domingo, 24 de agosto de 2025

Drenar el pantano

 

Cuando Donald Trump llegó a la presidencia por primera vez, en 2017, llegó portando la idea y la intención de "drenar el pantano" en que se había convertido la capital norteamericana, Washington D. C. No fue el primero en prometerlo ni en exponerlo: la idea de reducir la influencia de lobbistas y gestores de intereses particulares, que como vendedores ambulantes, circulan por los círculos de poder, tiene al menos cuatro décadas.

No lo logró en sus primeros cuatro años, no lo logrará en estos otros cuatro.

En la isla cautiva hay otro pantano que el jefe de Estado no pudo drenar. No porque no quisiera, sino porque la ineficiencia y el desorden del orden político y económico que implantó lo hicieron imposible. Irrealizable.

Desde marzo de 1959, el Orador Orate, quien apenas llevaba tres meses trabajando cada día para apoderarse totalmente del destino de Cuba, anunció su idea de drenar un pantano. No era un pantano de corrupción e intereses creados, era un pantano natural. Una maravilla ecológica.


Desde su ignorancia sobre todo lo que tiene que ver con crear riqueza, el Orate prometió convertir a Cuba en uno de los países más desarrollados económicamente del mundo. Su isla sería un paraíso socialista envidia del resto del orbe.

Para ello necesitaba más tierras para cultivar.

Y así, le echó el ojo a la gran Ciénaga de Zapata, el ecosistema más diverso de la isla de Cuba. Un extenso pantano situado al sur del centro de la isla, hábitat de una amplia fauna endémica (cocodrilos, caimanes, roedores, peces, manatíes y numerosas especies de aves, migratorias y sedentarias).

Sin tomar en cuenta el desastre ecológico que se provocaría, pretendía desecar 201 300 hectáreas de pantano, casi la mitad de su extensión total, para sembrar arroz.

Fue uno de los primeros proyectos económicos personales del Orate. Por la gracia de la ineficiencia y la volubilidad de las prioridades del Gobierno cubano, el proyecto no pasó de su primera etapa. Solo logró desecar 6307 hectáreas para sembrarlas de arroz.

La siembra de arroz pronto terminó y la ciénaga sobrevivió.

Sobrevivió es un decir, porque por idea también del Orate se inició en su isla cautiva la cría de peces de la especie Clarias gariepinus, un bagre africano conocido por su voracidad insaciable y su capacidad de sobrevivencia.

Según él, las clarias, como le llaman los cubanos al feo animal, iban a resolver el problema de la falta de pescado en la alimentación de sus cautivos. Esto en una isla rodeada de fértiles mares.

No pasó mucho tiempo cuando los animalitos empezaron a escapar de sus criaderos y se expandieron por todos los cuerpos de agua de la maltratada isla.

Incluyendo la Ciénaga de Zapata. Allí las clarias hoy, como las pitones en los Everglades, están devorando y extinguiendo a las especies autóctonas, incluyendo algunas endémicas como el manjuarí cubano (Atractosteus tristoechus).

Al día de hoy, la isla cautiva, ahora en manos de la Junta Militar de los Barrigones, sigue sin arroz y sin pescado. La ciénaga sigue con agua, gracias a Dios, sobrevive a pesar de las clarias.

Él quería más tierras para cultivar, en una isla en la que, por su culpa, hoy no se cultiva. Una isla cubierta de marabú.


Los cubanos libres sí tendremos que limpiar un pantano, el que está en La Habana, en esa plaza que los "revolucionarios" arrebataron a los ciudadanos de la hoy extinta Cuba.




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