Anoche tuve un encuentro inolvidable. Un grupo de cubanos libres me abrió las puertas de su casa para conversar un rato sobre una de las cosas que más —sino la que más— nos apasiona en la vida: hablar de nuestra Cuba, tanto de la que perdimos bajo la bota del castrismo como de la que hoy sufre humillada bajo el yugo de la Junta Militar, como de la que todos los libres soñamos, esa Cuba libre, próspera y feliz.
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No era un grupo cualquiera. El promedio de edad de esa veintena de cubanos libres que me abrió las puertas de su casa es de aproximadamente ochenta años. Los más "jóvenes" de la tertulia éramos mi querida y admirada escritora y yo. ¡Qué grupo! Qué chispa, qué alegría, cuánta inteligencia, tolerancia, respeto a la opinión diferente y, muy importante, mucho humor. Sentimientos y dolor, por supuesto. Puedes tener ciento tres años o cincuenta y siete: Cuba duele.
La mayoría de ellos forman parte de eso que se conoce como “exilio histórico”, los mismos a los que la dictadura ha llamado la “mafia de Miami”. La mafia de La Habana, el Cártel de Gaesa, denostando la decencia, el éxito y la libertad. Que me pongan en la lista.
En los preámbulos de nuestro convivio surgió el tema de Irán y, cuando me tocó hablar a mí, les dije que la administración Trump se había empantanado en su conflicto con la teocracia asesina de los ayatolás. Les dije que ese conflicto había mostrado las fuerzas y debilidades de nuestras fuerzas armadas. Hoy el régimen iraní no tiene fuerza aérea y sus capacidades militares están muy disminuidas. Pero siguen ahí; si no me cree, intente cruzar Ormuz. Es más, ni siquiera pasar cerca; lo digo con conocimiento de causa porque tengo dos contenedores de cuarenta pies trabados en Omán desde hace un mes.
Y les contaba cómo un informe del Congressional Research Service, perteneciente, oficialmente, al Congreso de los Estados Unidos, había reportado que, desde que iniciaron las operaciones de Furia Épica contra la teocracia, las fuerzas armadas estadounidenses habían perdido cuarenta y dos aeronaves. La persona que estaba sentada a mi izquierda —un héroe de la Brigada 2506— me dijo, como dicen mis tíos: “Estás completamente equivocado”. Alegó que, si eso fuera cierto, la mala noticia estaría siendo utilizada y magnificada por toda la prensa que opera en contra de esta administración.
Me dijo que esa desinformación que acababa de salir de mis labios provendría de algunas de esas páginas que impostan las reales. Como esos engaños que te mandan de tu banco, o que si Amazon va a cancelar tu cuenta, o que si el que te contacta es un príncipe heredero nigeriano que necesita que le deposites 5000 dólares para poder destrabar los siete millones que tiene en el banco. No me creyó.
La mala noticia es que todo es cierto. Entre el 28 de febrero de 2026 y este 12 de mayo han quedado de baja cuarenta y dos aeronaves, incluyendo de ala fija tripuladas, helicópteros y drones. Y les resumo la lista:
- Cuatro F-15E Strike Eagle: Tres derribados por fuego amigo y uno por Irán. Todos los pilotos llegaron a tierra a salvo. Para el último hubo que organizar una operación de rescate.
- Un F-35A Lightning II: Dañado el 19 de marzo por fuego antiaéreo iraní.
- Un A-10 Thunderbolt II: Derribado el 3 de abril por fuego antiaéreo iraní.
- Siete KC-135 Stratotanker: Dos chocaron entre ellos y siete fueron dañados en tierra por misiles y drones iraníes.
- Un E-3 Sentry AWACS: Dañado en tierra.
- Dos MC-130J Commando II de Operaciones Especiales: Destruidos a propósito al quedarse varados durante el rescate del mencionado piloto del F-15 derribado.
- Un HH-60W Jolly Green II: Dañado durante esa misma operación.
- Veinticuatro MQ-9 Reaper: Drones de altitud media y vuelos de larga duración.
- Un MQ-4C Triton: Dron de alta altitud y larga duración.
Billones de dólares en armamento perdido. Billones.
No es solo la pérdida logística de no tener disponibles estas aeronaves. Es también el rápido desgaste de los inventarios de armas —sobre todo de misiles de largo y mediano alcance—, la disminución de las capacidades de repostar combustible en vuelo, y así sucesivamente. Además, van quince bajas y quinientos heridos, y un portaaviones, el USS Gerald R. Ford, fuera de servicio.
Como les he dicho, se empantanó. No quiere decir que no hiciera falta meterle mano a esos locos que casi logran obtener armas nucleares. Absolutamente había que hacerlo. Pero la realidad ha mostrado que la teocracia asesina ha resistido mejor de lo que se calculó en un inicio.
Una de las lecciones ha sido que el paradigma sobre el que se construyó el poderío militar norteamericano ha demostrado vulnerabilidades reales. Modernas superarmas que cuestan billones de dólares se enfrentan a drones que valen menos que un Toyota Corolla usado. Es más fácil armar mil Corollas que un Tomahawk de dos millones. Estados Unidos no se ha quedado de brazos cruzados y ya hay varios contratistas probando fabricar una versión norteamericana del Shahed iraní.
Y hablando de drones iraníes: se nos ha dicho que la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba ha comprado unos trescientos drones rusos o iraníes —da lo mismo—. Tienen a los cautivos muriendo de hambre y a oscuras y compran drones para defender su régimen y mantenerse matando de hambre y a oscuras a sus cautivos.
Y aquí, nosotros, los libres, esperando el ansiado día en que Trump, los cubanos en la calle, o ambos, borren de una vez y para siempre a esa pandilla de ineptos, empobrecedores, represores y asesinos. El problema es que a Trump se le están acabando las balas en Irán y los cautivos de la isla lo más que han podido, hasta ahora, es salir valientemente a dar cacerolazos y cerrar algunas calles en la noche.
¿La libertad de Cuba? Esperando por que se rellenen los arsenales, descansen los chicos de las fuerzas armadas o que los cubanos no cierren una o dos calles, sino todas. Pero de que llega, llega. La dictadura no tiene salida; demorará dos días o dos meses. Pero de que se acaba, se acaba.


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