Uno piensa que la Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba es inepta al ver la catástrofe humanitaria en la que han sumido a sus cautivos. Pero mientras más lo reflexiono, más me sale a relucir lo intrínsecamente maligna y despiadada que es. Y no es solo desde que estos Panzones heredaron el manicomio de los hermanos Castro.
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No; como les dije hace unos días, ese fenómeno histórico que se conoce en el mundo como “Revolución cubana” nunca fue más que una asesina y empobrecedora dictadura comunista totalitaria. En las largas décadas en que la isla estuvo bajo las botas de Fidel Castro, el Orador Orate se la pasó hablando y prometiéndoles a sus cautivos “villas y castillas”. Un teatro. Hasta que se le acabaron los subsidios soviéticos.
Desde 1990 hasta hoy, el teatro se fue desmoronando un año tras otro. Los dictadores y sus familiares enriqueciéndose mientras los cautivos o se empobrecían un año tras otro, o tenían que escapar a donde fuera, huyéndole a la pobreza y a la represión. Ningún humano quiere vivir en una isla sin futuro.
Si el Orador Orate fue un bandido que —vergonzosamente para nosotros— murió en su cama muy a gusto, Raúl Castro —el hermano acomplejado— traía fama de ser buen administrador. Incluso, al inicio de su gestión —es un decir— prometió a los niños cubanos que les garantizaría un vaso de leche diario. Prometió lo mismo que había en la antigua Cuba que ellos llegaron a destruir.
Por supuesto que, como en todo lo demás, en vez del vaso de leche prometido, lo que les metió a los cautivos fue más miseria, más hambre y más abandono por ese Estado que, en tiempos de su barbudo hermano, era omnipresente bajo la justificación de que protegía a sus cautivos. Raúl Castro, no. Dejó al Estado con su función totalitaria de reprimir y tener mansos y callados a sus cautivos. Los abandonó, pero también les prohibió trabajar en busca de su propia supervivencia. Si no me cree, mire cuántos policías e inspectores hay en Cuba.
Lo que hizo el “Castro Minimí” fue crear otro Estado. Creó Gaesa, un Estado paralelo que se dedicó de lleno a exprimir a los cautivos de la isla y a esquilmar a los emigrados. En vez de las fábricas, hospitales y escuelas que prometió el Orate —lo he contado en mi libro Se acabó la diversión—, este mequetrefe y su Gaesa se dedicaron a construir hoteles y empresas cuyas utilidades no van a sostener la viabilidad del país. El dinero, robado a los cubanos, va para ellos.
Durante más de veinte años no hicieron ni repararon una carretera, una línea férrea, una termoeléctrica o un acueducto. Y eso no obstante los miles de millones de barriles de combustible que le sacaron a Venezuela. En vez de usar ese dinero y combustible para mejorar la vida y alumbrar a sus cautivos, lo revendían. O los miles de millones de dólares que les dejaban los turistas, los “médicos esclavos” o las remesas de los de acá. Ninguno de esos dólares, pesos, euros o lo que sea fue usado para mantener a los cautivos dentro del mundo civilizado.
No; el dinero es para ellos mientras se quedan afónicos en las tribunas culpando al “bloqueo imperialista”. Incluso viendo el callejón sin salida al que se dirigían —algo evidente desde que se burlaron de Obama y arreciaron su totalitarismo—, continuaron construyendo hoteles. Como nunca ninguno de ellos ha tenido un empleo en algo productivo, no entienden que los turistas del mundo normal no viajan para meterse en un hotel. La gente viaja para conocer un país, para comer sus comidas, beber sus bebidas y conocer su cultura.
En la Cuba de los Barrigones, cualquier turista saca la cabeza de su hotel —después de tomar un mediocre desayuno y escuchar los lamentos personales de la pobre mesera— y se encuentra un país en ruinas: sin transporte, sin electricidad, lleno de mendigos y lomas de basura. El único lado positivo de esto, desde mi punto de vista, es que ese turista será testigo presencial de lo que significa el socialismo para el ser humano.
Les repito: viendo hacia dónde iban, continuaron levantando hoteles y parchando termoeléctricas. En eso sí demuestran lo ineptos que son. Lo maligno asoma en ese robo desalmado de la riqueza de los cautivos. Para ellos, socialismo castrista; para la élite castrista, capitalismo de Estado. Y al que proteste solo le esperan los palos y la cárcel hedionda.
Raúl Castro creó Gaesa, ese Estado ladrón y empobrecedor. La mayoría de los integrantes de la Junta Militar de Barrigones no tiene acceso a los capitales de Gaesa; a esos solo lo tiene la familia y sus más cercanos secuaces. El resto de los Panzones solo es salpicado con boronilla y algunos privilegios. Ellos están para dar la cara, para ser las cabezas visibles del verdadero poder.
Viendo que iban hacia una catástrofe humanitaria, no les importó; mantuvieron el rumbo. Hoteles y empresas para hinchar sus arcas. Dinero que niegan a sus cautivos. Ah, pero eso sí: con ese dinero, dicen por ahí, que desde el 2023 compraron drones artillados a Rusia e Irán. Y si no los pagaron con dinero, los pagaron cediendo terrenos para que instalen bases de espionaje o trafiquen terroristas por todo el hemisferio.
Hoteles y drones en un país que muere de hambre. Malignidad pura y dura.
Yo, la verdad, ya me cansé de escuchar de que si al Castro acomplejado lo encausaron por asesinar a cuatro patriotas hace treinta años, o ver a Trump un día decir que les va a meter mano y al otro decire que negocia, o que si el Nimitz anda cerca o que si el director de la CIA fue a La Habana a no sé qué. Pudo haber ido hasta para buscar Cohibas. Todo un relajo.
Y así parece que esta telenovela continuará. Lo será mientras esos cacerolazos no se conviertan en trancazos. A los valientes que salen a protestar, esos mismos policías e inspectores —igual de hambreados que los que protestan— los reprimen brutalmente. Peor que en los tiempos de Batista, que ellos dicen que fue un tirano. No lo fue, por cierto.
Protestan y reciben trancazos. En los tiempos de mi niñez, para cualquiera de nosotros era una vergüenza “quedarse dao”. Que si te pegaban, tenías que responder. Los represores reprimen en nombre de esa cúpula de dictadores. Defienden a los que mantienen a Cuba y sus cautivos con hambre y sin luz mientras construyen hoteles y compran drones ofensivos.
Les repito: Trump, Rubio, Ratcliffe son americanos y viven en América. Quizás nos hagan un favor, quizás no, y como mucho lleguen a un acomodamiento a la venezolana con algunos de los Panzones. Quizás. Es más, estos titubeos que vemos desde fines de enero pasado han envalentonado a esos dictadores, que en la primera semana de febrero estaban cagándose de miedo.
Ruego por el día —o por la noche— en la que un grupo de cubanos, o muchos, decidan no “quedarse daos”. Los drones que tienen los dictadores no les servirán de nada; y los hoteles de esos dictadores, cuando los vendan, servirán de base para reconstruir una Cuba libre.


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