martes, 28 de abril de 2026

El MiG del misterio

 


Debe haber sido en el verano de 1986, puesto que el hijo mayor de mi madre estaba de regreso en Cuba después de pasar seis años en la Letonia soviética estudiando una carrera relacionada con la aviación. Desde niño me contagió con esa pasión —que dura hasta hoy— por los aviones.

Como en la Biblia, el hijo pródigo había regresado y, junto a mi padre, salimos hacia lo que se conoce allá como la Habana Campo. Iba yo con mi padre a esas fértiles llanuras a “forrajear” alimentos que escaseaban en la capital. Digan lo que digan, desde el principio, en la Cuba socialista hubo escasez de todo. Recuerdo en particular una finca en Güira de Melena, la del guajiro Carvajal, un tipazo de la vieja Cuba.

Pero en ese verano de 1986, con el hijo mayor recién llegado, mi padre se desvió de la ruta y fuimos a ver las ruinas de un cafetal llamado Angerona. Ruinas de una Cuba que alguna vez fue próspera. Exploramos aquellas piedras —atrapadas ya entre frondosos árboles— y el hijo de mi madre y yo salimos a caminar un poco más allá.

 

Foto: El Artemiseño
 
 

Para nuestra sorpresa, nos encontramos con un avión. Bueno, más bien con un fuselaje: el casco de un avión de guerra que, evidentemente, había sufrido un aterrizaje forzoso. Ya no tenía alas, ni motor, ni aviónica. Solo el fuselaje de aluminio, con más apretones y golpes que un tubo de pasta de dientes de los de antes.

Tendría yo unos diecisiete años y él ocho más que yo. De las pocas cosas en las que colaboramos en nuestras vidas fue en esa ocasión, intentando determinar qué tipo de avión era. No nos costó mucho trabajo: era un MiG-15UTI. Un MiG-15 de entrenamiento, de los que empezaron a llegar a Cuba en 1961, después de la invasión de Bahía de Cochinos.

Nunca he sabido sobre ese accidente en Artemisa. Pudo haber sido en los años setenta o en los ochenta. No aparece en ninguna historia. Allí estaba ese amasijo de aluminio, abandonado. Miles de dólares en material reciclable allí tirados.

Un misterio. Un misterio lo del avión accidentado, no lo del valioso aluminio abandonado. El socialismo es así: fuente de desidia.

 

 

Foto: Aviationgraphics      

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