jueves, 14 de mayo de 2026

Creadores de miseria, lo demuestro con historia

 

Sigo revisando el texto de mi próximo libro, El tren de los egos, y a cada rato me tropiezo con algún dato que me demuestra, una vez más, lo próspera que era Cuba antes de la imposición del comunismo totalitario. Y no me refiero a lo próspera que era poco antes de que los cubanos le entregaran su destino a un narcisista desquiciado como Fidel Castro.

📺 Si no me quiere leer, véame, pero es peor. → Ver el video aquí

No, me tropiezo con datos de esa prosperidad que ya se daba en 1833, hace casi doscientos años. Cuando se planeaba la construcción del primer ferrocarril de Iberoamérica —que es de lo que trata mi libro—, se calcularon los productos agrícolas que los trenes transportarían desde las fértiles llanuras del sur de La Habana hasta el puerto.

Y estos cálculos no son de toda la provincia, sino solamente de lo que se transportaría desde Santiago de las Vegas, Bejucal, Buenaventura y Melena del Sur. Un corto tramo del tren que por entonces proyectaban. Solo treinta kilómetros, menos de la mitad del ferrocarril a construirse. Les muestro las cifras:

  

CONDUCCIONES DE SANTIAGO, 

BEJUCAL, BUENAVENTURA, MELENA, ETC.

Distancia media: siete y cuarto leguas [30.7 kms]

 

CONCEPTO

IMPORTE (PESOS)

50 000 cajas de azúcar con envases a 18 arrobas

   900 000

642 444 arrobas de café

  642 444

147 780 barriles de miel con 2 arrobas

  295 560

172 345 fanegas de maíz a 8 arrobas

1 378 760

2 265 pipas de aguardiente con 30 arrobas

67 950

Menestras, raíces, frutas, casabe, almidón, etc.

   100 000

Suma

3 384 714





Hoy, en mayo de 2026, los campesinos de esa zona sobreviven sin luz, sin aperos de labranza, sin semillas que sembrar, sin petróleo para riego y sin incentivos para producir. La tierra de nuestra isla sigue igual de fértil, pero si incluso un campesino logra sembrar y cuidar sus cultivos, cuando los coseche e intente vender los frutos de su trabajo, llegará el Estado omnipresente —a través de sus inspectores o policías— y se los decomisarán. Esto, si antes no se los robaron los rateros, que abundan, durante la noche.

Luego culpan a Trump, al “bloqueo” o a lo que sea. A todo menos a ellos. Pandilla de inútiles: es ese Estado fallido el que se interpone entre los cautivos de la isla y la prosperidad; el obstáculo entre ellos y la libertad. Mientras esa Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba exista, nuestra bella isla continuará de rodillas: pobre, amordazada y reprimida.

Sea con Trump o con la gente de la Cuevita en la calle, tenemos que desaparecerlos del mapa; de la historia no. Los cubanos no podemos olvidar esta plaga que nos autoimpusimos desde enero de 1959, hace sesenta y siete años.

En 1834, Cuba no era independiente —pertenecía a España—, pero su economía era libre y, por ende, próspera. Tanto lo era que ya por entonces era el sostén económico de su metrópoli. Era más rica que España y la mantenía.

No era mendiga, como lo es hoy.

 

Foto: Havana Times

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