anunciaron no tienen las 5 principales que se necesitan implementar para que pueda tener confianza para invertir en mi país. Tiene que haber un nuevo gobierno donde el PCC no esté en ese gobierno. Tiene que existir una ley para que ese nuevo gobierno pueda auditar GAESA y para que todos los activos y propiedades de GAESA pasen a formar parte del patrimonio nacional. Tiene que existir una nueva constitución que garantice el respeto a la propiedad privada. Tiene que existir un sistema jurídico independiente del poder ejecutivo para que haga cumplir la nueva constitución, es decir, la propiedad privada. Sin esas medidas, todas las demás no sirven para atraer el capital de los inversionistas fuera de Cuba.
La maniobra no les va a funcionar a los dictadores. No les va a funcionar entre nosotros, los cubanos libres y los cautivos de la isla, que los conocemos “de atrás", como se decía en mi Cuba perdida. Pero sí les está funcionando ante el mundo, como lo ha hecho muchas veces en el pasado. Quienes no conocen la realidad cubana —o no la quieren conocer— ya dicen que Cuba se está abriendo al mundo, que, pobrecitos, ellos son buenos, no son un peligro.
La dictadura, los Barrigones, ya les he dicho, son expertos en la manipulación de la narrativa. Incluso pusieron al Crustáceo de seis dedos a farfullar toda esa monserga de que Cuba está abierta, que no somos enemigos y de que vengan a invertir. Un Cangrejo cuyo único “mérito” —por decirlo de alguna manera— es ser heredero de un segundón asesino. Para los que me decían que tiene el coeficiente intelectual de un grillo, les digo que al menos habló como un humanoide, con un boniato metido en la boca, diciendo estupideces, pero hilvanó cien palabras al hilo.
Bruto pero no tonto. El mundo está lleno de brutos que no son tontos, y miren que han tenido éxito. No lo subestimemos. Ellos no buscan el bienestar de Cuba, no buscan su desarrollo, no buscan el bienestar de los cubanos. Nunca lo han hecho. Solo buscan ganar tiempo, sobrevivir.
La maniobra de las 176 medidas está teniendo éxito en la prensa internacional cómplice, en los partidos políticos cómplices y en los gobiernos cómplices. No tendrá éxito entre los cubanos libres y los cautivos, pero esa marea de narrativa cómplice llegará a Washington D. C. buscando diluir el ímpetu impregnado por Marco Rubio y nuestros congresistas allí. Intentando suavizar la solución a la catástrofe cubana. Venezolanizar la solución.
Que no lo logren depende de nosotros, los libres, denunciando en cada foro posible, frenando a los que —tentados por el canto de esos Barrigones, ahora convertidos en sirenas glotonas— sucumban y se acerquen a invertir en ese manicomio. Ya he visto a varios en esa sintonía.
Que no lo logren también depende, y mucho, de los cautivos de la isla. De los que llevan meses arrastrando su dignidad en medio de esa catástrofe humanitaria que ha sido el punto final de la novela de terror del castrismo. Los cautivos en la calle, quemando basura hoy en un barrio aislado, cada día se convierten en más cubanos enojados —por no decir encabronados, hartos— que no solo quemarán basura: quemarán patrullas y sedes del maligno Partido Comunista que los mantiene en su miseria y los reprime en su dolor.
Quemarán más, protestarán más y lo harán en más barrios hasta llegar a la catarsis final del fin de esta gangrena que azota a nuestra isla desde hace sesenta y siete años y medio.
No hay maniobra que intenten estos dictadores que saque a Cuba de esta catástrofe humanitaria. No la hay. Ellos son el problema, lo han sido desde enero de 1959. Se robaron un país, lo destruyeron, lo llenaron de fusilados y presos políticos y ahora lo quieren vender. Lo quieren vender incluso con más de mil de esos presos políticos muriendo hoy en sus cochinas cárceles.
Hagámoslo, arrebatémosles ese país robado. Robado cuando era próspero y feliz, hoy destruido y triste. Arrebatárselo como sea, inyectarle libertad y, sobre esa libertad, iniciar el duro pero satisfactorio camino a la reconstrucción, a la vuelta a la prosperidad, la libertad y la felicidad.
Libertad y prosperidad sin Cangrejos, sin “puestos a dedo” despeinados, sin ninguno, absolutamente ninguno, de los culpables de esa gangrena que pronto extirparemos. Tan cercano es este amanecer de libertad que ayer Ramiro Valdés, el más pillo de la pandilla, decidió morirse por sí mismo antes de pagar por todo el daño que hicieron él y su banda de ladrones asesinos.
Ni perestroika ni perestropika. Libertad pura y dura. Justicia y castigo.



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