Ayer 17 de abril de 2026 tuve el gusto y el honor de presentar la segunda edición de mi libro Se acabó la diversión y la primera de su versión en inglés, The party´s over. Lo hicimos en The Cuban, un museo dedicado a la diáspora cubana. Yo, más que parte de la diáspora, soy parte del exilio cubano.
No tengo como agradecerle a Álvaro Alba por obsequiarme el prólogo de ambas publicaciones y ser el primer gestor de la presentación de ayer. No tengo como agradecerles a él y a Miguel Cossío, sus palabras en el evento y su afecto personal.
Agradezco también a todos los que asistieron. Fuimos muchos cubanos de varias generaciones, cubanos de todo tipo que allí nos reunimos por una Cuba libre. Para eso escribí este libro, para dejar testimonio de lo que era Cuba y de como fue el inicio de su destrucción. Con la esperanza de que sirva para algo en su reconstrucción.
Le agradezco a Sebastián, quien a pesar de experiencias previas, volvió a pisar el Museo. A Sergio, a Mirtica, a Pepe, a Juan Andrés y a su hijo, a mi familia y amigos. A todos los que ayer nos reunimos por nuestro amor a Cuba.
Les pido disculpas a todos de que mis palabras en esta presentación fueron breves. Nuestro plan era que después de esas palabras iniciáramos un diálogo fructífero. Sé que ustedes y yo así lo anhelábamos.
Lamentablemente, personal del Museo no permitió esa conversación prometedora. Para mi próximo libro, o el Museo nos garantiza que dialoguemos, o buscaremos otro lugar para presentar el libro y ser libres, en esta tierra de libertad.
Como me dijo una lectora, en los días previos a esta presentación "salí hasta en la sopa". Así se hace cuando se quiere vender un producto, o un libro. No me vendí yo, que no tengo precio. No vendí un libro, lo promoví, por lo que significa para Cuba.
No gano dinero ni con el libro, ni con mis escritos, ni con mis videos. Los hago porque me da la gana, porque quiero ver a una Cuba libre y próspera y soy amante de la libertad. Los libros que se vendieron ayer durante el evento, los había donado al Museo el día anterior.
El que piense lo contrario, que se vaya a casa del recoño de su madre.
Las adjunto mis breves palabras de ayer. De haber sabido que nos iban a censurar, me hubiera extendido un poco más.
¡Viva Cuba libre! ¡Abajo la tiranía asesina!
Presentación del libro: Se acabó la diversión
Buenas tardes. Antes de iniciar esta conversación, me gustaría, primeramente, agradecerles que hayan venido a este encuentro organizado por cubanos, para los cubanos, para una Cuba libre y, sobre todo, para trabajar por que lo que sucedió en Cuba a partir del 1 de enero de 1959 no nos vuelva a pasar; ni a los cubanos ni a otros países que se ven tentados a probar o imponer el comunismo totalitario.
También quiero agradecer al Museo Americano de la Diáspora Cubana, The Cuban, por acogerme —por acogernos— en estas bellas instalaciones donde se atesora mucho de la cubanía en su sentido más amplio. Un lugar que no solo nos permite recordar el ataque totalitario a nuestra nación; es un espacio de denuncia de la barbarie a la que ha sido sometida Cuba en todos los sentidos: en su política, su sociedad, su cultura, su idiosincrasia y en su economía.
Es un honor para mí estar con ustedes aquí, en este día en el que justamente se cumplen sesenta y cinco años de que más de un millar de cubanos libres desembarcaron en nuestra isla usurpada para —con las armas en la mano y el corazón en la patria— batirse con valor inusitado contra las muy bien armadas fuerzas del dictador. Lo hicieron dispuestos a entregar sus vidas, sin más aspiración que devolver nuestro bello país al sendero de la libertad.
El libro que presentamos hoy comenzó a escribirse hace casi cuarenta años, en esa Cuba a la que Fidel Castro llevaba camino a una brutal crisis económica que desmanteló todo el teatro que había levantado a base de subsidios soviéticos. Él llamó “período especial” a lo que fue un colapso económico sin precedentes en la historia de Cuba.
Pero, usando sus términos, el período especial no fue el primer colapso económico de su gobierno dictatorial. De eso trata este libro. En la madrugada del 1 de enero de 1959, Fulgencio Batista tomó un avión para salir de Cuba; no huyó porque las guerrillas le hubiesen ganado una guerra, dejó el poder —según él— para terminar con ella. Dejó un vacío de poder, y los vacíos siempre se llenan.
En enero de 1959, Fidel Castro llegó a La Habana a bordo de una caravana de transportes militares, incluyendo tanques de guerra recién comprados por Batista. Los cubanos, lejos de preocuparse al ver a unos barbudos armados, transportados por blindados, tomando el poder, los recibieron eufóricos.
Pasó poco tiempo y empezó a correr la sangre y a morir la libertad a una velocidad vertiginosa. Vertiginosa es también la velocidad con que cuento todo ese proceso en este libro que hoy presentamos. En sus páginas podrán ver cómo, antes de la llegada de esa caravana barbuda, Cuba era un país próspero y autosuficiente. Un país que tenía problemas —como los tenían otros países y los tienen hoy en día todos los países—, pero eran problemas solucionables sin necesidad de destruir todo en busca de iniciar una utopía.
A esa utopía se entregó una buena parte de los cubanos; otros la presenciaron como espectadores y otros muchos se le enfrentaron con valentía. En este libro contamos la historia de todos ellos. Contamos cómo el primer gobierno provisional, encabezado por Manuel Urrutia, estuvo integrado por excelentes funcionarios y uno o dos espías de Castro. Un gabinete que en sí mismo inspiraba confianza en un futuro prometedor.
Era un gabinete sin armas frente a un grupo de matones armados hasta los dientes que rápidamente ocuparon los cuarteles militares, las prisiones y el armamento del ejército descabezado. Un gabinete que cometió el error de instaurar una Ley Fundamental y no una constitución democrática.
En el libro le contamos cómo ese gabinete nunca tuvo un poder real; cómo Castro, su hermano Raúl, el argentino Ernesto Guevara y un grupo de viejos comunistas se prepararon en secreto para el asalto real al poder sobre los cubanos. Les narro, paso a paso, cómo prepararon una Reforma Agraria que en su texto no era radical, pero en su aplicación sí lo fue. Les muestro cómo Castro convirtió el Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) en el verdadero gobierno de Cuba.
Desde el INRA desplegó su ofensiva contra la antigua Cuba, la que era libre y próspera. Para su totalitarismo, un cubano próspero es un cubano libre. El poder total no necesita ciudadanos; requiere de siervos, de esclavos. La propiedad privada y la libre empresa son las bases de la prosperidad, y la prosperidad —salvo excepciones— generalmente va acompañada de la libertad. Todo eso lo erradicó Fidel Castro desde el INRA.
Fidel Castro no limitó las responsabilidades del INRA solo a ejecutar la Reforma Agraria que promulgó el 17 de mayo de 1959. Convirtió al INRA en el principal instrumento para la consolidación de su poder totalitario. La letra de ley de la Reforma Agraria —como el resto de las leyes y decretos que, un día sí y otro también, dictaba— quedó siempre sobrepasada, rebasada, por la radical acción del nuevo poder.
Antes de 1959, Cuba estaba insertada en el sistema económico norteamericano. Estados Unidos era su primer socio comercial y el comercio bilateral funcionaba eficientemente. Tenía una situación similar a la actual de México y Canadá con Estados Unidos. Contrario a lo que la historiografía desde Cuba lleva décadas repitiendo, los gobiernos de la Cuba republicana siempre supieron negociar a su favor con Estados Unidos.
El capital norteamericano tenía grandes inversiones en la economía cubana, como las tiene hoy en México, Canadá y muchos países del mundo. Cuba era un sitio atractivo para invertir; su economía crecía y la fertilidad de sus suelos y su posición geográfica la hacían muy competitiva. Pero ese capital se interponía entre Fidel Castro y sus fines de poder absoluto.
En el libro les narro cómo fue el cada vez más intenso enfrentamiento entre el gobierno de Fidel Castro y el de Estados Unidos. Les demuestro que, contrario a lo que muchos creen, las hostilidades bilaterales las iniciaron los cubanos, que, a cada respuesta norteamericana, le subían el nivel de enfrentamiento. Todo esto en una espiral que terminó con la confiscación de sus propiedades en Cuba, el rompimiento de relaciones diplomáticas y la promulgación de un embargo comercial cuando Castro se negó a pagar las correspondientes indemnizaciones.
Pero Castro no se detuvo ahí; también expropió, confiscó y nacionalizó las principales empresas industriales, comerciales y agropecuarias de empresarios cubanos. Confiscó todos los medios de comunicación, el transporte aéreo, terrestre y marítimo. Para inicios de 1961, aun sin declararlo abiertamente, Cuba era un país socialista aliado de la Unión Soviética y del bloque socialista. El Estado era dueño de más de las tres cuartas partes de la economía.
En el libro encontrarán también la otra arista de esta ofensiva. Fidel y Raúl Castro, Ernesto Guevara y muchos de su núcleo cercano nunca tuvieron en sus —hasta entonces— cortas vidas un empleo productivo. No tenían idea de cómo funciona una economía. Tampoco tenían entrenamiento militar profesional y ganaron una guerra que tuvo más batallas en las páginas de la revista Bohemia y The New York Times que en la Sierra Maestra.
Se hicieron del destino de Cuba de manera tan fácil y expedita que, sabiendo que para consolidar su proyecto totalitario debían eliminar la libertad económica y expropiar lo que el marxismo llama “medios de producción”, lo hicieron con la certeza de que, si llegar al poder fue tan fácil, dirigir la economía y hacer de Cuba el país más desarrollado de América sería cosa sencilla.
En este libro les cuento cómo, casi de inmediato, la realidad se les estrelló en la cara. Les cuento cómo en los primeros dos años y medio colapsaron la economía y tuvieron que imponer un racionamiento a los alimentos y otros productos. Les cuento también cómo tuvieron mucha suerte y la supieron aprovechar magistralmente; cómo un Castro que gritaba “soberanía” y “dignidad” se arrodillaba, sumiso, ante la Unión Soviética para que el colapso económico no hundiera su proyecto totalitario.
Ese primer colapso, ocurrido hace sesenta años, no fue el único. Fue el primero de muchos colapsos. Ah, y no olvidemos: los períodos entre esos colapsos siempre fueron de desabastecimiento y escasez de servicios básicos. La catástrofe humanitaria en la que sobreviven hoy los cautivos de la isla es el resultado de sesenta y siete años continuos de destrucción de un país que fue próspero y autosuficiente.
A finales de enero de este año, Donald Trump dictó la Orden Ejecutiva 14380, declarando a la dictadura cubana como una “amenaza inusual” para Estados Unidos. Lo de amenaza lo entiendo; lo de inusual menos: esa gente ha sido una amenaza usual, constante y decidida desde hace sesenta y siete años.
Esa orden, emitida semanas después de la extracción de Nicolás Maduro, nos llenó de ilusión y esperanza a los cubanos libres. También volvió a poner el tema de Cuba en los medios informativos —o desinformativos— internacionales. Cuando la cómplice de la Junta Militar cubana, Claudia Sheinbaum, parecía decidida a convertir a México en un nuevo sostén de ese improductivo régimen, Trump llegó y la mandó a parar. Decretó un bloqueo al suministro de combustible a ese Estado fallido y represor.
Bloqueo que, como ya vimos, no es total. La dictadura cubana ha hecho —y está haciendo— lo que mejor sabe hacer: ganar tiempo y hacerse las víctimas. Los victimarios no sabrán cómo producir una onza de papas, pero para desarrollar una narrativa a su favor no tienen competencia. La dictadura ha logrado que muchos medios —sobre todo los que no son de nuestra comunidad— culpen a la prohibición de Trump de la catástrofe humanitaria que sucede hoy en la ruinosa isla de Cuba.
En mi libro, Se acabó la diversión, pruebo y narro —basándome en fuentes documentales de primera mano— cómo se inició ese camino hacia el empobrecimiento y el fracaso. Pruebo también que la catástrofe que sufren hoy los cautivos de la isla se inició apenas a dos años y medio desde que Fidel Castro les impuso el totalitarismo comunista a los cubanos. Necesitamos desmontar mitos y presentar realidades: primero para lograr que Cuba, de una vez y por todas, sea libre; y luego, cuando sea libre, para que sepamos cuál es el camino al progreso, la prosperidad, la convivencia y, lo más importante, la felicidad.
Este libro es un pequeño aporte para todo eso. Es un regalo a Cuba.
Muchas gracias.




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